La negación
Naief Yehya
|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Poco después se publicó una carta con más de 350 firmas de personalidades de la cultura y la política en su apoyo, que incluyen a Piedad Bonnett, María Negroni, Óscar Tusquets, Margo Glantz, Rodrigo Rey Rosa, Rodrigo Blanco Calderón, Santiago Roncagliolo, Fernando Savater
Han pasado ya varias semanas desde que el Festival Internacional de Arte Literatura y Humanidades Cultur_ ALH, de Granada retiró de la programación a la escritora argentina Ariana Harwicz por petición de la Red Universitaria por Palestina de Granada, debido a su postura ante el genocidio palestino. La reacción instantánea de la autora fue auto victimizarse y acusar de antisemitismo al festival, a los estudiantes propalestina, a los intelectuales, a las elites de la cultura y a cualquiera que no comparta sus certezas. Harwicz declaró que la habían echado por ser judía y por tanto que los organizadores mentían. Así, la negacionista del genocidio palestino que gusta de jugar a ser una enfant maudite recurrió a convertir su religión, identidad y origen étnico en un escudo de inmunidad para hacer declaraciones provocadoras e incendiarias en defensa de la conducta criminal de un ejército y servicios de inteligencia, así como para atacar a quienes suscriben la campaña de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra el estado de Israel.
Harwicz dijo que el Festival había cedido al “terror”. Las palabras deberían ser importantes para una escritora y al elegir esa puso en evidencia su desensibilización y deshumanización o total ignorancia de la condición de los palestinos gazatíes, que viven bajo un régimen de terror desde la ocupación de la franja por tropas israelíes en 1967 (la presunta salida del ejército invasor del estado de apartheid sionista en 2005 fue meramente una forma de convertir a Gaza en el campo de concentración al aire libre más grande del mundo). Usar esa palabra es particularmente hiriente si se considera que los habitantes de Gaza han sido víctimas del terror de estado desde la Nakba de 1948 y posteriormente en la primera intifada 1987-1993, la segunda intifada de 2000-2005, la Guerra de Gaza de 2006, la Operación Plomo Fundido de 2008-2009, la Operación Pilar Defensivo de 2012, la Operación Margen Protector de 2014, la Operación Guardianes de los Muros de 2021 y finalmente la devastación sin límites de la actual campaña por borrar toda construcción y expulsar a la población, que comenzó en represalia del ataque e insurrección en la que militantes armados de Hamás y otras organizaciones atacaron kibutz, cuarteles y un festival de música donde murieron 1200 personas y 1600 militantes palestinos, el 7 de octubre de 2023. Pero Harwicz cree que la hipocresía de quienes defienden a Palestina es tal que: “Les angustia terriblemente que no haya genocidio. Lo desean, desean que haya genocidio para confirmar su odio a Israel”.
La escritora piensa que Israel tan sólo se ha defendido de la insurrección de 2023 al infligir un castigo colectivo contra Gaza, despedazando a más de 74,000 seres humanos, aplastando todas las ciudades, pueblos, comunidades, hospitales, escuelas, universidades, sistemas de agua, panaderías, campos de cultivo, granjas, olivos. Más del 80% de las construcciones de todo tipo en Gaza están pulverizadas o en ruinas. La opinión de Harwicz, como la de otros negacionistas del genocidio palestino, contradice la certeza de historiadores israelíes que se dedican a estudiar el Holocausto y el genocidio, como Omer Bartov, que trabaja en la universidad Brown; Raz Segal, director del programa sobre el Holocausto y el genocidio en Stockton University; Amos Goldberg y Daniel Blatman, ambos académicos especialistas en el Holocausto y el genocidio, de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Estos historiadores han declarado públicamente, con enorme riesgo a su trabajo, reputación y vida, que lo que están haciendo sus compatriotas en Gaza es un genocidio. Eso mismo cree la jurista australiana y especialista en genocidio, Melanie O’Brien, las organizaciones International Association of Genocide Scholars, Physicians for Human Rights-Israel, Human Rights Watch, Amnesty International, Genocide and Holocaust Studies Crisis Network, la Corte Internacional de Justicia y la Comisión internacional independiente de investigación de la ONU, dirigida por la ahora premio Nobel, Navi Pillay. Pero lo más importante son los innumerables testimonios vividos de los palestinos que son las víctimas de esta campaña. Por supuesto que para los fanáticos de la impunidad israelí estos especialistas y organizaciones no pueden ser más que antisemitas y judíos que se autoodian.
