Interview
Nochixtlán, Oaxaca. 19 de junio

Nochixtlán, Oaxaca. 19 de junio

Varios autores

Dados los lamentables acontecimientos registrados el pasado 19 de junio en Nochixtlán, Oaxaca, en donde luego del operativo de las fuerzas de seguridad estatales y federales en contra de simpatizantes y miembros de la CENTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) resultaron muertos al menos 9 personas, Literal Magazine ha creído pertinente exponer la opinión de algunos de nuestros amigos y colaboradores en torno a un hecho que pone en evidencia, una vez más, la grave crisis social y política por la que atraviesa nuestro país. Transcribimos a continuación las palabras de quienes generosamente respondieron a nuestro llamado en orden alfabético.

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Anamari Gomís

Los dirigentes de la CNTE no luchan contra las reformas educativas sino, ávidos, quieren que les regresen el control que tenían de las nóminas de 48 mil personas, o sea, de miles de millones de pesos. Cómo destinaban esas cantidades, se desconoce, pero el “diálogo” que solicitan con las autoridades del gobierno implica que vuelva a ellos el dominio de esos dineros. Por eso extorsionan al cerrar carreteras, quemar autobuses, con marchas sempiternas a las que se unen grupos ultra radicales. Y lo más importante es que dejan sin clases a los niños de Oaxaca. La nula credibilidad en los gobiernos estatales y federales hace que la opinión pública disculpe los desmanes de los maestros, a estos insurrectos codiciosos. Sin duda, ante esto, las autoridades deben actuar, pero no con violencia, nunca con violencia. Espero que sus gestiones sean menos torpes de ahora en adelante. Y lo que de veras se necesita es que la educación llegue hasta los últimos confines de las sierras y de los poblados. No, los maestros de la CNTE no son inocentes.

Julián Herbert

Propongo una reflexión en torno a los recientes sucesos en Nochixtlán. Dos de los problemas mayores que el Estado mexicano enfrenta son la seguridad pública y la educación. Para combatir los problemas de inseguridad, el gobierno de Enrique Peña Nieto reestructuró sus exámenes de control y confianza para las diferentes policías, estableció proyectos de capacitación, propuso –pero sin imponer– la idea de mando único para cada municipio y estado del país, aumentó los salarios a nivel federal, estatal y municipal (en ocasiones hasta en un 300 %), invirtió un alto porcentaje del presupuesto en equipamiento y armas y ha implementado poco a poco reformas legislativas que fortalecen a los cuerpos policiales tanto en términos gremiales como de prestaciones, con el enfoque puesto en consolidar al sector más que en purgarlo (aunque a veces lo que se necesite sea una purga y aunque menudeen las denuncias de corrupción, abuso de autoridad y violaciones a los derechos humanos). En términos de educación pública, en cambio, se ha incrementado la evaluación (contraparte de los exámenes de control y confianza) pero se ha avanzado poco en materia de capacitación, los salarios están por debajo del decoro, tanto el equipamiento como las instalaciones siguen siendo lamentables, la disidencia sindical (independientemente de sus propios errores e insensateces) ha sido vapuleada sistemáticamente, hay más imposiciones que acuerdos en la reestructuración organizacional, y la reforma educativa se ha enfocado –especialmente tras el arribo de Aurelio Nuño a la Secretaría de Educación Pública– como medida de control y mecanismo punitivo contra algunos sectores del magisterio. Si se analiza punto por punto la diferencia de enfoque político en ambos campos (seguridad y educación), se hace evidente tanto el porqué de la beligerancia del magisterio como el porqué de la reacción autoritaria y represiva de los cuerpos de seguridad. En este sentido, me parece que la responsabilidad sobre los hechos de Nochixtlán, independientemente de la acción directa y pragmática de este o aquel policía, recae en una fallida, desequilibrada política de Estado.

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Lizette Abraham. De la serie imaginarios desaparecidos. Fotografía construida con telas, 2015

Francisco Hinojosa

En al menos unas diez ocasiones he participado en actividades con la CENTE en Oaxaca. Me he encontrado con maestros comprometidos con sus alumnos, con la lectura y con la enseñanza. He escuchado muchas de sus historias personales y profesionales. Vidas entregadas a la educación y a la superación, a servir con plenitud a sus alumnos. También he convivido con padres de familia que los respaldan. Hablo a favor del magisterio de la Sección 22 con el que he tenido un contacto directo. Respaldo su lucha acerca de la revisión que debe tener la reforma educativa a la luz de la opinión de los maestros. Reconozco su fortaleza a pesar de sus carencias. Ciertamente no estoy de acuerdo con algunas de las acciones que han tomado para protestar, que a quien más lastiman es a la sociedad civil. Tampoco creo que la represión sea la respuesta a sus demandas. Después de lo sucedido en Nochixtlán, urge que autoridades y maestros se sienten a dialogar.

