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Homo burocraticus

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VV.AA.

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Javier Lasarte

Puesto en abismo

No entiendo por qué la gente la tiene tomada contra eso que con sumo desprecio artistas y poetas llaman “buRRocracia”. Quizás, digo, porque se niegan a ver el lado bueno de las cosas. Está claro que afrontar un trámite burocrático no es asunto placentero, pero… Por mi parte, confieso que he vivido horas intensas y vertiginosas, embarcado, como suele ocurrirle a cualquier mortal al que no le sobre el dinero, en numerosas experiencias burocráticas. Aparte de fortalecer mi ánimo tras ejercitar estados muy alejados de mi naturaleza: la serenidad y la templanza, por ejemplo…, como he sido dado a seguir el refrán “adonde fueres haz lo que vieres” –que conocí gracias a una atenta lectura de Una excursión a los indios ranqueles, de Lucio V. Mansilla–, mediante una leve torcedura de su idea, mi paso por las filas y esperas de la burocracia universal se ha visto acompañada por –diría–, muy apropiadas lecturas que me han proporcionado tanto horas de sesuda reflexión (Trotsky, Mandel, Weber, Fisher…) como de inesperado regocijo –expresado a veces en risas que han hecho voltear la cabeza a más de un vecino, quizás atemorizado por la cercanía de un probable enfermo mental–: Bartleby, el escribiente (Melville); Miau (Pérez Galdós); 1984 (Orwell); crónicas periodísticas de Jorge Ibargüengoitia; Director (Xiaofang); Burocracia (Ambao)… (Confieso además que para el caso de trámites que lucen a priori como expeditos, he dado incluso, con mi iPad, el salto al cine para volver a ver, p.e., La muerte de un borócrata). Debo agradecer, sin embargo, con especial aprecio a repúblicas de trámites particularmente tragicómicos y sinediescos (RBVenezuela, entre las más prestigiosas) el haberme permitido apurar de “un solo trámite” lecturas que por mí mismo hubiera sido incapaz de emprender y –aún más– finalizar: El castillo, El proceso (ambas, noveletas de un atormentado austrohúngaro judío-germanófilo) o El presupuesto (interminable relato de 6 pp. de un connotado autor rioplatense).

Tanya Huntington

Instructivo para firmar un contrato en el Centro Cultural Universitario Tlaltelolco:

1. Vertirte primero en un vagĂłn de la lĂ­nea verde, que a pesar de ser una hora nada pico se va llenando con cada parada. El tren se apaga entre una estaciĂłn y otra. No es que te estĂ©n manoseando, es que hay que usar la tĂ©cnica body surf con tal de salir en…

2. …Tlaltelolco, donde la vegetaciĂłn está empolvada, la basura en los espacios comunes tiene aspecto ya vintage y los viejitos que se asolean en los banquitos son, en realidad, fantasmas. GuĂ­ate por…

3. …una fila en la lateral formada por los cadáveres de carcachas. Te preguntarás si lo que acaba de cruzar en frente de ti fue una rata, o una bolsa de plástico. O una rata dentro de una bolsa de plástico. Sigue las llantas ponchadas hasta cruzar un eje y llegar a…

4. …las hermosas instalaciones primermundistas del CCUT, donde te informan en la entrada que hay que dar la vuelta hacia atrás hasta encontrar una puerta invisible, y pasar por allĂ­ hacia un sĂłtano bajando por una escalera precaria digna de un sitio de construcciĂłn; luego, seguir por un corredor no sĂłlo de miedo, sino de pelĂ­cula de miedo, agachándote porque el techo (no terminado, sino compuesto de tubos de ventilaciĂłn) apenas permite que camines erguido. DespuĂ©s de pasar de lado la tĂ©trica vitrina-con-virgen del estacionamiento, subirás una rampa diseñada para coches, no para seres humanos, y encontrarás otra puerta, al otro lado de la cual…

5. …te espera una secretaria, quien te informará amablemente que el ingeniero tuvo que salir unos momentos. ÂżGustas tomar asiento?

 

 

Homo burocraticus


Posted: May 27, 2014 at 12:39 am

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