Flashback
Elena Garro, Octavio Paz y la batalla por la memoria cultural

Elena Garro, Octavio Paz y la batalla por la memoria cultural

Sandra Messinger Cypess

• Fragmento tomado de la introducción de Guerras inciviles. Elena Garro, Octavio Paz y la batalla por la memoria cultural, de Sandra Messenger Cypess, título que en estos días llega a librerías publicado por la Universidad Veracruzana.

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Paz y Garro se casaron en 1937, tuvieron una hija –Helena– en 1939 y se divorciaron en 1959.1 Su vida matrimonial era conflictiva y estaba marcada por numerosas relaciones que daban pie no sólo a chismes sino también a obras literarias en las que ellos y sus amantes aparecen como personajes. Las novelas de los argentinos José Bianco y Adolfo Bioy Casares, que conocieron a la pareja en París en los años cuarenta, describen personajes que se identifican con Garro y Paz.2 Inicialmente Paz era un marido mexicano bastante convencional, esperando que su esposa desempeñe el papel de ama de casa tradicional dentro de la esfera privada del hogar, según lo documentado en sus cartas a Garro archivadas en la Biblioteca de la Universidad de Princeton. Posteriormente la alentó a participar en su grupo experimental Poesía en Voz Alta.3 Elogió su primera novela, Los recuerdos del porvenir, calificándola como una de las mejores de su tiempo.4 Poco después de ese breve intervalo pacífico de reconocimiento mutuo, su relación se volvió cada vez más difícil. Tomaron caminos muy diferentes geográfica, política y literariamente.

Como miembro del cuerpo diplomático de México, Paz fue enviado a varios lugares europeos y asiáticos. Durante su misión en la India, iniciada en 1962, conoció y se casó con su segunda esposa, Marie José Tramini, quien podría considerarse un contraste a la volátil y desafiante Elena Garro. Garro nunca se volvió a casar, aunque ella y su hija se mantuvieron siempre juntas en sus obras y tribulaciones. Sufrió un exilio no oficial viviendo fuera de México desde 1971 hasta 1993 por temor a represalias por su conflictivo papel en las revueltas estudiantiles de 1968, las que culminarían con múltiples muertes en la Plaza de Tlatelolco.5

En 1968 Paz volvió a su país tras su “exilio oficial” como diplomático en la India, renunciando a su cargo en protesta por el papel del gobierno en la Masacre de Tlatelolco de 1968. Se convirtió así en una formidable figura de la vida cultural mexicana, un icono cuyas ideas y comentarios sobre todos los aspectos políticos y estéticos fueron publicados en sus propias revistas y en los ensayos que escribió para otras publicaciones mexicanas e internacionales. En 1990 fue galardonado con el Premio Nobel, reconocimiento definitivo a su importancia en los círculos internacionales.

En contraste con los superlativos elogios literarios acumulados sobre Octavio Paz, Elena Garro sufrió lo que Lucía Melgar ha llamado una “leyenda negra” (Writing Dark Times, 2). Incluso los partidarios más ardientes de Garro –como Emilio Carballido y Christopher Domínguez, junto con críticos devotos como Melgar y Gabriela Mora–, reconocieron que era una persona de trato difícil que, asimismo, había ofendido a miembros de la elite política e intelectual de México con sus ideas categóricas sobre el trato a los indios y la injerencia de los intelectuales en la revuelta estudiantil de 1968. Su tempestuosa relación con Paz y su desprecio por las convenciones sociales comprometieron también su reconocimiento literario. Debido a estos factores extraliterarios que dificultaron la publicación y traducción de su obra, Garro no es muy conocida más allá de las fronteras de México, excepto en algunas comunidades académicas de Estados Unidos. Una revisión de la base de datos bibliográfica de la Modern Language Association revela que en 2009 existían 286 estudios impresos de su obra. La mayor parte del material dedicado a Garro ha surgido gracias a la creciente participación de críticos feministas, situación paralela a lo sucedido con otras escritoras de su generación. La argentina Silvina Ocampo y Griselda Gambaro, la uruguaya Armonía Somers y la mexicana Rosario Castellanos, son ejemplares a este respecto. Paz es el tema de 1.014 entradas, lo que no resulta inusitado pues la cifra refleja su preeminencia en el mundo académico.

