Interview
"El Fisgón" conversa con Literal

"El Fisgón" conversa con Literal

Rafael Barajas "El Fisgón"

Rafael Barajas, mejor conocido como “El Fisgón”, es uno de los caricaturistas políticos e ilustradores más célebres de México. Su obra aparece publicada en el diario La Jornada. Sus libros más recientes, Narcotráfico para inocentes, Cómo la hacen de PEMEX y Las raíces nazis del PAN, tratan sobre algunos de los temas más apremiantes del momento. En esta ocasión Tanya Huntngton tuvo la oportunidad de hablar con él.

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Antes que nada, quiero señalar que es un privilegio poder contar con la opinión de un monero de tanto renombre sobre los últimos sucesos en París. Muchas gracias, Rafael, por compartir tus puntos de vista con nosotros.

Al contrario, es un privilegio hablar con ustedes y que me presten este espacio.

Comenzaste a publicar en México antes de que iniciara el proceso de democratización y siempre has ejercido al máximo una libertad de expresión intrínseca a la sátira política. ¿Alguna vez has tenido que lidiar con la censura o has recibido amenazas a propósito de tu obra?

Desgraciadamente sí he tenido amenazas, algunas francamente chuscas. En una ocasión vino a retarme a duelo un fanático católico indignado por unas caricaturas mías que se burlaban del clero y, en especial, de su voto de castidad. Otras amenazas no tienen nada de chistoso. Cuando decidimos sacar la segunda época de El Chamuco, nos enviaron una serie de narcomensajes por correo electrónico, conminándonos a cerrar la revista. No hicimos caso; seguimos sacando la revista pero le pedimos a la policía del D.F. que hiciera una investigación.

El tema de la censura es mucho más común. Tengo la suerte de trabajar en La Jornada y El Chamuco, dos medios que son empáticos con mis opiniones y, por lo tanto, es muy raro que no me publiquen un trabajo. Sin embargo, cuando me piden caricaturas para otros medios, es común que no me los publiquen. Trabajar para un medio como Televisa es impensable.

A propósito de la masacre perpetrada en la sede de Charlie Hebdo y la decisión de la revista de continuar caricaturizando a Mahoma, en días recientes se ha suscitado cierta polémica en las redes sociales y los medios de comunicación en general en torno a los límites de la libertad de expresión ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Por supuesto que la libertad de expresión y el ejercicio de la caricatura deben tener límites. Esta discusión se dio en México en el siglo XIX, cuando se debatió la Constitución de 1857 y fue un periodista, Francisco Zarco, quien defendió la idea de que sí existen delitos de opinión –aunque, precisó, que nunca debían considerse graves. 

En teoría, los márgenes de libertad de la caricatura son muy amplios. Por un lado tenemos que la caricatura es, en esencia, un género irreverente y provocador. Por otro y según teóricos clásicos del humor como Gilbert Highet, todo humorista es, en principio, un moralista. Toda postura ética implica tener límites precisos, pese a que tales límites varían de persona en persona y, así, todos los casos son particulares. De modo que los caricaturistas se manejan en los límites de la irreverencia, la provocación y la responsabilidad ética. No hay contradicción en esta fórmula: la provocación y la irreverencia adquieren un valor ético ante una causa justa. Por ejemplo, la defensa del Estado laico que hace Charlie Hebdo es una causa incuestionable. Pero todo esto es en teoría… En la práctica, quienes censuran y limitan la libertad de expresión son actores claramente identificables: dueños de medios con intereses muy poderosos que defender, políticos corruptos que buscan mantener limpia su imagen, fundamentalistas con sistemas de creencias religiosas que se tambalean al contacto de la crítica y miembros del crimen organizado que defienden su negocio. Estos grupos de interés suelen imponer leyes, reglamentaciones y principios jurídicos de carácter netamente clasista. Así, en muchas sociedades de Occidente se pueden considerar delitos de opinión determinadas imágenes ofensivas e insultantes mientras que, por el contrario, las campañas de difamación que emprenden los grandes consorcios mediáticos para defender sus intereses son considerados actos de libertad de expresión.

Tengo la impresión de que aquí se ha abierto no una caja sino una fosa de Pandora de la cual han brotado monstruos terribles. ¿Retratarlos nos sirve para mantener la esperanza?

En el caso de Charlie Hebdo, lo que vimos en acción una vez más son las lógicas censoras, criminales y retrógradas del fundamentalismo religioso. Estas lógicas se implantaron en la Edad Media tanto en Occidente como en el mundo árabe, donde se fundaron Estados ligados a cultos monoteístas que, con frecuencia, predicaban la paz y la tolerancia, como el cristianismo y la fe musulmana. Esas lógicas se fracturaron desde los tiempos de la Ilustración y se derrumbaron, de manera desigual y accidentada, en diferentes latitudes de Occidente gracias a procesos revolucionarios profundos. Pero en muchas sociedades quedan vestigios vivos de aquellas lógicas. Contra la historiografía panista, que afirma que la Cristiada fue un movimiento libertario (por la libertad religiosa), los cristeros fueron en realidad fanáticos fundamentalistas, religiosos armados que seguían la misma lógica de los terroristas que atacaron a Charlie Hebdo. Los cristeros mataban, violaban y mutilaban a maestros en el nombre de Cristo. En fechas más recientes, los herederos de los cristeros han cerrado exposiciones (como en el MAM), destruido cuadros y atacado con violencia a actores que representaban obras de teatro que consideraban profanas (como en el caso de Cúcara y Mácara). 

¿Ves algún paralelo entre la matanza de París y el grado de peligro asociado con ser periodista aquí en México?

Por fortuna, las lógicas censoras de los fundamentalistas religiosos no tienen ya mucho peso en México. La sociedad ha madurado y es mucho más tolerante que en la década de 1920. En cambio, por desgracia, el tejido social en México se ha roto y el crimen organizado es un actor temible y, en muchas zonas del país, el principal agente censor. México es uno de los países más riesgosos para los periodistas.

¿Crees que deberían de imponerse límites a la libertad de expresión que se ejerce en tu profesión, digamos, por consideración a sensibilidades morales o religiosas?

Así como no deben ser penalizadas las mujeres que abortan, del mismo modo no deben ser castigados los que blasfeman; entre otras cosas, la blasfemia es algo muy subjetivo: lo que para algunas religiones es dogma, para otras es blasfemia. Nadie debería tener el derecho de limitar las creencias ajenas a partir de sus propias creencias. 

TanyaHuntingtonTanya Huntington is a contributing writer at Literal. Follow her on Twitter at @tanyahuntington



Posted: February 9, 2015 at 4:32 am

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