La expropiación petrolera según Evelyn Waugh
Tanya Huntington
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En una serie de columnas anteriores dedicadas a Graham Greene, me enfoqué en su aproximación particular al género de la crónica del viaje: un manuscrito financiado por partes interesadas no en ampliar los horizontes de sus lectores, sino en convencerlos de una postura política concreta. Los caminos sin ley fue el resultado de una comisión editorial para defender el catolicismo después de la separación de iglesia y estado bajo la Constitución de 1917 y la subsecuente Ley Calles de 1926. Mas Greene no fue el único autor británico de esa generación en recibir compensación por moldear la opinión pública con respecto al México del temprano siglo veinte: lo acompaña Evelyn Waugh. El título por encargo de Waugh, Robo al amparo de la ley, comparte con el de Greene la visión de México como una nación posrevolucionaria desprovista de justicia, en la cual la promesa porfiriana civilizada de orden y progreso se había desvanecido para dejar en su lugar la anarquía y la barbarie. En ambos casos, los títulos transmiten no la consumación de una evaluación imparcial, realizada a partir de las observaciones sensibles del cronista, sino la contundencia de un veredicto predeterminado.
Ahora bien, recibir un adelanto no necesariamente significa venderse. Escribir un libro es un proceso dilatado, y los autores requieren de algún apoyo financiero para lograrlo. Las becas son, por ejemplo, una buena manera de sostener un proyecto previamente delineado. Otros tipos de comisiones cuasi literarias incluyen los así llamados coffee table books: álbumes profusamente ilustrados que destacan las colecciones privadas o proyectos personales de benefactores afluentes. Mas ¿dinero en efectivo por anticipado y un viaje todo pagado a cambio de una larga diatriba que argumenta a favor de los intereses económicos de sus patrocinadores? En retrospectiva, incluso las comisiones religiosas o reales de textos ideológicos como el de Greene disfrutan una tradición longeva; el encargo de Waugh, en contraste, resulta bastante raro y hasta chocante en una época moderna donde se aprecia la independencia de reflexión y de opinión.
Al recibir un avance de su editor en Longmans, Tom Burns—un partidario notorio de la Iglesia Católica de Inglaterra—, Greene fue encargado con la misión explícita de viajar a México y redactar una crónica de la persecución que sufrían los católicos allí. Era desde luego un tema urgente para los miembros de esa fe: desde su punto de vista, la Iglesia había sido bruscamente separada del Estado, lo cual implicaba además la separación de este antaño pilar de la sociedad mexicana de su riqueza e influencia hegemónicas. Existen rumores, mas no pruebas concretas en el sentido de que fue la Iglesia Católica la que financió Los caminos sin ley a través de Burns. Tampoco sabemos la cantidad precisa del pago. Por lo tanto, podemos concluir en el caso de Greene que los adelantos no son una práctica ni insólita ni particularmente rara, y dejarlo allí.
Se sabe, en contraste, que la familia aristocrática Pearson presentó a Evelyn Waugh con una cifra muy generosa a cambio de un encargo paralelo: la defensa de sus intereses empresariales como fundadores de la Mexican Eagle Oil Company. Eso, a raíz de la expropiación petrolera decretada por el presidente Lázaro Cárdenas en 1938, la cual eliminó el control extranjero sobre el oro negro.
Sin embargo, por extraño que parezca, resulta que la comisión de una obra como Robo al amparo la ley no era ninguna anomalía. Después de la devastación de la primera guerra mundial, varios líderes industriales recurrieron a la comisión de estudios históricos como una estrategia para suavizar la opinión pública con respecto a sus actividades rapaces como robber barons. Existen ejemplos contemporáneos de tales estudios dentro del contexto de la postguerra que fueron enmarcados como independientes y que, en realidad, fueron patrocinados por la familia Rockefeller, o Standard Oil, o la industria ferrocarrilera. Este nicho evolucionó como un intento de contrarrestar críticas socialistas de los excesos de la industrialización en defensa del capitalismo –especialmente después del colapso económico y la necesidad generalizada causados por la Gran Depresión. Tal fue la misión de Waugh: crear, según el subtítulo del libro, una “lección práctica desde México”.
