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Entrevistas para la historia (de las malas entrevistas)
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Entrevistas para la historia (de las malas entrevistas)

Eduardo Huchín Sosa

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• Yuriria Sierra: Charlas imposibles (y urgentes) en el siglo XXI. Voces del pasado, preguntas del presente, salvavidas del futuro (Penguin/Aguilar, 2026).

Pocas veces en la vida me escucharán decir, insinuar, susurrar incluso, lo siguiente: “Primero que nada veamos qué dice Jorge Volpi”. Y, sin embargo, en esta ocasión así será. Leamos entonces lo que dice Jorge Volpi: “Yuriria Sierra convoca –con ayuda de la inteligencia artificial– a pensadores, artistas y villanos de la historia para cuestionarlos sobre la crisis de nuestro tiempo. Un libro incómodo, imposible y necesario.” Así lo consigna la publicidad de Charlas imposibles (y urgentes) en el siglo XXI (Aguilar, 2026), una polémica reunión de entrevistas en la que la periodista Yuriria Sierra ha interrogado, a través de modelos de IA como ChatGPT, Claude, Gemini, DeepSeek y Perplexity, a escritores, filósofos, actrices, cantantes, líderes religiosos, comediantes, activistas y déspotas sanguinarios, cuya característica en común es haber fallecido, no importa si hace diez o dos mil ochocientos años.

En su prólogo, Sierra se justifica diciendo que, en tiempos de inmediatez, “necesitamos conversaciones profundas, que crucen siglos” y más todavía cuando ahora contamos con una herramienta poderosa para organizar miles de millones de palabras de o acerca de las personalidades convocadas. “He querido demostrar –dice más adelante– que trabajar con modelos de lenguaje no abarata la escritura y el pensamiento; al contrario, abre portales gigantescos al conocimiento si quien los usa se toma en serio su oficio”. Todo lo cual lleva a preguntarse: ¿qué oficio se supone que “se está tomando en serio” la autora de este libro?

Hay cierto trabajo de investigación, debo reconocer, porque cada “entrevista” viene antecedida por una semblanza mínima que te explica por qué Cantinflas, Clarice Lispector o George Washington importan para nuestros días. A menudo este preámbulo echa mano de algún concepto que distinga a los entrevistados (con Sócrates se centra, por ejemplo, en la mayéutica y con Aristóteles, en el justo medio), no vaya a ser que algún lector distraído piense que dos filósofos griegos –o dos líderes revolucionarios, como Lenin y Stalin, o dos pensadores marxistas, como Rosa Luxemburgo y Antonio Gramsci– son indistinguibles uno del otro.

El problema es que, al margen de los temas específicos, las respuestas pronto empiezan, en efecto, a parecerse unas a otras. Y conforme avanzan las páginas, lo hacen cada vez más. Casi todos los entrevistados –de un pensador político florentino a un narcotraficante colombiano a un tlatoani de Texcoco– adoptan un tono proverbial, hecho de verdades compactas, a primera vista incontestables, pero a la vez sospechosamente vacías, como si reunieras en un solo párrafo dos o tres tuits de Alejandro Jodorowsky salidos sin ton ni son de un sombrero. Maquiavelo: “Gobernar no es caer bien: es evitar que el caos lo devore todo”. Pablo Escobar: “En una guerra no hay inocentes, solo sobrevivientes”. Nezahualcóyotl: “La naturaleza no necesita venganza, solo silencio”. Cuestionados sobre el populismo mediático, el poder criminal o el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces, los “entrevistados” tienen poco espacio para los matices, los ejemplos, los contraejemplos, los pasajes autobiográficos y las oraciones que sobrepasen los 280 caracteres. Con esas limitantes, las respuestas no son sino meras frases oraculares, que poco tienen que ver con las obras que según esto las inspiraron (en el entendido de que una IA adopta la voz de Maquiavelo, una vez que ha sido alimentada con los libros de Maquiavelo o los libros sobre Maquiavelo, o por lo menos con la entrada de Wikipedia dedicada a Maquiavelo).

Esto, desde luego, destapa el fraude de la uniformidad estilística de ciertos modelos de la IA, capaces de estandarizar biografías, formas de escribir y pensamientos diversos, pero también pone en evidencia ese vicio que, en la jerga periodística, se denomina “entrevista banquetera”. El interrogatorio que, a la salida de un edificio de gobierno, se le hace a algún funcionario, en busca de respuestas rápidas, efectistas, de trámite, lo suficientemente insustanciales para no necesitar preguntas de seguimiento y, si eres muy afortunado, incluso hasta escandalosas. Y es que, de acuerdo con la propia autora, la mayor parte de ese resultado se debe a ella misma, que “reescribió, cortó, tensó, afiló” lo que le arrojaba la IA; una “intención, curaduría y responsabilidad final que son enteramente humanas”, según admite en su prólogo.

