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Un país que nace de sus libros: México

Un país que nace de sus libros: México

Socorro Venegas

En estos días en que parece difícil ponernos de acuerdo en qué país es el que queremos, vale la pena reflexionar sobre la nación que heredamos. De qué está hecha, cómo y dónde leerla, cuáles son, propiamente dichos, los primeros libros mexicanos. La exposición “Bibliofilia mexicana”, instalada actualmente en el Museo del Estanquillo de la Ciudad de México, nos ofrece el viaje en el tiempo que necesitamos.

Curada por el ilustrador, escritor y extraordinario bibliófilo Rafael Barajas, “El Fisgón”, la muestra parte de la premisa de que la nación mexicana se construyó en sus libros. Nos explica “El Fisgón” en los textos de sala: “En aquellos tiempos, algunos científicos europeos, notablemente Buffon y De Pauw, publicaron comentarios que denigraban a los mesoamericanos. Esto llevó al veracruzano Francisco Xavier Clavijero a publicar en 1780 su Historia antigua de México, en la que defendía a sus paisanos. Este libro es considerado por muchos estudiosos como uno de los textos fundacionales de la nación mexicana.”

La exposición sigue un orden cronológico que no soslaya la importancia de los códices, lo cual resulta fundamental para comprender uno de los ejes más interesantes de la selección de libros expuestos: el papel que los ilustradores y artistas plásticos tuvieron en el desarrollo de nuestra historia bibliográfica, hasta llegar a la producción de los primeros libros para niños, de una sorprendente calidad por sus apuestas estéticas.

En palabras de Octavio Paz, “Lo que distingue a un ilustrador de un pintor es el manejo del espacio, para el primero es un marco, un límite abstracto, para el segundo, un conjunto de relaciones internas, un territorio regido por leyes propias.” En “Bibliografía mexicana” vemos algo felizmente más complejo. Se trata precisamente de artistas plásticos como Rufino Tamayo o Diego Rivera ilustrando libros, una faceta por la que no son muy reconocidos. Además, hay una sección de volúmenes dedicados, donde el Dr. Atl, Frida Kahlo o Francisco Toledo hicieron dedicatorias dibujadas: esas imágenes originales convirtieron libros en piezas de arte.

En el Estanquillo el visitante hará un paseo insólito, cuidadosamente dibujado y nutrido de colecciones muy especiales. Hay, desde luego, un afán pedagógico muy bien tratado en los textos de sala; las diferentes secciones de la muestra abren las páginas de libros de viajeros, joyas bibliográficas del siglo XIX y XX, bibliografía romántica, el modernismo, el estridentismo, el positivismo: periodos que tienen su impronta en libros que resulta increíble poder ver juntos. En las vitrinas se pueden apreciar obras como el Segundo tomo de las obras de Sor Juana Inés de la Cruz, monja profesa en el Monasterio del Señor San Gerónimo de la Ciudad de México, impreso en 1693 por Joseph Llopis en Barcelona, o Viaje de Humboldt y Bonpland. Pimera parte, relación histórica. Atlas pintoresco, impreso en París en 1810. Y de ahí hasta una edición de Pedro Páramo dedicada a Carlos Monsiváis, donde Rulfo le escribe a mano las primeras líneas de su novela.

Una mención aparte merece la zona dedicada a “Los volcanes de México de Atl”, sobre la que Rafael Barajas nos cuenta: “En la colección del escritor Carlos Monsiváis se encuentra un ejemplar del libro Atl/ Les volcans du Mexique (IV katuns, XX estampes au pochoir). Todo indica que se trata del primer libro que hizo el pintor sobre el tema de los volcanes de México y es, sin duda, el mejor impreso, y el más interesante y mejor logrado desde el punto de vista estético”.

Según Barajas, “se puede medir el grado de sofisticación de una sociedad por la calidad de sus libros”. Es poco conocida la incursión en la década de 1940 de la Secretaría de Educación Pública en la edición de la asombrosa serie El Chapulín, que junto con los dos tomos de las Lecturas clásicas para niños, fueron los primeros libros dirigidos a pequeños lectores que el sector educativo desarrolló sin fines exclusivamente pedagógicos y en los que involucró a artistas como Roberto Montenegro, Gabriel Fernández Ledezma, Angelina Beloff y José Chávez Morado.

Ese momento de gran sofisticación, desafortunadamente, no tuvo mayor continuidad; por supuesto, en los libros de texto existió la colaboración de ilustradores destacados, pero sobre todo prevaleció en la incipiente industria editorial mexicana –y aun entre escritores, cuenta Barajas– el prejuicio de considerar menores los libros para niños. Tal vez ese desdén explique que, en esa primera mitad del siglo XX, hubiera varios libros creados en México, pero publicados en estados Unidos, por ejemplo The Hungry Moon. Mexican Nursery Tales, de Patricia Fent Ross e ilustrado nada menos que por Carlos Mérida, publicado en 1946 en Nueva York por Alfred A. Knopf.

La exposición honra la memoria de Carlos Monsiváis, gran bibliófilo, cuyo acervo se encuentra en la biblioteca del museo y al que se sumaron, para esta exhibición, las invaluables colecciones de Arturo Saucedo, Yanni Pecanins, la Biblioteca de México, del mismo Rafael Barajas, y el resultado, de verdad,  es muchísimo más que una reunión sorprendente de incunables. Es la representación del alma mexicana.

Diversas lecturas de “Bibliofilia mexicana” son posibles. Es tal la riqueza del acervo reunido, que resulta inabarcable en una visita. No por la cantidad de ejemplares desplegados, que ya ocupan dos pisos de las salas del Museo, sino por la densidad emocional, estética, histórica que emana de esos libros que nos dicen tanto de nosotros. Y quizás conocer estos libros fundacionales no sólo nos ayude a entendernos mejor como nación, sino a reconciliarnos y a seguir escribiendo e ilustrando nuestras páginas juntos.

 

Socorro Venegas es escritora y editora. Ha publicado las novelas Vestido de novia (Tusquets, 2014) y La noche será negra y blanca (Era, 2009); los libros de cuentos Todas las islas (UABJO, 2003), La muerte más blanca (ICM, 2000) y La risa de las azucenas (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1997 y 2002).  Ha recibido el Premio Nacional de Cuento “Benemérito de América”, Premio Nacional de Novela Ópera Prima “Carlos Fuentes”, Premio al Fomento de la Lectura de la Feria del Libro de León y el Premio Ciudad de México por el programa “El Fondo visita tu escuela”. Dirige las colecciones para niños y jóvenes del FCE. Su Twitter es @SocorroVenegas

 

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Posted: June 27, 2018 at 11:39 pm

There is 1 comment for this article
  1. Daniel Ortiz at 3:08 pm

    La lectura es una de las piedras angulares para la adquisición de conocimiento. Leer, la lectura, es una de las mejores habilidades que podemos adquirir. Ella nos acompañará a lo largo de nuestras vidas y permitirá que adquiramos conocimiento, y que entendamos el mundo y todo lo que nos rodea

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