Como ensayista Paz trató temas tan diversos como el arte azteca, el budismo tántrico, la política mexicana, la filosofía neoplatónica, la reforma económica, la poesía de vanguardia, la antropología estructuralista, el socialismo utópico, el movimiento disidente en la Unión Soviética, la sexualidad y el erotismo. El laberinto de la soledad es considerado uno de los estudios más influyentes sobre el carácter y el pensamiento mexicanos y continúa siendo su libro más famoso, traducido a numerosos idiomas. Sus ensayos de orientación política también se traducen y leen ampliamente –Posdata (1970), Corriente alterna (1967) y El ogro filantrópico (1979)–, lo mismo que aquellos que tratan temas estéticos, como El arco y la lira (1956) y Los hijos del limo. Del romanticismo a la vanguardia (1974), que explora la historia de la poesía moderna, del romanticismo alemán a los movimientos de vanguardia de los años sesenta. Su estudio crítico es también significativo por su erudición. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982), dedicado a la Décima Musa de las letras mexicanas, se considera un tour de force. Su poesía también ha encontrado excelentes traductores, incluido uno de sus poemas más importantes, “Piedra de sol” (1957), el cual reúne mitologías aztecas y clásicas europeas dentro de una forma circular que recuerda a la famosa piedra azteca del calendario. Los lectores de lengua inglesa pueden encontrar también ¿Águila o sol? (1951) y The Collected Poems of Octavio Paz, 1957–1987 en edición bilingüe con versiones de los respetados traductores Eliot Weinberger, Elizabeth Bishop y Paul Blackburn.

Mientras que las colecciones de poesía y ensayos de Paz están disponibles en la mayoría de los idiomas del mundo, pocos textos de Garro han sido traducidos a otros idiomas; por ejemplo, de sus diez novelas, sólo Recuerdos del porvenir está disponible en inglés en una traducción de 1969, junto con Busca mi esquela & Primer amor, los cuentos “La culpa es de los tlaxcaltecas” y “El día que fuimos perros”, de La semana de colores (1964); más tres obras: Una casa sólida, Los perros y El árbol.6 Si tanto Garro como Paz exploraron el papel del tiempo y los mitos indígenas en la vida mexicana, así como el impacto de los acontecimientos históricos en la vida de los mexicanos, sólo los temas de Garro se centran en el poder y las relaciones de género en el contexto del patriarcado y del machismo.

Como muchas mujeres mexicanas en la vida real, Garro se consideraba víctima del patriarcado. Su trabajo fue una forma de documentar y criticar las desigualdades y obstáculos que sufrió como mujer. Su identidad como esposa de Paz en un primer momento fue un papel difícil de aceptar, según revela en sus memorias sobre el primer año de vida matrimonial (Memorias de España 1937). Sus diferencias ideológicas se agudizaron en ese primer año de matrimonio, vivido en el contexto de la Guerra Civil Española. Qué irónico fue comenzar su vida de recién casados mientras todo a su alrededor eran escenas de batallas, destrucción, violencia y muerte. Paz había sido invitado a España como uno de los delegados al Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas para la Defensa de la Cultura y fue recibido como una joven promesa entre los escritores latinoamericanos. Garro se encontraba allí sólo porque era la esposa del poeta y, con frecuencia, su presencia resultaba bochornosa pues no seguía el patrón de la esposa silenciosa y obediente de Paz. Aunque el matrimonio siguió adelante varias décadas después de su regreso de España, la pareja nunca parecería estar en la misma página con respecto a los asuntos políticos y personales de importancia para el pueblo mexicano. Tras su divorcio, la identidad de Garro continuaría vinculada a Paz: ella era ahora su ex esposa.

Advierto que al reunir a Paz y Garro en un solo trabajo crítico podría ser acusada de caer en aquello de lo que Elena Poniatowska se quejaba en Las siete cabritas: “Elena Garro ha quedado tan confundida con Octavio Paz que muchas veces resulta difícil separar su obra y su vida del nombre del poeta. ‘¡Ah, la que fue mujer de Paz!’ es una frase que parece formar parte de su identidad (111)”.