Dialogar con la historia, “vivir en conversación con los difuntos”, es algo que hemos hecho por siglos (con una mirada curiosa, devota, placentera, crítica, etcétera), pero apuestas como las de Yuriria Sierra parecen confiar demasiado en el pasado y en la capacidad de procesamiento de las máquinas como fuentes de autoridad en sí mismas. Simular una conversación con Simone de Beauvoir o con Mary Shelley acaso merezca dedicar mucho tiempo a sus libros y necesite, por otro lado, dejar en claro la inevitable distorsión entre lo que Beauvoir o Shelley escribieron respecto a su época y lo que sus palabras pueden significar para la nuestra.

Los momentos más penosos de este libro, sin embargo, no son cuando los entrevistados responden cosas como “un trending topic no tumba a un sistema” (Malcolm X, que aquí suena más bien como la cuenta parodia de Malcolm X en X) sino cuando cada uno de ellos dirige un mensaje a figuras actuales con las que están, de alguna extraña manera, relacionadas. ¿Qué le diría Rosa Luxemburgo a Jeff Bezos? ¿Marilyn Monroe a Harry Styles? ¿Galileo Galilei a Greta Thunberg? ¿Marie Curie a Karol G? Para centrarme en un asunto de candente actualidad, de acuerdo con la IA instigada y editada por Yuriria Sierra, Homero le recomendaría a Christopher Nolan que sus héroes siguieran “eligiendo sus principios aunque el mundo –y el guion– les ofrezca otros atajos. Que nunca olviden por qué luchan, aunque el laberinto esté repleto de sirenas y de su hipnótica mirada”.

La mera perspectiva de Homero escuchando, más que viendo, Oppenheimer para darse una idea de qué tipo de épica hace Nolan es, para decirlo rápido, fascinante; y, sin duda, podría ser la materia prima de un buen relato satírico –si informado, mejor–, pero lo que nos ofrece este libro no llega siquiera a sacarnos una sonrisa cómplice. Acá todo es lejano y grandilocuente y aburrido, y los nombres convocados son más abstracciones que seres humanos que hubieran pisado, o que hubiésemos imaginado pisando, alguna vez esta tierra.

No obstante, la necesidad de dar todo el tiempo lecciones, el predominio de una prosa monótona y la inclinación a convertir cualquier hecho complejo en una serie de bullets que te eviten la penosa faena de leer demasiado, pueden considerarse –para usar una de las fórmulas de las que abusa la autora– no un problema concreto de este libro sino uno de los tantos síntomas de nuestro tiempo. Posts de redes sociales del tipo “Lo que la invasión a Bahía de Cochinos puede enseñarte sobre el liderazgo de tu empresa” parecen el modelo a seguir para cada una de estas entrevistas, por más críticas y ubicadas en el lado correcto de la historia que se pretendan. La conciencia política que quiere impregnarles Yuriria Sierra –desde posturas con las que muchas veces concuerdo– no llega a ser suficiente cuando pensamientos tan amplios y diversos como los de John Rawls o George Orwell acaban encajonados en este o aquel concepto ya etiquetado para satisfacer las necesidades del lector con prisa. La periodista no pierde ninguna oportunidad para hablar del presente como un tiempo en el que “el enojo social se organiza en hashtags y no en agendas” o como “un siglo donde las respuestas fáciles seducen” (¿cuándo no ha sido así?) y “pensar es un acto contracultural”, lo cual constriñe también nuestra idea del enmarañado mundo en que vivimos.

Llama la atención, por un lado, que en estas páginas las máquinas parezcan menos competentes y amenazantes de lo que nos han venido diciendo (una impresión que pasa demasiado pronto cuando te enteras de modelos de IA que lanzan ciberataques por cuenta propia), y, por el otro, que las personas que dieron luz verde a este libro hayan pasado por alto la astuta advertencia que desliza la autora en su presentación de Johannes Gutenberg. Para Sierra, el inventor de la imprenta moderna es “un recordatorio incómodo” de que “no basta con difundir, hay que tener algo que valga la pena multiplicar”. Y bueno, compañeros editores: tomando en cuenta los últimos sucesos, ojalá alguien le hubiera hecho caso.

 

Eduardo Huchín Sosa es escritor y editor literario de la revista Letras Libres. Sus libros más recientes son Calla y escucha. Ensayos sobre música: de Bach a los Beatles y La consagración de la maldita primavera. Escritos sobre música y libros.

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Posted: August 13, 2026 at 10:06 pm

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