Sandra Lorenzano

Vengo de una estirpe de maestros orgullosos de serlo. Yo misma tengo en el salón de clases uno de mis hogares. Desde siempre me ha conmovido el trabajo de los maestros rurales. En este país de desigualdades e injusticias lacerantes, ellos se juegan por los que menos tienen. ¿Que no toda  la gente de la CNTE es defendible? ¿Que no estoy de acuerdo con muchas de sus acciones? Es cierto, sin duda. Me opongo a todo tipo de acción violenta. Desde siempre. Mi vida está marcada por la violencia. Pero gritaré en todo lugar y en todo tiempo que la acción violenta del Estado es INACEPTABLE. Un Estado que agrede, golpea, reprime y asesina a sus ciudadanos, merece nuestra absoluta condena. No podemos permitirlo. No debemos permitirlo. Cualquier persona con un poco de conciencia ética sabe dónde está su lugar: con los marginados, los oprimidos, los desposeídos de siempre. ¿Suena a vieja consigna? No será anacrónica mientras haya en nuestro país las brutales injusticias que hay.

David Miklos

La crisis magisterial en Oaxaca tiene raíces profundas que la mayoría de los medios de comunicación, que funcionan a golpes de botepronto y olvido, no reportan o más bien ignoran, con el ánimo de capitalizar el momento presente y ofrecerlo todo como un partido entre buenos y malos, blanco y negro, sin claroscuros posibles. Por otro lado, la caricatura del maestro mexicano y, peor aún, de los miembros de la CNTE y el SNTE, es burda y digna de alguien como Paco Calderón, vocero e ilustrador de la realidad simplificada, superficial y luego oficial, para no decir clasista y racista. ¿Qué se puede esperar de unos medios que pintan a los maestros sindicalizados (o no) como changos violentos, así como de un gobierno y un Estado que recurren a la violencia, luego de plantear una reforma educativa igualmente superficial y que no va a la raíz de un asunto complejo y se concentra en la evaluación a los maestros sin reparar, primero, la estructura que los contiene? Tampoco faltará el que diga que la Sección 22 ya tiene los muertos que quería, que es un poco lo mismo que decir que a las mujeres las violan por usar minifalda o irse de fiesta. Oaxaca y lo acontecido en Nochixltán el fin de semana pasado es inadmisible: no se pueden usar armas en contra de la sociedad civil (si bien muchos parecen fanáticos de las acciones gubernamentales y priistas en 1968 y 1971, para no repasar las más recientes). Sin embargo, es la moneda de cambio de un Estado cuyo mandato actual ha hecho de la represión y la corrupción sus más visibles (a)signaturas. ¿Cómo llamar a la gente a no caer en la trampa mediática oficialista y ponerse a leer y estudiar a fondo la crisis educativa mexicana? Quizás eso es, justamente, lo que el Estado prefiere: la ignorancia, de la mano de la caricaturización simplificada del magisterio.

Jaime Muñoz Vargas

No creo prudente observar lo que ocurre en Oaxaca sin tomar en cuenta el contexto federal y una temporalidad de más largo plazo. El deterioro de la educación es parte de los desastres que ha experimentado el país en los últimos treinta años. Sin que esto signifique que México haya sido Finlandia alguna vez, creo que el parteaguas del declive se dio en 1988, con el apabullante fraude electoral perpetrado para imponer a Salinas. A partir de ese momento el sistema (por llamar de algún modo a nuestro Leviatán) comenzó a desentenderse de las necesidades del ciudadano hasta llegar a lo que vemos hoy, momento en la que todos los rubros de la vida pública están fracturados al grado de que es imposible hablar de bienestar social si sabemos que en salarios, salud, educación, vivienda, pensiones, impartición de justicia, seguridad y demás, aparecemos como país deficitario. En este escenario, los gobiernos recientes, particularmente el voracísimo y corrupto encabezado por Peña Nieto, van sobre lo último no tanto para robar lo que queda, sino para medrar, como es el caso de la educación. Durante años prohijaron y encumbraron a un sindicato magisterial que les era funcional y ahora, desde la caída de Elba Esther, impulsaron una supuesta reforma educativa que en el fondo es laboral y tiene como primer fin controlar la nómina sin oposición para luego convertir lo educativo en negocio. Pese a los excesos reales o magnificados por la prensa, la disidencia magisterial ha expresado su legítima incredulidad en la “reforma” y creo que al menos le asiste la razón para dudar de los gobiernos atávicamente dedicados a la rapiña y hoy también, lamentablemente, a la imposición violenta de medidas supuestamente salvadoras.

