Essay
La horrible verdad: Lolito, de Ben Brooks

La horrible verdad: Lolito, de Ben Brooks

Gerardo Cárdenas

Confieso que llegué al libro por recomendación de mi hija Susana, de 18 años, y porque en la publicidad de portada decía que a Nick Cave le había parecido “el libro más gracioso y espantoso que he leído en años”. Ambas cosas me parecieron un respaldo suficiente.

Y tras haberlo leído digo que, en efecto, me parece un libro que hay que leer, aunque no sé si proclamarlo trascendente o paradigmático. Me resultaría bastante exagerado.

Sin embargo, es necesario establecer comparaciones porque Lolito de Ben Brooks (Regan Arts, Nueva York, 2015, aunque la edición original en Gran Bretaña es de 2013) nos remite a pensar en la Lolita de Nabokov.

A la luz de una sociedad marcada por el drama político, social, mediático y jurídico de la pedofilia, en especial la sociedad estadounidense, la novela de Nabokov se vuelve una lectura cada vez más difícil. El ambiente está cargado de una fuerte politización que hace casi imposible la lectura bajo una perspectiva únicamente literaria o estética.

Lolito no tiene tales pretensiones. Su intención no fue una propuesta literaria. Nunca. Brooks, que a sus 24 años de edad ha publicado ya seis novelas, ha querido retratar the ugly truth de la pedofilia dándole un giro a la historia de Nabokov.

En Lolito el objeto de la depredación, la presa, es un muchacho de 15 años, Etgar, un típico suburbanita inglés de familia clasemediera y educación pública quien, durante una ausencia prolongada de sus padres por un viaje a Rusia (un pariente de la familia se casa con una mujer rusa ‘adquirida’ por correspondencia), y a raíz de la ruptura con su novia, cae en un ciclo de aburrimiento profundo y ansiedad descontrolada que lo lleva a un chat para adultos donde conocerá a Macy, una ama de casa tan aburrida y ansiosa como él.Books+Fair+2014+in+Madrid+fg_cDothiGal

El encuentro inevitable entre Macy y Etgar es delirante. Brooks consigue hacerlo creíble al manejarse, como a lo largo de toda la novela, en un lenguaje sencillo y directo. Las cosas como son. No encontrará aquí el lector la elegancia verbal de Nabokov. El lenguaje no es personaje en la novela, sino mero conducto. Menos que una denuncia de la pedofilia, Brooks hace una denuncia de la vida suburbana, del tedio acompañado de alcohol, drogas duras o recreativas, paisajes poblados de centros comerciales, parques industriales, y gente aburrida paseando a sus perros. Para romper ese ciclo, Brooks debe llevar a Macy y a Etgar al encuentro en Londres, donde no hay reglas, ni horarios, y todo está permitido siempre y cuando se tenga dinero para conseguirlo.

Al final, Brooks establece las consecuencias de los actos del jovencito y su iniciadora. Evita con inteligencia y con honestidad la sensiblería e hipocresía del juicio moral (con lucidez, Etgar subraya la ironía de que tener relaciones sexuales con una mujer adulta sea un delito mientras que, en cambio, resulte perfectamente normal para el pariente de sus padres comprarse una esposa rusa), y deja abierta el resto de la historia. No sabemos, no tenemos por qué saber, qué será de Etgar cuando llegue a los 18 o a los 21, edades socialmente aceptadas como adultas; o qué pasará con Macy cuando haya pagado su “deuda con la sociedad”. El lector puede sacar la conclusión que quiera.

El mérito de Brooks es mostrar que aún en el fondo del pozo del absurdo los actos tienen consecuencias, por disparatados que sean. La neutralidad y asepsia del suburbio son disfraces. La verdad, la fea verdad, como muchas veces lo mostró David Lynch en sus películas, está justo bajo la superficie.

Queda preguntarse hasta dónde llegará Brooks como autor. En esa actitud de darse la espalda que muchas veces tienen las literaturas estadounidense y británica es difícil acceder a mucho de lo nuevo que llega del Reino Unido. Brooks ha generado bastantes comentarios críticos por su trabajo, no todos positivos. Tal vez producto de su juventud, sacrifica la forma en función de ser más impactante con la historia. Lolito es, en todo caso, un libro que hay que leer, tanto desde la perspectiva de asomarse a la obra de un joven autor como para abordar nuevos puntos de vista sobre un tema que no deja de inquietarnos.

gerardo-cardenas-150x150Gerardo Cárdenas, escritor y periodista mexicano, reside en Chicago. Es autor del volumen de relatos A veces llovía en Chicago (2011), del poemario En el país del silencio (2015) y de la obra de teatro Blind Spot (201), publicada por Literal Publishing. En 2015 obtuvo el premio Nuevas Voces de Repertorio Español. Es editor de la antología de relato breve en español de Estados Unidos Diáspora, de próxima publicación. Twitter: @el gerrychicago


Posted: August 21, 2016 at 10:24 pm

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