Essay
Trayectoria de la “Trayectoria de Goethe”
COLUMN/COLUMNA

Trayectoria de la “Trayectoria de Goethe”

Adolfo Castañón

A Alicia Reyes
en testimonio de gratitud
por sus lustros de trabajo y entrega
al frente de la Capilla Alfonsina

 

I. Viene de lejos y va lejos. Seguro que Alfonso Reyes leyó a Goethe antes de 1910 fecha en que se publica en Cuestiones estéticas el ensayo “Sobre la simetría en la estética de Goethe”.[1] No se sabe bien por dónde empezó. Las huellas del alemán en el mexicano no sólo están en el susodicho ensayo sino también en algunas de las narraciones de aquella primera época como “De cómo Chamisso dialogó con un aparador holandés” (1913) o “En las repúblicas del Soconusco (Memorias de un súbdito alemán)” (1912). Las alusiones a Goethe se multiplican al correr de la pluma. Por ejemplo, en “La lectura estética” de El cazador (1910-1921): “La lectura enfática pertenece aún a la era de la onomatopeya; no así la monótona, que es la propia de la cultura. Si aquélla es asiática, ésta es ateniense. Goethe gustaba de la lectura enfática. Sus amigos no pueden menos de confesar que, para las modestas dimensiones de aquella salita de Wiemar, gritaba demasiado.” (OC, t. III, p. 152) Sería fastidioso enunciar y glosar las muchas veces que Reyes cita al autor del Fausto. Goethe no fue para Reyes una lectura accidental, ornamental, un tropiezo o un accesorio. Esas citas y esas obras sugieren que el alemán fue para él presencia constitutiva y continua, modelo e instrumento del propio desarrollo y educación. No sólo se pasaba la vida citándolo. Se inspiraba en él. Bastaría preguntarse por qué eligió precisamente entre todos las siluetas de Grecia precisamente aquella que había servido a Goethe para salvarse de su Werther a través de Ifigenia en Táuride igual que él se salvaría del incendio mexicano con la sombra de Ifigenia cruel, poema dramático, es decir canto y novela escrito para poder tocar el ascua ardiente de la Revolución Mexicana y de la muerte de su padre. En Ifigenia cruel, Alfonso Reyes se pone a “ifigeniazar”, como diría Rafael Cansinos Asséns. Cuando, en 1914, Reyes sale de Francia hacia Madrid pasando por San Sebastián dice que se siente como Goethe antes de entrar a Weimar (OC, t. XXIV, p. 177). Goethe le sirve para atravesar la noche de “Los días aciagos” (1911) que anunciaban la Revolución con la evocación de Bettina. Seguramente el autor de las Afinidades electivas le sirvió para abrirse muchas puertas y hacerse amigos en Madrid. Uno de ellos sería su fraterno amigo y antagonista José Ortega y Gasset,[2] a quien también Goethe le serviría como brújula viva. Por todas estas razones no extraña que en 1932 Victoria Ocampo le insista para participar con un ensayo sobre Goethe con motivo del centenario de su fallecimiento; obedecerá y escribirá un texto del que sólo sobrevivirá un fragmento en “Ante los centenarios”, en la recopilación titulada “Rumbo a Goethe”. Tampoco extraña que José Ortega y Gasset haya dedicado un número de la Revista de Occidente[3] titulado “Centenario de Goethe” y donde se publica en primer lugar su ensayo “Pidiendo un Goethe desde adentro. Carta a un alemán”. El título del ensayo de Reyes “Ante los centenarios” alude claramente al número de la Revista de Occidente publicado en abril de 1932. El número de la revista incluía una selección iconográfica de la cual se da aquí una muestra. Demonio de la guarda, ángel de la pluma, juez y espejo, brújula y transfusión, el polígrafo alemán se adueñará de los días, los trabajos y diríamos del modo de estar en el mundo del mexicano. Y si a Fausto le toca pactar con Mefistófeles, es decir, con el diablo, a Reyes le tocará en suerte en la suerte de la ruleta mexicana pactar con los nuevos caudillos y trasegar entre oficinas y embajadas, museos y bibliotecas. Reyes regresa a México primero en 1938, se va a Brasil y regresa definitivamente en 1939, después de su odisea criolla y cosmopolita, tardará algún tiempo en abrir y organizar sus cajas y papeles. Es en este momento cuando Reyes inicia la triple construcción de su casa: la de la Capilla Alfonsina propiamente dicha, la de la organización de lo que será su obra completa y la construcción y organización de la Casa de España en México, que luego será El Colegio de México. Muchos de ellos llenos hasta reventar de goethianas[4] historias y saberes. Goethe le sirve a Reyes como una suerte de mirador desde el cual es posible arrojar una mirada desprendida al mundo y alcanzar un radio espiritual de suficiente altura: gracias a él puede practicar esa “política de altura” de la que hablaba Jorge Cuesta. Hacia fines de 1953, el editor argentino Arnaldo Orfila Reynal, director del Fondo de Cultura Económica desde 1948, anteriormente responsable de la filial de esta casa en Argentina y amigo heredado de su entrañable hermano definidor Pedro Henríquez Ureña le hizo a Reyes una de sus visitas habituales. Se preparaba el veinte aniversario de la editorial fundada en 1934 por Daniel Cosío Villegas. Se iba a inaugurar un nuevo edificio en Avenida Universidad y Parroquia. Lo haría seguramente el Presidente de la República Adolfo Ruiz Cortines. Pero una editorial tenía que tener como pieza de resistencia libros, obras que brillaran perdurablemente en su catálogo. No se puede saber de quién fue la idea. Si de Orfila o de Reyes. El caso es que el Diario de éste asienta el 9 de abril de 1954 que “Orfila Reynal me pide retoque Trayectoria de Goethe, quitando notas y dejando bibliografía final”.[5] Será un breviario. Llevará el número 100. Estará amenizado por imágenes e ilustraciones que más tarde celebrarán sus lectores (véase más adelante la carta de Jaeger). Estará escrito en una prosa nerviosa, veloz, incisiva y hasta capciosa, alusiva, llamada a engañar a los lectores apresurados que confundirán la velocidad con la prisa. Reyes tendrá el 17 de mayo de 1954 65 años. Al mismo tiempo que esta petición se encuentra inmerso en un vértigo de publicaciones: el primer tomo de esas Obras completas que le ha pedido espontáneamente el Fondo de Cultura Económica por boca de Orfila (llegarán a ser 26 tomos), Parentalia, Historia documental de mis libros, Las edades hesiódicas, Memorias de cocina y bodega sin contar las colaboraciones para las prensas de México e Hispanoamérica sobre muy diversos asuntos además de sus queridos Góngora, Mallarmé y, por supuesto, Goethe, sobre el cual sigue escribiendo mientras el libro está en prensa y hasta por lo menos un año antes de su muerte, en 1959. Trayectoria de Goethe tiene 178 páginas. Se terminó de imprimir el 31 de julio de 1954 y se tiraron 10 000 ejemplares, cosa poco usual para la época; se compuso en tipos Fairfield de 8 y 10 puntos. La edición estuvo al cuidado de Julián Calvo. Trayectoria de Goethe es una biografía compuesta por seis estaciones más una introducción. Cada capítulo lleva unas notas. Cuánto trabajo le costó a Reyes ajustar el manuscrito para condensarlo y aligerarlo de la pesada bibliografía y de las notas, para atender una solicitud que le hizo su amigo Orfila y a la cual no podía negarse. El libro se presentaría durante la inauguración del edificio del Fondo de Cultura Económica. La cereza de ese pastel sería que como parte del acto se le concedió a Reyes el Premio Manuel Ávila Camacho que luego sería conocido como Premio Nacional. Trayectoria de Goethe no es una obra neutra aunque deliberadamente lo pudiera parecer. En su entrelínea aflora un debate con su fraterno y antagonista José Ortega y Gasset quien había publicado en 1932 su ensayo Goethe desde dentro. El ensayo había suscitado los comentarios críticos de Reyes. De eso puede dar constancia la carta sobre Ortega y sobre Goethe que Reyes envía a Eduardo Mallea. Goethe luego de cien años seguía produciendo confrontaciones entre sus lectores y amigos. Al editarse en México Trayectoria de Goethe, la revista Cuadernos Americanos publicó una reseña de Tomás Segovia que desconcertó a Reyes. Reyes leyó estas páginas con sensibilidad a flor de piel que confió a Emilio Uranga en carta del 9 de agosto de 1955 y que éste transcribirá a Luis Villoro el 18 de agosto del mismo año.

Varios meses después don Alfonso le escribió al joven crítico una carta que no mandó pero que se encuentra reproducida en su Diario:

Carta de Alfonso Reyes a Tomás Segovia[6]

15 de noviembre de 1954

Amigo mío:

He leído su nota sobre mi Trayectoria de Goethe. Se me ofrecen algunos esclarecimientos:

    1. ¿Que no es un verdadero libro, sino un derrotero? No lo entiendo. Hasta una guía telefónica es un libro. No creo que haya usted querido negar unidad y estructura de conjunto a mi obrita. Si algo tiene de eso, ¿verdad?
    2. Que es obra al margen de mi ensayo original. Yo no lo he dicho para hablar de mi “originalidad” posible. Quise simplemente decir el “ensayo primitivo”. Y también explico que se me deshizo en un montón de estudios goethianos dispersos. Precisamente el objeto del librito (concebido como un capítulo del conjunto) era no perderse en la dispersión. ¿O ha querido usted negar originalidad a la Trayectoria, en el sentido corriente de la palabra? Sería una lástima.
    3. Lo de “modestia” y la “idolatría” no lo entiendo tampoco, creo que son censuras solapadas.
    4. “Prisa.” ¡Prisa en un libro que es fruto de estudios goethianos comenzados en 1910, desde mi primer libro Cuestiones estéticas publicado en 1911! ¿Y no explico ya en el prólogo cómo han venido elaborándose mis estudios? Entre ellos, y al lado de ellos, se fueron posando las páginas de la Trayectoria casi sin percibirlo yo. Orfila podrá decirle que, revisando mis papeles en su compañía, caímos en que eso podía ser libro aparte.
    5. Ni la menor asociación puede establecerse entre la elaboración de este libro y la fiesta del Fondo y el discurso con que agradecí el premio Ávila Camacho. Es un error figurarse que improvisé para ese fin el Breviario. Un libro así, condensado y compacto, no se improvisa. Es una interpretación muy superficial, muy desde fuera, la que ofrece a sus lectores.
    6. Yo no quiero cambiar nada con ese libro. No es acto de política. Hoy se quiere ver en todo un intento de acción dirigida a la política o la politiquilla. Ni pensé en los jóvenes al hacer el libro, sino en las necesidades de mi propio trabajo.
    7. Tomar mi Trayectoria como una controversia es empequeñecerla y empequeñecer mi propósito, como también lo empequeñece o limita, al menos, el decir que fue escrito para una fiesta del Fondo, para convencer a los jóvenes (¿de qué?) o etcétera.
    8. Ortega no fue el primero en dudar de la fidelidad de Goethe a su destino. Ortega, dice Gaos, es como el Diderot de Lanson: una portentosa máquina que se mueve a impulso de estímulos recibidos. Todos nos movemos así, es verdad, aunque no todos seamos tan poderosas máquinas.
    9. ¿Quién le ha contado a usted que hoy priva la idea del Goethe “infiel”? No toda la tierra es España e Hispano-América, donde todavía algunos hay que se lo han creído.

Lo saluda atentamente.

Alfonso Reyes.

El episodio de este enfrentamiento que no llegó a materializarse en público permite al lector que se asoma a este momento, cincuenta años después, tratar de hacer un balance que busque salvar y comprender las trayectorias que ahí se dieron cita. Hay que admitir que las páginas de Segovia no estaban exentas de juvenil ímpetu capaz de confundir, por ejemplo, la deliberada redacción veloz con prisa y de soslayar la hondura del conflicto que separaba a Reyes de Ortega y Gasset por el intermedio de Goethe. La carta a Segovia permite al lector reconstruir desde adentro el largo proceso de composición de la Trayectoria de Goethe, uno de los últimos grandes libros de Reyes donde éste tuvo la oportunidad de refundir sus papeles para sacar de aquellas minas de cartón una fulgurante joya.

La desazón se vio compensada por otra reseña escrita por un mexicano que se encontraba en Alemania: Emilio Uranga. El joven discípulo de Joaquín Xirau a quien Reyes había conocido en 1946 durante el homenaje realizado con motivo de su repentino fallecimiento, y que luego se hizo discípulo de José Gaos y había publicado en 1952 Análisis del ser del mexicano pertenecía al grupo conocido como el Hiperión, encabezado por Leopoldo Zea, el otro discípulo de José Gaos a quien Uranga llega a comparar, en sus cartas a Villoro, con el propio Goethe por el talante autosuficiente que al parecer ambos compartían. Se había ido a Alemania precisamente a principios de 1954, a estudiar con Heidegger como luego lo harían el venezolano, más tarde mexicano, Alejandro Rossi o lo estaban haciendo en Friburgo los colombianos Danilo Cruz Vélez y Rafael Gutiérrez Girardot o el peruano Victor Li (por cierto, se cuenta que alguna vez Manuel Cabrera le preguntó a Heidegger si había oído hablar de Ortega y Gasset, y éste respondió con malicia: “sí, creo que es un periodista venezolano”, referido por Oswaldo Díaz Ruanova). Uranga se desencantó en Alemania de la filosofía. Pero allá se enamoró de Goethe y de sus obras y se casó con una alemana que lo acompañaría en sus andanzas por la cultura germánica. Uranga escribió la mejor reseña de Trayectoria de Goethe. Se la envió a Reyes y se publicó poco después en la Revista de la Universidad.

Reyes por su parte no dejó de escribir sobre Goethe. De hecho, mientras estaba en prensa el libro, publicó dos textos importantes sobre el poeta alemán: “Breve biografía de Goethe” (10 de mayo de 1954) y “El supuesto olimpismo de Goethe” (7 y 14 de junio de 1954), que ya no pudieron formar parte de la Trayectoria y que se encuentran recogidos en Rumbo a Goethe (OC, t. XXVI, pp. 99-107 y 136-143). En ellos prosigue su debate consigo mismo, con su demonio, con Goethe, y en fin, con José Ortega y Gasset. A María Zambrano no se le escaparon estos textos y dirigió, el 20 de agosto de 1954, una “Carta abierta a Alfonso Reyes sobre Goethe”[7] donde toca el tema sensible de la supuesta soberbia y del olimpismo de Goethe[8] y de las relaciones peligrosas con la propia vocación y del pacto con el demonio, del trato con lo Otro:

Parece esencial al destino humano que tengan lugar estos sacrificios humanos, en primaveras sagradas, para que la historia no se quede vacía de alma. Y además esos sellados por los dioses que pagan la gota de luz recibida y hecha universal por su arte con la miseria y el anonimato, como nuestro… iba a decir Padre Cervantes. El ir “más allá” en la pasión de ser hombre enajenándose como Nietzsche o quedándose envuelto en vida en el sudario de su propia inocencia como Hölderlin.

Pero con todo esto le indico tan sólo la razón de mi apego a las víctimas de sacrificio. El caso Goethe queda intacto: ¿Cómo consiguió su plenitud sin pagar prenda? ¡Eran otros tiempos! Sí, los de Hölderlin y Novalis, también los de Hegel y Fichte, pero estos últimos como filósofos apenas tuvieron vida, que es el modo más seguro de esquivar la cicuta. [Y] la cicuta ¿no es prefiguración del cáliz, es decir, cosa sagrada, de la piedad? ¿Y mal sagrado la locura de Hölderlin? Y sagrada también la miseria de nuestro don Miguel que tuvo hasta su estigma en la mano mutilada. Y estigma también la sordera de Beethoven y los vértigos de Pascal. ¿Cómo se las valió Goethe para pasarse sin estigma y sin pagar prenda? ¿Es que acaso, tan grande poeta que era y adivino, no tuvo que ver nada con lo sagrado, con la piedra? Y como los dioses olímpicos parecen ser la esencia inmutable en su perenne metamorfosis que trasciende la piedad antigua —que es estigma y pagar prenda— de ahí quizá el olimpismo que circunda como un halo y… como un estigma a Goethe, el bienaventurado de lo humano; el que amó como no amó Don Juan, el Don Juan logrado.

Tratándose de los dioses que dan a Goethe su patronímico no nos atrevemos a preguntarnos qué hicieron para escapar de la piedad primera que es devorar o ser devorado. La respuesta inmediata sería: viviendo en la metamorfosis. Pero, ¿cómo vivir en la metamorfosis sin perder la identidad? Y como Goethe era, al fin, un hombre y el que fuera paradigmático no hace sino agravar el caso, la pregunta surge sin que la podamos acallar.

Todo hace pensar en un pacto. Y puesto que de aquí, de Roma, volvió tan cambiado, lleno de serenidad y fuerza, maestro de sí mismo, como usted tan delicada y agudamente señala, por qué no pensar que algo aprendió aquí de lo que más le importaba; una ciencia de la piedad que es “saber tratar con lo otro” —lo pongo entre comillas porque me veo forzada a citarme a mí misma—. Saber tratar, sí, con lo diverso, con los distintos planos de la realidad que al ser armonía ha de ser múltiple. Saber tratar con lo cualitativamente diferente: tender puentes entre los abismos “existenciales”, que hoy se diría. Saber tratar con la mujer, el loco y el enfermo; saber tratar con el mundo que es siempre lo otro —el no-yo—. Saber tratar con lo sagrado, poniéndose una máscara cuando hace falta y callar a tiempo; saber de conjuros y de exorcismos; poder descender a los infiernos una y otra vez, y hasta saber morir en vida todas las veces que haga falta. Saber tratar con los muertos y con sus sombras. Y sobre todo, sobre todo, saber tratar con lo otro en sentido eminente: “El Otro”.[9]

Alfonso Reyes continuó trabajando sobre el alemán por lo menos dos o tres años más como demuestran los textos reunidos en “Escolios goethianos”, “Rumbo a Goethe”, “Vida de Goethe” (t. XXVI) y acaso su propia creación en verso y en prosa. A su vez Uranga no se conformaría con escribir la reseña al breviario de don Alfonso. Desde el 19 de septiembre de 1952 hasta el 2 de octubre de 1956 envió desde Alemania 54 cartas a su santo amigo Luis Villoro (lo de santo no es una exageración) equis número de cartas cuyo tema principal es precisamente Johann Wolfgang von Goethe y en segundo término a Georg Lukács, lector de Goethe. Esas cartas algún día comprenderán parte de un libro inusitado: los otros elementos que armarán esta obra son el Diario inédito de Alemania de Emilio Uranga, preparado por José Manuel Cuéllar, y las 28 cartas que intercambiaron Reyes y Uranga entre el 29 de enero de 1954 y marzo de 1957. Este volumen será vertiginoso y abismal, pues permitirá al lector seguir paso a paso los itinerarios cruzados de varios escritores y filósofos a partir del eje llamado Emilio Uranga. Podría decirse que el libro sobre Goethe encerrado en esas páginas es o será el libro más importante, después de los de Reyes, publicado por un mexicano sobre Goethe. Además de Goethe, Uranga se ve atraído en las últimas cartas por la figura y el pensamiento de Georgy Lukács, el marxista húngaro que lo llevará de la mano a interesarse en los manuscritos de 1844 de Carlos Marx sobre los cuales escribió un libro que se encuentra al parecer perdido. Mirar a Goethe es también contemplar a Schiller y a todo el bosque como diría Uranga de la literatura romántica alemana. Reyes lo sabía. Trayectoria de Goethe fue recibido con mayor entusiasmo al parecer en Europa y en los Estados Unidos que en México y en América. Sobre él escribieron Elena Croce en Italia, Fernand Baldensperger y el helenista Werner Jaeger desde Harvard le escribió a Reyes unas líneas entusiastas el 16 de octubre de 1954 sobre esta obra: “Muchas, muchas gracias por enviarme sus saludos en la forma de su breve y delicioso libro Trayectoria de Goethe, junto con su artículo. He estado leyendo el libro con vivo interés y debo confesarle que lo que disfruto en otras de sus publicaciones, en ésta, con un tema tan cercano a mi corazón, me deleitó doblemente. Los grabados y el formato dan a su libro una nota idílica totalmente apropiada para el tema. Le aseguro que usted está y estará presente, como a menudo lo ha estado, en mis horas vespertinas durante las próximas semanas”.[10]

Trayectoria de Goethe es uno de los libros más trabajados de Reyes. Parece un vino de muy buena cepa salido en un año excelente. Se deja leer y releer y está sembrado de frases chispeantes y de construcciones acertadas. También podría compararse con un concierto para música de cuerdas. Ni Goethe ni Reyes pueden ser reducidos al monumento público que produjeron sus obras que piden ser estudiadas y compartidas gota a gota, peldaño a peldaño.

 

II. La lectura de Trayectoria de Goethe de Alfonso Reyes pone al lector ante varios espejos o ventanas, ante varias preguntas: ¿qué significa que un escritor mexicano nacido en 1889 y muerto en 1959 lee a lo largo de casi toda su vida a un escritor alemán nacido en 1749 y muerto en 1832? ¿Qué significa la aparición de Goethe en la literatura del mundo del siglo XIX, XX y XXI? ¿Qué representa? ¿Quién es Goethe? ¿Quién es y qué representa ese lector americano que lo frecuentaría durante casi cincuenta años citándolo, adaptándolo, asumiéndolo, tomándole prestados nombres que son claves en su obra como los de Ifigenia y Euforión? ¿Qué encierra en su obra, en sus obras el escritor alemán? ¿Qué significa ese mito del mago, de Fausto al que Goethe da forma definitiva en el mundo y para el mundo moderno? ¿Cuál es la cosmovisión que crea y proyecta Goethe? ¿Cómo este mito logra llamar o apellidar a la época en que vivimos? Algunas de estas preguntas se las hizo desde luego el propio Reyes en sus numerosos textos sobre Goethe. De hecho esas preguntas podríamos decir que fueron variando a lo largo de la vida de Reyes pues no fue el mismo lector de Cuestiones estéticas que el autor maduro de Trayectoria de Goethe.

Goethe se encuentra situado entre la época de la ilustración que está por terminar en Alemania y el surgimiento del romanticismo. De hecho cabría decir que Goethe mismo contribuyó con su novela Las penas del joven Werther: cartas desde Suiza (1774) a ese estallido. Goethe mismo se asustó de los resultados de su novela en el mundo que lo rodeaba y en su vida personal y comparó la publicación de la novela a la explosión de una bomba. Goethe pasaría la mayor parte de su vida, es decir, desde 1774 hasta 1832 tratando de apartarse de aquel tormentoso y electrizante momento. ¿Qué estaba en juego? El volcán al cual se había asomado Goethe y en el cual sucumbiría su personaje el joven Werther era el del amor-pasión, el de la enfermedad amorosa que volvió a brotar con fuerza inusitada a partir de la publicación de esta obra. Se olvida que en el mundo hispánico esa primera novela de Goethe estuvo prohibida por la censura y que sólo llegaría a publicarse íntegramente muchos años más tarde. La novela de Goethe sobre Los sufrimientos del joven Werther (1774) produjo una “fiebre” que “se propagó por el mundo entero con la velocidad de un incendio. El propio Goethe comparó su efecto a una explosión.”[11] Sin embargo, la primera traducción española tarda en ser publicada. La novela fue prohibida por la censura, cayó en el Index y se publicó en París en 1803, según informa Rusker apoyado en investigaciones de Ángel González Palacios sobre la censura española entre 1800 y 1833. Más tarde, en 1835, José Mor y Fuentes dio a la estampa su traducción que luego sería reimpresa en la colección Austral de Espasa-Calpe y antes revisada y corregida en 1934. Udo Rusker cuenta más de cincuenta traducciones de la novela sobre Werther hasta 1950. Además de la citada, Uranga pudo haber leído la editada por Hachette, sin fecha, de Francisco Rojas Peña, las de Luis Fernández Ardavin publicada en Madrid en 1917 para la Biblioteca Estrella; la de Wenzel publicada en 1918 para la editorial Barcino de Barcelona; la publicada por Ricardo Arias en 1941 en Buenos Aires por la editorial Atlántica; la anónima de la Editorial Juventud de Buenos Aires de 1934 o la de Rafael Cansinos Asséns de 1944-1950, entre otras. La traducción de Die Leiden des jungen Werthers (1774) que realizó José Mor de Fuentes y que lleva por título Penas del joven Werther puede ser consultada en Alianza Editorial, Libro de Bolsillo No. 131, prólogo de Rosa Sala Rose, Madrid, 1ª ed., 1975, 3ª ed., 2012, 197 pp. La edición incluye al final una serie de notas.

Se trataba de una literatura sentimentalmente subversiva, de una escuela trágica de la nueva sentimentalidad que cundiría por toda Europa y que sería adoptada por figuras como Lord Byron especie de reencarnación de Werther a quien por cierto Goethe admiraría aunque durante muchos años guardó distancias con su trágico héroe. A partir del momento en que Goethe decide dar la espalda al romanticismo encarnado en Werther, inicia una búsqueda en la que se concilian de un lado las ideas panteístas de Spinoza y antes las de los investigadores y pensadores medievales como Paracelso y del otro la sed de una nueva objetividad, (de un nuevo sentido del tomar posesión del mundo) de un renovado clasicismo, de un afán de investigación científica en el mundo natural, sin dejar de lado nunca la exploración de los sentimientos observados en sí mismo y en los otros y explorados ya sea en el teatro, la poesía o la novela. Alfonso Reyes tituló a su biografía: Trayectoria de Goethe. Una trayectoria es en primer lugar una voz que supone desplazamientos, cambios, viajes. Curiosamente la Trayectoria de Goethe refiere la historia de un hombre que hace todo por no cambiar de lugar y quedarse en el mismo sitio: el lugar de la escritura, el espacio de la contemplación, el punto donde la inteligencia se encuentra a sí misma. El Goethe de Reyes es muy distinto a otros, como el de José Ortega y Gasset quien reprocha al alemán su hieratismo y en cierto modo su pasividad espiritual debajo de un activismo mundano. Es evidente por muchas razones que para Reyes Goethe fue un modelo ético y estético, crítico y político, diplomático y hasta sentimental en aquello de cultivar adecuadamente los sentimientos… Cosa mal vista y peligrosa. El Goethe de José Gaos es distinto. De hecho quizá a Gaos no le interesa Goethe sino más bien su personaje: Fausto. A este aventurero que no duda en pactar con el mismo demonio le va a dedicar Gaos la lección número 26 de su Historia de nuestra idea del mundo. A Gaos le interesa en Fausto el tema de la razón y la realidad en la literatura. Este motivo lo estudia también en Cervantes y en El Quijote y en la filosofía de Heggel y de Kant pero será en el Fausto donde advierta aflorar los grandes temas musicales, por así decirlo, de la interminable o quizá terminada edad moderna. Seguramente este fue uno de los espacios delineados por la conversación entre Alfonso Reyes y Gaos sostenida a lo largo de muchas tardes como deja constancia el Diario.

No es que Goethe haya sido una suerte de Don Juan como el retratado por su admirado Byron y antes caracterizado por el teatro clásico español a través de Tirso de Molina; sucede más bien que, para vivir, Goethe necesitaba estar enamorado o en cierto estado de apasionamiento y encandilamiento afectivo capaz de mantenerlo vivo hablando en términos poéticos. Además Goethe es uno de los incansables historiadores de sí mismo, de su obra, de su época a través de sus escritos estrictamente autobiográficos y testimoniales como de sus composiciones narrativas, cuentos, cuadros, novelas, sagas que van desde Germán y Dorotea y El diálogo de los emigrados alemanes hasta el Ciclo de Wilhem Meister. El experimento del amor lleva de la mano a Goethe a pasar desde la composición que podríamos llamar ingenua, dolorosamente ingenua de Werther hasta la geometría trágica y quizás riesgosa y más aún casi perversa de Las afinidades electivas donde lo que está en juego es el intercambio amoroso, ahora se diría quizás swing, entre dos parejas. Después de Werther, el segundo grande éxito de Goethe fue la epopeya en verso titulada Herman y Dorotea, cuyo trasfondo son los baños de sangre de la Revolución Francesa que contrastan intensamente con la visión idílica de una pareja decidida a vivir la vida en lo posible feliz de la pequeña burguesía, por eso, desde su aparición en 1796, fue saludado como “el primer poema nacional” capaz de reflejar “la consciencia del pueblo” y mostrar el sentido de la historia “a la generación más joven”.[12]

 

III. La correspondencia de Emilio Uranga con Reyes consta de 28 escritas entre el 29 de enero de 1954 y marzo de 1957. A esas cartas debe añadirse de un lado la reseña que Uranga Escribe sobre el libro Trayectoria de Goethe y del otro los textos mismos sobre Reyes y sobre Goethe que se encuentran fuera de esta correspondencia alojados en las cartas que escribió entre 1952 y 1956 a Luis Villoro. En las cartas a Villoro se da un amplio recorrido de la, como dirían Reyes y Uranga, doxografía goethiana pero también aparecen comentarios iluminadores sobre Alfonso Reyes y sobre el paralelo que puede haber entre Goethe y Reyes. En las cartas a Reyes se da además una semblanza literaria del significado de la obra de Reyes vista por Uranga. La figura de José Ortega y Gasset se insinúa en la trama de Trayectoria de Goethe pero también en las cartas de Uranga a Villoro y ya no digamos en la reseña que hace Tomás Segovia del libro de Reyes sobre Goethe. No sé cómo explicarlo. Reyes y Goethe de un lado, Uranga, Ortega y Segovia del otro, y Luis Villoro siempre Luis Villoro como una ausencia magnánima, como una suerte de Dios o de ángel que manda a tiempo el dinero o las fotocopias y que representa la única amistad sobreviviente de aquel espejismo filosófico llamado el grupo Hiperión. En medio, la historia, la guerra, la vida cotidiana, las enfermedades, las distracciones, la falta de dinero, la beca que no llega, la devaluación del peso, el horror de la vida política, el hijo que nace, los viajes, las dificultades, los amigos que no cumplen lo prometido. Curiosamente en este mundo hay poco o ningún lugar para los sueños, poco o ningún lugar para las distracciones. No hay aquí lugar para el Manual del distraído de Alejandro Rossi a quien por cierto escribe Uranga desde Alemania y que a ella fue enviado por José Gaos para atender el seminario de Heidegger en Friburgo después de haber pasado su examen Cum Laude sobre la lógica de Hegel y el tema de lo irracional en la lógica de Hegel.

 

IV. Los nombres de los filósofos mencionados por Uranga se encuentran citados en el tomo XXVI de las Obras completas de Alfonso Reyes, que está dedicado principalmente a Goethe y donde se incluye la Trayectoria de Goethe entre las páginas 251 y 381, en las siguientes páginas: Kant: 63; 71, 104; 112; 206; 261; 324 a 326; 338 a 344; 380, 415, 451, 459, 460. Fichte: 11, 112, 143, 197, 324-326, 343, 344, 351, 450, 460. Moritz: 138, 218, 294, 297, 303, 312 y 333. Schelling: 112, 143, 218, 351. Hegel: 112, 143, 197, 222, 324, 327, 351, 376, 380, 419, 460. Schopenhauer: 11, 60, 119, 313, 376, 451. Habría que tener en cuenta en el estudio de las relaciones entre Goethe (1749-1832) y los filósofos citados la edad pues no pudo haber sido el mismo trato el que tuvo con Emmanuel Kant (1724-1804) quien era mayor que él o con Fichte (1762-1814) que era unos años menor o con la que tuvo con Arthur Schopenhauer (1788-1860) que era muchos años menor y a quien Goethe ciertamente trató con afecto pero también con condescendencia como queda expresado por el intercambio que ambos tuvieron en 1815, intercambio que Rüdiger Safranski en su libro Schopenhauer y los años salvajes de la filosofía (primera edición en alemán 1987; primera edición en español 2008, traducción de José Planells) califica como “una ‘lucha’ singular” (p. 248). En cambio Goethe tuvo una gran cercanía con la hermana de Arthur Schopenhauer, Adele, quien fue una de las primeras en reconocer el matrimonio de Goethe con Cristiana. Al hablar de la relación de Goethe con los filósofos además habría que puntualizar si se habla de la relación del poeta con la filosofía de esos autores o con su humanidad.

 

V. A Jorge Luis Borges, tan amigo de Reyes, no le suscitaba gran simpatía José Ortega y Gasset. Por otro lado, sus relaciones con Goethe fueron singulares. Borges pone el nombre de Goethe en un lugar por demás sensible de su cuento “El jardín de senderos que se bifurcan” (1941), donde se da el asesinato de un personaje que estuvo al nivel de Goethe, que para él “fue Goethe”: “[…] yo sé de un hombre de Inglaterra —un hombre modesto— que para mí no es menos que Goethe. Arriba de una hora no hablé con él, pero durante una hora fue Goethe […]”.[13] Esta sensible cita, como recuerda el crítico puertorriqueño Arturo Echavarría, remite a su vez a una de las conversaciones de Eckermann con Goethe el 31 de enero de 1827:

—En estos días desde que no lo vi a usted he leído muchas y diversas cosas. Sobre todo, una novela china que sigue ocupándome aún y que me parece altamente notable.

—¿Una novela china? —dije yo. —Debe lucir muy exótica.

—No tanto como se podría pensar —dijo Goethe—. La gente piensa, actúa y siente casi como nosotros y uno se siente pronto como uno de ellos. Pero allí es todo más claro, límpido y más moral […]

—Pero —dije yo— ¿Quizá esta novela china es una de las más excepcionales?

—De ninguna manera —dijo Goethe—. Los chinos tienen miles de este género e incluso las tenían ya cuando nuestros antepasados todavía vivían en los bosques (Eckerman, s. d.: 178-179)[14]

Goethe era el arquetipo de las facultades del hombre occidental pero también el arquetipo de Alemania, de la incómoda Alemania que había pasado por la guerra.

 

VI. Goethe fue para Alfonso Reyes un modelo vital, literario, editorial y aun civil y político. La filología y el arte de vivir de ambos les ayudaron a construir a cada uno un espacio editorial y libresco que fue y es también un techo y una brújula para las generaciones que están por venir.

 

Texto leído en la Capilla Alfonsina el jueves 2 de marzo de 2017 en el marco del seminario “Alfonso Reyes: Del archivo a la tertulia”, con la presencia de Alicia Reyes, Alberto Enríquez Perea, Rosa Pretelín y Cecilia Uranga. Forma parte de Años de Alemania de Emilio Uranga, obra que será editada en México por el sello Bonilla y Artigas, el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM y el Gobierno del Estado de Guanajuato.

 

NOTAS

 

[1] OC, t. I, México, FCE, 1996, pp. 86-88.

[2] Sobre la relación entre Alfonso Reyes y José Ortega y Gasset véase el “Epistolario (1915-1955)”, Primera parte, presentación y edición de Sebastián Pineda Buitrago, en Revista de Estudios Orteguianos, director Javier Zamora, 32, mayo de 2016, pp. 55-85 y Segunda parte, 33, noviembre de 2016, pp. 27-88.

[3] Revista de Occidente, director José Ortega y Gasset, “Centenario de Goethe”, Año X, N. CVI, abril de 1932. Incluye: José Ortega y Gasset “Pidiendo un Goethe desde dentro. (Carta a un alemán)”, José Miguel Sacristán “Goethe, según la psicopatología”, J. W. Goethe “La nueva melusina”, Antonio Espina “Apuntes al Werther”, Manuel G. Morente “Goethe y el mundo hispánico”, Máximo José Kahn “La curva simbolicogeográfica de la vida de Goethe”.

[4] Hay dos posibilidades de escribir esta palabra: “goetheana” y “goethiana”, Reyes prefiere ésta última.

[5] Diario 1951-1959, México, FCE, 2015, p. 225.

[6] Alfonso Reyes, Diario 1951-1959, edición crítica, notas y fichas biobibliográficas de Fernando Curiel Defossé, Belem Clark de Lara y Luz América Viveros Anaya, México, FCE, 2015, pp. 289-290.

[7] María Zambrano, Escritos sobre Ortega, edición, introducción y notas de Ricardo Tejada, Madrid, Trotta, 2011, pp. 222-227.

[8] Sobre la correspondencia de María Zambrano con Alfonso Reyes y el tema del olimpismo, véase “‘El indio que llevo dentro no me deja hacer filosofía’. Epistolario sostenido por Alfonso Reyes y María Zambrano” en Adolfo Castañón, Alfonso Reyes: caballero de la voz errante, México, AML, Juan Pablos Editor, UANL, 2012, pp. 405-410.

[9] María Zambrano, Escritos sobre Ortega, op. cit., pp. 226-227.

[10] En “Un amigo en tierras lejanas”, Alfonso Reyes correspondencia Werner Jaeger (1942-1958), estudio, edición y notas de Sergio Ugalde Quintana, El Colegio de México, colección Testimonios, 2009, p. 85.

[11] Udo Rusker, Goethe en el mundo hispánico, traducción de Carlos Gerhard, Madrid, FCE, 1977, p. 88.

[12] Carta de Carl August Böttiger a Goerg Joachim Göschen del 28 de diciembre de 1796 en Siegfred Unseld, Goethe y sus editores, traducción de Rosa Pilar Blanco, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2000, p. 178.

[13] En Arturo Echavarría, El arte de la jardinería china en Borges y otros estudios, Madrid, Iberoamericana, Vervuert, 2006, p. 42.

[14] Íbidem, p. 43.

 

Castañón. Poeta, traductor y ensayista. Es autor de más de 30 volúmenes. Los más recientes de ellos son Tránsito de Octavio Paz (2014) y Por el país de Montaigne (2015), ambos publicados por El Colegio de México. Premio Xavier Villaurrutia 2008, Premio Alfonso Reyes 2018 y Premio Nacional de Artes y Literatura 2020. Creador Emérito perteneciente al SNCA. Twitter: @avecesprosa

 

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Posted: November 9, 2021 at 9:38 pm

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