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Lizette Abraham. De la serie imaginarios desaparecidos. Fotografía construida con telas, 2015

Antonio Ortuño

La represión gubernamental de manifestantes en Oaxaca me parece gravísima y pone sobre la mesa varios temas para repensar. El primero es el uso de la fuerza por parte del gobierno. Las corporaciones armadas del Estado deben atenerse a los criterios de derechos humanos para actuar, no abrir fuego a mansalva sobre civiles. No es creíble la excusa de “ellos dispararon primero”, dado que el gobierno comenzó por mentir al declarar que sus oficiales no iban armados, cuando las pruebas testimoniales y gráficas muestran lo contrario, y dado que esa excusa se ha usado para la represión desde 1968 en adelante. El segundo tiene que ver con las reformas, como la educativa que precipitó este conflicto, que fueron aprobadas prácticamente sin debate y sin escuchar a las voces críticas ni a los sectores directamente involucrados. Esas reformas, desconocidas por buena parte de la población y convenientes sólo para algunos grupos de poder, tienen que ser discutidas y ajustadas (o hasta revertidas). Diálogo y negociación, pues, no ejecuciones extrajudiciales ni detenciones arbitrarias. Y digo esto como ciudadano crítico también con la CNTE y sus procedimientos. Pero el gobierno tiene mayor responsabilidad que nadie para actuar en el marco de la ley. Si un gobernante no entiende esa responsabilidad superior, que no gobierne.

Alberto Ruy Sánchez

Los mismos que no supieron leer la gravedad de Ayotzinapa siguen equivocándose. Su analfabetismo de la realidad se traduce en muertes, en más ingobernabilidad, en malas decisiones financieras y de salud, en más corrupción, en más muertes. La espiral se acelera cuando todos los intereses de todos los poderes meten su mano, tantas veces armada, al cofre del tesoro que muy pronto dejarán vacío. Como los bolsillos de tantos mexicanos. No leer ni tres libros no es un problema de nivel cultural sino de incapacidad adquirida para leer la realidad, para leer las limitaciones de sus colaboradores, para creer que se solucionan problemas de corrupción corrompiendo hasta las normas de anticorrupción, para creer que la ingobernabilidad se soluciona matando o dejando que sus asociados, desde gobernadores conocidos hasta aliados en otros negocios y partidos, maten y roben impunemente. Estos tres lustros serán conocidos como la era de los que no quisieron ver ni oír. La era del nuevo analfabetismo. Ese es el verdadero fracaso de la educación en México, haber mal preparado hasta a sus gobernantes.

Socorro Venegas

Tal vez ya David Huerta y Verónica Murguía han dicho con gran sabiduría lo que urgía decir. Sin embargo, no debemos cansarnos de pedir el diálogo. Y no hay que temer tampoco a no elegir un lado. Decir que no puede haber violencia en las aulas ni en las calles. Urge apostar por una cultura de paz en todos nuestros espacios.

 

  • Las imágenes que acompañan a este texto son de Lizette Abraham, fotógrafa mexicana cuya trabajo está basado en problemáticas sociales de su país. La obra visual de Lizette ha sido publicada en las portadas de libros y revistas digitales e impresas, como la revista Cultura Colectiva, Replicante, Picnic, Telehit, Yaconic, Origama, Anormalmag, Milmesetas y Quimera, entre otras. Puedes conocer más de su trabajo en http://www.lizetteabraham.com

 

  • Créditos de la imagen de portada 
    Técnica: Fotografía construida con telas.
    Medidas: 60 x 100 cm
    Año:2015
    Autor: Lizette Abraham


Posted: June 22, 2016 at 9:43 pm

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