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Sheinbaum en Barcelona
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Sheinbaum en Barcelona

Sergio Negrete Cárdenas

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No habló de voluntad ciudadana, menos de votos y ya no digamos equilibrio de poderes o alternancia en el ejercicio del poder. Nada sobre la voluntad ciudadana expresada en diversas formas, con las urnas en un lugar central. Dijo en cambio que democracia significaba elevar el amor por encima del odio, cultivar la generosidad en lugar de la avaricia, la fraternidad por encima de la guerra, que la vida no se compra, como tampoco la libertad o dignidad de los pueblos.

El viaje relámpago de la presidenta Sheinbaum a España fue peculiarmente breve, casi tanto en vuelos como el transcurrido en Barcelona. Un pisa y corre que, sin embargo, mostró facetas de la personalidad de quien ocupa Palacio Nacional. Algunas ya evidentes en sus casi 19 meses gobernando, pero otras tan inesperadas como poco halagadoras. Hay dos dichos que encajan en lo ocurrido durante el fugaz periplo: “si quieres conocer a alguien, dale poder” y “si quieres conocer a alguien, viaja con él”. La titular del Ejecutivo ciertamente se desenmascaró.

Mentira

La pasión que tiene Sheinbaum por distanciarse de la verdad no es nueva, ciertamente; hay abundantes ejemplos en sus mañaneras. Pero fue sorprendente su intento por reescribir la magnitud de un severo diferendo diplomático con España que ya lleva más de siete años. Recién llegada a Barcelona, declaró que “No hay crisis diplomática. Nunca la ha habido”. Quizá, ciertamente, tenga una definición muy peculiar al respecto de la palabra “crisis”, y considere que su decisión de no invitar al Jefe de Estado de España, Felipe VI, a su toma de posesión no reflejaba una tensión grave en la relación bilateral. Esto aunado a la peculiar “pausa” que su antecesor y padre político anunció con respecto a los tratos con dicho país en 2022, esto tras tres años de estar requiriendo de España disculpas por acciones durante el periodo colonial.

La ironía final al respecto es que ni siquiera es claro que el gobierno mexicano (esto es, quien lo encabeza) haya cerrado el peculiar diferendo. Los acercamientos que el gobierno español ha realizado, mediante declaraciones del Ministro de Exteriores, y el propio Felipe VI (también con declaraciones públicas, y que le valieron duras críticas por políticos en la oposición) las recibió Sheinbaum en forma ambigua, como “avances” con una actitud adusta y de perdonavidas. Su propio viaje fue otro acercamiento, sin duda, pero su paso por Madrid (en escala aérea) no fue utilizado para tratar de ver al rey. Si el distanciamiento que para la presidenta no es crisis (y nunca lo ha sido) ya quedó superado, es algo que todavía no está claro.

Intervencionismo y corrupción

Recién llegada a Barcelona, entre sus primeras acciones fue agarrar una pancarta exigiendo libertad para la expresidenta de Argentina Cristina Fernández, y desplegarla para las cámaras con gran sonrisa. Un momento feliz para ella, quizá, en que la presidenta regresó a ser la activista opositora de marcha y manta. Esto aparte de unas declaraciones diciéndole “estamos contigo” a Fernández de Kirchner. Esto es, a una persona condenada en firme por la instancia inapelable, la Suprema Corte de su país, como corrupta.

Sheinbaum nunca se frena para proclamar, y reclamar, el respeto a la soberanía como elemento esencial de respeto entre las naciones. Parece que la soberanía argentina no pesó mucho en su actuar si se trataba de expresar su apoyo, además, a una persona probadamente, no probablemente, corrupta. Una forma extraordinariamente gratuita de provocar un problema (aunque quizá, siguiendo sus definiciones, no una crisis) con otra nación latinoamericana.

Un discurso desperdiciado

Casi 10 minutos duró la intervención de Sheinbaum durante la plenaria de la cumbre. Fue un discurso lastimosamente desperdiciado, un peculiar despliegue de aldeanismo y pobreza intelectual. No es que fuera esperable una Mark Carney ante el Foro de Davos, pero sí algo de altura retórica y todavía más de contenido. Llevaba las de ganar: estaba ante un público amigo, ideológicamente afín, y con cierta expectación por su rara salida de tierras nacionales.

