Flashback
45 aniversario de la revista Plural
COLUMN/COLUMNA

45 aniversario de la revista Plural

Adolfo Castañón

I

El primer número de Plural. Crítica, arte, literatura se publica en octubre de 1971. Se lanzó a unos  pocos meses de verificada la matanza del 10 de junio, el jueves de Corpus, y en el plazo del primer año de mandato de Luis Echeverría que dejaría el poder el 30 de noviembre de 1976. Plural se cerraría después de que Julio Scherer y Octavio Paz se viesen forzados a dejar Excélsior en julio de ese año. En una entrevista concedida al periodista el 8 de septiembre de 1993, Octavio Paz cuenta el nacimiento de Plural y cómo la tarde del jueves 10 de junio fue invitado “por un grupo de jóvenes universitarios, yo debía leer mis poemas en un paraninfo universitario. Me acompañaban varios amigos, entre ellos Carlos Fuentes y José Alvarado. Suspendimos el acto y al día siguiente publicamos en la prensa una declaración de severa censura. Entre los firmantes estaba, si no recuerdo mal, José Revueltas. Ante el clamor público, el presidente Echeverría destituyó a varios altos funcionarios y prometió una investigación.” En ese clima nació Plural.

II

Aunque fundada en octubre de 1971, la revista Plural tiene una larga prehistoria. Esta se remonta por lo menos a tres momentos previos: las temporadas de Poesía en Voz Alta, la Revista Mexicana de Literatura y la revista Diálogos, fundada y dirigida por nuestro muy querido maestro y amigo de Octavio Paz, Ramón Xirau, el poeta, el traductor, el crítico, el filósofo, el editor, que estuvo presente en sus diversas facetas en Plural. Cito unos cuantos versos de un poema de Ramón:

a Ana María

I

Las estrellas nos miran lentamente
cierran sus ojos las bahías. El arco
de luz cerca los cabos en la ruta del fuego,
foques, banderas en las barcas, fosco
el fuego atónito de las naranjas,
(Versión de Andrés Sánchez Robayna)

III

Plural —lo reconocemos todos— fue, o más bien es, no sólo una revista original, sino originaria, una matriz y una raíz de la cultura planetaria, sembrada a principios de los años 70, es decir en plena Guerra Fría, por un poeta y ensayista que había sabido renunciado, en octubre de 1968, al privilegiado mirador que fue la Embajada de la India, en Delhi. ¡Cuánto tiene Plural de revista cosmopolita, de cosmópolis, de papel! Plural tiene una prehistoria, o más bien varias, además de las citadas. Me gustaría irme muy atrás a los meses de mayo de 1945, en los que un Octavio Paz de 31 años escribió para la prensa mexicana una serie de crónicas sobre “la conferencia de San Francisco”.  En ese ámbito el poeta y observador expuso diagnósticos y pronósticos, históricos y políticos, sobre el nacimiento del nuevo orden mundial derivado del fin de guerra, el mundo bipolar y “estados y super estados”, así como las dificultades que encararía en los años posteriores la Organización de las Naciones Unidas, ONU. Con esta evocación quisiera suscitar en las paredes de la memoria el telón de fondo profundo contra el cual se recorta Plural.

IV

Plural representó una renovación editorial, literaria, crítica, artística y política por más de un motivo.

En el primer número, que tenía cuarenta páginas y costaba cinco pesos —precio por demás accesible—, el lector podía encontrar engrapados en los mismos pliegos a Claude Lévi-Strauss razonando sobre “El tiempo del mito”, en traducción de Tomás Segovia; poemas del argentino Roberto Juarroz; ensayos y crónicas de Ramón Xirau sobre José Lezama Lima; Luis Cardoza y Aragón sobre Gunther Gerszo; Gastón García Cantú sobre la iglesia mexicana; Elena Poniatowska cerca y acerca del festival de rock de Avándaro, además de contribuciones de Henri Michaux sobre los ideogramas chinos, Harold Rosenberg sobre el arte actual y su estética materialista; fragmentos del Libro del Ocio del japonés Kenko, trasladado por Kazuya Sakai; una mesa redonda sobre la existencia o inexistencia de la literatura latinoamericana, animada por Octavio Paz, Carlos Fuentes, Juan García Ponce y Marco Antonio Montes de Oca. Europa y Asia, Estados Unidos y América Latina, y la colaboración de Héctor Manjarrez como traductor de algunos de los textos. Visto a varias décadas de distancia, el índice es a la vez significativo y prometedor de no pocos recuerdos del porvenir. Es y no es un juego de palabras. Plural es en cierto modo una revista que está en nuestro futuro.Plural 40