Para que exista genocidio, de acuerdo con la definición jurídica fundamental que aparece en el artículo II de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, aprobada por las Naciones Unidas, el 9 de diciembre de 1948, no basta con que haya matanzas masivas, atrocidades o destrucción de una población, sino que debe probarse también la intención específica de destruir, total o parcialmente, a uno de los grupos protegidos por la Convención. Eso ha sido más que puesto en evidencia en los tres años de destrucción indiscriminada. Y esto no tiene nada que ver con números de muertes, porcentajes ni métodos. Lo que importa es la clara intención de exterminio. Además es claro que los israelíes han cometido los cinco actos que determinan un genocidio:
Matar a miembros del grupo.
Causarles lesiones graves físicas o mentales.
Someter deliberadamente al grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial.
Imponer medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo.
Trasladar por la fuerza a niños del grupo a otro grupo.
Recurrir a la calumnia del antisemitismo para descalificar a los críticos de las acciones militares de Israel en Gaza, Cisjordania y Líbano es particularmente nauseabundo y pone en evidencia la incapacidad de argumentar o defender esa causa. Es un ataque ad hominem que trata de obligar a quien cuestiona a defender su consciencia y cambiar el tema de discusión, es el clásico ejemplo del bait and switch (de tirar el señuelo y cambiar de tema). Pero sobre todo es ofensivo porque minimiza las consecuencias del verdadero antisemitismo, el sufrimiento de millones que han perdido la vida, trabajo, nacionalidad y tierra a esas ideas infames. El hecho de que una autora que gusta de probar los límites de la libertad de expresión utilice la retórica censora que desde Israel se ha irradiado por el régimen de Netanyahu a numerosos países occidentales (especialmente Estados Unidos y Alemania) es patético y pone en evidencia su oportunismo.
Harwicz escribe:
“Me impresiona ver en Europa, en Alemania, en Francia, en España, en los países nórdicos, llamar a los artistas a la Intifada, oírlos decir ‘basta del genocidio en Gaza’, calificar a los israelíes de supremacistas y colonizadores. Encontraron la vuelta retórica para odiar a los judíos y pedir la aniquilación de Israel. Es una renovación lexical de la juventud hitleriana y del nazismo del siglo XX, pero más escandalosa y cómplice, a mi entender, porque tenemos la Shoá detrás”.
Es muy revelador que la escritora compara detener el genocidio con aniquilar Israel. Y ya que la señora Harwicz menciona la retórica del odio, sería interesante saber qué piensa de las declaraciones de los propios líderes israelíes que no tratan de ocultar sus deseos genocidas. Por si acaso no las recuerda, citemos una pequeña muestra:
Benjamín Netanyahu: citó pasajes bíblicos sobre la destrucción total de Amalek, un enemigo bíblico al que se ordenó no dejar con vida. “Deben recordar lo que hizo Amalek”. Dios ordena la destrucción total del pueblo amalecita, incluidos mujeres, bebés y ganado, lo cual, de acuerdo con el CIJ, constituye una incitación al exterminio masivo.
Isaac Herzog (presidente de Israel): Declaró poco después del 7 de octubre que “toda una nación es responsable”, atribuyendo responsabilidad colectiva a la población civil de Gaza.
Yoav Gallant (exministro de defensa): “He ordenado un asedio total a la Franja de Gaza. No habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible; todo está cerrado. Estamos luchando contra animales humanos y actuamos en consecuencia”.
Bezalel Smotrich (ministro de finanzas): Ha hecho declaraciones calificando a los palestinos en Gaza de nazis. En noviembre de 2023 llamó a la expulsión de los palestinos y en abril de 2025 a la “aniquilación” de Rafah, Deir al-Balah y Nuseirat, invocando también la referencia bíblica a Amalek.
Itamar Ben Gvir (ministro de seguridad nacional): ha repetido que la “guerra” ofrece una oportunidad para fomentar la emigración de los palestinos de Gaza y permitir el regreso de los colonos israelíes. En agosto de 2026 declaró que los palestinos “no merecen vivir” y “no siquiera son personas”. Propuso asesinar a entre 40 y 50 gazatíes por noche.
Amichai Eliyahu (ministro de patrimonio): Sugirió en una entrevista radial la posibilidad de lanzar una bomba atómica sobre la franja de Gaza, además de manifestar que Gaza debería ser borrada del mapa y repoblada por israelíes.
Avi Dichter (ministro de agricultura): Afirmó públicamente que se estaba “llevando a cabo la Nakba de Gaza”.
Nissim Vaturi (diputado y vicepresidente del Parlamento): Llamó a “borrar Gaza de la faz de la tierra”, “quemar Gaza” y afirmó que “no hay inocentes allí”.
