Apuntes pacíficos
Edgardo Bermejo Mora
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1.
Cuando Cristóbal Colón zarpó del puerto de Palos en 1492, a la búsqueda, como sabemos, de una ruta alternativa para alcanzar la India, llevaba consigo una carta personal de los Reyes Católicos dirigida al Gran Khan, emperador mongol de China durante la dinastía Yuan. No sabían, ni los reyes, ni el navegante genovés, que al momento de su partida la casa gobernante a la que iba dirigida la carta había sido derrocada por la dinastía Ming 122 años atrás.
De ese tamaño era la lentitud de las noticias en un mundo no globalizado. La diplomacia española tenía un retraso de 122 años en sus informes del Lejano Oriente. Las crónicas de Marco Polo, fechadas más de dos centurias atrás, eran aún consideradas un catálogo de novedades.
¿Somos más rápidos y efectivos en el siglo XXI? No estoy del todo seguro. Lo más extraño, lo más paradójico, es que cinco siglos después de aquel curioso desatino, nuestro desconocimiento sobre China y en general sobre nuestros vecinos distantes de la región de Asia-Pacífico sigue siendo mayor, en los más diversos órdenes. Para México, el océano Pacífico sigue siendo más barricada que puente a la hora de concebir nuestra pertenencia geográfica a esta vasta porción del planeta.
En comparación con el siglo XV, la información viaja ahora a una velocidad sorprendente, la inmediatez nos rebasa y abruma. Unas cuantas horas bastaron para que decenas de miles de jóvenes recibieran el mensaje de la presidencia de la República, informando que el grupo coreano BTS saludaría a sus fans por la tarde desde un balcón del Palacio Nacional. La respuesta inmediata que provocó y la concentración masiva de unas horas después, nos recuerda no solo el poder y la influencia que ha alcanzado la música pop coreana en nuestros días, sino, además, que la hegemonía cultural del siglo XXI ya no le pertenece únicamente a Estados Unidos o a Europa, como en las dos centurias anteriores, y que desde el continente asiático surge y se reacomoda un nuevo horizonte de interculturalidad, influencia y atracción, al que desde México tenemos que ponerle mucha atención.
Decía pues que la velocidad con la que viaja la información en nuestros días es sorprendente. No así los cambios que requieren nuestra política exterior y, en general, los programas de política pública de México que nos ayuden a acelerar y diversificar nuestros vínculos con Asia-Pacífico. Ahí avanzamos muy lento.
Pero más lenta todavía es la manera en que las mentalidades y los imaginarios colectivos se modifican, de manera que aún se ve lejos el día en el que nos sintamos, como mexicanos, no menos latinoamericanos, o parte del bloque norteamericano, que parte de ese ámbito multicultural, multilingüístico que nos otorga nuestra pertenencia histórica a la región de Asia-Pacífico.
2.
Al marinero sevillano Juan Rodríguez Bermejo, también conocido como Rodrigo de Triana, se le atribuye ser el primer europeo en avistar el continente americano, a bordo de la carabela La Pinta, aquella madrugada célebre del 12 de octubre de 1492. Habría sido él quien gritó “¡Tierra a la vista!” trepado en el palo mayor de la embarcación capitaneada por Martín Alonso Pinzón, más veloz que la nao Santa María, donde viajaba Cristóbal Colón.
Fue el propio Colón quien despojó a Juan Rodríguez Bermejo del mérito y, por lo tanto, del premio prometido: 10 mil maravedís que ofrecieron los Reyes Católicos al primero que anunciara el avistamiento del nuevo mundo. El genovés, dueño del balón, aseguró que fue él quien vio primero lo que más tarde se reconocería como la isla de Guanahani en Las Bahamas, rebautizada como isla de San Salvador.
Se sabe que años después, tras muchos esfuerzos infructuosos para que se le reconociera la hazaña, renegó de su fe, se exilió en el norte de África y abrazó el islam. Algunos historiadores sitúan su último destino, en las islas Molucas —que hoy forman parte de Indonesia— como parte de la expedición en la que participó también Juan Sebastián Elcano. Según estas versiones, habría muerto en junio de 1526 de una epidemia de escorbuto que se desató cuando la nave que piloteaba encalló muy lejos de la costa.
