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Maduro en NY, la dictadura en Caracas
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Maduro en NY, la dictadura en Caracas

Gisela Kozak

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Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello cuentan con sendas amenazas sobre sus cabezas: si no obedecen, les será cobrado con sus vidas. El temor a una dictadura tutelada por Estados Unidos está abierto, como también una transición en la que no cuenten los líderes legitimados por el voto, Machado y González Urrutia.

En el momento en que escribo estas líneas, 7 de enero de 2026, el ya defenestrado dictador Nicolás Maduro enfrentó su primera audiencia en Nueva York y se declaró inocente. En la madrugada del 3 de enero, una incursión militar estadounidense lo sacó en volandas de Fuerte Tiuna, la principal instalación militar venezolana, con el fin de juzgarlo en el país del norte. El derecho estadounidense da por buena su detención; el derecho internacional, no. En todo caso, recibió un trato muy institucional en cuanto a su salud y bienestar, al igual que su esposa Cilia Flores, a diferencia del trato degradante y feroz que reciben los prisioneros políticos en las cárceles venezolanas. Tampoco se cumple el derecho internacional en este caso, pues se supone que Venezuela está suscrita a una serie de tratados que garantizan el respeto a la dignidad personal. De entrada, hay que decirlo, el derecho internacional no evita los excesos de los poderes reales nacionales e internacionales; invocarlo forma parte de nuestros deseos entrañables, no de nuestras realidades descarnadas.

El antiimperialismo demostró, como siempre, sus costuras y dobleces, transformado ya en un dispositivo de sometimiento puro y simple. Las mismas huestes que se callaron la boca ante la desgracia venezolana (pobreza, muerte, tortura, migración, devastación) ahora se desviven en comunicados y manifestaciones públicas. Su odio a Estados Unidos significa nuestra sumisión. De cualquier manera, mayores consecuencias a efectos prácticos trae la indiferencia de los gobiernos de izquierda de la región ante el robo de las elecciones y la tragedia de la población. La autodeterminación de los pueblos suele ser la autodeterminación de los gobiernos, y como venezolana no puedo sino lamentar que la Revolución Bolivariana se negara a entender que su tiempo se acabó hace años y no se sentara a negociar con el liderazgo opositor venezolano. Si le creemos a Donald Trump, Delcy Rodríguez —tan feroz, insultante y despectiva frente a la oposición y tan dispuesta a alentar violaciones de derechos humanos— se arrodilló al poder gringo. Su comunicado del domingo 4 de enero, en el que muestra su disposición a negociar con el gobierno trumpista, es un primor de amabilidad. Por lo visto, el chavismo se merece lo que le pasa, más allá de las leyes: el que a hierro mata, no puede morir a sombrerazos.

Cuidado: las satisfacciones primarias de la venganza son muy malas consejeras en política. El poder de facto lo tiene la espuria exvicepresidenta de un gobernante ilegítimo, ahora devenida en la primera mujer presidenta de Venezuela. Su juramento ante su propio hermano tiene ribetes francamente literarios y de película: ella en la presidencia de la república, él en la presidencia del Parlamento. Ambos parecen una familia real de otro tiempo, como indicó cínicamente en el programa de noticias ConversaARI, en YouTube, el exministro de comunicación de Hugo Chávez, Andrés Izarra. Shakespeare con Ricardo III se queda corto, también Juego de tronos, la serie de HBO basada en los textos de George Martin. La cara del duro del régimen, Diosdado Cabello, tocado con una gorra adornada con un lema —“Dudar es traición”—, era elocuente. Sin embargo, no ha habido elocuencia para explicar cómo, después de las innumerables proclamas patrias del ejército venezolano, el dictador y su esposa fueron sacados de su cama en un par de horas, con el resultado de 32 cubanos (no es injerencia, es cooperación, diría la dictadura chavista) fallecidos en combate. El ejército no peleó ni Venezuela declaró la guerra. Curiosa revolución, sin duda. Diosdado Cabello, un verdadero Stalinito, debe estar furioso con quienes ordenaron que no hubiese respuesta militar. El ministro de la defensa, Vladimir Padrino López, no puso la famosa rodilla en tierra para defender a la patria; en realidad, puso las dos rodillas ante el “imperio”, lo cual no deja de resultar conveniente de cara a la población civil.

En esta comedia de enredos, Trump dice una cosa, Marco Rubio otra, Delcy Rodríguez sigue su propio camino y Diosdado Cabello se pasea por Caracas con sus huestes armadas, mientras la población permanece en sus casas y compra productos básicos con una moneda cruelmente devaluada. La lideresa indiscutible de Venezuela, María Corina Machado, y el presidente electo Edmundo González Urrutia, no han sido convocados ni tienen arte o parte. Machado, luego de un extraordinario proceso de construcción cívica —que incluyó dos victorias electorales (la suya en las primarias opositoras y la de González en la presidencia) y la llevó al Premio Nobel de la Paz— enfrenta la prepotencia de Donald Trump, a quien ella ha respaldado. Tuvo el mal gusto de llamarla “nice lady” y negar su capacidad política extraordinaria. El menosprecio a Machado por parte de la izquierda del espectro político no es nuevo y ahora se suman la irrisión y una perspectiva que no comparto: Machado en esta coyuntura es irrelevante. Cómo se ve que el proceso nacional es poco conocido y que Venezuela se interpreta desde la geopolítica y el espíritu antiyanqui.

La realidad es que el dictador está en Nueva York y la dictadura sigue en Venezuela. Trump habló el fin de semana de una eventual transición, sin dedicarle al tema más de un minuto. Podría decirse que este escenario está abierto en tanto la nomenclatura ya no tiene la fuerza para oponerse a los designios externos. Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello cuentan con sendas amenazas sobre sus cabezas: si no obedecen, les será cobrado con sus vidas. El temor a una dictadura tutelada por Estados Unidos está abierto, como también una transición en la que no cuenten los líderes legitimados por el voto, Machado y González Urrutia. No han sido liberados los presos políticos, la gente de a pie sigue sufriendo, los migrantes temen ser expulsados de Estados Unidos y de otros países y, aunque se celebra que Maduro está caído, nada sabemos del futuro.

Desde luego, esto puede cambiar en los próximos días porque los actores involucrados se mueven con rapidez y la situación también. Mientras Trump presume de que recibirá pronto entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de Venezuela, Rusia y China miran con atención y sin aspavientos mayores los riesgos que corre su presencia en Venezuela. Los cubanos ya no tienen trabajo y, quizás, terminarán en la isla, con el temor de morir de una enfermedad en lugar de heroicamente. Por último, todavía existe el riesgo de una escalada militar por parte de los elementos más extremistas del régimen.

Mientras tanto, la democracia para otro día.

 

*Imagen de President.az, CC BY 4.0

 

Gisela Kozak es escritora, editora y docente venezolana. Reside actualmente en México y su último libro es El deseo es un piano invisible (cuentos, 2025). 

 

 

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Posted: January 7, 2026 at 9:08 pm

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