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Mi taller es mi cabeza. Retrato de una artista en la vejez
COLUMN/COLUMNA

Mi taller es mi cabeza. Retrato de una artista en la vejez

Miriam Mabel Martínez

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A sus 88 años, Teresa Serrano sigue rompiendo ese techo de cristal –del que se empezó a hablar a finales de la década de los setenta– al obtener el primer lugar del Premio Tequila 1800 Colección en la reciente emisión de Zona MACO. Este premio de adquisición  es significativo en un mundo donde todavía se habla poco del edadismo (discriminación que empujó a Simone de Beauvoir a escribir, en 1970, el libro La vejez), ya que celebra la vigencia y potencia del trabajo de esta artista nacida en 1936. Más que estar a la moda, sino lleva más de cuatro décadas años marcando la tendencia fuera del mainstream; aprendiendo y proponiendo con una curiosidad que la distingue y que la ha empujado a disciplinarse, a investigar, a proponer y, sobretodo, a seguir creando.

Si bien su obra está ligada a su biografía –como suele subrayarse–, la curaduría de Mírame, te veré de vuelta, que Brenda Fernández Villanueva realizó para el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO), se enfocó en el pensamiento formal de Serrano, quien ha procurado experimentar no sólo los materiales y los formatos, sino que se propuso –en lo personal y en lo artístico– perder el miedo. Y lo logró, su obra transmite la valentía con la que desde los 37 se aventuró a la odisea del autodescubrimiento, durante la cual le ha dado volumen, textura y sentido a los conflictos y violencias humanas aun antes de que conceptos como empoderamiento, ecocidio, patriarcado y techo de cristal, entre otros, se inmiscuyeran en nuestra cotidianidad, como también su discurso se está inmiscuyendo en el espacio público en el Pabellón Expositivo del Laboratorio Arte AC, del Tecnológico de Monterrey, en la capital regia, a partir del 9 de marzo y hasta el 19 de abril. Tras la clausura de su retrospectiva, Teresa Serrano también es pionera en ser la primera artista cuyo trabajo vincula a la Escuela de Artes, Arquitectura y Diseño del TEC y al MARCO, demostrando que el arte no debería tener edad.

Esta manera de existir –más que resistir– está en su obra desde sus inicios cuando se mudó a Nueva York, donde se ganó un lugar y proyección; sin embargo, no fue sino hasta 2015 cuando tuvo su primera exposición en su país natal, el Museo Amparo abrazó la curaduría de Berta Sichel. Posteriormente, en 2022, Karen Cordero en Gritos, susurros y guiños, expuesta en el Museo Universitario del Chopo, CDMX, abordó su trayectoria desde un enfoque feminista, insertándola como una de las protagonistas de la historia contemporánea de las artes visuales mexicanas. En aquella ocasión, las 86 piezas seleccionadas resaltaban: “su manejo crítico y autocrítico de la violencia implícita y explícita en las relaciones de género, así como la migración y la ecología”, tal como escribió Cordero, quien también subrayó que “sin estar ligada directamente con un activismo militante, la producción de Serrano encarna el lema feminista de ‘lo personal es político’, ya que se mueve constantemente entre referentes íntimos y su figuración simbólica como parte de un tejido social”.

En Mírame, te veré de vuelta –exhibida del 25 de octubre de 2024 al 23 de febrero de 2025– Brenda Fernández se propuso narrar la construcción del sólido cuerpo de trabajo desarrollado por Serrano exaltando su aportación e su inteligencia para resolver técnicamente lo temático; sobre todo, explorando las soluciones plásticas para dar volumen, movimiento, textura  y color a sus inquietudes están integradas sus preguntas existenciales entrelazadas a las formales, así como su ímpetu y rutas procesuales para enfrentar el reto que siempre implica hacer arte. Una lección aprendida de Max Ernst, “quien no tiene nada que ver conmigo, porque es surrealista, pero que usó todas las técnicas de su momento como yo. Eso me sorprendió mucho cuando vi una retrospectiva de su obra. En ese momento me dije: ‘Yo quiero ser así’, que no me dé miedo ningún material y por ahí me fui”.

Lo consiguió, como también ha logrado crear diálogos con las generaciones posteriores. Su propuesta no tiene edad ni nacionalidad, cuestiona los estereotipos de género, señala las relaciones de poder que incluyen los efectos del narcotráfico y del antropoceno. Esta universalidad es la que se destacó en esta muestra. “Fue muy bonito ver cómo una persona joven ve a una mujer viejita que ha trabajado en el arte. Brenda escogió obra más antigua de lo expuesto en el Chopo y en el Amparo. Se fijó en cosas que otras curadoras no habían retomado. Escogió, por ejemplo, una pieza sobre la competencia, que tiene unos gallos de pelea. Me sorprendió que alguien tan joven, con una ideología distinta y una mirada crítica hacia el maltrato de animales la hubiera elegido”.

