Essay
Izquierda y militancia académica

Izquierda y militancia académica

Gisela Kozak Rovero

Las llamadas humanidades y ciencias sociales tienen por finalidad la reflexión rigurosa y sin dogmas sobre los procesos organizativos, productivos y culturales que conforman la razón de ser de las sociedades; para ello, han de dejar de lado toda certeza que se haga pasar por definitiva, sea que encarne en la religión, en la ortodoxia económica, en la tradición colectiva o en la razón de Estado. Sin duda, es legítimo, amén de un imperativo ético, interrogarse por su incidencia en el terreno de la transformación de la vida colectiva e individual, sobre todo en una época en la que el saber por sí mismo ha perdido terreno frente a sus aplicaciones prácticas. No obstante, tratar de justificar las ciencias sociales y las humanidades porque son capaces de apoyar el cambio social puede tener un riesgo: ceder a la tentación de colocarlas al servicio de éste a toda costa. En tales casos, la academia se convierte en el disfraz de la militancia. Se olvida entonces que una de las metas cruciales de este tipo de disciplinas, más allá de cualquier método o teoría, es el análisis de las sociedades, desde todas sus aristas, en términos de una intensa atención, de una interrogación capaz de poner en duda cualquier certeza preconcebida sobre el objeto de estudio.

En las siguientes líneas intentaremos responder a las siguientes interrogantes: ¿qué pasa cuando en el mundo académico se renuncia a la independencia de pensamiento a favor de la militancia? ¿Hay sectores de la izquierda posmoderna (a falta de mejor nombre) superadora de la marxista que siguen la tradición de su antecesora del siglo XX, la cual calló o endulzó los graves defectos del estalinismo o de la revolución cubana en nombre del proletariado? ¿Toda la izquierda académica del siglo XXI es militante? ¿Cómo identificamos a un militante académico? ¿Quiénes forman parte de la militancia disfrazada de academia, cómo influyen en el mundo universitario y político, donde ejercen su actividad?

Es clave precisar, los frentes y fuentes teóricas en las cuales se mueve la militancia académica: estudios culturales, poscolonialismo, decolonialismo, el feminismo (siempre y cuando sea nuestroamericano, poscolonial o lacaniano), los estudios subalternos, la teoría queer, todos los cuales puede entrecruzarse en tanto beben de las aguas del marxismo (especialmente el gramsciano), el posmarxismo y el postestructuralismo. Su defensa de los oprimidos por clase, raza, género, orientación sexual, religión, nacionalidad y cultura toma la dimensión de ortodoxia, sobre todo en la revisión de la herencia filosófica, política cultural y científica de “Occidente”, en algunos casos reducida exclusivamente a voluntad de poder de carácter colonial. Por supuesto, hay que aclarar que no toda la izquierda académica limita su trabajo a su militancia: Homi Bhabha, Edward Said y Michel Foucault han demostrado una superior inteligencia y gran sensibilidad estética y, en el caso de los dos primeros, una espíritu abierto a la democracia y los derechos humanos. Gente como Alberto Moreiras, Santiago Castro Gómez y Nelly Richard tienen a mi juicio trabajos muy estimulantes e interesantes. Me refiero a otro tipo de figura, marcada por la simplificación y los lugares comunes, las marcas que define al militante académico.

Un ejemplo perfecto son Juan Carlos Monedero y Arturo Serrano Mancilla, profesores españoles miembros de PODEMOS, que han sido asesores de la revolución bolivariana y presentan como análisis en eventos públicos y textos su repetición del catecismo chavista. Otro, los congresos. En el celebrado por Latin American Studies Association (LASA, 2007), Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, y Bernardo Álvarez, embajador de Venezuela en Washington, dieron sendas conferencias a casa llena. Jóvenes canadienses, estadounidenses y europeos repetían, por cierto, las mismas teorías sobre los mismo temas respecto a Venezuela, Cuba, Bolivia, Argentina o Brasil: una subalternidad variopinta redimida por los heroicos izquierdistas (consumen rebeldía, como otros consumen Pokémon-go). El silencio del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) sobre la Venezuela actual contrasta con su indignación frente a la destitución de Dilma Rousseff en Brasil o con el comunicado de su secretariado en el año 2014, en el cual se expresaba su apoyo a Nicolás Maduro mientras en Venezuela había miles de detenciones y decenas de asesinatos a manos de fuerzas de seguridad del Estado.

¿Diferencias entre la militancia académica del siglo XX y la del siglo XXI? Por supuesto: la primera se consideraba heredera de los ideales racionales y libertarios que se abrieron paso en Europa, América y los demás continentes y apostó por el arte, el pensamiento, la cultura y la ciencia así el Estado comunista las dominase con un puño de hierro. En el siglo XXI la búsqueda de la verdad y el rigor se miran con desdén como productos de la razón colonial mientras la tranquilizante buena conciencia de la corrección política satisface la medianía generalizada. No obstante, hasta un divo indiscutible de la izquierda posmoderna como Slavoj Žižek advierte que abandonar la verdad embota el pensar y, desde luego, el hacer político. Solo repensar la noción de verdad y apelar a la libertad curan la medianía puritana de la militancia académica; si tanto se reivindica la diversidad cultural, étnica, religiosa y sexual pensemos también en el pluralismo político y de pensamiento como parte fundamental de las diferencias. Oigamos las voces de todas las religiones y tendencias políticas sin condenar ni vetar de antemano porque para ello es la universidad. Nunca debe dejarse de lado el saber como libertad y pluralismo, como apropiación intercultural del pasado y como construcción de una universalidad respetuosa de la diferencia.

La militancia en favor de cualquier causa es válida; como escritora y profesora universitaria reivindico el derecho a ejercerla, pero la devastación de Venezuela me ha hecho revisar temas como la libertad, el conocimiento, la economía de mercado y las políticas culturales. No comparto el desdén más o menos disimulado de la izquierda posmoderna por el liberalismo político ni su indomable alergia a la economía del mercado y la iniciativa privada. Prefiero a Martha Nussbaum, Tony Judt, Amartya Sen, Roberto Mangabeira Unger, Beatriz Sarlo, John Rawls y Seyla Benhabib frente a Gayatri Spivak, Judith Butler, Slavoj Zizek, Ernesto Laclau, Jacques Lacan, Michael Hardt, Jacques Derrida y Walter Mignolo. Reitero, el problema no es la militancia, lo que no es ético es revestirse de los ropajes de profesor e investigador para plegarse al buen decir de las modas teóricas de la izquierda posmoderna, con el fin de dar un automático respaldo a gobiernos autoritarios y organizaciones violentas cuyo discurso satisfagan los requisitos claves de ese buen decir: retórica antiimperialista, protestas contra el neoliberalismo y afirmaciones de raza y clase. Sin duda, el espíritu de grupo que significa la falta de independencia intelectual puede facilitar el logro del éxito rápido en términos de la carrera profesional en la academia estadounidense, entre otras, pero esta suerte de escolástica más preocupada por los pecados contra la corrección política que por la calidad de las investigaciones empobrece el ejercicio profesional y convierte a los estudiantes en dóciles repetidores de consignas de realidades que en el fondo desconocen.

GiselaKozakRoveroGisela Kozak Rovero (Caracas, 1963). Activista política y escritora. Algunos de sus libros son Latidos de Caracas (Novela. Caracas: Alfaguara, 2006);  Venezuela, el país que siempre nace (Investigación. Caracas: Alfa, 2007); Todas las lunas (Novela. Sudaquia, New York, 2013); Literatura asediada: revoluciones políticas, culturales y sociales(Investigación. Caracas: EBUC, 2012); Ni tan chéveres ni tan iguales. El “cheverismo” venezolano y otras formas del disimulo (Ensayo. Caracas: Punto Cero, 2014). Es articulista de opinión del diario venezolano Tal Cual y de la revista digital ProDaVinci. Twitter: @giselakozak

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Posted: January 30, 2017 at 10:17 pm

There are 4 comments for this article
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  2. Carlos Mendoza at 9:38 am

    Tus comentarios son acertados, mas no los limito a la izquierda. En el caso de Venezuela la derecha hace lo mismo. ¿acaso podríamos decir que la academia tiene un papel equilibrado en esta Venezuela polarizada? Unas universidades son chavistas y otras opositoras, el fanatismo abunda en ambas. Es justo tener postura política, pero sin perder el equilibrio, necesario para realizar estudios serios. Y para estudiar el período de Chavez en Venezuela, hay que deslastrarse de amores, de endiosamientos, pero también de odios y rabias. ¿Puede alguien en la academia hacerlo?

    • Gisela Kozak-Rovero at 5:38 am

      Saludos Carlos, gracias por opinión. EL artículo no es sobre Venezuela sino sobre la hegemonía de izquierda en las ciencias sociales y humanidades en Europa, USA y América Latina. Por cierto, en Venezuela lo que hay es centro-izquierda; el que no es marxistoide es socialdemócrata.
      Difiero en cuanto al juicio sobre la academia venezolana pues el esfuerzo intelectual por entender el chavismo como fenómeno y en cuanto a políticas ha sido gigantesco, riguroso, con amplio apoyo documental, con cifras y con alternativas: Marcelino Bisbal, Gioconda San Blas, Jaime Requena, Iván de la Vega, Verónica Zubillaga, Paula Vásquez, Margarita López Maya, José Guerra, Ricardo Hausmann, Ronald Balza Guanipa, Rafael Arráiz Lucca, Diego Bautista Urbaneja, María Pilar García Guadilla, Luis Bravo, Marino González, Celia Herrera, Manuel Guevara, Luis Pedro España.

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