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La pandemia es la ceguera
COLUMN/COLUMNA

La pandemia es la ceguera

Rose Mary Salum

 Cuando veas las barbas de tu vecino cortar pon las tuyas a remojar.

 

En estos últimos días no he dejado de pensar en una de las novelas más famosas de José Saramago: Ensayo sobre la ceguera. En ese libro se cuenta la historia de una epidemia que surge de forma abrupta e inexplicable mientras va dejando ciego a todo aquél que toca. La pérdida de la vista se contagia con una rapidez feroz: con solo mirarse a los ojos basta para quedarse ciego. Al poco tiempo de haber empezado la epidemia, los personajes principales son recluidos en cuarentena forzosa. En ese retiro sus personajes tratan de sobrevivir con sus propios recursos y con la guía de la esposa del médico, la única que no ha perdido la vista. La ansiedad por la disponibilidad de alimentos, causada por irregularidades en la entrega, atenta contra la solidaridad y la civilidad de todos. La ley y el orden, los servicios sociales, el gobierno, las escuelas, van dejando de funcionar. Las familias se han separado y no pueden encontrarse. El origen y la naturaleza inexplicables de la ceguera causan pánico generalizado, y el orden social se desmorona rápidamente a medida que el gobierno intenta contener inútilmente el contagio y mantener el orden a través de medidas cada vez más represivas e ineptas.

Aunque esta novela es producto de la imaginación de su autor, las situaciones que presenta se han vuelto familiares. Desde que surgió hasta el momento, el coronavirus evolucionó de ser una enfermedad local hasta volverse una pandemia. Hasta el momento, los expertos en el tema no tienen una idea clara del comportamiento del virus. Lo único que se tiene a la mano son los estudios y la base de datos que se ha acumulado a partir de este enero. No se sabe con exactitud, por ejemplo, cómo se transmite de una persona a otra. No se tiene la certidumbre de si hay dos cepas, más de dos o es una sola. No sabemos con exactitud cómo actúa en mujeres embarazadas o en los niños. No sabemos muchas cosas.

El problema no es solo que esto nos toma indefensos, sin preparación y sin conocimiento alguno de cómo manejar un asunto que nos desborda a todos, sino con el miedo y la ignorancia como guías. Porque nada nos garantiza que las medidas que se están (o no) tomando vayan a detener la pandemia. Muchas personas han tratado de minimizar los efectos del virus. Y quizá algunos puedan responder con el mismo escepticismo. Lo cierto es que la virulencia del contagio, el número de muertos por la falta de un tratamiento específico y la posibilidad de un colapso del sistema de salud que deje a las personas sin la debida atención hacen que esta enfermedad sea distinta a las otras que también afectan el sistema respiratorio.

Y así como en la novela de Saramago se muestra la ineptitud de la sociedad ante la epidemia, en la vida real vemos esa misma torpeza tanto en las esferas del poder como en el resto de la sociedad. Es la misma inhabilidad que ha puesto en evidencia la falta de recursos intelectuales y científicos para actuar con rapidez. Es la misma que muestra deshonestidad de algunos gobiernos que abiertamente mienten a sus ciudadanos. Es la misma que vacía los estantes de los supermercados y escasea el agua y el papel del baño. Es la misma que ha derribado la bolsa de valores hasta su punto más bajo desde 1987. Es la que ha paralizado a los gobiernos y su economía. Es la que, teniendo el talento de los laboratorios a la mano para hacer uso de sus recursos, se les omite abiertamente. Es la misma que nos ha cegado a todos.

La forma en cómo ha reaccionado el mundo ha sido caótica. Pero hay algo que es evidente: los chinos llevan la delantera. Es difícil pasar sin advertir la resolución con la que han implementado el protocolo de una emergencia que para ellos también era nueva y han logrado bajar drásticamente los indicadores que reportan los contagiados, los casos con cuadros críticos, las muertes así como los enfermos dados de alta. Nadie más (con la salvedad de Corea del Sur) ha podido igualarlos en la efectividad para controlar la pandemia. El papel que anteriormente desempeñaban Estados Unidos y los países europeos, ha sido tomado por los asiáticos por su capacidad científica y de liderazgo.

En ese sentido, todos los demás países vamos semanas, si no es que meses, retrasados. España deja en cuarentena a sus habitantes apenas este fin de semana cuando Italia lo hizo hace varias y China hace más de un mes. Estados Unidos sólo ha propuesto cerrar fronteras y México no da muestras de reconocer siquiera que tiene un problema. Y me pregunto, ¿por qué no imitar el modelo de los países que han sido exitosos en este combate? El sentido común indicaría que cuando uno ve las barbas del vecino cortar… Sin embargo, la forma en cómo México y Estados Unidos han abordado la pandemia es más bien retórica, teatral y política ya que poco se está haciendo en la realidad (y sí mucho en el campo del absurdo) para detener el avance del contagio.

Estados Unidos

Hasta hace algunos días, todavía el presidente Trump recomendaba a los ciudadanos ignorar la pandemia e ir a trabajar si habían contraído la infección respiratoria. Era la misma actitud que decía que esto era una farsa fabricada por los demócratas con tal de evitar su reelección. Temía la baja de la bolsa y, con ello, la posibilidad de su reelección.

Sin embargo, una vez que la Organización Mundial de la Salud dijo que el coronavirus se había convertido en una pandemia, la Casa Blanca se vio obligada a aceptar que la situación era muy seria sin que ello nos garantizara que reaccionaría a la altura de la emergencia.

En un principio, cuando en enero se tomó conciencia de la rapidez del contagio, los chinos pusieron a la disposición de todos los laboratorios la secuencia del virus para que los demás países pudieran crear rápidamente sus propias pruebas. La Organización Mundial de la Salud aprobó una que fue desarrollada por algunos científicos alemanes. Pero EE. UU., que considera que el CDC (Center for Desease Control and Prevention) es la principal agencia de salud pública del mundo, decidió trabajar en su propia prueba. El primer obstáculo que se presentó fue que no obtuvo la aprobación de la F.D.A. hasta la primera semana de febrero. Así que a principios de ese mes se repartieron los kits a todos los laboratorios para iniciar el periodo de exámenes pero los kits no funcionaron. Hasta la fecha los resultados se tienen que enviar a los laboratorios de Atlanta y los resultados tardan algunos días.

Todavía hasta el momento en que se escribe este artículo, dos y medio meses después del primer brote, en Estados Unidos solo existen 25 kits de prueba por cada millón de habitantes. El NYT reportaba el 12 de marzo algo que todos los ciudadanos ya habíamos estado observando desde que llegaron los primeros casos al país: hay una escasez brutal de kits y aún con todos los síntomas del virus la persona sale de un consultorio sin saber si tiene o no la enfermedad porque las pruebas se reservan para los casos más extremos.

Si un país no cuenta con lo más elemental que es saber si sus habitantes padecen o no el coronavirus –sin  importar cuántas fronteras cierre, baje las tazas de intereses a cero o anuncie una lista de recomendaciones para sus habitantes–, la contención de la epidemia se hace prácticamente imposible así como remota la capacidad para detenerla. Las cifras se presentan alteradas en los indicadores de salud. La información es limitada e incorrecta. Y gobernantes y los ciudadanos quedamos cegados frente a las circunstancias reales mientras la gente vacía frenéticamente los estantes de los supermercados.

México

Y si la absoluta miopía frente a las circunstancias es muy grave en los Estados Unidos, en México es aún más preocupante. En enero del 2020 se encontraron los dos primeros casos en el país. Y desde entonces hasta el 12 de marzo, los indicadores que mostraban el avance del virus se quedaron paralizados. ¿Acaso estas personas no contagiaron de forma exponencial a familiares, amigos y extraños en ningún momento de la incubación hasta la manifestación plena de la enfermedad? Porque si de lo que estamos hablando es de que el virus es peligroso por el grado de contagio que representa, es difícil creer que en un mes y medio su avance haya quedado congelado. El lector dirá que muchos pecamos de escépticos pero cuando un presidente confiesa públicamente su desinterés por la marcha del 8M, ese alarde equivale a decir que jamás puso atención al reclamo que cientos de miles de mujeres hicieron con el único propósito de contener la ola de violencia hacia las mujeres y los feminicidios, no veo por qué ahora sí pondrá atención.

Las presiones de parte de intelectuales, ciudadanos y algunos estratos gubernamentales han sido para que se atienda a una pandemia que por sus propias estadísticas amenaza con infectar a un porcentaje importante de la población. Las medidas que se han tomado son prácticamente inexistentes y el discurso oficial no va más allá del irresponsable retórico: “No nos va a pasar nada” porque “La fuerza del Presidente es moral”

Pero la ceguera que ambos gobiernos han mostrado, ya sea por ineptitud, ya sea por miedo a que la economía salga dañada, tarde o temprano se traducirá en una repercusión importante en la economía e irá contra esos gobiernos populistas que carecen de un auténtico plan de contingencia. La ausencia de liderazgo se traducirá en una avalancha que irá más allá del contagio mismo y sobrevivirá a la crisis del coronavirus con consecuencias aún imprevisibles.

El escenario es aterrador. Meter la cabeza en la tierra para negar los problemas y que éstos desaparezcan solos, arreciará la gravedad de las circunstancias y, por ende, el presente y el futuro económico de ambos países. Cada vez que el gobierno norteamericano pretende suavizar su discurso, la bolsa de valores baja aún más. Las repercusiones de esta baja en México son muy peligrosas porque afectan a un país ya de por sí con déficit de crecimiento.

La ciencia, la investigación, los recursos están allí para tomarlos y usarlos de forma precisa, coherente, efectiva y bien pensada. Pero eso no ha sucedido. Es una pena que a 20 años de haberse escrito la novela de Saramago  sus palabras sigan siendo una fuente de lucidez y verdad: Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos. Ciegos que ven, ciegos que viendo, no ven.

 

Rose Mary Salum es la fundadora y directora de Literal, Latin American Voices. Es la autora de El agua que mece el silencio (Vaso Roto, 2015) y Delta de las arenas, cuentos árabes, cuentos judíos(Literal Publishing, 2013) y Entre los espacios (Tierra Firme, 2003), entre otros títulos. Su twitter es @rosemarysalum

 

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.


Posted: March 16, 2020 at 7:00 pm

There are 3 comments for this article
  1. Mari at 4:23 pm

    Los habitantes de China viven y sufren un regimen totalitario, y dudo que nos hayan dicho cuantos muertos hay todavia o habra. Si, la estrategia les ha funcionado, pero no todos les creemos sus datos. Desafortunadamente, su gobierno es capaz de mentir con tal de tratar de impresionar a los demas. Por otro lado, como dice una amiga y escritora querida, si su cerco era tan bueno, porque dejaron escapar el virus de China hacia al resto del Mundo? Pregunta dolorosa, pero que queda para la posteridad. Estamos en manos de Nuestro Padre Dios, pero tambien tenemos que poner de nuestra parte, acatar el distanciamiento social y las medidas de nuestros gobiernos alrededor del Mundo, y darnos cuenta que el egoismo y el enriquecimiento de unos cuantos, ademas de la agresion y destruccion a la Naturaleza y sus habitats y maravillosas criaturas, seran actos que tendran, como ahora pasa, consecuencias terribles para muchos inocentes alrededor de nuestro Planeta. Que Dios los bendiga y todos esten bien, dondequiera que se encuentren! Les recomiendo que lean el articulo https://variety.com/2020/film/news/contagion-coronavirus-scott-z-burns-trump-1203532260/ y vean la pelicula del 2011, dirigida por Soderbergh, que es escalofriantemente parecida a la realidad que vivimos ahora… y el final nos pone los pelos de punta.

  2. Alejandro Barocio at 6:09 pm

    RMS:
    Encuentro muchos aciertos en este excelente artículo, nuestra ceguera colectiva y el desorden que ha causado en el balance mismo del poder este enemigo invisible, diminuto, pero al fin y al cabo, por coincidencia, destino, diseño perverso o estrategia socio política, es “made in China”, como muchos otros males mundiales modernos.
    No justifico a la administración Trump, pero denoto que los intereses vendidos/comprados que la elite (deep state?) ha tenido con China por casi tres décadas, ocasionó un desastroso atraso en la respuesta oficial a la crisis, bloqueando información y catalogando a las primeras respuestas (cierre de tráfico aéreo con China -enero 2020) como “racist as”, “innecesarias”, o peor.
    Ya vendía encima la crisis, esos poderes de élite no tuvieron más que sumarse a rastras al esfuerzo por detener o controlar la epidemia, y eso con reservas, pues entorpecían entre los medios de comunicación enemigos de Trump y los actores mismos en el congreso demócrata, todo intento por actuar decisivamente, inclusive interponiendo demandas frívolas y “fake news”.
    Pero en estos últimos días y dada la magnitud de la catástrofe, la presidencia está dando pasos acertados en cuanto a servicios médicos y encima detener la caída económica mundial. Nada fácil.
    En cuanto a nuestro México, la presidencia está totalmente rebasada, increíblemente débil y mal preparada para atender siquiera un catarro, mucho menos una epidemia mortal.
    Se ven tiempos difíciles para ese “pobre país pobre”, atorado en una especie de carambola en cámara lenta.
    Solo el tiempo dirá, pero eso de abrazos y besos solo empeora el paisaje.
    El cierre de fronteras en inminente, es cuestión de días, tal vez, y solo entonces veremos la catástrofe de una mala administración sobre su pueblo.
    Un saludo RMS

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