Y la sorpresa fue mutua. A la curadora le sorprendió la variedad de disciplinas (dibujo, pintura, escultura, video, tejido, bordado…) y materiales (hilos, lanas, fibra de vidrio, acero inoxidable, encaje, malla…); le atrajo el manejo de las técnicas que hablan de su habilidad, disciplina, dedicación y conceptualización. “Es una artista muy prolífica. Me gustó que trae a la mesa temas complejos, crudos y tristes desde los cuidados y el afecto”. Sin embargo, tras esa aparente delicadeza está la fuerza física que su obra requiere, así como la inteligencia para imaginar posibilidades: “La forma en que Teresa retrata esas situaciones tocan ciertas fibras; te hace sentir que tienes que hacer algo para que las cosas cambien. Es un pequeño reclamo que invita a alzar la voz o para que si estás en una posición de cambio te atrevas a tomar esa oportunidad”.

Entre ambas definieron los cuatro ejes temáticos que trazaron esta retrospectiva y que responden paralelamente a las inquietudes creativas de Serrano, quien a través de la problematización de sus búsquedas plásticas se fue encontrando a sí misma como creadora, ser humano y ciudadana del mundo. Al hacer las cosas, al cuestionarse la práctica artística fue respondiendo a situaciones personales: “Fui evolucionando a base de preguntas y encontré muchas respuestas…, otras siguen ahí”. Estas intrigas y descubrimientos formales son los que exaltó Fernández al hacer una revisión menos centrada en su biografía y más en su propuesta. “El tema es muy importante, pero más es el cómo lo abordas y lo expresas. Me sentí identificada, yo también he sido, como dice ella, el guante de los deseos de otro… hasta que despiertas y retomas tu lugar”.

Ese “volver a ti” hilvana la exposición. En Desplazamientos se observó ese moverse hacia otro lugar; paralelamente, se plantea el desplazamiento como ser humano y el tránsito rumbo a convertirse en la artista que es. En Poder se mostraron las situaciones crudas que también nutren la vida. En este sentido, esta retrospectiva fue una especie de sanación; para la curadora era importante que los espectadores se reflejaran y en ese espejo se cuestionaran cuáles son las propias condiciones inalterables cuestionadas en el tercer eje: Temores y obsesiones; para concluir en la Aceptación. En esta última fase destacó la pieza “Desayuno de Monet” realizada ex profeso para MARCO: “Me pareció importante hacer esta instalación, un bosque virtual para una ciudad árida como Monterrey, una irrealidad boscosa por la que caminas. Adoré que me dejaran hacerla”, destacó la creadora. Ese goce al producir es el que nos mueve, el que transformó la curaduría en una experiencia emotiva y en una celebración, como lo reflejó el fotomural de cierre, en el que se observaba a Teresa Serrano junto a las grandes artistas del siglo XX. Acompañada de Ana Mendieta y Louise Bourgoeis, entre otras, está sentada asumiendo que ya no es la extensión de otro, como lo simboliza la pieza Guante 2, con la que concluyó esta muestra. Dejó de ser el guante de alguien para ser sus manos.

Manos que nos siguen señalando el camino y rompiendo techos de cristal y demostrando que a sus 88 años, más que nunca, tiene muchas cosas que decir y que merece ser explorada desde su complejidad creativa, porque tal como señala Brenda: “No sólo es una madre artista, es una artista, cuyo trabajo debe presentarse tal como se muestra el de los hombres, que nunca son exhibidos como padre-artista. La maternidad es una condición no un condicionante”. Éste es el reto que nos lega: aprender a visualizar a las mujeres en igualdad de enfoque.

Serrano sigue desafiando al mundo, como lo ha hecho desde que se atrevió a mirarse a sí misma y a responsabilizarse de su creatividad, como lo hizo a dislocar el minimalismo al sumar, a materiales como el acero, encajes y telas. Decisiones que también reflejan su relación con el taller. Su práctica se ha adaptado tanto a los formatos como a las complejidades de la vida: “Fui perdiendo todos mis lugares y ahora tengo un estudio muy pequeñito. Sin embargo, mi taller es mi cabeza, mi casa soy yo”. “Mi casa soy yo”, una sentencia tan contundente como Mírame, te veré de vuelta. Quizá lo más sofisticado de su aportación es que actúa como un detonante. No hay manera de no reflejarse en su obra, como lo remarca Brenda Fernández: “Teresa Serrano te interpela, te toca fibras profundas que te invitan a desear hacer algo para que las cosas cambien”.

¿Qué si no debería ser el arte?

 

Miriam Mabel Martínez es escritora y tejedora. Aprendió a tejer a los siete años; desde entonces, y siguiendo su instinto, ha tejido historias con estambres y también con letras. Entre sus libros están: Cómo destruir Nueva York (Conaculta, 2005); los ebook Crónicas miopes de la Ciudad de México Apuntes para enfrentar el destino (Editorial Sextil, 2013), Equis (Editorial Progreso, 2015) y El mensaje está en el tejido (Futura libros, 2016). Coordinó las antologías Oríllese a la izquierda Mujeres  (2019) y Mujeres. El mundo es nuestro (2021) ambas bajo el sello Universo de Libros. Forma parte del Colectivo Lana Desastre con el cual ha participado en “El Panal Monumental” (2017); un mural tejido para la Central de Abasto (2018); “Manta por la Sororidad” (2019) y “Data: Cambio Meta Tejido” (2019), entre otros. Pertenece al Sistema Nacional de Creadores de Arte.

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Posted: March 31, 2025 at 9:36 pm

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