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Venezuela: la vuelta del futuro

Venezuela: la vuelta del futuro

Gisela Kozak Rovero

República civil, pluralista y democrática
Venezuela se ha pronunciado: el chavismo ya no es la fuerza política predominante; el autoritarismo competitivo bolivariano, un autoritarismo validado por votos, carece ahora de un porcentaje enorme de  la savia que alimentó su poder por diecisiete años. La alianza cívico-militar  que ha destruido a Venezuela se ve desafiada por el primer asomo de la república civil, pluralista y democrática. Cuando en política se enfrentan diversas visiones del bien común, el populismo opta por imponer la suya sin consensos mientras que la democracia civil, pluralista y democrática se inclina por un contrato social que asegure la convivencia. No otra cosa es el orden constitucional y las instituciones fuertes. Mi país requiere de un Estado atleta con una visión social e innovadora de la economía de mercado, no de un Estado obeso disfrazado de tanque militar. Tal vez no suene amable a la ortodoxia de izquierda lo que escribo pero el Estado gigante y controlador nunca ha tenido éxito económico ni democrático: un excelente ejemplo es el comunismo del siglo XX. Reinventemos la democracia, no el autoritarismo como ocurrió en Venezuela.

La campaña más sucia de la historia venezolana
La oposición organizada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ha ganado las dos terceras partes de la Asamblea Nacional con una campaña con pocos recursos económicos, sin medios de comunicación que le concediera espacio y enfrentando el temible ventajismo chavista traducido en que todos los recursos del Estado se pusieron al servicio de los candidatos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). La revolución prohibió el financiamiento público a los partidos políticos pero utiliza el dinero de la renta petrolera como si fuera propiedad del PSUV. Por si fuera poco, se enfrentaron inhabilitaciones de  candidatos de gran arraigo popular como Enzo Scarano, Carlos Vecchio y María Corina Machado, por no hablar de colectivos armados que pretendían impedir los actos de proselitismo, asesinatos como el del dirigente Luis Manuel Díaz en el estado Guárico, exigencias de última hora en cuanto a la presencia de mujeres como candidatas y el financiamiento de partidos con tarjetas similares a la de la MUD con el fin de confundir  a los votantes. Además, el Sistema Nacional de Medios Públicos, controlado férreamente por la revolución, se dedicó permanentemente a la propaganda revolucionaria y a descalificar de manera atroz a la oposición sin concederle espacio alguno en su programación, mientras  los medios privados comprados por testaferros o por grupos complacientes con el  gobierno pasaban de largo ante la actividad de la Mesa de la Unidad Democrática. Por último, las propagandas electorales pro oficialistas se fundamentaron en una absurda catarata de infundios como la privatización de la salud y la educación, en un país donde se  creó un sistema universal de seguridad social en los años cuarenta del siglo pasado y existe la educación pública y  gratuita desde el siglo XIX.

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¿Quiénes son los ganadores y qué ofrecen?
La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se trata de una coalición de partidos de centroizquierda unificados alrededor de la economía social de mercado y de la democracia pluralista, en la que también conviven  pequeñas agrupaciones de carácter liberal y marxista unidas en contra de la maquinaria autoritaria revolucionaria. Su oferta electoral en esta oportunidad atiende a las competencias propias del poder legislativo, independientemente de que los comicios recientes hayan tenido un carácter plebiscitario aplastante. En “La oferta legislativa para el cambio” se propone un conjunto de leyes tendientes a aumentar la productividad, asegurar el abastecimiento, blindar la protección de los derechos humanos, conceder independencia a los poderes públicos y liberar a los presos políticos de la revolución, decenas de personas entre las cuales destacan líderes como Leopoldo López y Antonio Ledezma, a través de una ley de amnistía. Igualmente se propone ejercer la función contralora e investigativa exigiendo rendición de cuentas y presentación de datos fiables, dos aspectos abandonados por el gobierno revolucionario, negado a publicar las cifras oficiales de inflación, desempleo y pobreza. Los ministros del gobierno serán sometidos a escrutinio como indica la Constitución y se revisarán las designaciones espurias de las cabezas de otros poderes públicos como el judicial, el electoral y el ciudadano. La amplia mayoría obtenida permite a los diputados estas acciones, amén de someter a referéndum proyectos de ley y acuerdos internacionales, convocar a una asamblea nacional constituyente, aprobar y modificar leyes orgánicas (tratan de aspectos sustantivos como la educación, la salud, la protección al trabajador, etc.) o reformar la Constitución.

