COLUMN/COLUMNA

Símbolos y rituales iniciáticos

Ricardo Lopez Si

El músico británico Lemmy Kilmister, líder de la banda Motörhead, admitió durante una entrevista que su departamento ubicado en West Hollywood estaba tapizado de todo tipo de memorabilia de guerra, especialmente de parafernalia nazi. Entre sus curiosidades y trofeos gozaba de un lugar privilegiado el peine de Eva Braun, la fotógrafa y asistente de oficina alemana con la que Adolf Hitler se casó un día antes de que ambos se suicidaran. Para evitar estar bajo sospecha, Kilmister matizó que su interés era puramente histórico: «Sólo puedo coleccionar las cosas, no puedo coleccionar las ideas».

La visita a México de Santiago Abascal, franquista y bandera de la extrema derecha española, puede ser interpretada desde diversos puntos de vista. Es posible que haya sido una decisión desesperada de la oposición para posarse sin reservas en uno de los extremos ideológicos o que genuinamente exista gente dentro del Partido Acción Nacional (PAN) que abrace su discurso reaccionario, con todo lo que ello implica. Puede, también, que sólo haya sido idealizado como memorabilia de guerra en tiempos de campaña política. A saber.

En paralelo a todo esto que ocurrió hace ya varios días, llegó a mis manos con una siniestra puntualidad el ensayo De sangre y de sol, escrito por Sergio González Rodríguez y editado por Sexto Piso. El laureado narrador y ensayista capitalino no se proponía hablar de los capítulos más oscuros de la extrema derecha en México, sino de los símbolos y rituales que han construido la narrativa en torno a nuestro país desde tiempos prehispánicos. Dentro de todas las piezas desperdigadas de un rompecabezas que incluye a viajeros con posturas ambivalentes sobre la mitología mexicana como D.H. Lawrence y Malcolm Lowry, además de la muerte casi teatral del escritor inglés Wilfrid Ewart en el balcón del Hotel Isabel a causa de una bala perdida, González Rodríguez utiliza como subhistoria el desarrollo del esoterismo de la Alemania nazi, cuya influencia no se podría explicar sin abordar sus orígenes en territorio azteca.

México, ese territorio mundano con una geografía espiritual que conjeturó Ernst Jünger, sirvió como sala de máquinas para que Ernst Pretzsche, quien provenía de la comunidad germanoparlante de la Ciudad de México, se convirtiera en el gran mentor de Hitler en términos esotéricos. Juntos, tiempo después, en la trastienda de una librería, probaron por primera vez el peyote con fines iniciáticos. Todo esto cobra relevancia por el hecho de que la Anhenerbe, una secta ocultista concebida para descubrir los orígenes supremacistas de la raza aria, pasó a formar parte activa de la estructura de la SS.

Obviando el conocido furor vasconcelista por el nacionalsocialismo, la maquinaria propagandística comandada por el agregado de prensa alemán en México, Arthur Dietrich, y las labores de espionaje de la actriz Hilda Krüger, existe otro personaje fundamental en el que repara el ensayista: Arnold Krumm Heller. El espía alemán, oficial del Ejército Mexicano durante el gobierno de Venustiano Carranza y autor de Rosa-Cruz. Novela del ocultismo iniciático creía fielmente en la «superioridad de las razas aria y azteca». Al respecto, conviene recuperar en su totalidad una idea maquinada por Sergio González Rodríguez:

Se puede responder que, por una parte, la antigüedad protohistórica fue el hechizo del esoterismo nazi, que aún atrae a sus estudiosos en todo el mundo; por otra, que entre las grandes leyendas del altiplano de México se encuentra el substrato profundo de la cultura prehispánica, cuyo origen se remonta a la época de la Conquista espiritual, cuando los templos cristianos se construyeron sobre las ruinas de las civilizaciones mesoamericanas; estas leyenda se acrecentará a lo largo de la Colonia. Después, en los años de fundación nacionalista y moderna del siglo XIX, la antigüedad prehispánica resurgirá como un espectro subterráneo y ubicuo que retará la fe en el progreso cosmopolita: los ídolos prehispánicos tras los altares. Ambas creencias, pues, son confluyentes a lo largo del siglo XX. Sin embargo, lo más determinante consiste en que el propio desplazamiento de los símbolos, a través de la lectura, encuentra su ciclo de tiempo y lugar.

Las misiones secretas en Europa y la conformación de alianzas con algunas élites conservadoras en México por parte de Krumm Heller, otrora maderista en los tiempos de la Revolución Mexicana, provocaron que Estados Unidos acusara de germanofilia a Venustiano Carranza durante la Primera Guerra Mundial. Es precisamente de ahí de donde emana el vínculo que, como dice González Rodríguez, años más tarde «fermentará apoyos al nacionalsocialismo y al mito de la superioridad racial».

Todo lo anteriormente descrito no pretende advertir en la figura de Santiago Abascal un tentáculo de propaganda y simbolismo neonazi, sino alentar la lectura del luminoso ensayo propuesto por Sergio González Rodríguez y, de paso, alertar sobre lo proféticos que pueden resultar los rituales con fines iniciáticos. Ya sea en la trastienda de una librería o en las entrañas de un cónclave de senadores.

 

Ricardo López Si es coautor de la revista literaria La Marrakech de Juan Goytisolo y el libro de relatos Viaje a la Madre Tierra. Columnista en el diario ContraRéplica y editor de la revista Purgante. Estudió una maestría en Periodismo de Viajes en la Universidad Autónoma de Barcelona y formó parte de la expedición Tahina-Can Irán 2019. Su twitter es @Ricardo_LoSi

 

 

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Posted: September 9, 2021 at 3:51 pm

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