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Más allá del parentesco animal
COLUMN/COLUMNA

Más allá del parentesco animal

Michelle Roche Rodríguez

Brotando acusadora, como ciertos oleajes emplumados sobre la superficie de un estanque Resino o esa loca maleza que enfunda de la noche a la mañana algún recinto destinado a ser estatua y tumba del secreto cautivo, mi cabellera es la evidencia escalofriante de lo que oculto en mí. Lo denuncia, lo exalta, lo pregona. Pero ¿qué oculto en mí, como no sea mi maraña de sombras y esa legión orgánica y sin rostro que oficia en mis entrañas? ¡Contra ellas la tibia, la densa, la inocente o perversa y filiforme delación!

La cita anterior corresponde al primer párrafo del texto «Parentesco animal con lo imaginario», tomado del poemario Museo salvaje (1974) de la argentina Olga Orozco y la inspiración para el título del libro Parentesco Animal: Los feminismos incómodos de Doris Lessing y Kate Millett. Pocas cosas me parecen tan sugerentes como la idea de una herencia que remite a lo oscuro en la escritura de dos autoras centrales para la segunda ola del feminismo. Pero ni lo espiritual ni las sombras informan el análisis de las obras de Lessing y de Millett que hace en el ensayo Noelia Adánez.

En la Presentación, la ensayista española se limita a tomar como referencia la pregunta ubicada casi al final de la cita —«¿qué oculto en mí, como no sea mi maraña de sombras y esa legión orgánica y sin rostro que oficia en mis entrañas?»—. Se pierden así la imagen de la cabellera propuesta en el poema como «evidencia escalofriante» de lo oculto —desde la cual se signa el interior del ser desde el exterior—, y la significativa palabra «delación», vinculada al título del poema, pues significa el derecho de aceptar o repudiar una herencia. Esto se traslada al resto del ensayo en donde aparecen dos capítulos sucesivos sobre las obras de cada autora. De dos reconstrucciones más o menos aderezadas con ficción provienen la escasa solución de continuidad entre las secciones dedicadas a la británica nacida en Persia que ganó el Nobel en 2007 y la académica icónica del feminismo radical estadounidense. La primera es la reconstrucción de un fugaz encuentro entre ellas durante la primavera de 1971, en el recibidor de unos estudios de televisión en Londres. La segunda es un episodio, por completo ficticio, en que Adánez supone las reacciones de Lessing al ver el episodio del programa de debate After Dark en el cual el actor Oliver Reed le da un beso a Millet, en vivo y sin su consentimiento, y ella reacciona acusándolo de hacerle bullyng —esto es: de acosarla— y presiona para que lo obliguen a dejar del set. (El episodio de After Dark es real, lo ficticio es la suposición de que Lessing lo viera y de que hubiera tenido una opinión al respecto).

Lo que hace muy bien Adánez es reflexionar sobre las condiciones en las que ambas autoras escribieron y cómo sus experiencias femeninas se convirtieron en el fundamento de sus respectivas literaturas. Pues ambas apelan al procedimiento literario de tematizarse a sí mismas en sus obras, el cual aprendieron de Virginia Woolf: escribir para crear conciencia sobre los problemas de la posición marginal de las mujeres en la sociedad, en especial de las escritoras. Luego, más que la categoría engañosa «parentesco animal» es ese tematizarse así mismas aquello que las identifica, y lo hace desde la estigmatización que ambas padecieron por razones diferentes.

El estigma que cayó sobre Lessing fue el de haber abandonado a los hijos de su primer matrimonio. «Se divorció en 1943, cuando ya estaba implicada y comprometida con grupos comunistas, dejando a sus dos hijos con su padre, quien durante meses le negó la posibilidad de mantener con ellos algún tipo de contacto», cuenta Adánez, para quien esta maternidad «fallida» es solo una de las tres maternidades que ejerciera Lessing. Más tarde se casó con un judío alemán, con quien tuvo a Peter, «con el que viajará a Londres en 1949 sin recursos y con la única y nada desdeñable determinación de “hacer del mundo un lugar mejor”». Con Peter vivirá hasta la fecha de su muerte en 2013, a los 94 años. Igual que sus relaciones amorosas no se limitaron a dos matrimonios, su maternidad tampoco se limitó a esos tres hijos. «Hay una tercera [maternidad] que comenzó en la década de los sesenta, cuando Lessing empezó a acoger adolescentes, a menudo con problemas». Y, sin embargo, desde la publicación de El cuaderno dorado en 1962, hasta que le fuera conferido el Premio Nóbel en 2007, la autora fue juzgada por la prensa y buena parte de la crítica desde el estigma de la mala madre, porque a los 24 años dejó a sus hijos a cargo de su exmarido, el padre de ellos.

Millett se convirtió en un ícono del feminismo de Estados Unidos cuando en 1970 se publicó Política sexual, en donde insiste que las relaciones sexuales y afectivas entre hombres y mujeres subrayan las dinámicas de poder. A través del análisis de la literatura de su época, ella prueba la vigencia de un sistema de valores construido para eternizar el poder de los hombres sobre las mujeres. Desde ese momento, se convirtió en una figura al centro del feminismo de Estados Unidos, lo cual explica por qué se vio obligada a problematizar su salud mental en la mayoría de sus obras, entre las cuales mi favorita es Viaje al manicomio. Hasta su fallecimiento en 2017, a los 82 años, Millett vivió con el estigma del diagnóstico de maniacodepresiva. «Un diagnóstico psiquiátrico afecta (…) la identidad de quien lo recibe, pues no se trata únicamente de la asignación de un trastorno a un paciente, sino que implica la definición de un paciente en función de una dolencia», escribe Adánez.

Parentesco animal demuestra que lo mejor del pensamiento feminista proviene de la reflexión sobre las particularidades materiales tanto como las psíquicas de las escritoras.

ADÁNEZ, Noelia. Parentesco animal: Los feminismos incómodos de Doris Lessing y Kate Millett (2023) Editorial Galaxia Gutenberg.

 

 

Fotografía © Emilio Kabchi.

Michelle Roche Rodríguez (Caracas, 1979) es narradora, crítica literaria y periodista. Ha publicado Álbum de familia: Conversaciones sobre identidad y cultura en Venezuela (2013), Madre mía que estás en el mito (2016),  la colección de cuentos Gente decente (2017, Premio de Narrativa Francisco Ayala) y Malasangre (2020). Colabora con varias revistas literarias españolas y medios culturales venezolanos. Trabajó en el diario El Nacional, fue profesora en la Escuela de Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y fundó Colofón Revista Literaria en 2014. Reside en Madrid desde 2015. Su página web es www.michellerocherodriguez.com.

 

 

 

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Posted: December 14, 2023 at 11:35 pm

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