Essay
Las akashingas de Zimbabue
COLUMN/COLUMNA

Las akashingas de Zimbabue

Alba Lara Granero

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“La industria cárnica tiene un impacto medioambiental muy negativo. Como conservacionista, no tiene sentido que salga todo el día a proteger a un grupo de animales y luego vuelva a casa y me ponga a cocinar con otros”.

Se pusieron ellas mismas el nombre. Akashinga, en shona, una de las dieciséis lenguas oficiales de Zimbabue, significa «las valientes». Era 2017 y acababan de convertirse en la primera milicia armada contra la caza furtiva formada solo por mujeres. Hicieron un juramento que exponía su compromiso con la peligrosa tarea que les esperaba y se pusieron a patrullar las inmediaciones del parque natural de Phundundu, en el noroeste del país. Según la IAFP, Fundación Internacional contra la Caza Furtiva por sus siglas en inglés, en los casi 35.000 km² donde las akashingas velan por los elefantes, la caza furtiva se ha reducido en un 85%. Lo han hecho sin disparar una sola bala. Y sin comerse un solo animal.

Las akashingas respondieron a la llamada de un peculiar comehierbas australiano: Damien Mander, mercenario reformado que abrazó la causa conservacionista y fundó la IAFP con el dinero adquirido en las guerras que tanto lo habían traumatizado. Quería redimirse y reinventarse en una tierra lejos de la suya ayudando a mujeres en riesgo de exclusión social. Noventa candidatas se presentaron a la preselección y se enfrentaron a “los cuatro pilares de la miseria”, duras pruebas físicas y psicológicas diseñadas al estilo militar para desarrollar resistencia al hambre, al cansancio, al frío y a la humedad. Una vez demostrada la capacidad de supervivencia en situaciones límite, estar bien alimentadas es fundamental para que las akashingas tengan la energía para cargar, por ejemplo, una tienda de campaña de 90 kilos y arrastrarla monte arriba.

Desde su fundación, las akashingas son veganas, pues entienden que existe una relación ineludible entre el conservacionismo al que dedican su vida y la decisión de no comer animales. Para organizar la cocina de la asociación, Mander se puso en contacto con la cocinera y activista Nicola Kagoro, más conocida como Chef Cola, y le encargó que diseñara menús, procedimientos y formación para otras cocineras.

Así surgió Back to Black Roots (“Volver a las raíces negras”), el proyecto de cocina vegana que no solo alimenta a las akashingas, sino que también fomenta el activismo en la región. “Volver a las raíces” tiene un doble significado para todas las implicadas en esta misión: no solo aboga por la vuelta a la alimentación vegetal (literalmente a las raíces comestibles locales, como los tubérculos), sino que también defiende que el veganismo se originó en África. El consumo de carne en el continente, argumentan, se introdujo, o al menos se disparó, con la expansión del colonialismo europeo en el territorio.

Chef Cola, quien amablemente me contestó algunas preguntas para este artículo, estuvo al frente de Back to Black Roots durante cuatro años: desde su fundación hasta 2022. Aunque ya no dirige la cocina, sigue vinculada a las akashingas y se siente “honrada de formar parte de su movimiento”. La cocina de Back to Black Roots sigue su curso sin ella, ahora autogestionada por ocho chefs locales. Desde 2018, ha contado con la financiación de VegFund, una organización que fomenta el activismo vegano internacionalmente.

Pero ¿qué comen las akashingas? La cocina abastece el campamento de Nyamakati con tres comidas al día. Chef Cola me describió un menú completo. Para desayunar, cereales, frijoles rojos autóctonos con salsa de tomate y pan. A mediodía, una boloñesa con lentejas y ensalada verde. Para cenar, puré de patatas, crujientes de soja y ensalada de soja y remolacha. Todas las comidas se sirven con nueces y fruta.

Cocinar para el campamento puede resultar difícil muchas veces, pero cocinar para las akashingas que patrullan bajo un sol abrasador es todo un desafío. Con el calor, la comida se echa a perder en poco tiempo. Tampoco se puede recalentar en medio de la sabana, porque el humo de los fuegos daría a conocer la posición de las akashingas, que se mueven tácticamente, con cuidado de ser invisibles. Pero Chef Cola encontró una solución para proveer de energía a las akashingas que están de ronda: fruta y verdura deshidratadas, nutrientes condensados en alimentos que, además, pesan poco en las mochilas.

En una entrevista para Forbes, la akashinga Nyaradzo Hoto explicaba en 2020 sus razones para alimentarse solo de vegetales: “La industria cárnica tiene un impacto medioambiental muy negativo. Como conservacionista, no tiene sentido que salga todo el día a proteger a un grupo de animales y luego vuelva a casa y me ponga a cocinar con otros”. Para otras, la barrera entre los animales, tanto los que protegen con sus fusiles como los que protegen con su dieta, se ha difuminado tanto que sus sistemas éticos apenas diferencian entre naturaleza humana y animal. He oído a otra akashinga, Petronella Chigumbura, decir: Amo tanto a mis elefantes como a mis propios hijos. Sus elefantes, sus animales, sus hijos. Es natural que haya decidido no comerse ni a unos ni a otros.

 

*Muchas a gracias a Chef Cola, que ha sido generosa con su tiempo. Queda pendiente otro artículo de Comehierbas para contar la multitud de inspiradores proyectos en los que está involucrada en la actualidad.

 

Alba Lara Granero (El Pedernoso, 1988) es escritora y filóloga. Graduada del MFA en escritura creativa de la Universidad de Iowa, sus ensayos han sido publicados en Iowa LiterariaEl PaísEl Estado Mental y Literal entre otras revistas. Actualmente es candidata a doctora por Brown University. Su Twitter: @a_laragranero

 

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Posted: September 12, 2023 at 8:08 pm

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