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Venezuela, trágica parodia del pasado

Venezuela, trágica parodia del pasado

Gisela Kozak Rovero

Todo el poder para los soviets

A un siglo de la revolución bolchevique Nicolás Maduro y su camarilla han decidido celebrar la fecha con la emulación –palabra del léxico comunista del siglo XX– del sistema cuya consigna de inicio fue “todo el poder para los soviets”. Para decirlo con palabras del siglo XXI, se trata del remake de una película antigua, muda y en blanco y negro, la revolución bolchevique de 1917 que dio paso en Rusia a la fundación de la Unión Soviética. ¿Existen actualmente adefesios históricos de esta naturaleza? Por supuesto: Cuba y Corea del Norte.

¿Qué pretende el tirano de Venezuela?

El voto universal, directo y secreto será sustituido por un sufragio sectorizado y territorializado. Invoca sin decirlo a Lenin al hablar de campesinos, obreros y soldados (y estudiantes, miembros de comunas, amas de casa, sindicatos oficialistas) que en asambleas populares van a escoger a los candidatos a la Asamblea Nacional Constituyente. Tales candidatos serán votados por el electorado siguiendo como principio de organización los 333 municipios existentes en el país. La ponderación del voto de un municipio de población predominantemente campesina y de pocos habitantes, dependiente de las transferencias de renta petrolera del gobierno, va a ser la misma que la de los municipios de Caracas, la capital de Venezuela. Tales municipios cuentan con millones de personas y todos son de mayoría opositora de acuerdo a las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015.

Adiós a las elecciones burguesas

Semejantes argucias tienen una razón: el Partido Socialista Unido de Venezuela es incapaz de ganar ninguna elección presidencial, parlamentaria, regional o municipal. Tal como le ocurrió a los bolcheviques, que habían arruinado la economía rusa y no se iban a rebajar a celebrar elecciones “burguesas” (es decir, con oposición organizada), los chavistas han decidido la suspensión de los comicios porque están conscientes de su segura derrota en las urnas.

El sistema electoral de raíz liberal de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela ya no es de utilidad para la nomenclatura oficialista; de hecho, el Consejo Nacional Electoral impidió en 2016 el referéndum revocatorio del mandato de Nicolás Maduro, procedimiento existente en el ordenamiento constitucional de mi país; el mismo permite la destitución de funcionarios electos por el voto popular cuando han cumplido la mitad de su periodo de ejercicio. Tampoco se celebraron en 2016, cuando correspondía, las elecciones para gobernadores de estado ni se han pautado las de alcaldes que tocan este año.

El plan de la patria es nuestro plan quinquenal

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) es un fetiche tanto para el gobierno como para la oposición venezolana; ninguna palabra más mentada, ninguna con menos valor práctico para sus principales promotores, los propios revolucionarios. Es una constitución inspirada en los principios del Estado social de derecho y de justicia, que en lenguaje ideológico puede traducirse como de carácter socialdemócrata, y se apoya en principios claves del liberalismo político como los derechos humanos, la alternabilidad, la separación de poderes y el pluralismo. Los intelectuales, activistas de derechos humanos y militantes que acompañaron a Chávez, provenientes de la izquierda democrática venezolana de alto vuelo intelectual, colocaron su impronta en el texto constitucional. Éste le confiere un peso a la figura presidencial y a los militares que despertó justificadas críticas; en su momento, la oposición –débil y con menos de 40% de apoyo popular– la rechazó y, desde el punto de vista táctico, era lo que tenía que hacer.

Poco a poco Chávez comenzó a manipular a su antojo la Constitución mientras la oposición se aferró a ella dada esa impronta liberal y pluralista que se le dio en su redacción; las manipulaciones tuvieron su cénit en el intento de reforma propuesto por Chávez en 2007 con el fin de llevar a cabo su fantasía del Estado comunal (socialismo en un solo país, todo el poder para los soviets). Chávez fracasó al toparse con el voto popular en contra. Con su autoritarismo e intemperancia de siempre, impuso la reforma derrotada en las urnas con leyes aprobadas por un parlamento monocolor, producto del error más garrafal cometido por la oposición: su abstención en las elecciones parlamentarias del 2005.

Maduro ahora quiere dar el golpe final: el Plan de la Patria (2012), de puño y letra de Hugo Chávez, contempla una visión corporativa del poder que pretende imponer al tirano con su espuria Asamblea Nacional Constituyente. Es nuestro plan quinquenal, los programas económicos y políticos de la Unión Soviética, de un pavoroso centralismo político y no menos pavoroso control económico.

