Music
El viaje mágico y misterioso de Alfredo Sánchez

El viaje mágico y misterioso de Alfredo Sánchez

David Dorantes

Getting your Trinity Audio player ready...

Share / Compartir

Shares

La leyenda del tiempo

Vayamos hasta la apática ciudad de Guadalajara, México, a principios de la década de 1980. Un grupo de jóvenes pintores, ilustradores, narradores, poetas, fotógrafos y otros de oficio desconocido responden al llamado del diseñador Avelino Sordo Vilchis para crear la revista cultural Varia. Es el tiempo en que José López Portillo, el presidente de México, aseguraba que el país debe prepararse para administrar la abundancia. La gente de la sociedad en la llamada Perla Tapatía entiende por entonces como cultura sólo la música clásica, la ópera, el ballet folclórico, las pinturas y esculturas afrancesadas del Museo Regional, los boleros de Los Hermanos Reyes y Teresita, el swing de la Orquesta de Arturo Xavier González y paren de contar.

Por entonces, el Gobierno de Jalisco ya tenía una estación de radio, la XEJB, en la que muchos de los conspiradores de Varia coincidieron como productores o guionistas.

En esa estación, un guitarrista flaco e inquieto produce y dirige el programa musical Preludio. Se llama Alfredo Sánchez y también es uno de los revoltosos en Varia. Esa revista se merece una crónica aparte que algún día leerán.

“Escribí en el primer número de la revista en 1980… sobre eso que se llamaba Canto Nuevo y me acuerdo que narré sobre grupos de la Ciudad de México que me entusiasmaban mucho, como La Nopalera, On’tá y otros así”, rememora Sánchez, en charla telefónica, sobre aquellos años en los que un grupo de muchachos tomaron un taladro de papel para derrumbar varios muros de la estática capital de Jalisco.

Desde aquel primer artículo ocurrió algo mágico y misterioso en la vida de Alfredo Sánchez.

En una misma semana se transmutaba unos días como divulgador musical en Varia o el periódico El Occidental, otros días era el conductor de radio y en las tardes ensayaba canciones propias con el trío de canto nuevo Escalón que completaban Jaramar Soto (voz) y Carlos Sánchez (teclados).

Ahora volvamos al presente, justo 46 años después.

Hoy Alfredo Sánchez sigue siendo un flaco inquieto. Tanto así que no hay un artista que desde la guitarra y los teclados en ese casi medio siglo haya puesto su talento en aventuras musicales tan diversas como el canto nuevo con Escalón, la música medieval con el grupo Arts Antiqua, la dirección y producción de la cantante de fusión Jaramar, el rock duro con Forseps y, la que tal vez sea la agrupación más conocida de su historial, la irreverencia guapachosa con El Personal.

Tal vez no haya otro músico en México que pueda decir que su obra quedó grabada en un reggae jarocho como Dale de comer al conejito con El Personal y en un bolero de reminiscencias medievales como Flor de azalea con Jaramar. Por todos los proyectos musicales en los que Alfredo Sánchez pasó puso su erudición, talento, disciplina e imaginación. Su discografía es rica.

Durante todo ese tiempo, Alfredo Sánchez nunca dejó su faceta de ensayista musical que él prefiere llamar divulgador. Sus reflexiones sobre jazz, blues, rock, el folclor y hasta de Cri Cri quedaron en las páginas de los diarios Siglo 21 y Público o en las ondas de las estaciones de radio Stereo Soul, Radio UdeG en Guadalajara. Sus programas Entrada Libre y Señales de Humo eran carreteras de placer para cualquier melómano ávido. En un mismo programa podían escucharse a la cantautora estadounidense Joni Mitchel o al cantautor brasileño Caetano Veloso. El buen oído de Sánchez lograba que las mezclas siempre fueran amables, coherentes y oportunas.

A muchos melómanos ávidos tal vez les haga felices saber que Alfredo Sánchez tiene un nuevo libro tejido con letras amables y coherentes sobre muchas músicas. En Música de Fondo (Editorial Universidad de Guadalajara, 2025) se compilan 35 ensayos que el autor ha publicado en su casi medio siglo de trashumar entre letras y acordes. Es un libro imprescindible en la historiografía musical de México por la calidad e importancia del autor y quien desde el título ya nos lanza una declaración de intenciones en un acorde mayor.

