Flashback
Julissa y la memoria selectiva
COLUMN/COLUMNA

Julissa y la memoria selectiva

Ricardo López Si

Advertir en Julissa un símbolo sexual del cine mexicano me resultaba extraño. Mi infancia coincidió con su madurez tardía y su distanciamiento de la esfera independiente. Durante mucho tiempo mi conciencia sólo era capaz de asociarla con el teatro taquillero y la prensa rosa. El hecho de que se revelara ante mí como una divinidad me tomó por sorpresa. Me sentí como el fugitivo de La invención de Morel, descolocado ante la belleza morena —o pelirroja— y arrebatadora de aquella mujer casi gitana.

Julissa fue sacralizada en el cine mexicano como la paloma que se le perdió al Marrascapache, en la imprescindible cinta Los caifanes, de Juan Ibáñez. La entrañable escena que da lugar en una vieja vecindad del centro, en otro tiempo palacio secreto, olvidado, donde Óscar Chávez le espetó aquella frase inmortal: El frío que de noche sientes es por andar desperdiciada. Los versos y la música de ‘Fuera del mundo’, concebidos por el propio Chávez, coronaron una de las secuencias más hermosas que se hayan filmado en la historia del cine nacional. La película trascendió por su contexto. Nombres como los de Sergio Jiménez, Eduardo López Rojas y Ernesto Gómez Cruz irrumpieron en el cine mexicano para no marcharse jamás. El arte del albur nunca se asemejó tanto a la poesía urbana. Los Caifanes, oradores sin púlpito ni atril, encontraron en la Ciudad de México un telón de fondo decadente y psicodélico. Entonces corría el año de 1967. El espíritu libre y combativo del Capitán Gato, El Estilos, El Azteca y El Mazacote se transformó en el advenimiento involuntario de una revolución social y cultural ferozmente reprimida por el gobierno un año más tarde.

El guionista de aquella cinta rupturista fue Carlos Fuentes, un cinéfilo irredento que durante aquel tiempo estaba casado con Rita Macedo, la madre de Julissa. Fue también el propio Carlos Fuentes, paradójicamente, el gran responsable de la melancolía paralizante que padeció Macedo tras su separación. La actriz lo había idealizado como el gran amor de su vida. Se trataba del único hombre que realmente eligió. Su único aliento de voluntad. Por eso se abandonó a la depresión tras sus recurrentes infidelidades. Y por eso, entre otras cosas, decidió quitarse la vida en el interior de su automóvil con un disparo en la boca muchos años después.

Para entonces Julissa ya se había refugiado en el teatro musical y las telenovelas. El cine dejó de estimularla. Por ello, quizá, papeles tan complejos como el que interpretó en Amor libre, bajo el manto del iconoclasta Jaime Humberto Hermosillo, quedaron relegados injustamente de la memoria. En aquella cinta de 1978, Julissa coincidió como protagonista con Alma Muriel, quien años más tarde provocaría su separación del también actor Benny Ibarra. La impecable dirección de Hermosillo permitió que la cinta renunciara sin alarde a dogmas y moralismos. Quién mejor para abordar la libertad sexual de las mujeres dentro del corset de una clase media conservadora que Hermosillo, un hombre que abrazó precozmente su homosexualidad en el bajío mexicano —mientras leía con devoción a Eugene O’Neill— y que exploró en su obra artística todo tipo de rupturas morales: el incesto, la transexualidad, la independencia sexual de los discapacitados e incluso la homosexualidad velada de una pareja de asaltantes. Con su complicidad y sensibilidad, Julissa se notaba aún más plena que en Los caifanes. Más traviesa y coqueta, si cabía. Más libre y descarada. Más autosuficiente.

Como en Los caifanes, Julissa nos volvió a dejar varias escenas para el recuerdo. Escenas que pueden ser abordadas desde el gesto más primitivo o desde la curiosidad más intelectual. A lo largo de la cinta centellean aspectos que delatan la fiebre lectora de Hermosillo. El más obvio sucede a mitad de la película, cuando Alma Muriel le recita unos versos de Jaime Sabines: Los amorosos andan como locos / porque están solos, solos, solos, / entregándose, dándose a cada rato, / llorando porque no salvan al amor. A lo que Julissa responde con desbordada candidez: A mí se me hace que este cuate me conoce. ¿No me habré acostado con él?

El personaje de Alma Muriel pasa buena parte de su tiempo leyendo, a ratos en una tienda de antigüedades y a ratos en aquella jaula de cristal en el corazón de la Condesa que compartía con Julissa. Se entrega con religiosidad a una novela de la que no sabemos muchas cosas. A la mitad de la historia se nos revela un dato esclarecedor: la novela fue adaptado al cine con Peter O ‘Toole como protagonista. Lo sabemos por Manuel Ojeda, a quien el actor británico le parece un hígado con cara de espárrago. Entonces quedan dos caminos posibles: Lawrence de Arabia o Lord Jim. Si se aborda la cinta como incondicional de Hermosillo, la respuesta es obvia. Si no, la duda se extiende dolorosamente hasta revelarse hacia el final de la película, cuando Julissa, ataviada en una bata rosa, toma el libro de la cama de Alma Muriel para colocarlo sobre su regazo. Hipnotizada, acompaña la lectura con un refresco y una hamburguesa. De pronto, como si se tratara de una epifanía, la cámara de Hermosillo se acerca tímidamente para descubrirnos una bellísima edición de Lord Jim, la novela de Conrad. El rito de iniciación lectora es interrumpido por Jorge Balzaretti. Éste, desconsolado, se lamenta ante la inexplicable partida de Muriel con otro hombre. Ni modo, yo seguiré leyendo Lord Jim donde ella lo dejó, le dice Julissa. Cuando nos encontremos, ella me contará el principio y yo el final. Escenas con menos propensión a la inmortalidad han tomado por asalto la memoria selectiva.

 

Ricardo López Si es coautor de la revista literaria La Marrakech de Juan Goytisolo y el libro de relatos Viaje a la Madre Tierra. Columnista en el diario ContraRéplica y editor de la revista Purgante. Estudió una maestría en Periodismo de Viajes en la Universidad Autónoma de Barcelona y formó parte de la expedición Tahina-Can Irán 2019. Su twitter es @Ricardo_LoSi

 

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Posted: April 12, 2021 at 8:23 pm

There are 2 comments for this article
  1. Ana Clavel at 12:05 pm

    No te la pierdas en Las dos Elenas, un corto con guion de Fuentes sobre su propio cuento. Circula en Youtube. Me encantó tu texto.

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