“Los seres humanos”
Angelina Muñiz-Huberman
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Veo ante mí seres humanos. Ellos me ven a mí. ¿Qué veo en ellos? ¿Qué ven ellos en mí? Parecemos iguales, pero no. Cada ser es diferente. Caminan, corren, juegan, aman, odian, se pelean. Llevan a cabo todos los verbos. Son verbos andantes. Son también afirmaciones y negaciones.
Son un vocabulario en sí.
Son el diccionario hecho carne.
Representan un papel. Se creen dueños del mundo. Transforman a la naturaleza, la usan para sí. No creen que ella se rebelará un día. Construyen instrumentos, utensilios, aparatos, canoas, barcos, automóviles, helicópteros, aviones, naves espaciales. Escriben todo tipo de libros. Hacen poesía, inventan canciones, pintan cuadros, bailan, realizan esculturas, escriben libros. Realizan oficios, profesiones o recogen la basura. Limpian y ensucian. Nacen, crecen, se reproducen y se mueren.
Frente a mí qué piensan, qué pienso yo de ellos. Caminan por las calles. Saben a dónde van, aunque pueden ser atropellados. Llegan a tiempo o tarde. Cumplen lo prometido o se olvidan.
Han evolucionado desde el Australopithecus hace millones de años hasta quién sabe lo que nos espera. Han elaborado teorías para explicar el origen del universo con la ayuda de telescopios cada vez más potentes.
Lo más sorprendente es su mundo interno, infinito como las galaxias. Imaginación, memoria, pensamiento, sensación. Hacen gestos al hablar, mueven los dedos, las manos, los brazos, los músculos de la cara para enfatizar lo dicho. Todo ello inconscientemente. Con los ojos se pueden expresar todo tipo de sentimiento, por eso se dice “hablar con los ojos”. Mi madre me decía: “mírame a los ojos”.
Han elaborado teorías científicas. En el campo médico y neurobiológico son notorios los avances, aunque aún falta mucho por averiguar. No digamos en el físico y astronómico. Aunque todavía no se llega a la respuesta final.
He leído un artículo en la Revista del Instituto Weizmann de Ciencia (núm. 24, 2025) sobre el mundo todavía indescifrable del ser humano. Sobre lo interior y lo exterior, sobre sus conexiones con la naturaleza, sus relaciones con otras formas de vida, animal, vegetal y hasta mineral. Con la química, la física, la biología, las matemáticas a su lado. Somos un compendio de lo existente. Una fábrica en la que lo invisible se hace presente.
A continuación, en el mencionado artículo, se hace mención de la levadura, quién lo diría, y se describe lo que puede esperarse de ella. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua la define así: Levadura, de levar, levantar: “Masa consituida por ciertos hongos unicelulares, capaz de fermentar el cuerpo con que se mezcla”. Así que la levadura tiene varios usos, además de darle consistencia a los deliciosos panes y bollos que comemos. Resulta que llevamos en nuestro interior el equivalente a la fórmula de la levadura y a otros elementos. El agua, no digamos. Y esto nos hace estar relacionados con la naturaleza, lo sepamos o no, lo queramos o no. Y que, ignorantes, la estemos destruyendo. Sin darnos cuenta nos estamos destruyendo a nosotros.
¿Qué pasará si desaparecemos?, que eso es lo que pasará indefectiblemente. Cuando Mafalda, al saber que el planeta Tierra finalizaría en unos 3,000 millones de años, dijo: “Menos mal, falta aún”.
Relatividad del tiempo.
¿Para qué afanarse?, tenemos mucho, mucho, muchísimo tiempo. Hasta para cansarnos. Vivir tantas vidas. Aunque pensándolo bien qué haremos con tantos seres humanos acumulados a nuestro lado. Si no fuera por la muerte, qué alivio. Lo malo es ese acumulamiento, ese empujar con el codo a nuestro vecino. Ese hacer un espacio en el cementerio.
Entre lo creado y lo por crear nos encontramos con tantas posibilidades que no sabemos por dónde empezar o cuál escoger. El ser humano en la encrucijada ignora si acertará o no. El caso es escoger para seguir adelante. Como Edipo. El misterio y la incógnita prevalecen.
Como el escribir,
las palabras vuelan al azar
hasta que quedan atrapadas en la página.
El azar y la necesidad, fórmula de Jacques Monod, a su vez tomada de Demócrito: todo lo que existe se debe al azar y la necesidad. A partir de ahí todo es especulación.
Teorías van y vienen
dicho y contradicho
pensar y repensar.
Los seres humanos, para disfrutar, inventaron las artes. Así, descansaron. De su inconmensurable mundo interno pintaron vasijas, compusieron canciones, construyeron palacios, esculpieron monumentos, danzaron de alegría. De la nada crearon. Del vacío llenaron. De lo inexplicable desarrollaron mitos y religiones. Y cuando creyeron haber terminado se les ocurrió la inteligencia artificial.
Y siguen sin parar.
Foto de Amir Arabshahi en Unsplash
Angelina Muñiz Huberman es autora de más de 50 libros. Ha ganado el Premio Xavier Villaurrutia , el Premio Sor Juana Inés de la Cruz el Premio José Fuentes Mares, Magda Donato, Woman of Valor Award, Manuel Levinsky, Universidad Nacional de México, Protagonista de la Literatura Mexicana, Orden de Isabel la Católica, Premio Nacional de Lingüística y Literatura 2018, entre otros. Recibió el doctorado Honoris Causa por la Universidad Autónoma de México y es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.
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Posted: September 20, 2026 at 9:49 pm