Este es un libro político; su meta, a grandes rasgos, consiste en examinar un solo problema; cómo fue que el verano pasado una pequeña república casi sin amigos jubilosamente llamó de vuelta a su ministro desde Londres y, más importante aún, por qué la gente de Inglaterra pensó lo que pensó acerca del suceso; por qué, por ejemplo, el sentimiento patriota explotó como indignación cuando una nave de carga –británica solo en nombre, que comerciaba en contra de la recomendación oficial—fue hundida en aguas españolas, y permanecieron indiferentes cuando una industria británica rica y esencial fue abiertamente robada en tiempos de paz.[1]
Su descripción de México como “pequeño” y “casi sin amigos” amerita una mayor discusión, pero por el momento parece claro que, en este libro, en lo que toca a la antaño Nueva España, Waugh pretende invocar la clase de sentimiento imperial que alguna vez inspiró la rivalidad entre la corona inglesa y la española. No se trata, en otras palabras, de una simple crónica de viaje, sino más bien una jeremiada que profetiza el colapso inminente de México sin el sostén que aportaban las inversiones infraestructurales de la Gran Bretaña.
El tema de la expropiación fue también, por supuesto, uno de gran relevancia económica. Incluso hoy día, gran parte de los conflictos que achacamos a diferencias ideológicas o religiosas pueden entenderse mejor si levantamos la capa superior para revelar lo que yace por debajo: los combustibles fósiles. El carbón reinó como una fuente energética durante el arranque de la Revolución Industrial. Después de la invención del motor de combustión interna, la importancia del gas y del petróleo crecieron paulatinamente hasta convertirse en un activo vital para cualquier nación. Para los años treintas, los automóviles y los camiones ya se estaban fabricando en masa como la forma principal de transporte de la humanidad y sus bienes, además de los trenes, las naves y hasta los aviones. Actualmente, al proveer alrededor del 80 por ciento de la demanda energética mundial, los combustibles fósiles siguen siendo el ímpetu principal de la economía global, y así continuará hasta que logremos ajustar su paradigma hacia fuentes energéticas más verdes.
Es decir: en la época de Waugh igual que en la nuestra, magnates petroleros como los Pearson se contaban entre las élites más poderosas y ricas del mundo. En cuanto al propio Waugh, era conocido como un hombre cuyos gustos extravagantes a menudo superaban sus ingresos. Mas no permitió que su discurso fuera predeterminado puramente por necesidad económica. Tanto Waugh como Greene destacan no solo por su enfoque compartido en México como un país sin ley, sino como figuras literarias que habían suscitado la admiración de los críticos por su promesa y talento –no como peleles corporativos o fanáticos religiosos contratados en un último intento desesperado por controlar la narrativa. No fueron mercenarios, sino creyentes fervorosos de sus causas respectivas.
[1] “This is a political book; its aim, roughly, is to examine a single problem; why it was that last summer a small and almost friendless republic jubilantly recalled its Minister from London, and, more important, why people in England thought about this event as they did; why, for instance, patriotic feeling burst into indignation whenever a freight ship – British only in name, trading in defiance of official advice – was sunk in Spanish waters, and remained indifferent when a rich and essential British industry was openly stolen in time of peace”, Evelyn Waugh, Robbery under Law, Penguin classics. edición Kindle, 6.
Foto de Danny Burke en Unsplash

Tanya Huntington (EUA, 1969). Artista, escritora y teatrera binacional. Su libro más reciente es En contra de las olas y otros ensayos (UNAM, 2026). Su cuarto poemario, Las muertes que he vivido, será publicado este año por el Fondo de Cultura Económica. Es doctora en letras latinoamericanas de la Universidad de Maryland en College Park. Su obra plástica ha sido exhibida tanto en EUA como en México, y seleccionada por foros de prestigio tales como la Bienal de FEMSA y la Bienal de Pintura Rufino Tamayo. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.
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Posted: September 21, 2026 at 9:59 pm







