Futbol con los griegos
Lydiette Carrión
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Esta es una pequeña anécdota personal, de esas que se desbocan calle abajo y terminan en casi tragedia. Se habla de una inminente crisis económica similar a la de 1930 y estamos en la antepuerta de un mundial tripartita: un país que amenaza a los otros dos, que responden como pueden, pero los tres detienen las hostilidades para dar bienvenida a la fiesta del soccer. En Houston, la meca de la petroquímica, habrá partidos. Y el padre de familia de este hogar pobretón ama el futbol.
Leamos al hijo de 10. Total, en este momento estamos todos seguros, ¿no? En esta casa, con el aire acondicionado, leyendo a Grace Lin, la escritora favorita de todo el cuarto grado de la escuela. Después apagamos la lamparita y llega el sueño. Aunque el padre ya se tardó, ¿que no iba a jugar futbol con los griegos? ¿No debía estar en casa a más tardar las 10 de la noche?
¿Estás bien?, tecleo en la pantallita del celular.
Justo en eso se escucha la puerta de la entrada abriéndose. R. llega con cara de espantado, con olor a adrenalina.
Sí, La adrenalina huele: como a sudor, más agrio.
Me faulearon.
(…)
Me lesioné el hombro, me llevan al hospital.
(Shock)
Tras el momento de conmoción, le digo:
Llévate los papeles del seguro.
Se venció el seguro.
(Y es ahí cuando mi mente se deslinda del cuerpo.)
¿Dejaste vencer el seguro? ¿Cómo dejaste vencer el seguro? ¿Qué no sabes dónde estamos? ¿Qué no recuerdas aquella vez cuando llegamos por primera vez, cuando ibas con Saúl y los chocaron, no viste acaso la cuenta del hospital que por suerte no tuvimos que pagar? ¿No recuerdas los dos mil dólares, sólo por revisarte el cuello y decirte que todo estaba increíble y te fueras a tu casa?
Voy a un hospital público.
¿Estas loco? ¡Aquella vez era un hospital público! ¿No recuerdas cuando a nuestro hijo se le infectó una uña y por picarle con una aguja y recetar antibiótico fueron 365 dólares? ¿Qué acaso no recuerdas?…
Pero el esposo ha colocado su máscara de hombre herido por la falta de amor de la madre de su hijo, cómo pueden importarle unos cuantos miles de dólares, cuando a él le duele el hombro…
Me voy, me duele mucho el hombro…
Bocarriba con los ojos mirando fijo el techo a oscuras. ¿Cómo dejó vencer el seguro? ¿Cómo dejó vencer el seguro? Reviso. Apenas dos días atrás. Sólo por días. ¿En qué estaba pensando?
Siento la mandíbula trabada. Tomo una píldora para dormir. Sí. Una píldora para dormir por un seguro que se dejó vencer. Poco a poco llega el sueño farmacéutico y me relajo en los periplos de mi vida onírica, hasta que lo sueño a él diciendo que ha llegado la cuenta del hospital público, en mi hojo de la mente veo la hoja membretada, super barato, dice: debemos un millón de dólares. Mis ojos se abren inmediatamente, como faros, en la realidad del cuarto a oscuras y el hijo dormido y el otro ausente. ¿Cómo vamos a pagar? Me digo que es un sueño. Cálmate. Pero se siente tan real. ¿Acaso no ha leído las temibles historias de gente que pierde todo por una cuenta de hospital? ¿No vio como un joven asesinó a un CEO de una aseguranza tras sentirse defraudado? ¿Cómo pudo haber hecho eso? Me quiero divorciar. ¿Si me divorcio todavía podrían llegar a cobrarme? Y él no ha llegado a casa.
¿Dónde estás?
Sigo en el hospital.. Me sacaron unas radiografías.
¡Unas radiografías!
Colgué.
Hace unas semanas el gato se puso mal, se había comido un juguetito de plástico y pensamos que moría. El veterinario (rankeado en internet como no demasiado caro) le mandó radiografías. Eran 150 dólares por cada una, además de 150 dólares más por la revisión del especialista si se necesitaba. Más la prueba de sangre (150 dolares), más…
Dos horas después volví a enviar mensajes.
Me sacaron otras radiografías es que no se veía bien.
Más radiografías.
15 más 150… pero R. no es un gato. Es un humano. En urgencias.
Me voy a divorciar.
¿O me podrán perseguir económica aunque esté divorciada?
Estoy esperando al especialista.
Tres de la mañana un día entre semana.
¿Cuánto cobrará el especialista? R…¡¡¡sal de ahí!!! Mejor cruza la frontera y ve con un huesero a Matamoros…. Nos encontraremos en otro año cuando en México, en mexiquito amado, donde existe doctor Simi.
Huye él o huyo yo. No será que en esta administración la deuda de uno pase a la cónyuge. ¿Who knows? En esta época todas las reglas han cambiado.
A continuación una escalada de reproche. En qué estabas pensando, cómo pudiste dejar el seguro… por qué no lo recontrataste y esperaste hasta la mañana.
Mensaje visto.
Visto.
Visto.
¿Traes tu I94? Qué tal que…
Visto.
Es de mañana y no llega. Tampoco contesta el teléfono. Me levanto entumida, desarticulada del cuerpo, con los antebrazos adoloridos de tensión y como puedo esbozo una sonrisa.