Y no se trata únicamente de afirmaciones extremistas de un gobierno radical de extrema derecha ya que la población israelí en su mayoría apoya esta retórica, como demuestran varias encuestas, como la del diario Haaretz, de mayo de 2025, de Tamir Sorek, de Penn State, y Shay Hazkani, de la Universidad de Maryland. El 82% de la población judía israelí apoya la expulsión forzosa de los habitantes de Gaza y el 56% apoya la expulsión de ciudadanos árabes de Israel.
Harwicz escribe:
“Ya no importa si Hezbolá desplaza todo el norte de un país que es ínfimo y tira misiles y planea un ataque como el del 7 de octubre; no importa eso: cuando Israel se defiende, es un genocidio. La imagen iconográfica del judío es de una víctima, porque es lo tolerable. Y si no, es el judío millonario, para volverlo cliché. Pero a un judío que se defiende, en su economía psíquica, no lo pueden soportar”.
Lamentablemente la escritora argentina olvida, desconoce o no le importa que Israel ha invadido Líbano en 1968, 1978, 1982 (año en que se crea Hezbolá para defender el territorio nacional que el ejército era incapaz de proteger), 1993, 1996, 2006, 2023 y ahora en 2026 en que Israel ha ocupado un territorio de alrededor de 600 kilómetros cuadrados y ordenado evacuaciones con bombardeos regulares en un área de más de 2000 kilómetros cuadrados, han arrasado por completo más de 48 poblaciones de las 60 que han tomado.
Poco después de la desinvitación de Harwicz se publicó una carta con más de 350 firmas de personalidades de la cultura y la política en su apoyo, que incluyen a Piedad Bonnett, María Negroni, Óscar Tusquets, Margo Glantz, Rodrigo Rey Rosa, Rodrigo Blanco Calderón, Santiago Roncagliolo, Fernando Savater y políticos como Manuel Valls y Cayetana Álvarez de Toledo. Ahí señalaban que “Ningún escritor debería ser excluido de un encuentro cultural por sus posiciones públicas”. Uno se pregunta si pensarían lo mismo si un negacionista del Holocausto fuera a participar con ellos en alguna de sus mesas de discusión. La embajada argentina del régimen de Javier Milei, un ferviente entusiasta “incondicional” de las políticas de exterminio de “un líder extraordinario”, Benjamin Netanyahu, “que está defendiendo los valores de Occidente en Gaza”, exigió un desagravio institucional para la autora de Mátate, amor.
Hemos de aceptar que los crímenes de guerra, la ocupación militar, las masacres indiscriminades, el despojo de tierra y el genocidio son asuntos superficiales, causas triviales para la pasarela y la alfombra roja. Para la señora Harwicz visibilizar la tragedia palestina es chic, algo que se hace para lucirse. Olvida que las consecuencias de expresar solidaridad por esa causa pueden ser trágicas y duraderas, y han costado a miles de personas en Occidente sus puestos y medios de subsistencia. ¿Cómo llamaría Harwicz al “activismo” de Microsoft, X, Google y cientos de corporaciones, empresas y despachos que silencian o despiden a sus empleados si hacen pública su conmoción o afecto por la libertad de Palestina? Y qué decir de los numerosos artistas y autores censurados como:
Sally Rooney: novelista irlandesa cuyos libros fueron retirados de la venta en el Reino Unido por su editorial, Faber, tras expresar su apoyo a Palestina y al grupo prohibido Palestine Action.
Adania Shibli: escritora palestina cuya ceremonia de entrega de premios en la Feria del Libro de Fráncfort fue pospuesta o cancelada indefinidamente.
Masha Gessen: en diciembre de 2023, el Senado de Bremen retiró su apoyo a la ceremonia del Premio Hannah Arendt y la Fundación Heinrich Böll se retiró del acto después de la publicación de un ensayo de Gessen en The New Yorker que comparaba Gaza con los guetos judíos bajo la ocupación nazi.
Viet Thanh Nguyen: autor ganador del premio Pulitzer, cuya lectura en el 92nd Street Y de Nueva York fue cancelada debido a sus escritos y opiniones sobre Palestina.
Susan Sarandon: actriz y productora que perdió a su agencia de representación y no ha podido trabajar en Estados Unidos debido a sus declaraciones públicas y a su activismo en defensa de los palestinos.
David Velasco: fue despedido como editor jefe de Artforum en octubre de 2023, después de que la revista publicara una carta abierta sobre Palestina firmada por miles de artistas y trabajadores culturales.
Melissa Barrera: actriz que fue apartada del reparto de la película Scream VII por Spyglass Media Group a raíz de sus publicaciones en redes sociales sobre el genocidio israelí.
Ayman Baalbaki: artista visual cuyas pinturas fueron retiradas por la casa de subastas Christie’s.
Mats Grorud: el director noruego cuya película The Tower fue canceladas de todas sus proyecciones escolares en París.