La conspiración imperialista-burguesa: merecen la muerte

El saqueo de los adjetivos con los cuales el comunismo del siglo XX descalificó a sus adversarios ha sido una de las más conspicuas tareas ideológicas de la revolución bolivariana. Con su lenguaje plagado de adjetivos como “apátrida”, “lacayo del imperio”, “derecha”, “oligarca”, “disociados”, el chavismo conecta con el profundo trasunto violento, religioso e irracional que ha marcado a las revoluciones comunistas triunfantes y le dio, lo cual me avergüenza como venezolana, un segundo aire a un sistema económico y político fracasado en el siglo XX que la propia población de mi país atornilló con su voto en 2012 y 2013.

El madurismo, que no es más que el chavismo sin gente y sin petróleo a cien dólares el barril, ha resucitado lo peor de la historia de la izquierda antidemocrática del siglo XX: la tortura, la persecución, el asesinato, la represión, la censura. Al momento de escribir este artículo han muerto 36 personas a raíz de las protestas de abril y en lo que va de mayo, la mayoría de ellas a manos de las fuerzas de seguridad del Estado y de bandas armadas por el propio gobierno; de hecho, la ONU llamó la atención a Nicolás Maduro, quien sin pudor alguno anunció que repartiría 500 000 fusiles a sus milicianos, simples civiles con un mínimo entrenamiento en el mejor de los casos. Las fuerzas parapoliciales del chavismo hacen realidad lo que todavía está en planes respecto a la milicia: aterrorizar a la población a punta de pistola. Recientemente, gente de tales fuerzas quemaron apartamentos y automóviles en la urbanización La Urbina, en Caracas, bajo la mirada de la Guardia Nacional Bolivariana. También lo han hecho en ciudades como Los Teques y Barquisimeto.

Cientos de heridos, asfixiados por gases tóxicos y detenidos, atestiguan la violencia gubernamental; mientras, el gobierno miente disciplinadamente y contra toda evidencia culpa a la oposición de actos que son su responsabilidad. Cuando las protestas se realizan en sectores populares antes afectos al gobierno, la respuesta es brutal. Entre saqueos, lacrimógenas y tiros de las bandas armadas, pasan noches de zozobra los tan exaltados “pobres” de la revolución bolivariana, quienes son amenazados con no recibir la bolsa de alimentos del CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y Producción) si muestran su descontento haciendo sonar las cacerolas. Lo ocurrido en la parroquia El Valle de Caracas da fe de nuestras palabras.

Los venezolanos para este gobierno merecemos la muerte si no obedecemos.

La primavera de Caracas: el heroísmo de calle

Las imágenes en plena época de redes sociales han dado la vuelta al mundo: un joven desnudo ofrece su cuerpo a los perdigones y fue capaz de trepar una tanqueta de la Guardia Nacional Bolivariana; una mujer de mediana edad de origen portugués se coloca frente a otra tanqueta sola, en medio de una nube de gases lacrimógenos; jóvenes con máscaras y escudos artesanales están en la primera fila de una marcha y se enfrentan a guardias nacionales equipados con escopetas, escudos y tanquetas; la gente se arroja contra los escudos de la Guardia Nacional sin más arma que su cuerpo; los diputados y líderes políticos opositores van a la vanguardia de las marchas y reciben golpes y gases tóxicos a granel.

La belleza del heroísmo cotidiano insufla esperanza y coraje en una población que luego del secuestro del revocatorio y las constantes humillaciones a las que la ha sometido la revolución, con su vuelta de tuerca tiránica y su pésimo manejo económico, parecía condenada a la sobrevivencia inmediata y a esperar que la crisis y la presión internacional, o la inercia como en algunos países ex-socialistas, permitiera un cambio de gobierno. La propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente y una absurda insistencia en un diálogo para el que no se ofrece nada, tienen por finalidad detener esta marea.

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Un amago de Perestroika

La implosión del chavismo es clave para una salida democrática en Venezuela. La Fiscal General de la Nación, Luisa Ortega Díaz, confirmó la ruptura del hilo constitucional a raíz de las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia que confiscaron las competencias del parlamento en manos de la oposición y desataron las protestas en todo el país. Ortega Díaz, fiel al oficialismo hasta hace un tiempo, tiene ya meses discretamente distanciada de las posturas represivas e inconstitucionales del gobierno.

