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¿Habría sido mejor que AMLO ganara en 2006?
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¿Habría sido mejor que AMLO ganara en 2006?

Sergio Negrete Cárdenas

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En una de las tantas paradojas que ofrece la historia, quizá habría sido mucho mejor para México que López Obrador hubiese ganado la presidencia hace 20 años.

Andrés Manuel López Obrador dedicó todo su sexenio (2018-2024) a tratar de ganar la elección presidencial de julio 2006, por lo menos en la narrativa. Una ficción que ha sostenido Claudia Sheinbaum con todo el vigor que le inspira su inquebrantable subordinación a su antecesor. En estos días se cumplen 20 años de la apretada victoria de Felipe Calderón y del inicio de meses de protestas y bloqueos que culminarían con el candidato perdedor proclamándose Presidente Legítimo de México y tratando de impedir la toma de posesión de Calderón ante el Congreso.

Si bien el tabasqueño no ha podido imponer su relato, dadas las evidencias que lo desmienten en forma contundente, hay un ejercicio interesante de historia alternativa: ¿cómo hubiera sido el sexenio de AMLO en 2006-2012 si hubiera triunfado entonces en las urnas? ¿El México de 20 años después sería mejor o peor?

AMLO gana con apenas 0.58% de la votación[1]

Tras una larga noche cardiaca para sus admiradores y detractores, López Obrador, como se esperaba desde los inicios de su campaña, es el ganador de la elección presidencial de 2006 con apenas 0.58% de diferencia con respecto al segundo lugar, el panista Felipe Calderón Hinojosa. Este reconoce con hidalguía su derrota una vez que las cifras no permiten entrever otro resultado. El presidente Vicente Fox anuncia que será una transición ordenada, dice que espera reunirse muy pronto con el triunfador y exalta la fortaleza de la democracia mexicana. En 2000 los votantes optaron por el cambio; seis años después lo hacen de nuevo. Como se esperaba, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Roberto Madrazo, queda en un lejano tercer lugar.

Pero AMLO siempre fue más popular que su partido, el de la Revolución Democrática (PRD). La fuerza de Acción Nacional quedó clara en ese cercano segundo lugar y en que se convierte, en forma contundente, en la primera fuerza del Congreso. De 500 diputados, logra 206 escaños, con el PRD alcanzando 157 y el PRI un total de 123 (el resto dividido entre otros partidos). En el Senado, el PAN obtiene 52 de las 128 curules. El PRI logra ser la segunda fuerza en la Cámara Alta, con 39 senadores, y el PRD obtiene 36 (el Partido Nueva Alianza, PANAL, gana un senador).

Esto es, como ocurrió con Ernesto Zedillo y Fox, AMLO gobernará con un Congreso fragmentado. Peor todavía, su partido es claramente minoritario en ambas Cámaras legislativas. No puede, siquiera, aprobar leyes sin el apoyo de otros partidos, menos todavía modificar la Constitución, para lo que requiere dos terceras partes de los votos.

Un Presidente vigoroso

En 2006 AMLO habría llegado a Palacio Nacional con 53 años, con un vigor físico y mental muy distintos a los que tendría dos sexenios más tarde. Pleno de fuerza y proyectos, y además en un entorno económico bastante favorable en esos momentos. Por parte de la administración Fox heredaba finanzas públicas sólidas, incluso registrando excedentes presupuestales y, sobre todo, un precio del petróleo que estaba ascendiendo con fuerza desde 2003.

Por ello, los ambiciosos planes del tabasqueño con respecto a Pemex no sonaban disparatados, sino plenamente congruentes con la realidad. En 2006, el petróleo no solo tenía un excelente precio en los mercados internacionales, sino que además Pemex presentaba un nivel de producción elevado. Ese año cerró cerca de los 3.2 millones de barriles diarios, no lejos del máximo histórico de 3.4 millones alcanzando en 2004 puesto que apenas asomaba lo que eventualmente sería el desplome del gigantesco yacimiento de Cantarell. Esto había significado un aluvión de ingresos adicionales durante el sexenio foxista, y así se mantendría en los años siguientes.

En su campaña presidencial de 2006, López Obrador había propuesto construir tres refinerías más: dos en Veracruz (una en Tuxpan y otra en Minatitlán) y otra en Salina Cruz, Oaxaca (ampliando la ya existente). Es probable que al menos hubiera iniciado una o dos. Quizá no se le hubiera ocurrido entonces el Tren Maya y, por supuesto, no había aeropuerto avanzado a medias en Texcoco que cancelar.