“No es un título que tenga nada de accidental. Uno de los textos que está contenido ahí habla de cómo me gusta a mí escuchar la música… Admiro mucho de la gente que puede poner música para hacer otra actividad, porque para mí eso es imposible. La música me jala y requiere mi atención completa. No puedo estar leyendo mientras tengo música sonando porque me distraigo de la lectura. Ese texto habla de cómo se utiliza la música nada más para amueblar un entorno. Se me hizo bonito el título porque de alguna manera tiene muchas lecturas. Música de fondo podría ser toda esa música que está ahí detrás mientras tú vives, aunque la música siempre requiera mi atención plena”, revela Sánchez desde su casa en Guadalajara.

Próxima estación… Jeff Buckley…, correspondencia con Madonna y Nusrat Fateh Ali Khan

Los ensayos contenidos en Música de Fondo fueron revisados por Alfredo Sánchez y, en algunos casos, reescritos, actualizados o corregidos para darles una coherencia y actualidad dentro del contexto del libro. Sánchez logró que su libro de ensayos tenga la virtud de leerse como un libro de cuentos.

El conductor Sánchez nos pasea por las intrincadas vías del sonido para detenernos en las estaciones de artistas como David Bowie, Elvis Presley, Aretha Franklin, Carla Bley, Wayne Shorter, Frank Zappa, Violeta Parra, Madredeus, Leonard Cohen, Jeff Beck, Bob Dylan, Chico Buarque y Robbie Robertson.

Tal vez los ensayos más emocionantes, y emocionales, en Música de Fondo sean “Humor y tragedia (Julio Haro y Armando Vega Gil)”, “Música y enfermedad (Sacks, Betsy, Cruz y Genaro)”, “Rockdrigo en Guanatos (Rodrigo González)”, “Una guerrera (Rita Guerrero)” y “Septuagenario y tapatío (Jaime López)”. Alfredo Sánchez tejió amistades y complicidad con muchos de esos artistas de la música alternativa de México y su mirada es una perspectiva luminosa y reveladora en la historia del arte en ese país. (No les voy a contar qué dicen esos textos porque luego ni compran el libro).

La partitura en la Música de Fondo es larga, pero se deja leer con gentileza. Aunque Alfredo Sánchez podría, si quisiera, tirar netas sobre complejidades musicales, no lo hace.

“Cuando a mí algo de música me entusiasma, me dan muchas ganas de contagiar ese entusiasmo a más gente… En un texto trato de poner por qué para mí ese artista me entusiasma. Soy un divulgador… de mis propias obsesiones musicales. Las cosas que me gustan son de las que escribo” explica Sánchez, quien confiesa el gusto culposo de escuchar con frecuencia el rock-soft del dueto estadounidense The Carpenters (¡Nadie es perfecto!).

Alfredo Sánchez acepta que, algunas veces, sufre la tentación de ponerse a explicar procesos armónicos, melódicos o rítmicos que se le escapan a muchas personas. Pero se contiene.

“Siempre hay un riesgo por ese lado porque uno se sabe ciertas cosas que el común de la gente no. A mí lo que me ha curado de eso, creo, es haber hecho radio muchos años en papel de divulgador… Mi objetivo siempre era ponerme en el lugar de la gente que escuchaba. No tanto el de tomar una postura docta, sino más bien el de pensar en aquel que está del otro lado de la radio, qué es lo que quiere saber de esta persona a la que estoy entrevistando. ¿Al radioescucha le gustaría si el compositor usó escalas pentatónicas o no? Pues yo creo que no. Más bien le interesa saber cuál es su proceso para escribir la letra de una canción, o qué sé yo. Me gusta ponerme en el lugar del que lee o del que escucha. Creo que eso me ha curado de la arrogancia del músico que se convierte en escritor. Hay muchos que sí sacan a relucir sus conocimientos a la menor provocación. Siempre trato de escribir desde la comunicación más que de la sapiencia personal”, revela Sánchez sobre el proceso creativo con el que nacen sus “ensayitos” como les llama.

Qué tal si sí

El eclecticismo artístico de Alfredo Sánchez nace de una presunta inseguridad del propio músico. Por lo menos así es como se lo explica a sí mismo. En las peñas, bares y teatros de México lo han visto tocar un blues profundo con la misma intensidad y precisión que una contradanza melancólica.

