Essay
Ideas y presencias de la teoría política contemporánea en América Latina

Israel Covarrubias

Figuras, historias y territorios. Cartógrafos contemporáneos de la indagación política en América Latina es un esfuerzo que discute y da cuenta de una serie restringida de autores clásicos contemporáneos del pensamiento político, maitre à penser que indagan sobre los campos de la política y la constitución simbólica de lo político en aquellos que podríamos definir como espacios “otros”, es decir, a través de diversos territorios que con el paso del tiempo fundan en casi todos los casos aquí tratados escuelas y estilos particulares de reflexión y en algunos casos “militancia académica” a partir de los años sesenta del siglo XX. De hecho, esta convocatoria encuentra su especificidad en el interior de la teoría política que se ha venido desarrollando en los últimos decenios en Latinoamérica, en particular, en sus variantes menos rígidas y menos ortodoxas, si se piensa la idea de “cartógrafos contemporáneos de la indagación política” como aquel conjunto de autores que han construido algunos de los mapas intelectuales más significativos con los cuales se han formado varias generaciones de estudiantes y estudiosos latinoamericanos, al tiempo de volverse las referencias obligadas para explicar ciertos problemas del presente. Sus esfuerzos fueron y siguen siendo apuestas que en modo abierto proponen problemas y generan explicaciones desde esos espacios “otros” de indagación, a pesar de que es un “estilo” de académico en vías de “extinción” en el desarrollo actual de nuestras ciencias sociales en el nivel regional.

El objetivo que nos hemos trazado en esta obra ha sido el de producir un vector sólido de relación entre distintas figuras y territorios de saberes y ciertos dominios disciplinarios que se ocupan de la reflexión tanto teórica como empírica sobre la política y lo político desde y a través del subcontinente latinoamericano. Si bien América Latina no es el problema a dilucidar como categoría social o filosófica, sí resulta ser el lugar desde donde se han desarrollado una serie de cartografías del pensamiento y de la teoría política, así como diversas constelaciones de conceptos e ideas que abonan con precisión a la explicación de sus múltiples realidades (Osorio, 2014: 23-48). Este trabajo además no se aleja demasiado de las tradiciones intelectuales y académicas “locales”, mucho menos del desarrollo de la cultura del análisis político puramente regional, por lo que se mantiene atado a la reflexión en el campo de la historia de las ideas políticas, incluso en el área de la historia conceptual, a pesar de que estos dos últimos campos definan sus objetivos analíticos en modo distinto a la convocatoria que aquí presentamos.

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Para los estudiosos de la democracia, el Estado y las paradojas de los procesos políticos contemporáneos de América Latina no son ajenos los nombres de Albert O. Hirschman, Guillermo O’Donnell, Gino Germani, Hugo Celso Felipe Mansilla (más conocido simplemente como H. C. F. Mansilla), Florestan Fernandes, Fernando Henrique Cardoso, Juan Carlos Portantiero, Dieter Nohlen, Ernesto Laclau o Leonardo Boff. Esta lista pone de manifiesto que la convocatoria fue plural, y que otro de sus objetivos “secretos” era no encubrir aquello que señala Nora Rabotnikof (1992: 207) como las “defensas casi corporativas de [las] especialidades”, que abrevan de las “distinciones ‘departamentales’” y encapsulan la posibilidad de reunir trayectorias disímbolas en un corpus compatible que expresa la fertilidad y los desarrollos poliédricos de la teoría política en nuestra región. Más aún, si pensamos que estos cartógrafos son académicos, militantes y/o pensadores —incluso, las tres figuras al mismo tiempo— de distintas generaciones que viven en una suerte de continua “disonancia” académica y cultural al encontrarse entre dos tiempos, dos siglos, el XX y el XXI, al grado de que sus indagaciones políticas siempre estarán adelantadas a su tiempo, y/o paradójicamente son discutidas, incluso con intensidad, mucho antes de que su tiempo la exija, esto es, antes de que dieran cuenta de esa serie de transformaciones que estaban desarrollándose como “problemas vivos” a su mirada. Me viene a la mente el comienzo de la compilación que Guillermo O’Donnell publica en 2007 donde desde su título advierte la cuestión de las “disonancias” académicas y políticas:

[…] Disonancias, expresa mis sentimientos ante las democracias que hemos conquistado y mi convicción de que ellas deben ser sometidas a lo que indica el subtítulo: Críticas democráticas a la democracia.

Guillermo O’Donnel

Esto expresa una doble referencia. Por un lado, no debemos olvidar jamás el horror de los regímenes autoritarios que asolaron nuestro país y otros de América Latina. Ellos marcan un punto de no retorno, algo a lo que nada jamás justificará intentar regresar. Por el otro lado, las fallas de estas democracias son tan graves como evidentes. Ante ello, no pocas opiniones fluctúan entre condenarlas como meras farsas cuya única verdad es encubrir siniestros intereses, y la resignación conservadora de que “somos así y las cosas no pueden ser de otra manera”.

Frente a esto creo que todos, los intelectuales especialmente incluidos, tenemos el deber de hacer una crítica severa y detallada de las características y funcionamiento de estas democracias, pero siempre teniendo en cuenta aquel punto de no retorno e intentando contribuir a la vasta tarea de mejorarlas. No siempre es esto fácil; a los gobernantes no suelen gustarles las críticas y los beneficiarios del status quo tienen en su favor poderosas ideologías, a veces vestidas con el ropaje de una (seudo) ciencia económica, que nos dicen que lo mejor (y en el fondo lo único) a que debemos aspirar es a una democracia muy reducida y, en el fondo, despolitizada (O’Donnell, 2007: 13).