El modelo de comunicación habría sido similar al ya ensayado en la Ciudad de México, y que se implantaría desde 2018: las mañaneras. La política social, igualmente centrada en las pensiones para adultos mayores (siguiendo el modelo ya implantado en la capital cuando era Jefe de Gobierno) y becas para los jóvenes.

Una América Latina a la izquierda

En el ámbito latinoamericano, AMLO quizá habría formado una potente mancuerna petrolera con Hugo Chávez, entonces en el cenit de su poder en Venezuela, tal vez añadiendo a Rafael Correa de Ecuador y Lula da Silva de Brasil, tanto por la importancia del país carioca como por el hecho de que estaba emergiendo como potencia petrolera.

Además estaban Evo Morales en Bolivia y Néstor Kirchner en Argentina. Sobre todo, Fidel Castro seguía al frente de Cuba. AMLO habría podido tratar como homólogo a uno de sus mayores héroes. Quizá, emulando a López Portillo, hasta ofreciéndole petróleo barato a Cuba junto con Chávez. Un potente elenco con ideología de izquierda del que López Obrador habría sido sin duda uno de los referentes más importantes. Por añadidura, en Estados Unidos era presidente un republicano, George W. Bush, que se prestaba para ser atacado por los izquierdistas latinoamericanos.  Era una América Latina en muy buena parte virada hacia una izquierda demagógica y aparentemente exitosa (las inflaciones y derrumbes económicos tardarían en llegar, sobre todo en Venezuela y Argentina).

Popular, pero con freno legislativo

Un López Obrador mucho más activo físicamente y con una política social popular (las pensiones siendo fundamentales en esto) probablemente habría logrado avances importantes en las elecciones intermedias de 2009, tanto en la Cámara de Diputados como en algunas gobernaturas, para su partido, el PRD. Esto es, de un organismo político del que no era dueño absoluto, a diferencia de Morena.

Quizá AMLO habría logrado atraer a sus grupos parlamentarios algunos legisladores del PRI, aparte de otros partidos como el PT, PVEM y PANAL. Pero le faltaban muchas curules para forjar mayorías legislativas. Por otra parte, quizá el PRI mantendría cierta cohesión esperando regresar a Palacio Nacional en 2012. Lo mismo que el PAN, partido que por sí mismo podía bloquear cualquier iniciativa de reforma constitucional –e incluso de modificaciones a leyes con el apoyo del PRI. Aunque el PRD hubiera ganado asientos en 2009 en la Cámara de Diputados, la de Senadores se mantenía sin cambios.

El presidente no se habría cansado de atacar al PAN (y probablemente al PRIAN) como obstáculos a sus políticas, y lo mismo con la Suprema Corte de Justicia. Sus sueños de reelegirse en 2012 se habrían visto frenados una y otra vez en el Congreso. Llegaría a 2012 impulsando a un candidato a la presidencia, quizá Marcelo Ebrard, que no sería su propia persona. Sin duda habría sido una elección muy competitiva entre los tres grandes partidos.

Pero no habría el rencor acumulado a lo largo de 12 años de campaña, con su afán de destrucción de esas “instituciones” que le habían obstaculizado. Las inversiones de Pemex habrían sido masivas, pero quizá no muy distintas a las realizadas por Felipe Calderón, quien aumentó considerablemente los recursos destinados a exploración y también inició una refinería (la Bicentenario). No hubiera habido reversión de reformas en materia de energía, puesto que estas ocurrirían con Peña Nieto. Tampoco habría podido culminar su sexenio con una destrucción institucional masiva, como la que pudo iniciar en sus últimas semanas de gobierno y que continuó Claudia Sheinbaum (sobre todo la demolición de la SCJN).

En una de las tantas paradojas que ofrece la historia, quizá habría sido mucho mejor para México que López Obrador hubiese ganado la presidencia hace 20 años.

 

Nota

[1] Fue Felipe Calderón quien ganó la elección con esa diferencia. Las curules obtenidas por cada partido en el Congreso que se detallan son las históricamente reales.

 

Sergio Negrete Cárdenas. Profesor del ITAM y autor del libro De AMLO a Sheinbaum: decadencia económica y conquista política que continuará“. Trabajó en el Fondo Monetario Internacional. Profesor en varias universidades de España y México, destacadamente la Universidad Pompeu Fabra y la Escuela Superior de Comercio Internacional, en Barcelona, la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién en la Ciudad de México. Doctor en Economía y Maestría en Economía Internacional por la Universidad de Essex. Diplomado en Política Exterior de Estados Unidos por la Universidad de Maryland. Licenciado en Economía por el ITAM y en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. X: @econokafka

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Posted: July 14, 2026 at 10:44 pm

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