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De niño héroe a rapero rápido y rabioso

De niño héroe a rapero rápido y rabioso

Ana V. Clavel

Quien lucha con monstruos debe tener cuidado para no resultar él mismo un monstruo. Si miras largamente el abismo, el abismo terminará por mirar dentro de ti. Nietzsche

El hombre es una creación de deseo, no una creación de necesidad. Bachelard

Juan Bautista Pascasio Escutia y Martínez nunca hubiera podido imaginar su destino más allá de la muerte. Nacido en Tepic un 23 de junio de 1822 y muerto supuestamente durante el asalto de las tropas norteamericanas al baluarte de Chapultepec un 13 de septiembre de 1847, es conocido como uno de los “niños” héroes (saque usted cuentas, tenía 25 años cumplidos, así que niño para nada, más bien joven adulto), esos paladines necesarios para forjar el mito de una patria en formación como lo era el México del XIX –y lo sigue siendo ahora.

Sin embargo, la revisión histórica no ha encontrado registro de su nombre entre los cadetes que defendieron Chapultepec, por lo que se piensa que fue voluntario de último minuto. Con ánimo desacralizador, me decía mi hermano mayor cuando éramos niños nosotros sí: él de 12, yo de 9, que Juan Escutia no se había arrojado en un suicido heroico, sino que las balas lo habían alcanzado cuando huía y que al caer quedó cerca del lábaro patrio. Como sea, el asunto es que lo de la bandera guarecida en el pecho de un militar joven, sucedió unos días antes, el 8 de septiembre, en un lugar cercano: Molino del Rey, no en el castillo de Chapultepec, y el protagonista fue un “mocetón arrojado”, subteniente del Batallón Mina, Margarito Zuazo, según lo refiere el escritor Guillermo Prieto, contemporáneo de los hechos. Pero la leyenda le dio el laurel de héroe a Juan Escutia y a Zuazo ni las gracias, porque ya se sabe, los verdaderos héroes no siempre se encuentran en la historia oficial.

Juan Escutia, periodista desaparecido

En la delirante y extraordinaria novela de Cristina Rivera Garza, La cresta de Ilión (2002), se refiere entre muchos hechos y personajes que no son lo que parecen, narrativa de distorsiones y verdades falsas que amplían el horizonte de lo real y su simulación, la historia de un hombre recluido en un hospital para enfermos terminales de una ciudad lejana. Su nombre: Juan Escutia, al parecer un periodista al que la autoridad exilia en calidad de indeseable y cuyo supuesto suicidio posterior arrojándose de un ventanal permite entrever la confabulación de una maquinaria perversa y represora. Además de la presencia de personajes como la verdadera Amparo Dávila, en alusión a la escritora mexicana de relatos fantásticos, y las varias falsas Amparos Dávilas, así como de personajes traidores y traicionados que se sitúan en un tablero de agresiones y resistencias para resguardar una identidad propia desconocida más allá de los límites de la lógica y del lenguaje, el uso del nombre y la leyenda inminente detrás del personaje llamado Juan Escutia por parte de Rivera Garza, es a todas luces una deconstrucción logo-mitológica de la “verdad”, con sus muchas capas y estratos demenciales. (Y en lo que va de nuestro breve recorrido por el nombre de Juan Escutia, una mirada desestabilizadora y plagada de ironía: de falso niño héroe a periodista suicida que defiende con su vida una verdad que nunca conoceremos.)

Juanito Bananas

Pero he aquí que llega en nuestros días digitales, de redes sociales y canales de música y video, un rapero que se hace llamar Johnny Escutia, también conocido como el «King de la Furia», con reggaetones que hacen una apología de la peor violencia feminicida, cargada de odio, desprecio, saña, violación, pedofilia, necrofilia, crimen y muerte. Al parecer llevaba años, al menos ocho, haciendo circular sus letras perturbadoras pero muy recientemente Spotify censuró sus canciones ante la solicitud tumultuaria de usuarios que condenaron sus amenazas a una youtuber adolescente a la que también le dedica una pieza.

Gustavo Ramírez, nombre verdadero de Johnny Escutia, nacido en 1972 en Moyahua, Zacatecas, pero que reside actualmente en Europa, según uno de sus entrevistadores, ya se disculpó públicamente diciendo que todo había sido un “chiste local entre raperos”. Para no hablar sin conocimiento de causa hice una búsqueda de algunas de sus rolas. “Perra difícil”, “Violación suprema”, “Perra mugrosa”, “Ciberputitas”, “Viólala”, son títulos elocuentes que se mencionan en notas de portales informativos, pero que ya no es posible reproducir. Por comentarios a los videos suprimidos me di cuenta que había uno dedicado al crimen de Íngrid Escamilla, la mujer desollada y destazada por su pareja, supongo que era alguno de estos dos títulos: “Carne fresca” o “Sin tu piel”, pero no están disponibles, sólo la foto de un taquero con la cara de Escutia frente a una parrilla y un cabrito abierto en canal a las brasas.

No me gusta hablar de lo que no conozco, así que seguí buscando hasta dar con el video dedicado a Yuya, la youtuber en cuestión, censurado por Spotify pero subido mediante otra aplicación. Entre sus frases: “Hola, perra, ¿quién eres? … Sueño que te la meto, me vengo y me tragas. Te la meto y tú gritas con tu voz de niña, simulación de pedofilia. Y todos tus tubes no salvarán tu vagina. Te ves bien chiquita, dime dónde te mojas, dónde te pica. Yuya yo te quiero con pasión, o cooperas o te juro que serás otra perra que murió. Por internet yo te vi, se me puso bien duro a mí el pilín … Yuya, voy a violarte y también a tu madre…” Y la declaratoria de brama, estupro y muerte sigue por el estilo, aderezada con palabras que, si pusiera aquí, automáticamente me censuran los motores de control de cuentas de Facebook y Twitter. Lo que pasa con la música estridente o machacona es que difumina las palabras, la nula calidad –digo hasta para insultar se puede tener nivel y manejo del lenguaje— queda menos evidente, pero si se extrae del contexto ruidoso y repetitivo, es verdad que el nivel de construcción, léxico, ingenio es pobre. Muy pobre.

Pero no todas las canciones de este rapero rápido y rabioso que es Johnny Escutia van dedicadas a las mujeres, a quienes confiesa, en una entrevista, amar, lo mismo que a su propia madre. Una que circula con toda libertad en Youtube es “Música bananera”, canción videograbada en plena Plaza de la Constitución, con la bandera nacional ondeando al centro. Un fragmento: “Si tus neuronas son pocas, y tú quieres cantar, pues dedícate al reggaetón. Si te gusta actuar como un simio y tener chusma como tus fans, pendejadas que hablen de sexo, o youtubadas debes grabar”.

Johnny Escutia en el país de los soñadores rápidos y precoces

Entrevistado a raíz de la polémica y censura que desató la canción de Yuya, Johnny Escutia no se pinta a sí mismo como ningún niño héroe nacional. Y no argumenta mal cuando habla de que sus letras son fantasías, bizarras, incómodas, brutales, pero fantasías. Y cita a Stephen King y sus historias de horror: son fantasía, ni modo que lo arresten por imaginar. Arguye que el dark metal en inglés suele tener contenidos mucho más violentos, pero que la gente no los condena porque no se da cuenta de lo que dicen.

Ajá. Pero Johnny Escutia no es para nada ingenuo. Sabe de sus seguidores y la naturaleza violenta que se agazapa detrás de la rabia, la rebeldía, la frustración. Hay por ahí incluso una Secta del Fin de la Furia, integrada por hombres pero también mujeres, que se encarga de trollear y amenazar soezmente, vía ciberacoso, a quien se meta con el Santo Niño Héroe de la Furia, o simplemente infrinja leyes tácitas como el que las mujeres no pueden ser raperas –y mucho menos, buenas–. Ha sido el caso de Audry Funk y Ximbo, a quienes entrevistó recientemente la periodista Jacaranda Correa en la barra de Debate22. Frente a las amenazas explícitas de trocearlas, descuartizarlas y ponerlas en bolsas, ambas raperas, pertenecientes también al colectivo #Mujerestrabajando, señalan que han interpuesto una demanda judicial. Y declaran enfáticas que no se trata de espantarse en términos morales o mochos, sino del respeto elemental de sus propios derechos humanos, como personas y como mujeres. Un ataque y trolleo que ha persistido durante años pero que no es posible erradicar por la laguna en términos legales en materia de acoso y maltrato en internet y redes sociales.

La mayoría condena a Johnny Escutia, aka «King de la Furia». Otros, muy pocos, defienden su derecho a la libertad de expresión. Algún otro habla de los orígenes callejeros del rap y la cultura marginal del hip-hop, que sus letras suelen ser violentas, brutales y perturbadoras, como el pandemónium a que ha dado origen sobre todo la desigualdad económica y social de nuestro mundo cada vez más polarizado. Detrás de toda la megalomanía feminicida desplegada hay sin duda una furia y una rabia de resentimiento colosal.

Definitivamente es condenable la violencia de las letras del King de la Furia, sobre todo porque invitan a perpetuar los esquemas de degradación de la vida y desprecio por las mujeres. Reconozco que la “propuesta literaria” de sus canciones deja muchísimo que desear —de hecho, creo que la idea es que no la haya: deliberadamente, y me temo que inevitablemente también, la idea es ser mal hecho y vulgar como cualquiera—. Pero el asunto es mucho más complejo. Me parece que si un tipo es capaz de mofarse de todo, de sí mismo y de los que son como él y lo siguen, hay que mirarlo con más cuidado. Si es también capaz de usar en este contexto un nombre con el historial mítico de Juan Escutia, y volverlo subrepticiamente tema de provocación al sugerirnos que Juanito Escutia es como muchos hijos de vecina, con delirantes y apremiantes fantasías de exterminio y grandeza, rápidos, sin esfuerzo, rabiosamente frustrados por una realidad que los multiplica de a montones, creo que estamos ante un sujeto que espejea muchos de nuestros abismos como sociedad. Compleja situación la que nos plantea su sarcasmo brutal como escuela para el odio y la indolencia, en un México herido por tanta violencia criminal, feminicida, infanticida, de desaparecidos, de poderes fácticos perversos, sepulcros blanqueados y falsos héroes.

 

Ana V. Clavel es escritora e investigadora. Ha obtenido diversos reconocimientos como el Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen 1991 por su obra Amorosos de Atar y el Premio de Novela Corta Juan Rulfo 2005 de Radio Francia Internacional, por su obra Las violetas son flores del deseo (2007).  Es autora de Territorio Lolita, Ensayo sobre las ninfas (2017), El amor es hambre (2015), El dibujante de sombras (2009) y Las ninfas a veces sonríen (2013), entre otros. Su Twitter es @anaclavel99

 

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Posted: May 24, 2020 at 9:06 pm

There is 1 comment for this article
  1. Juan José Escofet Carmona at 8:13 pm

    Escribo esto sabiendo que no la va leer la autora de este texto, pues sus palabras apestan a feminazismo y como todas las académicas viven solo escuchando a su harén de admiradoras. Y no, no soy Gustavo o Johnny Escutia.
    Lo que quiero hacer es responder al texto, a lo que yace en el fondo y mueve los hilos de su pensamiento (de usted, de ti). Curioso que inicie citando a Nietzsche, una persona que ahora sería deleznable y linchado por las feministas, ora por su adicción a las drogas o su afición a los trios sexuales. Pero es un buen personaje que me sirve a mi para explicarme. Cuando hablamos de ese tipo de música, nos tenemos que ubicar en el discurso marginal y de barbarie, no es gratuito que ese género se haya gestado en las comunidades negras, donde a la usanza de Marx, se uso los elementos de burguesía para decir las cosas. Y como Caliban tejen su discurso, mal rimado, y como usted dice: “on la música estridente o machacona es que difumina las palabras, la nula calidad –digo hasta para insultar se puede tener nivel y manejo del lenguaje”. ¿Hasta aquí estoy haciendo apología? Yo pienso que genealogía, sino es que soy un bruto. Volviendo. Nos ubicamos en el discurso marginal, apenas inteligible. Pero un discurso así adquiere fuerza según los tiempos, el rap, las liricas del siglo de oro español, o los corridos y sus hermanos los narcorridos, son parte de otra cosa. Entre estos dos últimos géneros de música yace un abismo temporal. ¿Pero que es lo que obliga a estos deleznables discursos aparecer?, se preguntara usted o un normie. Extacto, los discurso del centro y hegemonicos. Nacen del rechazo social. Hoy el feminazismo es el discurso hegemonico, el que creando victimas se apodero del corazón y mente de los ignorantes, mandando a los terrenos del abismo a hombres y mujeres incapaces o necios para aceptar una metafisica absurda basada en la idea del patriarcado. Absurda porque más allá de la dicotomia amo-esclavo, en lo que se ha denominado machismo (sin razón alguna) las mujeres participan de una relacíón dialectica con el hombre, que muestra en su ser, los principios biologicos de ambos. Pero la existencia de una idea surgida de algunas mujeres furiosas por ser incapaces de algunas cosas, se inventan estas psudoestructuras que toman fuerza con Marx, y de allí una linea recta, donde pasa por un frustado asesinato a Andy Warhol por una mujer con problemas mentales, incapaz de desarrollar habilidades (¡imagínese que yo mate a rector de la Soborna de Paris, por no aceptar mi candidatura¡), y desemboca a la infamia actual que cobra vidas, pienso que los suicidios provocados en las falsas denuncias. ¿Supongo que las feministas velan por esto tambien? (Ya sé que no). Y es entonces que esta ideología (conjunto de ideas para alcanzar el poder, por un grupo) se aprovecha de las incapacidades de algunas mujeres, de los abusos (las verdaderas victimas no andan marchando, usted lo sabe), la cruda realidad que subyace en la trata de personas, la supuesta brecha salarial (pero solo en el sector servicios) y lo que usted guste y mande. Así se conforma un ideario, que más o menos es el mismo, pese que hablen hasta el cansancio de su interseccionalidad y las variantes del feminismo, que si el negro, el blanco, el lesbo, el azul, el rojo, el morado….y surge toda una estetica, una moral, una forma de hablar….en fin un ethos feminista. En este ethos dicta lo que debe ser y lo que no. Así tejido desde la academia, se infiltra en las universidades, como el fantasma de Marx, vendiendo la salvación y el acceso al poder o al puesto de sus sueños a cambio de caminar por la calle más bonita de la ciudad un 8 de marzo portando un pañuelo verde. Pues nadie puede ponerse en contra de la niña triki explotada sexualmente (aunque a sus 20 años no sepa que es el feminismo). El caminar por las mejores calles no hace sino mostrar como esta ideología solo sirve para un sector social: la clase media, la misma que ocupará puestos públicos y algún cargo mediocre una empresa de corta existencia. Pero no importa, ya existe una forma de pensar bien fija en la sociedad. No hombres blancos, ni ricos, ni heterosexuales, ni rostros bonitos, como si el nacer así fuera una elección. Pero lo bueno que solo hombres, porque mujeres así pueden nacer siempre y es mejor, que sean bonitas, ricas y con educación superior. Y mejor que tengan miles de seguidores en twitter, y si no lo tienen, se hacen uno, y son pobres que compren una ropita en oferta para parecerse a las linduras feministas con miles se seguidores. Es lindo y excitante que el trabajo que tanto esfuerzo le costo, este dando resultados. Rita Segato es la primera en saltar de felicidad, luego le siguen otras igual de feas y gordas. La estética dicta que ahora tienen que verse rudas, y si están tatuadas mejor, no importa si es bonita o gorda, todo suma. Ahora nosotras, nosotres (podemos reducir el lenguaje y los limites del pensamiento). La revolución a cambio de un like. Nadie quiere quedarse fuera de esto, salvo los retrogadas, los machirules, los potenciales feminicidas, los que cogieron con otra borracha en el baño del bar, los que viven en poligamia y no en poliamor. Es facil crear un enemigo común, el enemigo publico más facil, hace falta hacerme pasar como mujer y decir que X me violó. La presunción de verdad en todo su esplendor. Yo no puedo poner en duda eso, porque soy igual y peor. Y si dice algo: resentido: acosador: pero que narcotraficante y Ted Bundy. La ola de rabia se apropia de todes. Esos otros deben morir y si hablan son el diablo. Ahora se ha creado un enemigo, un Otro, que no tiene el derecho de replicar. Porque el feminismo es el guardian de la sociedad, y Policia del Pensamiento. Y si no puedo hacer que la niña explotada sexualmente este en un lugar seguro, no llevo mi marcha a la Merced, sino puedo hacer eso mejor me quedo en casa y me conecto a mi cuenta de Twitter, donde etiqueto a la SSPC y me responde, reporto a los niños de 15 que comparten porno. Porque la moral revolucionaria ha modificado los habitos sexuales, así como el Islam y el haram, el deber ser y el no ser. Así nace el discurso de Caliban, marginal, vociferado, el del perdedor y retrograda, es el peligrosos sobre todo, porque si alguien escucha ese discurso puede identificarse. Pero ese discurso no es invento de hoy, ya existe, aveces son menos los marginados, aveces más, es histórico. Y hoy el feminismo ha creado muchos marginales, y yo que veo el futuro, auguro que serán más. Estados Unidos y sus shooters “incels”, Argentina y sus neonazis, Brasil y sus chaneros, son nuestro futuro. El feminismo creo al monstruoso Elliot Rodger. Usted puede seguir dando like, compartiendo, diciendo que es una lucha entre el bien y el mal. Las niñas explotadas de la Merded, de Tlaxcala, no escuchan los pasos de la marcha feminista, porque esta sucede lejos y no les importan.

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