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S.O.S: EL TOTALITARISMO AL NORTE DEL SUR

S.O.S: EL TOTALITARISMO AL NORTE DEL SUR

Gisela Kozak

I. Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo describió al siervo del Estado en términos siempre discutidos pero no superados. El miedo, el hambre y la destrucción de todo lo conocido lleva a los individuos al sometimiento máximo, antesala de la muerte. Este fenómeno ha reaparecido donde menos podía esperarse en América Latina: Venezuela, la otrora isla democrática del continente con una enorme renta petrolera. En los días que corren, los venezolanos son asesinados por delincuentes a los que el Estado no frena o por los organismos de seguridad revolucionarios. Han fallecido también por falta de medicinas o por hambre y han perdido la capacidad de oponerse de manera efectiva a la tiranía que los somete. Estos son los resultados de la ingeniería social ejercida por los estados totalitarios, la cual pretende experimentar con los seres humanos como si fueran animales de laboratorio; semejante pretensión autoriza la manipulación de las necesidades básicas en pro de la construcción de una población a la medida del Estado.

II. La superstición ideológica -aliada con el poder económico, político y militar- ha creado un campo de concentración de casi un millón de kilómetros cuadrados llamado Venezuela. Para la mayoría apenas hay derecho a respirar y a comer lo indispensable para permanecer vivos. Hombres y mujeres en la soledad de su desesperanza miran con desconfianza a sus semejantes e intentan ganar alguna pequeña ventaja, una bolsa con comida, algún dinero que la hiperinflación volverá polvo en poquísimo tiempo. Pero hay una diferencia entre Stalin, Mao, Hitler o Pol Pot y el tirano Nicolás Maduro. Ya no es necesario exterminar por millones a adversarios o rebeldes: dejarlos respirar, comer y desplazarse lo mínimo indispensable basta. Tampoco hay que crear instalaciones especiales para la población que molesta; en lugar de deportarla a lugares alejados del país, la tiranía la deja emigrar.

III. El filósofo italiano Giorgio Agamben describió en su libro Homo sacer: el poder soberano y la nuda vida el tipo humano producto de esta lógica, cuya existencia sin valor está sujeta al arbitrio ajeno. Se trata de seres que pueden ser exterminados en cualquier momento pero que no son útiles para el poder soberano si mueren. En la Venezuela bolivariana, el estado reparte recursos muy escasos como comida, agua, medicinas, electricidad y gasolina, pagados con una renta petrolera disminuida, y ha paralizado la sociedad. El homo sacer de la revolución tiene una salida: las fronteras de Venezuela. Una nueva etapa se escribe en la historia de mi país, la historia de los caminantes que se desplazan en busca de un mejor destino por Sudamérica. La revolución bolivariana no ha impedido la huida de los desesperados, como hicieron los gobiernos comunistas del siglo XX, pero dificulta tremendamente sacarse el pasaporte y solo pueden obtenerse divisas en mercado negro. De este modo, apenas con una cédula de identidad y el peso que son capaces de cargar sobre sus espaldas, mis conciudadanos se van a Brasil y Colombia y de ésta a otros países.

IV. Martha Nussbaum en Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades describe la vergüenza y la repugnancia como emociones que forman parte de patrones evolutivos de la especie humana para defenderse del peligro. ¿Pero qué pasa cuando se proyectan sobre el otro, cuya naturaleza distinta es percibida como amenaza? El otro puede ser el extranjero, visto en términos de enemigo culpable de la pobreza, la delincuencia, la falta de empleo, todo lo cual provoca un estado tremendo de violencia interior en los individuos que puede manifestarse en agresión. De este modo, una ola gigantesca de xenofobia sacude el sur de América, en especial aquellos países que otrora vieron salir a sus ciudadanos rumbo a otros países de la región en busca de un mejor destino: Brasil, Perú, Colombia, Ecuador.

V. Una escena, entre tantas de la marcha a pie de mis connacionales por Sudamérica, llamó mi atención: decenas de personas –niños incluidos– regresan caminando a Venezuela desde la localidad brasileña de Pacaraima, en la frontera entre ambos países. El campamento que habitaban fue saqueado y quemado para vengar el asalto a un comerciante. Mientras los venezolanos se van, un grupo de naturales de Pacaraima canta el himno nacional de Brasil, cual guerreros vencedores en una cruenta batalla.