Al presentar un libro sobre Paz y Garro deseo desafiar el estereotipo implícito en ese comentario. Sugiero que el papel de Garro como una influencia creativa e intelectual sobre la cultura mexicana debe ser reconocido y reevaluado independientemente de su difícil relación con Paz y de su propia personalidad errática. Mi estudio analítico sobre temas tratados por ambos permitirá al lector determinar si realmente era sólo la “esposa de Paz” o digna de ser considerada uno de los agentes importante e independientes de la memoria cultural en México, ofreciendo lecturas poco ortodoxas del pasado y de las posiciones políticas e intelectuales contemporáneas sobre la historia nacional y la identidad.

Una manera de apreciar los escritos infravalorados de Garro es comparar su trabajo e ideas con las de su más reconocido ex marido. En los capítulos siguientes pongo a estos dos grandes escritores en conversación y, de este modo, muestro a un más amplio público el papel de Elena Garro en la formulación de narrativas de resistencia en la historia nacional mexicana. Este enfoque dialógico refleja las ideas articuladas por Santiago Castro-Gómez en el ensayo “Teoría tradicional vs. Teoría crítica de la cultura”. Las teorías tradicionales de la cultura colocan al “hombre” como creador de valores culturales, evidenciados en costumbres, lenguaje y formas de pensamiento (Castro-Gómez, 143). La teoría crítica de la cultura, como Castro-Gómez llama a la perspectiva opuesta, subraya el aspecto sociopolítico (conflictivo) de la cultura. En otras palabras, la cultura es vista como el campo de batalla donde se decide el control del sentido (Castro-Gómez, 147). Adviértase el vocabulario utilizado por Castro-Gómez: la cultura es el campo de batalla, el espacio contestatario donde se formula la memoria cultural, donde tienen lugar las luchas por significados e ideologías. Basándonos en esta perspectiva, ¿qué nos lleva a elegir la lectura de Paz como el punto de vista más acreditado sobre La Malinche, la Revolución Mexicana, la Guerra Civil Española y sus participantes, o sobre las relaciones de género en general? Respondiendo a esta pregunta, este libro examina cómo Paz en la misma medida que Garro han aportado perspectivas diversas sobre los principales constructos sociopolíticos involucrados en la formulación de la memoria cultural del pueblo mexicano.

Las memorias pueden ser tanto privadas como públicas; es decir, los recuerdos pueden pertenecer a un individuo pero reflejan también la historia de la colectividad (Hirsch y Smith, 2), de modo que los agentes de la transmisión cultural –ya sean personas o textos– influyen en la forma de las futuras memorias de un pueblo. La formación y reconfiguración de una memoria cultural colectiva es un proceso integrado por muchos participantes: políticos, académicos, historiadores, periodistas y artistas, entre otros. Los intelectuales canónicos del México del siglo XX, Octavio Paz entre ellos, han sido reconocidos como mediadores de la memoria de las generaciones futuras. Hoy los críticos reconocen que el género, la edad y clase (entre otras características) de un testigo o agente de transmisión afectan su “lectura” de aquellos acontecimientos que dan forma a la memoria cultural. En este sentido, la formación de las memorias culturales –como el canon literario– es una construcción determinada tanto por factores subjetivos como por el entorno temporal. La representación del género en la memoria cultural constituye un problema particular en la medida en que las anteriores narrativas fueron, en su mayoría, construidas y transmitidas por hombres. En respuesta a esa falla, uno de los objetivos de la crítica literaria feminista ha sido “redefinir la cultura desde la perspectiva de las mujeres mediante la recuperación e inclusión del trabajo de las mujeres, de sus historias y artefactos” (Hirsch y Smith, 3). Muchos críticos de la cultura mexicana estarían de acuerdo con Margo Glantz en el sentido de que en México las mujeres habían sido excluidas de la escena cultural hasta bien entrado el siglo XX (Glantz, Sor Juana, 122). De manera similar, diría yo que la voz de Garro ha estado marginada en comparación con la de su exmarido debido tanto a cuestiones de género como a la naturaleza inherentemente contestataria de sus ideas.