Tengo la impresión que los cartógrafos que en este volumen son discutidos podrían suscribir sin problema la aseveración “disonante” de O’Donnell con relación al proceso democrático reciente en la región. En las diversas personalidades y cartografías de los autores aquí tratados, la “hibridez” que los caracteriza así como su “desmesura” académica y cierta ambición individual pueden ser interpretables como un contenedor conceptual que aún podríamos utilizar para estatuir las filiaciones y las referencias obligadas de nuestros trabajos académicos. Pensemos, por ejemplo, en el adjetivo que remarca O’Donnell en torno a la democracia en América Latina (democracia delegativa) para darnos cuenta de la enorme pertinencia de sus categorías.

Es posible argüir que la democracia, en mayor o menor medida dependiendo del personaje bajo análisis, ha sido una suerte de presencia “espectral” en muchas de las páginas que nos legaron. Si bien se puede decir que su horizonte de inteligibilidad fue la segunda mitad del siglo XX, donde las maneras de pensar su tiempo están, sin duda, en sintonía con un mundo político internacional y regional en rápida transformación entre los años cincuenta y los años setenta, sus reflexiones siguen siendo necesarias en algunos de sus puntos neurálgicos. Lo fascinante en sus obras, incluida su frugal inactualidad, es que no podemos dejar de leerlas, como tampoco podemos no dejar de ocuparlas en nuestras actividades de enseñanza. En gran medida aparece aquel fenómeno que Italo Calvino definiera en su artículo “Italiani, vi esorto ai classici”, publicado en la revista L’Espresso el 28 de junio de 1981, en el cual proponía catorce “macro-definiciones” de un clásico, y en la cuarta y quinta definición se leía: “4. De un clásico cada relectura es una lectura de descubrimiento como la primera vez. / 5. De un clásico cada primera lectura es en realidad una relectura” (Calvino, 2002: 7). No hay modo, pues, de eludirlos.

Cabe agregar que a pesar de que en la actualidad contamos con historias nacionales que puntualizan los desarrollos propios de la ciencia política, de la sociología política, de la filosofía y de la teoría política, incluso de la economía política, por citar direcciones de indagación donde muchos de los autores discutidos en PortadaCartógrafosesta obra producirán sus mejores reflexiones, no es fácil encontrar en el panorama editorial mexicano obras colectivas recientes que puedan ofrecerle al lector además de las maneras de recepción de una disciplina y de los ámbitos de evolución institucional en la cual se ha desarrollado, la importancia heurística de recuperar y transferir en el trabajo académico en general, en la docencia y en la investigación, la herencia y la vigencia, que es el signo de su contemporaneidad, de una serie de maestros de la indagación sobre la política contemporánea en Latinoamérica. Autores y maestros que manifiestan, con mayor o menor intensidad, un común denominador: pasar del lugar de vehículo (por ejemplo, “traductor de…”) al lugar de traducible, y en muchas ocasiones de intraducible, lo que significa el reconocimiento general y más allá de las fronteras latinoamericanas de una semántica académica e intelectual “originaria” que logra establecer (de ahí su relativo éxito) formas de reflexión realmente anticipatorias sobre el universo de la política y sus direcciones interpretativas.

Desde un punto de vista deconstructivo, la posibilidad de anticipación sugiere que estos autores se preguntan en modo agudo por la situación que guarda una sociedad, un paradigma, un tipo o conjunto de fenómenos que no han sido tratados con la debida suficiencia. Luego, a partir de este examen indican aquello que está por ocurrir o que ya ocurrió pero sobre el cual no se formulan las preguntas pertinentes, sobre todo cuando es difícil referir las consecuencias que ese conjunto de fenómenos tendrá. Entonces, las formas de anticipación tienen que ver con las indicaciones teóricas que desarrollaron, pero también se pueden vincular con perspectivas, hipótesis e instrumentos en el campo de la investigación empírica que resultaron extremadamente útiles para su época. En este sentido, quizá sus aportaciones sean aún útiles hoy día, ya que nos permiten observar las maneras en cómo fueron abordados los fenómenos políticos de su tiempo y las maneras en cómo resolvieron los problemas teóricos y metodológicos inherentes a los primeros. Su relectura puede contribuir al descubrimiento de los registros y las huellas de su originalidad en los campos de conocimiento que instituyeron, por lo cual tienden a ser un espacio de inspiración académica al permitir la profundización de la creatividad en la investigación acerca de los procesos políticos de nuestros días. Asimismo, es oportuno decir que otro elemento que permite identificar y, al mismo tiempo, corroborar la importancia de un cartógrafo contemporáneo es que sus obras no son de vida breve, sino de largo respiro. A diferencia de muchas de las investigaciones que en nuestros días se llevan a cabo, el trabajo académico de los cartógrafos citados no sufre la usura del tiempo, tal y como sucede con nuestros libros de coyuntura o de “actualidad” política y con aquellos otros de investigación pero de una vida brevísima, causada con probabilidad por el establecimiento de patrones puramente cronológicos para construir las unidades de análisis que se ponen bajo investigación.

*Versión editada de la “Introducción” al libro Figuras, historias y territorios. Cartógrafos contemporáneos de la indagación política en América Latina, de Israel Covarrubias (coord.), Ciudad de México, Facultad “Vasco de Quiroga” de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo-Publicaciones Cruz, 2015, 225 pp. 

Israel Covarrubias es Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Florencia, Italia. Actualmente es profesor de teoría política en la UACM. Desde 2007 es Director editorial de la revista Metapolítica.


Posted: August 5, 2015 at 10:53 pm

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