Algunas de las diversas posibilidades críticas y culturales de aquellos años podían llegar a manos del gran público gracias a la generosa iniciativa de Excélsior. Plural parecía una revista de minorías, pero fue una publicación concebida desde su inicio para llegar al gran público que en ese entonces —después de 1968— había venido creciendo y desarrollándose como una audiencia inteligente y exigente, responsable y alerta. Plural fue el espejo de aumento de las vanguardias en declive y al mismo tiempo un telescopio para mirar a lo lejos en el espacio, en el tiempo y en el horizonte de lo posible. Cada uno de los números de Plural se dio y se jugó desde el principio como una apuesta por atisbar en los pliegues ocultos de una época, enamorada de las transformaciones y las novedades. De ahí que una de las sabidurías contenidas en Plural sea la sabia combinación de lo antiguo y de lo nuevo, de lo remoto y lo inmediato, de lo poético y de lo político, del arte intemporal y de la actualidad ofensiva. Esa dialéctica, para decirlo con una palabra de la época, se abrió como un diálogo que no ha terminado. Con Plural no se sabe dónde empieza la herencia y dónde termina la influencia…

V

Octavio Paz le imprimió a su revista una línea parabólica, espiral y pluriversal, una línea capaz de abarcar diversas órbitas, entre otras, la hispanoamericana, latino o iberoamericana, la europea y la asiática. Octavio Paz es un ejemplo de lo que podríamos llamar consciencia planetaria de la cultura. No extraña que a Plural le hayan interesado al mismo tiempo las antiguas culturas mexicanas y las conflagraciones actuales en Centroamérica. Octavio Paz supo rodearse de una constelación explícita de consejeros, amigos y compañeros de viaje desde la redacción de la revista: Julieta Campos, José de la Colina, Salvador Elizondo,Juan García Ponce, Ulalume González de León, Kazuya Sakai, Alejandro Rossi, Gabriel Zaid, y de otra paralela e implícita y más amplia, compuesta por nombres de los que sólo doy algunos: Jorge Luis Borges, Roman Jakobson, Miguel León-Portilla, Noam Chomsky, Daniel Cosío Villegas, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, John Womack, Homero Aridjis, José Emilio Pacheco, Jaime García Terrés, José Luis Martínez, Jean Meyer, Damián Bayón, Norman O. Brown, Vicente Rojo, José Luis Cuevas, Manuel Felguérez, nombres a los habría que añadir los de los escritores disidentes de Europa del Este, para no hablar de E. M. Cioran. El nombre de Octavio Paz era legión y abarcó incluso los de los más jóvenes como Ignacio Solares, Esther Seligson, Guillermo Sucre, José Miguel Oviedo, Danubio Torres Fierro, Enrique Krauze y al final un mechudo Castañón que recién regresaba de un largo viaje de un año por Europa y Medio Oriente. La línea era polifónica y pluriversal, polimorfa pero armónica.

VI

¿No cabría hacer una comparación entre el catálogo de la editorial Cvltvra animada por Julio Torri, y Rafael Loera a principios de siglo XX, y el museo de la traducción que injertó Plural en la cultura mexicana de los años 60? En Plural estuvo presente Paul Valéry, Lewis Carrol y la literatura clásica japonesa, del mismo modo que en Cvltvra estuvieron presentes Tagore, Marcel Schwob y la poesía indígena mexicana…Plural supo vestir con la privilegiada ropa del mañana los bailes de máscaras de los otros ayeres. Plural representó para Octavio Paz no algo ajeno a su obra, sino parte medular de ella. De la misma manera que las conversaciones con Eckermann forman parte de la obra de Goethe, podría decirse que Plural forma parte de la nube y de la estela que hay que tener presente a la hora de valorar la obra poética y crítica de Paz. La revista Plural, nació en el espacio de las publicaciones realizadas por el Excélsior de Julio Scherer. Una de ellas fue el Diorama de la Cultura, dirigido por Ignacio Solares y en el que colaboraban, entre otros, José Emilio Pacheco. Además, en las páginas de Excélsior publicaban como editorialistas o articulista autores afines o presentes en Plural de un modo u otro, como: Daniel Cosío Villegas, Jorge Ibargüengoitia, Gastón García Cantú, Margarita Michelena, José Alvarado.

