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Claudia, la mejor
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Claudia, la mejor

Sergio Negrete Cárdenas

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Claudia Sheinbaum es una presidenta tan excepcional como incomprendida. Se le juzga con la dureza que todo gobernante amerita, pero con las métricas equivocadas. Contra viento y marea, ha sabido cumplir y es indudable que, con el temple que ha mostrado, lo seguirá haciendo en el futuro. Al cumplir un tercio de su sexenio, muchos esperan ese cambio radical, el golpe de timón, que llevan anticipando más de dos años, desde que era candidata y presidenta electa. No ocurrirá por más que la presionen, porque ella realmente tiene claridad en su rumbo y acciones.

Los parámetros erróneos

El error de muchos analistas es evaluar el desempeño de la presidenta como si fuese una gobernante como lo son tantos otros: ¿actúa como una demócrata?, ¿sus acciones buscan el bienestar del pueblo?, ¿el crecimiento de la economía es satisfactorio?, ¿se están fortaleciendo los sistemas públicos de salud y de educación?, ¿respeta la opinión de aquellos que la critican?, y un muy largo etcétera.

Porque esas personas parten del supuesto equivocado. Saben que Sheinbaum debe servir a quien la eligió. El error de fondo está en pensar que ella se debe y entrega a los millones que cruzaron su nombre en las boletas electorales en junio de 2024.

A quien la titular del Ejecutivo sirve con rendición y pasión es a quien la nombró candidata, a la persona que la señaló en forma inequívoca con un mal disfrazado dedazo. Andrés Manuel López Obrador la elevó desde la nada a lo largo de casi un cuarto de siglo hasta sentarla en La Silla presidencial. Sin el tabasqueño, actualmente Claudia Sheinbaum sería una mediocre académica más ocupando un cubículo en la UNAM, ya con su retiro y pensión a la vista tras un tránsito sin pena ni gloria por la Facultad de Ciencias.

Un apéndice como ninguno

A diferencia de todos aquellos diez priistas que fueron presidentes gracias al dedazo del presidente saliente (desde Ávila Camacho en 1940 hasta Zedillo en 1994), Sheinbaum Pardo fue un mero apéndice de su padre político a lo largo de toda su carrera pública. En política le debe absolutamente todo desde sus inicios hasta que se juró el cargo presidencial. Antes de AMLO era nadie, si acaso la esposa de uno de los líderes de un movimiento estudiantil al que ella se colgó sin destacar.

A diferencia de la decena de priistas, Sheinbaum no jugó sus cartas esperando ser la beneficiaria del dedazo para después desarrollar sus ideas y personalidad ya en Palacio Nacional –dispuesta incluso a deshacerse de su antecesor de forma sutil o abierta, según fuera necesario. Sheinbaum recibió la banda presidencial convencida no solo de que era la mera continuadora de un proyecto ajeno (“la transformación”) sino orgullosa de serlo. Sabía que se le heredaba la oficina pero no el poder o, en todo caso, el poder para hacer exactamente lo que mandara López Obrador. No reniega de su origen, lo enaltece a la menor oportunidad. Orgullosa presume los grilletes que la atan. Su razón de ser es la mejor continuación y defensa del proyecto obradorista, siempre con la mirada puesta en Palenque.

Sheinbaum sí cumple

Por ello, Claudia Sheinbaum es la presidenta ideal, la mejor que nunca pudo soñar su padrino. López Obrador mostró tener un ojo clínico extraordinario para detectar a quien mejor le serviría, sin desviarse del camino. Marrullero y traicionero (como puede constatar, entre muchos, Cuauhtémoc Cárdenas) evitó incluso nombrar como su sucesor a quien podía ostentarse como un hermano, Adán Augusto, ya no digamos quien ya se le había alebrestado en más de una ocasión y no dudaría en darle la espalda a su proyecto, Marcelo Ebrard.

Claudia no se rebela, adapta el proyecto cuando las circunstancias lo demandan, sobre todo ante Donald Trump. En ese sentido, se ve obligada a servir a dos amos, pero siempre tendrá prioridad a quien todo le debe. La mejor evidencia de ello es el gobernador (con licencia renovada) de Sinaloa, junto con la cancelada visa del hijo del patrón. Sheinbaum ha elevado ambos hechos nada menos que a una soberanía nacional mancillada que no está dispuesta a aceptar. Si debe doblegarse ante alguien, será ante quien siempre ha recibido sus reverencias.

No es la mejor presidenta para los mexicanos, nunca aspiró a serlo. Pero sin duda es la mejor para quien la puso donde está.

 

Sergio Negrete Cárdenas. Profesor del ITAM y autor del libro De AMLO a Sheinbaum: decadencia económica y conquista política que continuará“. Trabajó en el Fondo Monetario Internacional. Profesor en varias universidades de España y México, destacadamente la Universidad Pompeu Fabra y la Escuela Superior de Comercio Internacional, en Barcelona, la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién en la Ciudad de México. Doctor en Economía y Maestría en Economía Internacional por la Universidad de Essex. Diplomado en Política Exterior de Estados Unidos por la Universidad de Maryland. Licenciado en Economía por el ITAM y en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. X: @econokafka

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Posted: August 31, 2026 at 9:36 pm

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