Anne-Marie Jacir: directora de la película Wajib cuyo estreno fue cancelado por la cadena pública alemana ARD.
Anaïs Duplan: Escritor y curador de arte cuya participación fue cancelada por el Museo Folkwang de Alemania.
Mosab Abu Toha: poeta y ensayista palestino que fue detenido, golpeado e interrogado por las fuerzas israelíes en Gaza.
Kneecap: trío de hip-hop de Belfast que se enfrentó a la prohibición de actuar en Canadá.
Alana Hadid y Jenan Matari: su libro sobre la vida palestina fue retirado antes de publicarse por Random House.
Es paradójico que Harwicz y sus defensores, así como las derechas del mundo han gozado burlándose de la caricatura que ellos han creado de la izquierda y lo que llaman wokismo, término que simplemente se refiere a tener consciencia social y de ser posible un compromiso con la justicia. Para ellos woke significa una actitud indigna, rastrera y ridículamente complaciente con las minorías, un temperamento de cristal, una supersensibilidad frágil, como de copos de nieve (snowflakes). Sin embargo, el menor pronunciamiento de cualquiera a favor de Palestina hace que estos artistas del cinismo se desmoronen y pidan a gritos protección, censura, estigmatización y silenciamiento
A raíz de la desinvitación, siete autores se manifestaron contra Harwicz: Rita Laura Segato, Lina Meruane, Sabina Urraca, Gabriela Wiener, María Fernanda Ampuero, Brenda Navarro y Ángelo Néstore. En su pronunciamiento escribieron:
“La protesta, también amparada por la libertad de expresión, es una de las pocas herramientas que tienen los estudiantes y la ciudadanía para responder a los discursos que desde las altas tribunas y espacios de legitimación cultural niegan el genocidio palestino.”
A estos se unieron unos 500 escritores e intelectuales firmantes de otra carta apoyando la decisión de Cultur_ALH: entre ellos Cristina Rivera Garza, Nona Fernández, Juan Cárdenas, Alejandro Zambra, Paul B. Preciado, Pilar Quintana, Andrea Abreu, Alana S. Portero, Marta Sanz, María Galindo, Rita Indiana, Fernanda Trías, Carmen Ollé, Julián López, Lydia Cacho, Pilar Quintana, Elaine Vilar Madruga; los cineastas Lucrecia Martel y Rodrigo Sorogoyen. Que señalan:
“Nos resistimos a que el debate quede reducido a un conflicto identitario y a que cualquier defensa a favor del pueblo palestino sea convertida automáticamente en antisemitismo. Estamos contra el genocidio, contra la violencia ejercida sobre Palestina y contra los discursos que la niegan, la minimizan, la justifican o la celebran”.
Harwicz dice creer en que “Escribir sin ofender a nadie es un oxímoron”. También considera que es una actitud totalitaria pensar que Palestina debe de ser libre. Las críticas contra el etnoestado de Israel son imaginadas en la mente conspiratoria de esta autora como un linchamiento a la nación que en los últimos tres años ha bombardeado, aparte de los territorios palestinos (donde han tirado en tres años 223,000 toneladas de explosivos, equivalente a 15 bombas atómicas como la usadas en Hiroshima), Irán, Catár, Yemen, Siria y Líbano. Defender eso es mucho más ofensivo que cualquiera de sus novelas.
A pesar de que Israel ha prohibido el acceso a la prensa internacional a Gaza desde el 7 de octubre de 2023, no hay duda de lo que ha sucedido ahí. Este genocidio ha sido transmitido en streaming, ampliamente documentado en millones de posteos en redes sociales tanto de víctimas y victimarios. Oficialmente 74,000 personas han sido asesinadas en un castigo colectivo del cual, basta ver el mapa de Google, para constatar el domicidio (destrucción masiva de hogares con la intención de impedir el regreso de la población) sin precedentes llevado a cabo por cientos de miles de militares israelíes que en algún momento podrán ser juzgados en el equivalente de un tribunal de Nurenberg para criminales de guerra en donde la frase, “Yo solo obedecía órdenes” no tendrá valor alguno.
Naief Yehya es narrador, periodista y crítico cultural. Es autor, entre otros títulos, de Pornocultura, el espectro de la violencia sexualizada en los medios (Planeta, 2013) y de la colección de cuentos Rebanadas (DGP-Conaculta, 2012). Es columnista de Literal y de La Jornada Semanal. Twitter: @nyehya
©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.
Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad. / Our contributors and columnists are solely responsible for the opinions expressed here, which do not necessarily reflect the point of view of this magazine or its editors. However, we do reaffirm and support their right to voice said opinions with full plurality.
Posted: November 4, 2026 at 9:43 pm