“En broma digo que es un poco de esquizofrenia”, explica Sánchez, entre risas, y luego hace un matiz importante: “en realidad, a lo mejor, es un poco de inseguridad lo que me ha llevado a participar en distintos proyectos que me parecieron interesantes en un momento de la vida… Cuando estuve en Arts Antiqua, con la onda de la música medieval, no es que yo estuviera clavado en eso. Pero se me hizo padre eso de conocer otro tipo de música con la que no estaba familiarizado. Luego, por esa misma época, me invitaron a participar con El Personal, que era una cosa totalmente diferente por lo irreverente… y por el sentido del humor que había involucrado en eso. Digamos que esa fue una razón distinta a la que me llevó a entrarle a la música medieval, pero al mismo tiempo los dos proyectos fueron el resultado de una curiosidad personal… A lo mejor es que no me siento seguro en un solo campo y busco otros para tratar de encontrar una vía de expresión en otro lado”, dice con mucha más seriedad en la voz.

La voz con seriedad de Alfredo Sánchez es la clave de Sol para arrancar con otros temas en ese tono más formal. Una de las características en los ensayos musicales de Alfredo Sánchez en Música de Fondo es que sus reflexiones nunca van solo dirigidas a la música. Siempre hay un paisaje detrás, aunque muy suave, para ubicar al lector en el contexto del que surgió tal o cual artista o determinados géneros.

“Ninguna actividad artística surge de la nada. Todo tiene un porqué… Y creo que sí es interesante saber de dónde vienen las cosas para comprenderlas mejor. Para mí es muy importante conocer el contexto, no solo para escribir, sino también a la hora de escuchar. Saber por qué algo es de un modo y no de otra manera es fundamental. Todo eso te lo da el contexto histórico, el entorno social en donde se desarrollaron las cosas. Eso no solo aplica en la música, sino en la literatura, el teatro, la pintura o en cualquier área de la actividad humana en la que uno se interese”, asegura Sánchez.

Sin embargo, en los años de 1980, cuando Alfredo Sánchez desplegó velas como navegante melómano, encontrar información musical era como arrojarse a un mar oscuro y tormentoso sin saber siquiera si uno llegaría a algún destino firme o florido.

“Ahora parece muy fácil porque con un clic ya tienen todo el contexto y toda la información que quieras gracias a internet y otras herramientas… Antes había que buscar en libros o en enciclopedias de la música”, rememora Sánchez sobre esa época en la que el conocimiento exigía desplazarse por media ciudad haciendo preguntas, y detalla: “era muy difícil y te tardabas mucho más en escribir un artículo. Ahora tienes un montón de fuentes a la disposición… en el teléfono. Antes había una tensión para buscar información musical. No soy partidario de decir que todo tiempo pasado fue mejor que el actual, pero es cierto que antes había historias que te pedían un esfuerzo mayor para poderlas escribir”.

Para Alfredo Sánchez, escribir se ha convertido en su nueva pasión. Aunque todos los días toca el piano por disciplina, su energía está centrada en la escritura. De hecho, escritura y música comparten muchos elementos comunes como el ritmo, las pausas, las sonoridades.

“Sí es un placer diferente la música y la escritura… Confieso que en los últimos años la música se ha quedado un poco en pausa en mi vida porque me jala mucho más el placer de escribir. Me ha gustado mucho eso en esta última época de mi vida. Es el tipo de placer que necesito ahorita”, explica Alfredo Sánchez y remata con el aserto de que escribir de música es un placer más intelectual. “Me exige meterme más en un cierto mood (modo) más de pensamiento que de pura acción. Requiere mucha investigación, de meterte en los temas, de analizar. Es un placer que combina lo lúdico y lo intelectual”, finaliza y, antes de dejar caer a la partitura la doble barra de conclusión en la charla, advierte que vendrán más libros. Los melómanos ávidos estaremos listos.

 

*Fotografía de portada Luis Caballo

 

David Dorantes (Guadalajara, México) periodista y escritor. Ha sido reportero de cultura, deportes, crimen e investigaciones especiales para los diarios Siglo 21Público-Milenio y Houston Chronicle, además de columnista de música en los semanarios Primera Plana y Cambio. Tomó el taller de Crónica Periodística con Gabriel García Márquez invitado por la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano 2000 y ganó el Premio Emisario de Periodismo de la Universidad de Guadalajara 2000. Uno de sus cuentos apareció en la antología Dime si no has querido. Antología de cuentos desterrados (Literal Publishing, 2018), la primera de autores Latinoamericanos en Houston. Actualmente es periodista free-lance para varias publicaciones en Estados Unidos, México y España. Su X: @HDaviddorantes

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad. / Our contributors and columnists are solely responsible for the opinions expressed here, which do not necessarily reflect the point of view of this magazine or its editors. However, we do reaffirm and support their right to voice said opinions with full plurality.


Posted: June 30, 2026 at 9:09 pm

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *