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Día de confinamiento #1440

Día de confinamiento #1440

Efraín Villanueva

Hace apenas unas semanas inició el aislamiento voluntario en Alemania.

Berlín estableció líneas guías para la contención y cada uno de los dieciséis estados de la federación es libre de definir cómo implementarlas y las multas para los transgresores. Pero, en general, la situación es más o menos similar en todo el país.

Las empresas en capacidad de ello enviaron a sus empleados a trabajar desde casa. Escuelas y universidades han hecho lo mismo con sus estudiantes y las clases continúan remotamente. Todo evento público ha sido cancelado. El comercio se ha reducido a quioscos, mercados locales, droguerías, restaurantes con servicio a domicilio o de recogida y supermercados –a estos últimos se les ha levantado, temporalmente, la prohibición de abrir los domingos. Solo se debe salir de casa si es necesario, máximo en parejas, y manteniendo un mínimo de dos metros de distancia con los demás. Las tiendas virtuales continúan en línea, algunas priorizando el envío de artículos de primera necesidad. Los servicios de streaming (Netflix, Prime Video, YouTube, entre otros) han reducido la calidad de sus transmisiones en Europa para prevenir la disrupción de Internet. En la ciudad en la que vivo se decidió que los trenes y buses empezarán a operar con la frecuencia perezosa de los domingos.

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El encierro ha traído irrupciones a la vida ordinaria:

Padres enfrentados a su propia creatividad para cuidar y entretener a sus hijos como si cada día fuese un sábado.

Parejas que recién se enteran de que su relación se sostenía gracias a la separación otorgada por sus horas laborales.

Nuevos glotones empujados a visitas asiduas a la cocina.

Oficinistas que siempre desdeñaron la compañía de sus jefes y compañeros de cubículos y ahora intentan descifrar, frustrados, las marañas del trabajo desde casa.

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Para otros, la situación puede ser mucho más peligrosa.

Parejas e hijos sometidos a la presencia constante de un compañero abusivo, alcohólico o drogadicto.

Personas con síndromes psicológicos intolerantes al aislamiento.

Ciudadanos que dependen de servicios sociales o indigentes sin un hogar en el que refugiarse –la de estos últimos es una crisis gravísima, manejada con negligencia durante años por las autoridades alemanes.

Propietarios de pequeños negocios.

Pienso en Colombia, que sí ha declarado una cuarentena obligatoria a nivel nacional. Un país en donde la supervivencia diaria de seis millones depende de los pesos que logren ganar día a día y la injusticia de sus vidas podrá ser aliviada, pero nunca solucionada, con mercados gratuitos. En donde no todos pueden seguir las recomendaciones sanitarias de la pandemia porque el agua potable y los acueductos son un privilegio.

* * *

Ninguna experiencia personal, sin embargo, anula la ajena.

Mientras el resto del mundo se prepara o intenta acoplarse al encierro, para mí poco ha cambiado. Este es el día número mil cuatrocientos cuarenta del confinamiento al que me rendí a mi llegada a Alemania. Lo celebro zufrienden, a pesar de, y también por, los trastornos que la presencia de Sabeth, ahora que trabaja desde casa, ha introducido a mi rutina.

Cargamos y activamos el lavavajillas con una frecuencia mucho mayor y las quinientas cuarenta y seis cápsulas de detergente que compré hace un año ya no parecen demasiadas.

He sustituido el porno solitario por sexo diurno –Larry David tiene razón: deberíamos tener sexo solo mientras haya sol, cuando contamos con mayor energía.

Más descargas del inodoro y mayor cuidado, y frecuencia, a la hora de lavarnos las manos.

Incremento en el uso de desinfectantes, agua, electricidad y gas.

Más preparación de comidas en casa llena las canecas de basura y reciclables mucho más rápido.

Más consumo de alcohol porque empiezo a beber más temprano.

Menos escritura porque la compañía de Sabeth será siempre, para mí, una invitación a lo festivo.

* * *

Termino el día revisando el mapa de la pandemia del John Hopkins.

En Alemania: veintiséis mil infectados, noventa y cuatro muertes, doscientos sesenta y seis recuperados.

En Colombia: doscientos treinta y cinco infectados, tres muertes, dos recuperados.

 

Efraín Villanueva. Escritor colombiano radicado en Alemania. Su primer libro, Tomacorrientes inalámbricos (2018), fue galardonado con el Premio de Novela Distrito de Barranquilla. Su primera colección de cuentos, Guía para buscar lo que no has perdido 2019), fue ganadora del Concurso Nacional de Cuentos de la Universidad Industrial de Santander. Sus trabajos han aparecido, en español y en inglés en publicaciones como Granta en español, Revista ArcadiaEl HeraldoVice Colombia, Literal MagazineRoads and KingdomsLittle Village Magazine, entre otros. Su Twitter es @Efra_Villanueva

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Posted: March 29, 2020 at 9:08 pm

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