De manera que recordamos este año el sexto centenario luctuoso de este personaje casi olvidado por la historia, que intervino lo mismo en la invención de América —no vamos a llamarla descubrimiento, como lo señalo con gran tino don Edmundo O’Gorman— que en el establecimiento de los primeros contactos marítimos entre Oriente y Occidente. Murió en el intento, acaso una metáfora que nos recuerda la dificultad histórica para relacionarnos con esa parte del mundo.
3
“Somos del agua”. Con estas palabras el gitano Melquiades, de Cien años de soledad, vislumbró su muerte pocos días antes de ahogarse en un río. En efecto, le pertenecemos al agua, aunque nuestra literatura latinoamericana se ha escrito fundamentalmente de espaldas al mar.
Quien mejor documentó esta anomalía fue el escritor mexicano Ignacio Padilla en un libro de ensayos titulado La isla de las tribus perdidas. “Somos —escribió Padilla— hijos díscolos de las aguas, rehenes de las tormentas”.
“El mar en la narrativa y en la historiografía de América Latina tiene la asombrosa capacidad de hacernos creer que no existe. Si todos somos en efecto hijos de Pedro Páramo, somos también náufragos descendientes de náufragos. (…) El mar es el gran huérfano de la novela en español”.
“América Latina y el mar crecieron juntos pero contrapuestos. Este inmenso territorio del Extremo Occidente acabó de nacer con la violenta fusión entre grandes navegantes en decadencia y comunidades prehispánicas aferradas a tierra firme, desavenidas con las aguas”.
“Desde el navegante ibérico hasta el esclavo africano, entre el comerciante chino y el fugitivo de guerras o hambrunas europeas, América Latina recibió del mar su sangre, y con ella comenzó también la metástasis de una proverbial hostilidad oceánica”.
Sostengo entonces que, cuando nos resistimos a vincularnos más con la región de Asia-Pacífico, cuando “le damos la espalda al mar”, como dijera Padilla, y no solo en la literatura, sino en el comercio, en la diplomacia multilateral, en la nueva geopolítica que se está conformando en el planeta, acaso sin darnos cuenta, estamos repitiendo la insularidad y el aislamiento de nuestras sociedades prehispánicas, esa misma que las hizo tan vulnerables a la conquista y la colonización.
4
Es poco conocido, o poco recordado, que fue el propio Cervantes quien mostró un interés de intercambio cultural con el lejano Oriente e, incluso, entre broma y veras, pronosticó un futuro chino para su obra y para su lengua.
Así lo dejó ver en la dedicatoria que anticipa la segunda parte del Quijote publicada en 1615. Con motivo de la aparición del segundo volumen del Ingenioso Caballero, Cervantes redactó una dedicatoria al conde de Lemos en la que anticipó, acaso sin proponérselo, un futuro hispánico para China,
En la dedicatoria de la segunda parte de su Quijote, cuenta Cervantes que, tras el éxito inusitado de la primera parte, se multiplicaron las peticiones de quienes esperan impacientes la segunda parte:
… y el que más ha mostrado desearle –escribe, ha sido el grande Emperador de la China, pues en lengua chinesca habrá un mes que me escribió una carta con un propio, pidiéndome, o mejor decir, suplicándome se le enviase, porque quería fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana, y quería que el libro que se leyese fuese el de la historia de don Quijote. Juntamente con esto me decía que fuese yo a ser rector de tal colegio. Pregúntele al portador si su Majestad le había dado para mí alguna ayuda de costa. Respondiéndome que ni por pensamiento. -Pues, hermano –le respondí yo-, vos os podéis volver a vuestra China a las diez, o las veinte, o a las que venís despachado; porque yo no estoy en salud para ponerme en tal largo viaje; además, que, sobre estar enfermo estoy muy sin dineros, y emperador por emperador y monarca por monarca, en Nápoles tengo el grande conde de Lemos, que, sin tantos titulillos de colegios ni rectorías, me sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear. Con esto me despedí, y con esto me despido, ofreciendo a Vuestra Excelencia (este libro).