La tiranía infame de Nicolás Maduro emitió un comunicado donde exigía al gobierno brasileño trato adecuado para los ciudadanos venezolanos.

VI. La superación de la vergüenza y la repugnancia hacia el extranjero, como indica la propia Nussbaum en el libro citado, requiere de un ethos democrático que no se crea de un día para otro. Por lo tanto, la población de los países de América del Sur necesita la certeza de que los recursos disponibles aumentarán, de que cada estado y los organismos internacionales se harán cargo de los desplazados y refugiados venezolanos sin mermar la calidad de vida de la población del país de acogida. Aquí no cabe el sentimentalismo ni la airada reconvención hacia los xenófobos para recordarles que Venezuela recibió a sus connacionales hace décadas. Los gobiernos de la región enfrentan un dilema humanitario tremendo por cuanto las acciones tomadas pueden incidir en su aceptación popular. Solo la acción mancomunada entre gobiernos democráticos puede hacer frente a contingentes tan grandes de población que no cuentan con medios de vida.

VII. Los venezolanos hemos perdido la nación. Todos aquellos que votaron por Hugo Chávez y Nicolás Maduro son corresponsables de la catástrofe humanitaria en la que nos hemos convertido. Los que nos colocamos del lado de la oposición no pudimos vencer a la revolución; nos hemos disuelto en facciones que se pelean con extrema agresividad y acritud unas con otras sin dar con la salida. Aunque estoy convencida de que líderes como María Corina Machado y Leopoldo López tienen una visión mucho más ajustada de la realidad que la de otros políticos, la realidad se impone: la tiranía sigue en pie. No tenemos ejército para combatir a la revolución en los únicos términos que entiende, los de la violencia armada. Pero la historia no está escrita. La implosión del chavismo, un alzamiento de las fuerzas armadas alineadas con la oposición, más la presión sostenida de la diplomacia internacional, podrían quizás poner fin a la tiranía.

VIII. Un gobierno totalitario en la región es una peste cuyo poder de contagio es real. No en balde, la izquierda latinoamericana -reunida a mediados de julio de este año en La Habana en el marco del Foro de Sao Paulo-, dio su apoyo a los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Ningún país está predestinado al totalitarismo ni es completamente inmune a él, pero decisiones como las tomadas en La Habana indican que se abre de nuevo una puerta a un fenómeno del siglo XX que creíamos superado.

IX. Tzvetan Todorov en Memoria del mal, tentación del bien analiza la vida y obra de hombres y mujeres que se opusieron al estalinismo y al nazismo a riesgo de su propia tranquilidad y sobrevivencia. Víctor Frankl en El sentido de la vida señala la férrea dignidad de quienes en pleno campo de concentración nazi eran capaces de ayudar a los demás. El novelista Leonardo Padura en su largo ciclo narrativo sobre la Cuba castrista rescata la significación profunda de elegir una conducta ética frente a la dictadura. En Venezuela el gran proyecto narrativo digital La vida de nos nos acerca a las mil y un historias de personas que siguen en pie en medio del totalitarismo del norte del sur.

Vendrán las historias de los caminantes intentando salvarse del gobierno de su ¿ex? país. Hombres y mujeres de escritura y de pensamiento tenemos mucho trabajo.

*Imagen de portada de Carlos Becerra

 

Gisela Kozak Rovero (Caracas, 1963). Activista política y escritora. Algunos de sus libros son Latidos de Caracas (Novela. Caracas: Alfaguara, 2006);  Venezuela, el país que siempre nace(Investigación. Caracas: Alfa, 2007); Todas las lunas (Novela. Sudaquia, New York, 2013); Literatura asediada: revoluciones políticas, culturales y sociales(Investigación. Caracas: EBUC, 2012); Ni tan chéveres ni tan iguales. El “cheverismo” venezolano y otras formas del disimulo (Ensayo. Caracas: Punto Cero, 2014). Es articulista de opinión del diario venezolano Tal Cual y de la revista digital ProDaVinci. Twitter: @giselakozak

 

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Posted: September 4, 2018 at 9:04 pm

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