Tal como ocurrió en el Partido Comunista de la Unión Soviética antes de la perestroika, un proceso de reformas que finalmente terminó con la caída del comunismo, dentro del chavismo se ha ido creando una disidencia representada por ex-ministros, militares retirados, militantes de base e intelectuales que cuestionan al gobierno de Maduro por su manejo de la economía, los niveles de corrupción y las violaciones a los derechos humanos. Pero el caso de Luisa Ortega Díaz es mucho más contundente: se trata de una de las cabezas de los poderes públicos; ahora es una apestada para el gobierno quien le retiró las escoltas y no le ofrece tribuna alguna en la televisión estatal.

Se multiplican las cartas públicas de familiares de altos funcionarios que se desmarcan de su ejercicio. Yabrán Saab, el hijo del Defensor del Pueblo Tarek William Saab, participa en las protestas de la oposición y le exige a su padre que se pronuncie ante los excesos de las fuerzas de seguridad. El famoso director de orquesta Gustavo Dudamel cuestionó con dureza al gobierno a raíz de la muerte de Armando Cañizales, un violinista del famoso Sistema de Orquestas de 17 años asesinado en una marcha. Cada vez más figuras públicas nacionales y extranjeras se deslindan de la revolución bolivariana pues no quieren cargar con su peste de muerte y fracaso.

¿2017 es nuestro 1989?

En 1989 cayó el muro de Berlín, evento que marcó el fin del comunismo. En 2017, el gobierno tiene en contra a la comunidad internacional, un liderazgo opositor galvanizado alrededor de la rebelión civil, una ciudadanía alzada en todos los sectores sociales, una crisis económica tremenda y fuertes tensiones dentro de los cuadros revolucionarios. Pero, ¿es suficiente?

La actuación de Luis Almagro, secretario de la OEA, ha sido estelar en la defensa de la democracia en Venezuela, pero los propios países de la región tenían que abandonar su reticencia respecto a la condena sin ambages del gobierno venezolano, lo que ya está ocurriendo. Rusia y China están más preocupados por sus negocios en Venezuela que por la suerte de Maduro, un aliado demasiado obtuso en materia económica. Estados Unidos, cuyo presidente no es objeto precisamente de mis simpatías, hace una presión más bien leve y prefiere actuar a través de alianzas con Perú o Colombia, lo cual resulta adecuado para no darle alas al antimperialismo de juguete del gobierno.

El liderazgo opositor, que ha cometido enormes errores y también grandes aciertos, está en un momento estelar: su discurso, unidad interna y superior valentía lo han conectado más que nunca con las bases de la sociedad. Han llamado a lo único que nos queda: la rebelión, pacífica, sin armas, pero asumiendo el costo de los peligros que implica para la integridad física y la libertad de los involucrados.

Pero falta algo: el factor militar. ¿Será capaz la Fuerza Armada de negar su apoyo a los desmanes de Nicolás Maduro? El alto mando militar es la guardia pretoriana del régimen y ha llegado al extremo de empezar a aplicar la justicia militar a civiles; en caso de una división de los uniformados puede haber una guerra fratricida, un escenario deseable para Maduro que, como buen fanático, prefiere una conflagración final antes que una salida a lo Erich Honecker, el premier de Alemania Oriental cuando la caída del muro de Berlín. No obstante, hay movimiento: comienzan los cambios en los mandos (confirmado) y hay rumores de militares castigados.

No hay quien pronuncie aún la última palabra, pero estamos resistiendo.

Imágenes de Joka Madruga

Gisela-Kozak-para-ficha-150x150Gisela Kozak Rovero (Caracas, 1963). Activista política y escritora. Algunos de sus libros son Latidos de Caracas (Novela. Caracas: Alfaguara, 2006);  Venezuela, el país que siempre nace (Investigación. Caracas: Alfa, 2007); Todas las lunas (Novela. Sudaquia, New York, 2013); Literatura asediada: revoluciones políticas, culturales y sociales(Investigación. Caracas: EBUC, 2012); Ni tan chéveres ni tan iguales. El “cheverismo” venezolano y otras formas del disimulo (Ensayo. Caracas: Punto Cero, 2014). Es articulista de opinión del diario venezolano Tal Cual y de la revista digital ProDaVinci. Twitter: @giselakozak

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Posted: May 8, 2017 at 10:19 pm

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