VII

Para Octavio Paz, un hombre que llevaba tinta en la sangre y que había heredado la vocación de editor y periodista, de su padre y su abuelo, Plural representó un momento por demás privilegiado: La posibilidad de materializar sus ideas y hacer que sus juicios llegasen a formar parte, por así decir, de la geografía; la posibilidad de hacerse cuerpo público y acuñar las letras de su nombre en monedas intercambiables en la conversación cotidiana. Todo esto era posible gracias al valor, a la valentía, a la probidad, a la honradez intelectual y a la precisión literaria y a la exactitud estética.

VIII

La distancia que separaba al poeta y ensayista director de Plural, y al corrector y aprendiz de escritor que lleva mi nombre era casi de cuatro lustros, de 38 años para ser precisos. Mi relación con Paz, se inició en 1975 y concluyó a su muerte en 1998. Llegué un poco por casualidad sin saber muy bien cuál era la raza del lobo que me abría la boca. Trabajé como traductor, corrector, revisor, mensajero, consejero, nunca renuncié a ningún aprendizaje. Volviendo la mirada hacia atrás, siento que todavía sigo aprendiendo de aquellos meses en que me asomé a esa nave que parecía inventar el mar. Como editor Octavio Paz era exigente, riguroso, tiránico, generoso, dotado de un gran olfato para advertir temas tanto como conflictos latentes. Paz era un editor inspirado. Su inspiración provenía del entusiasmo y éste de su capacidad de adentrarse en el otro. Ese olfato era compartido por una familia: ahí está Gabriel Zaid para demostrarlo.

IX

Invariablemente surge la pregunta de cuál es o fue el legado de Plural. Una herencia está hecha para gastarla o para gastarse y desvivirse en ella. No es fácil ponerle fronteras al fuego. Desde mi punto de vista, le herencia de Plural se dispersa en las diversas trayectorias de que está tejido nuestro tiempo: sus ascuas siguen ardiendo entre las brasas.

X

Los suplementos justamente célebres de Plural estuvieron dedicaPlural 43dos a Kenko, el Libro del ocio, el Libro de la Almohada, Hölderlin, Lewis Carroll, Stephane Mallarmé, Raymond Roussel, Paul Valéry, Lewis Carroll, E. E. Cummings. Ramón Gomez de la Serna, Ausias March, el Maestro Eckhart, Mayakovski, René Daumal, Blaise Cendrars, Georges Bataille, Roger Caillois , René Char, Fancis Ponge, Charles Fourier, Lewis Mumford, Gertrude Stein, la poesía concreta brasileña, la antigua poesía escandinava, la Historia de Genji, Juan Gris, Jean Dubuffet, Eric Satie, Picasso y el erotismo, Raymundo Lulio, Luis Martín Santos. Ernest Fenollosa, Ezra Pound, Alfred Jarry, Antonio Porchia, Charles Fourier, Georges Bataille, Edward Lear, antologías de la poesía norteamericana y francesa, actuales, Eguren, la poesía erótica náhuatl, y entre los mexicanos, la poesía erótica náhuatl Luis de Sandoval y Zapata el epistolario de Alfonso Reyes, Carlos Pellicer, Gilberto Owen, Stanislav Jerzy Lec, además de mesas redondas sobre temas como la población en México y en el mundo, los escritores y la política, la crisis de las sociedades industriales. Hago ahora tres observaciones sobre estos suplementos: se buscaba delinear una suerte de canon literario alternativo afín al surrealismo y a la vanguardia, recalcar la presencia de figuras menores o de “raros”, romper las fronteras entre los géneros y así en los suplementos literarios se verían aparecer dossiers sobre la creación literaria o escrita de artistas como Juan Gris, Erik Satie, Georges Braque. Por si eso fuera poco, había paralelamente a los suplementos literarios, los suplementos artísticos documentando a través de las voces de críticos como Dore Ashton, Damián Bayón, Saúl Yurkievich, Jorge Alberto Manrique, las contribuciones del arte y de los artistas contemporáneos mexicanos e hispanoamericanos como Manuel Felguérez, José Luis Cuevas, Kazuya Sakai, para no hablar de las anónimas de los ilustradores tradicionales prehispánicos, preislámicos y demás.