Aunque el “género” y la “memoria” son conceptos controvertidos, mi estudio proporciona ejemplos concretos sobre cómo dos intelectuales de géneros diferentes se acercan desde perspectivas también distintas a cuestiones importantes del pasado como la identidad nacional, el género mismo, la etnia y los asuntos de Estado. Si la cultura es el entorno representacional en el que se legitiman ciertas ideologías, ¿qué mejor manera de explorar la manifestación de esas ideologías que mediante el estudio de las representaciones de las guerras en la historia de un país realizadas por dos de sus escritores más importantes?

Traducción de David Medina

Notas

1. Garro decía que Paz le envió los documentos de divorcio desde Ciudad Juárez en 1959 pero que el gobierno declaró el divorcio como “ilegal” (Muncy, “The Author Speaks…”, 35).

2. Tanto Toruño como Rosas Lopátegui suscriben la afirmación de Garro en el sentido de que Paz desempeñó un papel importante para evitar que ella publicara. Algunos críticos están de acuerdo mientras que otros cuestionan esta afirmación. A este respecto, René Avilés Fabila expresa en “En busca de Elena Garro” que Paz tuvo algo que ver con las dificultades para publicar de su ex esposa. Para una exposición razonada de este tema, ver Earle, y Melgar, Writing Dark Times.

3. Para una discusión abierta de las cartas de Paz a Garro y la relación de ambos desde la perspectiva de Garro, ver los diversos estudios de Lucía Melgar (en particular sus análisis de las cartas entre Paz y Garro resguardadas en la biblioteca de la Universidad de Princeton) y, asimismo, los ensayos en Melgar-Palacios y Mora.

4. Mora discute el “antifeminismo” de Garro y subraya que, pese a todo, en su obra expresa su solidaridad con muchos de los objetivos del feminismo. Ver “Los perros y La mudanza”.

5. Beatriz Aracil nos aclara la razón por la cual existen dos fechas para el año de nacimiento de sor Juana: “Siguiendo la información aportada por el padre Calleja, todos los investigadores convenían en fechar el nacimiento de sor Juana en 1651 hasta que en 1962 Alberto G. Salceda encontró un acta de bautismo de una niña llamada Inés, cuyos padrinos eran Miguel Ramírez e Isabel Ramírez, que probablemente corresponde a la de nuestra autora. El propio Paz se hará eco de este dato en su ensayo (1995, pp. 96-97)”.  Vease Beatriz Aracil, “Cuando Octavio Paz leyó a Sor Juana: a vueltas con Las trampas de la fe y sus respuestas. Atenea [en línea] 2016, (Enero-Junio).

6. Algunos de los textos que tratan sobre temas de masculinidad en América Latina corresponden a Olcott, Vaughan y Cano; Sigal; Guttmann; y Chant y Craske. Si bien estas cuatro antologías se ocupan de diferentes periodos históricos y áreas geográficas, ofrecen también unas perspectivas sobre diversos aspectos de la construcción de género en América Latina.

  Sandra Messinger Cypess (Estados Unidos). Emérita de la Universidad de Maryland. Cursó el doctorado bajo la tutoría de don Luis Leal (Universidad de Illinois). Después de haber enseñado en la Universidad de Binghamton (NY), fue profesora catedrática de la Universidad de Maryland, cuyo Departamento de Español y Portugués gozó de un reconocido programa de estudios mexicanos encabezado por José Emilio Pacheco; luego fue jefa del mismo departamento. Es investigadora de literatura hispanoamericana con enfoques en la cultura mexicana, el teatro y la escritura de la mujer. En 2012 publicó Uncivil Wars: Elena Garro, Octavio Paz and the Battle for Cultural Memory (University of Texas Press) cuyos argumentos continúan los temas anunciados en su libro canónico, La Malinche in Mexican Literature. From History to Myth.

 

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Posted: November 12, 2019 at 10:29 pm

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