Naturalmente es insostenible la idea de un mensajero imperial que viajase desde China a España a principios del siglo XVII buscando a un Cervantes más bien acorralado por las tribulaciones financieras. Es una perla de metaficción que explica por qué el Quijote funda la literatura moderna.
Fue en todo caso una ocurrencia y una chifladura genial de Cervantes para adular a su mecenas, probablemente influido por la lectura de un volumen que a finales del siglo XVI tuvo gran éxito en Europa: la Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del Gran Reino de la China, del padre Juan González de Mendoza, publicado por primera vez en Roma, 1585, a solicitud del papa Gregorio XIII, primero de los sumos pontífices que acarició el sueño imposible de una China evangelizada.
Los historiadores no se han logrado poner de acuerdo para saber si fue la de Martín de Rada o la de Juan González la primera misión española en pisar territorio chino, en cualquier caso, ello ocurrió poco después de la conquista española de Filipinas.
Mucho tiempo después, tras la muerte de Franco y la transición democrática, sería España la que le tomaría la palabra a Cervantes al fundar el instituto que lleva su nombre, establecido en China desde hace ya veinte años, y con sedes en la mayoría de los países asiáticos.
Siendo nosotros, México, el país hispanohablante más poblado del planeta, hemos despreciado por décadas la posibilidad de aprovechar la lengua como instrumento de diplomacia cultural en la región de Asia-Pacífico, a fin de generar influencia y atracción en esta parte del mundo que es la más dinámica y la de mayor crecimiento en términos económicos.
5
A un diplomático mexicano debemos una expresión no menos afortunada que preocupante sobre la doble distancia —física e intelectual— que separa a México del mundo asiático, como la gran puerta de entrada al siglo XXI en la que se ha convertido. “En México —sentenció— estamos norteados y desorientados”.
Con esta expresión, el embajador Manuel Uribe quiso exponer, en un ingenioso juego de palabras, el doble extravío en nuestra manera de ver la cartografía política, cultural y económica del mundo, empeñados en mirar hacia el norte y al mismo tiempo despreciar o paralizarnos ante la otredad exótica que supone el oriente, en este caso la región de Asia-Pacífico.
En efecto, solo “norteados” se explica que durante décadas hemos fincado nuestros proyectos de desarrollo con base en la opción inercial de acogernos al impulso de la locomotora norteamericana para asegurar el crecimiento, la ilusión de los noventas de una integración comercial y civilizatoria con Norteamérica, mientras que del otro lado persiste la “desorientación” que se expresa en no fincar mayores expectativas hacia el otro lado del mapa con el que —gracias al océano Pacífico— estamos geográfica e históricamente vinculados.
Las relaciones comerciales y civilizatorias que por siglos hemos establecido con esa porción del planeta explican sobradamente nuestra pertenencia a esta historia común, y sin embargo Asia sigue siendo el gran ausente en nuestros planes estratégicos de crecimiento y expansión.
El siglo XXI mexicano debería ser el de la recuperación de sus vínculos con el mundo asiático y con el océano Pacífico.

Edgardo Bermejo Mora (Ciudad de México (1967) es escritor, diplomático, historiador y periodista. Obtuvo el Premio Nacional de Novela Política, de la UdeG por su novela Marcos Fashion, o de cómo sobrevivir al derrumbe de las ideologías sin perder el estilo (Océano, 1996). Textos suyos forman parte, entre otras, de las antologías Dispersión multitudinaria (Joaquín Mortiz, Ciudad de México, 1997), y Líneas aéreas (Lengua de Trapo, Madrid, 1999). Dirigió el suplemento Lectura (1997—98), del periódico El Nacional, y ha colaborado como articulista en diversos diarios, suplementos culturales y revistas literarias. Fue corresponsal de la agencia Notimex para el Sudeste Asiático con sede en Singapur. Fue agregado cultural de las embajadas de México en la República Popular China y en Dinamarca. Ha sido director general de asuntos internacionales del CONACULTA y director de Artes del British Council en México. X: @edgardobermejo
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Posted: August 5, 2026 at 11:23 pm