Casi la mitad del tiempo la dedicó a enaltecer a México, y a sí misma como su líder, como una nación extraordinaria por contar con un pueblo absolutamente fuera de serie. Las parrafadas incluyeron palabras como, entre otras, trabajador, creativo, luchador, generoso, respetuoso, pacífico, solidario y humano. Esto aparte de enaltecer al país como el producto de extraordinarias culturas saqueadas y esclavizadas (teniendo como anfitrión y oyente al presidente de España). De ahí pasó a referencias históricas que es de suponerse ninguno de los asistentes, fuera de la delegación mexicana, entendió. Empezó con Tláloc y Huitzilopochtli y terminó con Lázaro Cárdenas, entre ambos mencionando desde Miguel Hidalgo y Costilla hasta a Francisco Villa. Muy semejante a las peroratas a las que era tan afecto su antecesor, López Obrador, pero con el toque feminista-revisionista al que es tan afecta la presidenta, reescribiendo la historia. Así, Josefa Ortiz de Domínguez se transformó en Josefa Ortiz Téllez Girón.

Siguiendo también los pasos de quien le heredó el cargo, la presidenta incluyó en sus palabras una “propuesta”: que las naciones gasten el 10% de su presupuesto militar para financiar que millones de personas siembren millones de árboles. Recuerda a la aspirante de cualquier concurso de belleza quien, al pedírsele una propuesta, contesta con aplomo: “quiero la paz en el mundo”.

Ya en la última parte del singular discurso, vino la invitación que desenmascaró, esta sí, una faceta poco conocida de Claudia Sheinbaum: aquella que se ostenta como demócrata. Y lo es, por supuesto, bajo su muy particular óptica.

La democracia claudista

Tampoco es nuevo que se presente como demócrata, claro. Digna entenada de López Obrador, su ADN es profundamente autoritario, pero por años cubriendo esa piel de lobo con una de atractiva oveja democrática.

La presidenta había acudido a Barcelona a nada menos que a una “Reunión en Defensa de la Democracia”. Y dedicó la última parte de su discurso a presentar unas extrañas definiciones de lo que es o significa esta. No habló de voluntad ciudadana, menos de votos y ya no digamos equilibrio de poderes o alternancia en el ejercicio del poder. Nada sobre la voluntad ciudadana expresada en diversas formas, con las urnas en un lugar central. Dijo en cambio que democracia significaba elevar el amor por encima del odio, cultivar la generosidad en lugar de la avaricia, la fraternidad por encima de la guerra, que la vida no se compra, como tampoco la libertad o dignidad de los pueblos. Agregó que democracia significa que solo el respeto a la diversidad y el amor por los demás harán posible construir un mundo donde quepan todos los pueblos, lenguas, culturas y naciones. Dijo que México entiende como democracia lo que había dicho Benito Juárez: con el pueblo todo, sin el pueblo nada (una de las frases favoritas y muy citadas de López Obrador).

Con tan peculiares definiciones, quizá no es de sorprender que Sheinbaum ofreciera que México fuese la sede de la próxima reunión –aunque quizá lo fuese más que dicha propuesta fuese aceptada cuando provino de un régimen en clara y abierta regresión autoritaria.

El precio anti-Trump

La cumbre cerró con un comunicado que incluyó algo explícitamente solicitado por Sheinbaum en su discurso: una condena a todo intervencionismo extranjero en Cuba. Fue uno de los sellos finales de una reunión que tenía como objetivo presentar un contrapeso a las ideologías de derecha en general, pero, sobre todo, a Donald Trump. Pedro Sánchez se ha convertido, y presume de ello, en un referente global antitrumpista.

Esto no ha sido muy costoso para el presidente de España o su país, lejos de Estados Unidos y escudado por la Unión Europea. No es el caso de México, que además está en plena negociación para revisar el tratado comercial con el país vecino y Canadá. Sheinbaum, y sobre todo el país, quizá pagarán un precio elevado por ponerse la misma máscara que Sánchez.

 

Sergio Negrete Cárdenas. Profesor del ITAM y autor del libro De AMLO a Sheinbaum: decadencia económica y conquista política que continuará“. Trabajó en el Fondo Monetario Internacional. Profesor en varias universidades de España y México, destacadamente la Universidad Pompeu Fabra y la Escuela Superior de Comercio Internacional, en Barcelona, la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién en la Ciudad de México. Doctor en Economía y Maestría en Economía Internacional por la Universidad de Essex. Diplomado en Política Exterior de Estados Unidos por la Universidad de Maryland. Licenciado en Economía por el ITAM y en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. X: @econokafka

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Posted: April 20, 2026 at 9:55 pm

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