Probablemente la inspiración de estos cuadernos incluidos dentro de la publicación (verdaderos libros dentro de los libros, bibliotecas incrustadas en la biblioteca) habrá que buscarla en la revista Cruz y raya, editada por José Bergamin en España en los años previos a la guerra civil. Bergamín fue amigo de Paz, y no es imposible que se haya inspirado en esta idea editorial que le contribuyó a afirmar a Plural como una publicación de referencia…

XI

Una anécdota sobre Octavio Paz como director de Plural. Cuando Carlos Fuentes publicó Terra Nostra en 1976, Paz pensó de inmediato en que debería darse toda la atención a esa novela monumental. En la carta dirigida a Gimferrer el 15 de junio de 1976, Paz le escribe al poeta y editor catalán: “Ya recibí tu nota sobre Carlos Fuentes. Me gusta de veras. La publicaremos junto con otra menos entusiasta de un joven mexicano, Adolfo Castañón. Tu nota, por supuesto, irá al frente. Lo que dices en ella me ha incitado a leer Terra Nostra”. Cuando concluí la reseña, Paz me llamó a las oficinas del Fondo de Cultura Económica. Me hizo observaciones puntuales sobre el texto, sobre ciertos modos de adjetivación, pero en particular se detuvo en pasajes donde yo decía, ilustrando mis dichos con citas al calce, que en la novela se daba una cierta misoginia que iba en contra del discurso liberal sostenido por el autor. Discutimos tan largamente que tuve que cambiar de mano para sostener el teléfono; al final, accedí a modificar la redacción sobre todo en vista de la cuidadosa lectura que Paz había hecho de mi texto tanto como de lo bien que conocía a Carlos Fuentes. Cuando salió la publicación, me sorprendí al ver que aparecía yo en la portada del número 48 dedicado a Estados Unidos: Gimferrer/Castañón: “Por y contra Terra Nostra”. Fue ése el último número de Plural.

XII

A partir del jueves 8 de julio de 1976, cuando Julio Scherer García y un equipo de distinguidos  colaboradores y periodistas fue expulsado por la cooperativa del diario Excélsior, algo cambió en el país. Algo y sólo algo, pues efectivamente hay una línea de continuidad en la reacción contra la cultura y la inteligencia desde la crisis universitaria que llevó a las salidas del editor Arnaldo Orfila, de la dirección del Fondo de Cultura Económica en 1965, y del rector Ignacio Chávez, de la rectoría de la UNAM en 1966, verificada una década antes. Se da una rima, una cierta afinidad entre ambas rupturas. Los efectos de la expulsión fueron graduales y se verificó en varios sentidos: de un lado, la cautela, la autocensura precavida; del otro, una cierta conciencia de que era posible ejercer una crítica contra los titulares administrativos sin que se acabara el mundo aunque dicha crítica había que formularla con precisión, rigor y documentación. Empezaba una incierta experimentación: la de la democracia o, dicho con mayor precisión, la de la sobrevivencia individual y gremial fuera de las redes no siempre imaginarias del presupuesto burocrático. Otro cambio perceptible a lo largo de estos plazos fue la de la solidaridad que se desarrolló entre el mundo de los periodistas y el mundo de los lectores sin pasar por la mediación de los árbitros administrativos o corporativos. Si bien el mundo no se acabó en 1976, es cierto que para muchos periodistas las reglas de juego empezaban a cambiar. La salida de ese grupo de artesanos, diseñadores, trascriptores, y mediadores de la opinión pública, representó ciertamente una especie de diáspora. A partir de las semillas dispersadas desde el Excélsior, se produjo la creación de medios como Proceso, Vuelta, Unomásuno, La Jornada. Se sabe, pero se dice menos, que obligó al resto de los periódicos a renovarse y a absorber a periodistas y caricaturistas que no habían podido acomodarse entre los viejos y conocidos  amigos. Hubo además una recomposición en el paisaje de los anunciantes y de los talleres que hacían posible la publicación de esos medios. Esta pequeña revolución municipal tuvo sus resonancias más allá de la aldea, y de hecho cabría decir que el paisaje del periodismo en México también cambio. El sistema político mexicano necesitaba cambiar. Podría pensarse que la crisis de Excélsior y de Plural del 76, está en los orígenes de la Reforma Política que en 1977 iniciaría Jesús Reyes-Heroles desde la Secretaría de Gobernación, un año después del cierre de aquellas

En un país como México donde los índices de analfabetismo, de analfabetismo funcional y de baja cultura general caracterizan no sólo a la población rural sino a gran parte de la suburbana y supuestamente educada, era y es claro que el ejercicio profesional que supone el periodismo pasa por muchas dificultades. No sólo de carácter externo, sino interno: no siempre el periodismo está a la altura de lo que se espera de él. En ese sentido, las fórmulas “periodismo-crítico”, “construcción democrática” del país, exigen una descodificación. Lamentablemente, esa descodificación se da en los hechos de manera a veces cruel. Las lecciones de la dialéctica entre autocensura precavida y pertinencia crítica pueden resultar bochornosas. No olvido que México es un país con altos índices de mortandad entre el gremio de los periodistas, casi tan alto como lo es el de los activistas preocupados por la conservación del medio ambiente. Estos índices lamentablemente fueron creciendo a partir de 1976. Plural 5

