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Las cápsulas de tiempo de Andy Warhol

Las cápsulas de tiempo de Andy Warhol

Efraín Villanueva

A Andy Warhol no le gustaba ir a los hospitales. ¿A quién sí? En 1968 tuvo que ser llevado de urgencia a uno por una herida de bala en su estómago. Valerie Solanas le disparó porque estaba segura de que por su culpa había perdido un guión que ella había escrito. Tiempo después, los médicos le advirtieron a Warhol que requería una intervención en su vesícula, la que postergó durante años. En 1987, luego de comer en un restaurante japonés, Warhol enfermó y, sin más remedio, fue al hospital. Su vesícula estaba severamente dañada, a punto de reventar. Lo quisiera o no, era necesario operar. La cirugía transcurrió sin novedades, pero al día siguiente Warlhol falleció de un ataque al corazón.

La casa de subastas Sobethy fue comisionada para encargarse de la herencia de Warhol. Cuando los tasadores llegaron a su casa de Nueva York, se encontraron con un espectáculo inusual en los cuartos de los cinco pisos del edificio. Cajas de cartón apiladas por doquier, libros acumulados sobre mesas y sillas, bolsas plásticas de compras diseminadas por el piso, cuadros sin colgar, tazones llenos de chucherías, docenas de botellas de perfumes, joyas perdidas en los recovecos de la cama, 175 tarros de galletas, pilas de relojes, pero también de otros objetos inútiles. En su habitación: una cama con dosel y un televisor con sus pelucas alrededor.

¿Genio desaliñado? ¿Coleccionista? ¿Acaparador? Claudia Kalb, una de las periodistas científicas más respetadas de los Estados Unidos, según la revista Forbes, intenta aclarar el misterio en su libro Andy Warhol was a Hoarder (Andy Warhol era un acaparador impulsivo), en el que también examina aspectos de la salud mental de Marilyn Monroe, Charles Darwin, la princesa Diana, Fiódor Dostoyevski y otros personajes históricos.

Warhol, el artista

Warhol fue un niño enfermizo. Una infección le ocasionó una enfermedad neurológica que le ocasionaba movimientos involuntarios en sus músculos y decoloración epidérmica. Su piel desarrolló manchas y pústulas que lo avergonzaban y lo incomodarían en su vida social por siempre. Se refugiaba en su cuarto, en donde leía caricaturas, revistas de celebridades y dibujaba. Los Warhola (Andy eliminó la ‘a’ final más tarde, como parte de su nombre artístico) eran inmigrantes checoslovacos pobres, su padre trabajaba en minas de carbón, su madre limpiaba casas. A pesar de esto, Warhol pudo pagar la matrícula en el Instituto de Tecnología de Carnegie, en donde tomó clases de artes.

Una vez graduado en 1949, se mudó a Nueva York. Sabía que, si quería lograr una carrera artística exitosa, aquella sería la ciudad en la que lo lograría. Sus primeras publicaciones fueron ilustraciones de artículos en Glamour, pero pronto se encontró trabajando para otras revistas, diseñando tarjetas navideñas para la prestigiosa joyería Tiffany & Co y cubiertas de álbumes para músicos famosos como Vladimir Horowitz. Warhol se convirtió así en un exitoso artista comercial. Pero la fama que siempre anheló solo llegó cuando dio un giro a su enfoque artístico. Warhol empezó a recrear imágenes y personajes de la cultura popular: Elizabeth Taylor, Elvis Presley, juegos de béisbol, botellas de Coca Cola y, por supuesto, la más famosa de todas, sus latas de sopa de la marca Campbell.

¿Acumulador compulsivo o coleccionista?

Para Kalb, “lo que hace la historia de Warhol tan cautivadora es que se deleitaba en mundos divergentes –el lujo y lo mundano– y dejó atrás una mezcla monumental de ambos”. Warhol coleccionaba cuadros de Picasso, obras de Duchamp y Man Ray, piezas de mobiliario Art Deco, artefactos indígenas, entre otras representaciones artísticas. Pero también tenía una obsesión oculta. Le encantaba ir de compras, no importaba lo que fuese o en dónde, tiendas de chucherías, mercados de pulgas. En uno de sus almacenes preferidos compraba bolsas plásticas por 30 centavos, recorría los pasillos llenando las bolsas hasta el tope y luego las vaciaba sobre su colchón, momento en el cual sentía la necesidad de volver a salir de compras.

En 1974, decidió reubicar La fábrica (así llamaba a su estudio), así que compró cajas de cartón y reinstaló todo en la nueva ubicación. Nunca botó las cajas, las utilizó para almacenar recibos de compras, talones de entradas, cartas, estampillas postales, baterías gastadas, cualquier otra cosa. Las cajas le permitían lidiar con su incapacidad de deshacerse de sus posesiones y una vez se llenaban las enviaba a una bodega. “Mi conciencia no me permite botar nada, aun si es algo que no quiero”. En total, serían 610 cajas las que acumularía durante años y a las que más tarde llamó Cápsulas de tiempo. Para Kalb, esta es apenas una de las “características clásicas de un acumulador compulsivo”.

Lo que dice la ciencia

De acuerdo con la investigación de Kalb, es probable que Warhol habitara un mundo intermedio entre acumulador compulsivo y coleccionista. Sí, a Warhol le seducía el arte y lo compraba a diestra y siniestra, pero en vez de colgar los cuadros en las paredes, en vez de ubicar las obras en lugares estratégicos de su apartamento para el deleite de sus invitados, se limitaba a ubicarlas en cualquier espacio disponible, a veces ocultas en medio de pilas de objetos sin valor. “[Decoro mi hogar] con basura. Papeles y cajas. Cosas que traigo a casa y dejo por ahí y nunca las vuelvo a recoger”. Adquirir sin sentir la necesidad de organizar es propio de un acumulador compulsivo.

La planeación de ideas que nunca se ejecutan, la procrastinación de tareas y el descuido por la higiene de su entorno son otras de las peculiaridades de los acumuladores compulsivos. En las Cápsulas de tiempo de Warhol se han encontrado latas de sopas con filtraciones, restos de pizza y panes disecados. Durante mucho tiempo, Warhol consideró crear arte a partir de sus Cápsulas, exhibirlas en galerías o venderlas a un coleccionista o a un museo. Pero, como sus visitas al hospital, siempre encontraba algo que lo distraía de este propósito.

La acumulación no llega sola, viene acompañada de angustia. Entre más se acumula, más angustia se sufre. Warhol intuía que su obsesión con las posesiones no era saludable y soñaba con la idea de que, sin importar el tamaño, la gente viviese siempre en lugares limpios y vacíos. “Me enferma la forma en la que vivo y siempre termino trayendo más cosas a casa. Paredes blancas y un piso limpio, eso es todo lo que quiero”.

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Un año después de su muerte, Sobethy’s terminó la clasificación de las pertenencias de Warhol. La Colección de Andy Warhol fue un catálogo de seis volúmenes que incluyó casi 10.000 artículos. La subasta finalizó luego de diez días de ajetreo y las ventas ascendieron a 25 millones de dólares, “la más grande de las ventas de garaje”, la denominó la revista Newsweek.

En 2013, el Museo Andy Warhol realizó un evento para revelar el contenido de una de sus Cápsulas, una caja de cartón etiquetada ‘1967-1969’. Kalb, quien estuvo en la presentación, enumera lo que vio: “una prescripción médica de 250 mg de tetraciclina; una tarjeta de navidad; una consulta de la revista Playboy preguntándole a Warhol qué sería lo primero que haría si fuese elegido presidente; ejemplares de las revistas Newsweek y Time; la carta de un aspirante a actor que anhelaba hacer parte de una película de Warhol; un recorte de periódico sobre Valerie Solanas, la mujer que le disparó en 1968; una factura sin pagar, de 3.000 dólares, emitida por el Dr. Giuseppe Rossi, el cirujano que le salvó la vida; y un puñado de copias de carbón de viejos cheques, tan frágiles que se deshacían”.

Para el Museo Andy Warhol, sus Cápsulas de tiempo, “debido a las intenciones de Warhol y al valor histórico de su contenido”, son una obra de arte. Kalb está de acuerdo en que, aunque sus contenidos son el resultado de las acciones de un acumulador compulsivo, estas Cápsulas, si se analizan “como un todo, pueden ser vistas como representación de algo artísticamente significativo: un álbum de recortes de historia social, un testimonio de consumismo, una celebración de lo ordinario”.

* Con información de Andy Warhol was a Hoarder (National Geographic Books, 2016) de Claudia Kalb.

Efraín Villanueva. Escritor colombiano radicado en Alemania. Su primer libro,Tomacorrientes inalámbricos (2018), fue galardonado con el Premio de Novela Distrito de Barranquilla. Su primera colección de cuentos, Guía para buscar lo que no has perdido 2019), fue ganadora del Concurso Nacional de Cuentos de la Universidad Industrial de Santander. Sus trabajos han aparecido, en español y en inglés en publicaciones como Granta en español, Revista Arcadia, El Heraldo, Vice Colombia, Literal Magazine, Roads and Kingdoms, Little Village Magazine, entre otros. Su Twitter es @Efra_Villanueva

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Posted: September 29, 2019 at 1:49 pm

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