Interview
Los afectos de Rodrigo Hasbun

Los afectos de Rodrigo Hasbun

Rose Mary Salum

• Rodrigo Hasbún: Los afectos (Random House, 2015)

Cuando leí Los afectos de Rodrigo Hasbún de inmediato sentí la necesidad de hablar con él sobre su obra y encontrar la razón por la cuál había decidido desarrollar en parte, una historia basada en personajes reales a través de un tratamiento muy específico de las voces narrativas. Hasbún recupera, a través de su novela más reciente, la vida de la familia Ertl, su participación dentro de un periodo histórico boliviano y las aportaciones, muy poco conocidas, de esa familia que dejó su país de origen para labrar su futuro en el  país sudamericano. El resultado fue esta conversación que a continuación comparto. 

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Los afectos es una novela basada en hechos reales. Surge a partir del momento en que te enteras de la existencia de esta familia alemana viviendo en Bolivia. ¿Cómo fue que diste con esta historia? ¿Qué de ella te cautivó de tal modo que decidiste a escribir la novela?

Fue todo muy casual y muy afortunado. Un amigo al que no veía hacía años me contó la historia de los Ertl, y mientras lo oía supe de inmediato que ahí había una novela, una novela que para mi sorpresa nadie había escrito todavía. Mirando hacia atrás, lo que me cautivó de ellos, incluso más que sus emprendimientos desquiciados, fue el esfuerzo sostenido por inventarse una nueva vida en un país tan distinto al suyo (algo que me tocaba de cerca, dada mi historia familiar), pero también el hecho de que en algún momento lo ideológico y lo afectivo colisionaran de forma brutal entre ellos, propiciando un desmoronamiento del que nadie salió ileso. Aunque hubiera mucha aventura en sus vidas, creo que a mí me intrigó más la cosa de todos los días, los intersticios de la intimidad, el viaje interior. Desde ahí intenté escribir Los afectos.

Es cierto, la novela se cuenta desde un lugar ajeno a las aventuras, es intimista y aún así, a través de lo que no se dice, se recrea la aventura. Una vez que tu amigo te contó la historia y realizaste el respectivo periodo de investigación, ¿cómo llegaste a la solución formal de la novela, a enfoque narrativo, al tono?  Resulta muy interesante las distintas voces, el transcurso del tiempo y todo lo que sucede y que nunca se dice.

Fui encontrando la novela a medida que la escribía, sin un plan previo ni una idea definida de lo que buscaba. Agradezco esa incertidumbre cuando escribo, no saber hacia dónde voy y asumir que a menudo deberé regresar al momento en el que tomé un mal desvío. Solo al terminar una primera versión el recorrido se aclara, y es entonces cuando empiezo a tomar las decisiones más importantes, entre ellas qué dejar y qué quitar. En Los afectos, casi sin querer, la novela fue armándose como una especie de álbum fotográfico. Algunas de las imágenes son más granulosas que otras, hay fotos en blanco y negro o a color, esta aparece sobreexpuesta, la de más allá borrosa, mientras se transforman los fondos y los personajes envejecen y se van y vuelven o no vuelven. Enfrentado a eso, al lector le toca ir rellenando lo que pudo haber entre foto y foto.

Entre las cosas que no se dicen o apenas se insinúan, está la situación de una Bolivia de los años cincuenta y sesenta lidiando con guerrillas y tratando de, al igual que sus personajes, definirse y encontraPortadar un futuro sin imposiciones dictatoriales.

Los sesenta y setenta fueron años movidos, llenos de convicciones radicales y de violencias persistentes. La negociación entre lo que unos y otros querían para Bolivia desembocó en todas esas cosas que ahora reconocemos como marcas de la época: regímenes militares, movimientos guerrilleros, desapariciones, torturas y exilios. Yo no abordo ese paisaje directamente sino desde la perspectiva de esa familia peculiar, desde su extranjería y sus propios demonios. La época y el país son personajes que en más de un modo determinan su destino, pero aparecen mencionados apenas. Yo diría que su presencia es más bien fantasmal.

Es muy cierto, la época en la que se desarrolla la novela, buena parte de Latinoamérica vivía momentos muy convulsos. Sin embargo, poco se sabe de la Bolivia de esos años a través de la literatura. En ese sentido, tu novela llena un vacío muy interesante. No puedo más que observar eso y preguntarte, ¿qué otras obras se te vienen a la mente sobre ese tema?

Por decirlo de algún modo, la literatura boliviana a menudo ha caminado de la mano de la historia o, al menos, ha intentado seguirle el paso, muchas veces olvidándose en el trayecto de sí misma y de sus propias posibilidades. Varios de los libros más emblemáticos de la tradición responden de cerca a hechos específicos. La Guerra del Chaco o la guerrilla guevarista, por mencionar dos momentos cruciales, tienen todo un corpus narrativo detrás, a menudo producido casi de inmediato. En el segundo caso, quizá las novelas más conocidas sean Los fundadores del alba, de Renato Prado Oropeza y Matías el apóstol suplente, de Julio de la Vega, ambas publicadas en 1969, apenas dos años después de que el intento guerrillero del Che fuera aplacado por los militares.

En ese sentido, tu novela también se muestra apegada a la historia. Hay algo de ella que se identifica con la tradición literaria de tu país y, sin embargo, también hay un rompimiento. ¿Podrías hablarnos de este tema?

Para mí la historia de los Ertl y de todo lo que sucedía a su alrededor es, y fue desde el principio, literatura. Desde ella escribí la novela, desde la irresponsabilidad de una escritura que no busca guardarle ninguna lealtad a eso que llaman lo real, una escritura que no ofrece respuestas ni busca aclarar nada. En ese sentido, siento que la distancia temporal no solo me ofreció una perspectiva generacional diferente sino también una lejanía emocional que agradezco. Para mí nada estaba en juego, excepto la novela misma.

La novela ha sido muy bien recibida, tanto que se está traduciendo a varios idiomas. ¿Qué recepción crees que pueda tener fuera de Latinoamérica?

Me da curiosidad ver qué pueda suceder en cada contexto, cómo atraviesan la lectura con otros códigos culturales, y con las expectativas y prejuicios propios. Asumo que en cualquier lectura siempre sucede un acto de apropiación: un mismo libro se transforma, resuena diferente de un lado a otro, se vuelve otra cosa. Seguramente todo eso se acentúa aún más con la traducción, porque el libro un poco deja de ser tuyo y pasa a ser de quien lo reescribe de principio a fin en otro idioma. Me gusta mucho la idea de ese desplazamiento, la intervención invisible y radical de los traductores. Para mí ellos son los verdaderos héroes de la literatura, los que hacen que siga viva.

RoseMarySalumRose Mary Salum es la fundadora y directora de Literal, Latin American Voices. Es la autora de El agua que mece el silencio (Vaso Roto 2015) y Delta de las arenas, cuentos árabes, cuentos judíos (Literal Publishing 2013) entre otros títulos.. Su twitter @rosemarysalum


Posted: June 15, 2016 at 10:54 pm

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