Lo que viene
Para el oficialismo la culpa de su desastre electoral es de la guerra económica; esta supone que el empresariado privado coludido con la oposición esconde los alimentos y otros bienes y deja de producir a propósito. La verdad es que el gobierno ha destruido el aparato productivo y controla férreamente las importaciones, la producción de alimentos todavía en marcha y su distribución a través de innumerables reglamentaciones, controles y regulaciones. Supone también el contrabando hacia Colombia, tesis desmentida por el cierre de las fronteras pues después de éste sigue habiendo escasez. Además, no hay que engañarse: el 95% de las exportaciones venezolanas son petroleras, por lo tanto el gobierno tiene el control de la economía. El oficialismo está dividido frente a la terrible derrota sufrida y  entre quienes culpan a la “guerra económica” de haber “engañado” al pueblo frente a los que exigen una radical autocrítica e incluso la renuncia de los líderes de la revolución.  El desconcierto cundió hasta el punto de que Nicolás Maduro reclama al “pueblo”, sin la más mínima vergüenza y sindéresis, por comportarse cual malagradecido con la revolución, como si el reparto de comida a precios simbólicos y la asignación de viviendas se hiciese con los recursos del PSUV y no con la hoy mermada renta petrolera. Se pretende desconocer las competencias constitucionales de la asamblea y crear instancias paralelas, lo cual ya ha sido hecho respecto a alcaldías y gobernaciones,  pero se nota cuesta arriba cumplir este objetivo con el parlamento nacional, el poder público más democrático e importante que existe, incluso en el régimen presidencialista venezolano. De producirse una “guerra” entre poderes públicos hay que recordar que por primera vez en diecisiete años la oposición tiene los votos de su lado.

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Venezuela sin binarismos
No es posible explicar la situación venezolana y la contundente victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias del pasado seis de diciembre de 2015 apelando a la dicotomía ramplona entre socialismo y neoliberalismo, la cual ha minado la vida académica y el debate político sobre el destino de América Latina y, específicamente, sobre el destino de Venezuela en los últimos veinte años. La falta de creatividad pervierte el hacer político tanto como empobrece el debate académico pues se impone una suerte de catecismo incapaz de entender la indoblegable variedad de lo real (sin entrar en detalles académicos sesudos, me atrevo a usar la palabra “real”). El catecismo ha dictado por años  que en mi país existe una batalla entre un gobierno popular, antiimperialista, con una gran base social organizada y una oposición racista, neoliberal y fascista. Puede que los catecismos aseguren pasiones, adhesiones y hasta éxito electoral, tal como plantea La razón populista, de Ernesto Laclau; indudablemente funcionan como certificados de buena conducta en el mundo académico sometido a la hegemonía de una izquierda que adversa la democracia liberal. Lo que no aseguran es que la vida cotidiana de la gente –y adrede no hablo de pueblo– funcione; una cosa es que las emociones forman parte muy activa de la política, motivo por el cual el catecismo revolucionario puede mover corazones, y otra muy distinta obviar que una racionalidad mínima es imprescindible a la hora de gobernar. Lo que derrotó al chavismo en las urnas electorales en la pasada elección no fue el imperialismo, el neoliberalismo, el racismo, “las grandes corporaciones”, “los medios”,  sino su incomprensión de la economía traducida en las largas colas para comprar comida, el hambre y la triste ausencia del futuro.

El mayor reto
Lograr un acuerdo nacional democrático capaz de superar el rentismo, enderezar la economía y controlar el auge delictivo es indispensable para la gobernabilidad. No obstante el mayor reto de mi país es el despertar de la gente para lograr su autonomía; me avergüenza que en Venezuela se coloquen en las oficinas públicas carteles y fondos de pantalla de computadora que rezan una de esas frases de calendario o de predicador fundamentalista: “cuando al malagradecido se le olvida quien lo ayudó, la miseria le refresca la memoria”.

GiselaKozakRoveroGisela Kozak Rovero (Caracas, 1963). Activista política y escritora. Algunos de sus libros son Latidos de Caracas (Novela. Caracas: Alfaguara, 2006);  Venezuela, el país que siempre nace (Investigación. Caracas: Alfa, 2007); Todas las lunas (Novela. Sudaquia, New York, 2013); Literatura asediada: revoluciones políticas, culturales y sociales (Investigación. Caracas: EBUC, 2012); Ni tan chéveres ni tan iguales. El “cheverismo” venezolano y otras formas del disimulo (Ensayo. Caracas: Punto Cero, 2014). Es articulista de opinión del diario venezolano Tal Cual y de la revista digital ProDaVinci. Twitter: @giselakozak


Posted: December 13, 2015 at 11:49 pm

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