En el Excélsior de Scherer y en Plural convivieron plumas eminentes. La historia del periodismo mexicano se caracteriza por buscar que en cada medio colaboren plumas de excelencia. Pongo por ejemplo, la revista Siempre! dirigida entonces por José Pagés Llergo, en cuyo suplemento “La cultura en México” colaboraron Carlos Monsiváis, como director responsable asistido por un consejo de redacción en el cual se encontraban Héctor Aguilar Camín, Rolando Cordera, Carlos Pereyra, Jorge Aguilar Mora, Héctor Manjarréz, José Joaquín Blanco, Paloma Villegas, David Huerta, Adolfo Castañón. En esa revista colaboraban también escritores y periodistas como Alejandro Gómez Arias, Francisco Martínez de la Vega, Manuel Moreno Sánchez o Cristina Pacheco. En la actualidad Siempre! es dirigida por Beatríz Pagés y el suplemento “La cultura en México” es coordinado por Ignacio Solares. Hay una continuidad.

Subrayo que desde esta revista y en particular desde ese suplemento se tendieron puentes hacia el futuro y hacia otros puntos del horizonte cultural. En ese sentido no habría tanto que recuperar una supuesta tradición perdida como abrir los ojos a la nueva realidad del periodismo. En la actual “ecología de la lectura” las revistas y periódicos se han desdoblado en sus paralelos digitales. Las revistas Letras Libres y Nexos, provenientes de ese árbol genealógico, cuentan cada una con bitácoras virtuales, ofrecen miradores y oportunidades antes impensables.

En el universo editorial de aquellos años congregado en torno a Excélsior convivieron muchos nombres. Junto a Hugo Hiriart estaba trabajando también en Excélsior el joven Ignacio Solares. Habría que conocer en primer lugar la vasta y tumultuosa realidad del periodismo cultural actual para poder dar una respuesta equitativa. La realidad de una nueva ecología de la lectura ha hecho obsoletos muchos criterios previos. Por ejemplo, se habla de la Reforma Educativa. Sin embargo no se recalca lo suficiente el hecho de que los nuevos instrumentos y medios tecnológicos, así como las redes sociales, imprimen un giro inédito a dicha fórmula.

La crisis de Excélsior de 1976 produjo un deshielo en los usos y costumbres practicados por el gremio de los periodistas y el de sus clientes. Estoy seguro de que Vicente Leñero o Jorge Ibargüengoitia son excelentes escritores. No estoy tan seguro de que hayan tenido algún ascendiente sobre el quehacer político. En ese sentido, pienso que autores y periodistas como Luis Spota han sido más formativos, en lo que podría llamarse la cultura política mexicana. Quizás Vicente Leñero o Jorge Ibargüengoitia lo han sido de otro modo. No sé hasta qué punto pueda hablarse de una sociedad autocrítica en el México contemporáneo, tan cautivo del narcisismo derivado de la inmediatez.

NOTA: Este texto fue elaborado a partir y gracias a los cuestionarios que me fueron propuestos por dos amigos periodistas

Adolfo-Castau00F1u00F3n-640x300-150x150Adolfo Castañón. Poeta, traductor y ensayista. Es autor de más de 30 volúmenes. Los más recientes de ellos son Tránsito de Octavio Paz (2014) y Por el país de Montaigne (2015), ambos publicados por El Colegio de México.  Twitter:@avecesprosa

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.

Notas

1  Palabras dichas el 5 de noviembre de 2016, en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. En la mesa participaron: Elena Poniatowska, Manuel Felguérez, José de la Colina, Ignacio Solares y, en calidad de moderador, el autor.

2  Octavio Paz, Crónica trunca de días excepcionales, artículos publicados en 1945 en la revista Mañana, presentación y notas de Antonio Saborit, UNAM, Colección Pequeños grandes ensayos, 2008, 103p

3  Octavio Paz, Memorias y palabras. Cartas a Pere Gimferrer 1966-1997. Seix Barrral, Biblioteca Breve Barcelona, 1997 p.118


Posted: November 14, 2016 at 11:58 pm

There is 1 comment for this article
  1. Pingback: Plural – péndola

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *