Interview
Gilberto Prado Galán: hay razones del intestino que la razón no entiende

Gilberto Prado Galán: hay razones del intestino que la razón no entiende

Rose Mary Salum

En Mapa del libro humano, Gilberto Prado Galán rinde homenaje a la sabiduría de Albrecht von Haller, poeta y padre de la fisiología. En este libro, el autor busca tender puentes entre la literatura y la biología. Tuvimos la oportunidad de hablar con él y aquí reproducimos nuestra charla.

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Tu libro es una especie de frontera entre biología y literatura, entre poesía y ciencia. ¿Podrías abundar sobre este tema?

La primera parte surge de mi vocación psicológica. Es mi carrera. Luego me decanté por la literatura, pero soy psicólogo de profesión. En Fragmentos del asombro tracé algunos esbozos de la parte que corresponde al fenotipo, al cascarón, a la apariencia física. Incluso aparecen algunos ensayos breves sobre el cerebro. Sin duda la operación de una hernia umbilical fungió como disparador de la segunda parte (“Intramuros”), porque me preocupé por los órganos internos.  Como sabemos, la piel es un órgano externo, pero me adentré en los meandros de la fisiología interna sin el repelús habitual que tenemos hacia esa portento del funcionamiento de la maravillosa fábrica del cuerpo, como la apodó Vesalio. Veo el alma de los órganos desde una perspectiva psico-poética y así, por ejemplo, vindicó al hígado como el Hércules fisiológico por las innumerables tareas que, con paciencia eremítica, realiza día con día.

¿Cómo se inserta tu libro en un tradición occidental que ha mantenido casi olvidado el cuerpo desde Descartes?

Es una gran pregunta. Es el objetivo central del libro: dar voz a una parte del ser humano olvidada en el mundo occidental. Habitamos una isla (el cuerpo) que desconocemos casi por completo. Sin esa plataforma –la materialidad animada del cuerpo– no seríamos nada, pero esa ingratitud secular (ignorar a quien posibilita el milagro de la vida) nos lacera, nos hiere y agobia. Si (ad)mirásemos el cuerpo con paciencia y amor –me refiero a los órganos en su trabajo incesante– seríamos menos obsesivos con la mayúscula latría hacia el sólo cascarón, hacia la apariencia externa que nos apabulla en los medios y en el trajín cotidiano. Mi libro es una pequeña puerta hacia la ponderación de la otra orilla, del cuerpo que no vemos, de la invisibilidad orgánica. Ese cuerpo sólo lo ven los doctores, pero con mirada anatomo-fisiológica. El libro ha tenido gran aceptación en el mundo médico.

Me parece fascinante exponer todo lo que ha permanecido en el inconciente y que ahora este libro se proponga arrojar luz sobre ello. Con esto quiero decir o preguntarte si piensas que buena parte del inonsciente se encuentra en el cuerpo y no en el cerebro como muchos psicólogos piensan. En pocas palabras, ¿el cuerpo es el inconsciente?

Sí, estoy convencido de ello: el inconsciente se encuentra en el cuerpo como unidad íntegra, íntima. En el concepto clásico de Freud el inconsciente tiene que ver con el placer, esa famosa instancia del ello que biológicamente asociaríamos con la estructura subcortical (cerebro medio) llamada sistema límbico. Yo creo que podríamos expandir la famosa frase de Blas Pascal y decir, por ejemplo, que hay razones del hígado que la razón no entiende o, aún más, hay razones del intestino grueso que la razón no entiende. El inconsciente gobierna nuestra vida en una gravitación inmensurable, sin que por ello reste mérito o intervención en nuestro propio destino a la voluntad que, por cierto, nada tiene que ver con los ires y venires del músculo cardíaco. El cuerpo, cerebro incluído, es plataforma y reservorio del inconsciente.

Hay ensayos sumamente poéticos, como “Vindicación de la boca”, y otros confesionales y hasta podríamos decir difíciles para la imaginación obtusa. Es evidente que cada órgano viene cargado con emociones distintas. ¿Qué tanto esta visión tuya es una respuesta a la concepción impuesta por Occidente sobre el cuerpo humano?

Es cierto: ensayos sumamente poéticos y otros confesionales y otros, además, como muy bien observó el doctor Alejandro Quintero que hacen justicia a médicos ignorados en nuestros días (Sjögren, Hashimoto, Allen, Willis o Cotard).

Expreso mis filias y mis fobias hacia los órganos internos acorde con lo que ha ocurrido a familiares o amigos. Así, por ejemplo, la maldición del esófago (por el cáncer que segó la vida de mi padre) o la gratitud al cigomático (por ser el hueso que protegió a mi hija Verónica en un accidente). Hay esa apuesta por una aportación de índole personal, humana, demasiado humana. Y tienes razón que el libro es una visión antípoda de la impuesta por Occidente sobre el cuerpo humano. Un ejemplo nítido es la percepción de que nadie puede amar con el corazón (pues se trata de un músculo involuntario) y de que nadie puede decir o nadie dice al ser amado: “Te quiero con todo mi cerebro”. El constructo social impone decir: “Te amo con todo mi corazón”. De modo que intento desmitificar ciertos tópicos o lugares comunes al uso. Queremos transitar la vida de espaldas a la “monstruosidad” de lo que ocurre bajo la piel. El libro es una apuesta germinal, en grano: deberé proyectar un libro mayor que explore con detenimiento y minuciosidad los pliegues y repliegues de la maravilla y misterio que constituye, a un tiempo, el cuerpo humano. Deberé, asimismo, asistir al quirófano no como paciente sino como observador en operaciones a los otros, a mis semejantes.

Tu libro se divide en dos secciones importantes, “La erudición poliédrica” e “Intramuros”. ¿Cuál fue el criterio para esta organización?

El libro posee dos grandes brazos temáticos: extramuros (fenotipo) e intramuros (órganos internos). “La erudición poliédrica” es un ensayo lacónico sobre el gran Albretch Von Haller, un sabio poeta y fisiólogo. Numerosas partes de nuestro organismo llevan el nombre de este portento (el asa de Haller, por ejemplo). La decisión obedece a un afán de justicia: intramuros es un misterio y la parte extramuros está sobrevalorada: solemos poner apodos a los semejantes fijándonos solo en algún aspecto de su exterioridad: la nariz, la boca, alguna tara física y, sin embargo, nadie dice, por ejemplo, allí viene el del intestino fenomenal, el intestinón, por decir algo. El libro quiere abrir la mirada a la fisiología, al trajinar de la vida interna. Yo pienso que si los mortales observásemos la fatiga de nuestro corazón fuera de la jaula del pecho nos infartaríamos. Y pienso que el libro es también en cierto sentido injusto porque es el producto del cerebro (el pensamiento) quien juzga a los demás órganos. Tendríamos que valorar lo que piensa, por ejemplo, el corazón del cerebro o los riñones respecto de la médula espinal.

¿Qué tienes pensado para el futuro?

Tengo planes/proyectos literarios y uno de ellos, por cierto, tiene que ver con la ampliación del Mapa del libro humano. Amplitud y profundidad. El catálogo de actividades comprende dar a la luz pública dos o tres poemarios. Uno de ellos conformado por haikús palindrómicos. Y no dejo de lado el ensayo literario químicamente puro sobre los poemas mayores de nuestro idioma, acerca de “Muerte sin fin” y “Primero sueño”. Continúo, además, trazando semblanzas y crónicas en el periodismo deportivo con el énfasis puesto en el box, el futbol y el beisbol. Y, aunque menos atenazado por la monomanía del obseso, sigo escribiendo e imaginando palíndromos. Por cierto, antes se creía que las arterías conducían el aire (y en cierta forma así es), y por ello: Aire trae arteriA.

 

RoseMarySalumRose Mary Salum es la fundadora y directora de Literal, Latin American Voices. Es la autora de El agua que mece el silencio (Vaso Roto 2015) y Delta de las arenas, cuentos árabes, cuentos judíos (Literal Publishing 2013) entre otros títulos.. Su twitter @rosemarysalum


Posted: May 25, 2016 at 11:17 pm

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