Tu papá está bien. Recibo una mirada seria y adulta, demasiado a un fourthgrader que apenas 12 horas atrás estaba leyendo a la escritora favorita de todo el salón. Todo estará bien. Vámonos a la escuelita. Frío un huevo y doy un desayuno en piloto auomático. Toda mi atención estará en llevarle a la escuela, no chocar en esta manejada robótica y permanecer “tranquila”. A la vuelta por fin está él. Ha envejecido 10 años en una noche. Cuando se fue era un orgulloso guerrero de fin de semana con espinilleras y tacos de soccer, incipiente lomo plateado. Hoy es un tullido que ha disminuido en estatura y gallardía y se mueve dando pasitos. Trae el brazo en cabestrillo. ¿Cuánto habrá costado el trapo ese? ¿Otros 300 dólares? ¿500 dólares? No hay fractura, sólo debo usar esto, agrega, con una voz como hilillo… Ingrato. Nos has endeudado para las siguientres tres generaciones. Los nietos de nuestro hijo seguirán pagando…
No hablemos de eso ahora, desestima con un ademán. Ahora no. No dormí. Estuve toda la noche en una silla de ruedas esperando a que me atendieran…
¿Habrá tenido algún costo el préstamo de la silla de ruedas?, ¿Por qué no se acostó en el suelo? Sólo siento un volcán en la panza, una ganas de gritarle, de decirle que nos ha arruinado.
Pasaron muchas horas, un día entero, de hostilidades. Un partido de futbol en un departamento de alquiler. En un vericueto de tantos me cuenta:
Fui a jugar con los griegos (esto es Houston y hay gente de todos lados del mundo. “Los griegos” es un equipo de soccer en el que hay predominantemente hombres griegos, me entero que abogados. Quizá ellos puedan demandar al que lo fauleó y le obliguen a pagar la cuenta de hospital). Pero el otro equipo era de centroamericanos. “Yo siempre hablo bien de ellos, pero juegan muy sucio”. Mira:
Muestra un tobillo con un agujero enorme. Uno de los tacos de su oponente lo había perforado. Luego, explicó, otro tipo lo empujó directamente y él, con la inercia de la carrera cayó y se estrelló contra el suelo.
Mi amigo el venezolano (el que juega con los griegos) me llevó al hospital, ese en el que R trabaja. Es que es público.. (repite. Yo ya entendí que fue al público. Él no entiende que eso no importa.)
Pero ya sabes que aquí los hospitales públicos no son públicos. ¿Cómo le vas a hacer? Yo no voy a pagar un peso, pidele ayuda a tu familia porque….
…No pude dormir en toda la noche, las luces encendidas todo el tiempo, la gente entraba y salía…
(Su bajada de balón para esquivar mi agresión le funciona, bajo un poco la ofensiva. Acaso al menos debo, por formas, mostrar empatía por su mala noche, aunque entonces recuerdo mi pesadilla: un millón de dólares, hay facilidades de pago que ponen en riesgo tu estancia legal en este país…)
Me daba miedo que llegara ICE y tu no tenías tu 194 y tu visa contigo.
Pues no había ICE, pero estaba lleno de policías–, espeta con amargura (este es el fin de nuestra relación. Yo me siento herida porque nunca podremos cubrir esa deuda y él se siente herido de que no me preocupe por él). Todo el hospital estaba lleno de policías, personas en trajes naranjas y homeless.
¿Trajes naranjas? No entiendo. ¿Son aprendices de hospital o qué?
Reos, Lydiette. Prisioneros–, espeta con exasperación frente a mi incapacidad de conectar un punto con otro. ¿Acaso no sabe todo el mundo que en aquel hospital público miserable en el que pasó la noche y en el que su amigo R trabaja atienden a reos texanos? Reos texanos, en el estado más rojo y más capital punishment de la federación.
(Hay una lucha clara: si él ha sufrido más no tengo derecho a reclamar su falta de asertividad, su negligencia. Me pregunto cuántas veces he visto esto en juicios. Y pues sí, sí le duele, no puede mover el hombro, sale una enorme protuberancia, ¿es eso un hueso salido, un chichón o qué? pero no cederé más allá del milímetro.)
…Rodeado de policías armados y hombres esposados. El único preso blanco tenía cara de miedo, como de asesino serial… A mi lado dejaron a un homeless con las piernas hinchadas, con su carrito y sus cosas. Era paisa.
¿Mexicano?
Asiente con la cabeza:
Del valle de Mezquital (Hidalgo). Fue bonito hablar con él. Le daba nostalgia su vida de joven. Me contó que sabía hacer barbacoa.
Debió sentirse solo, como homeless en el hospital, en un país que no es el suyo–, agrego.
Ya lleva 50 años aquí. Estar ahí no le ocasionaba nada. Me contó su vida. Creo que le sirvió que lo escuchara. Habló mucho de cuando no era homeless. Le daba gusto hablar de su vida anterior, cuando era más feliz. Al menos a él lo hice sentir bien– ramata con el reproche velado, otro, otros, un hombre sin casa, aprecia su compañía. No esta mala mujer ingrata y sin corazón.
Al paso de las semanas, hasta circuló una crónica de sus anécdotas en el hospital, el asesinos erial blanco, la infinidad de afrodescendientes en cadenas y trajes naranja, los homeless, el mexicanito fauleado por paisas de la patria grande. La historia le conllevó muchos mensajes de mejórate entre nuestros amigos y conocidos. No pude ni leerla. Me echaría a llorar. Yo seguía sudando frío esperando la cuenta de hospital. Entonces, ¿qué pasaría? ¿Abandonaría mi proyecto, tomaría mi auto a pagos y recorrería la ardiente autopista hasta Matamoros, Ttamaulipas, Mataulipas?
Por suerte, no fue un millón de dólares.
Ahí vamos.
Foto de Erik Mclean en Unsplash
Lydiette Carrión es periodista y escritora independiente. Autora de Feminicidio Mítico. Del crimen al producto cultural: imágenes, narrativas, moda y consumo de la violenciay (Debate, 2025) y La Fosa de Agua(Debate, 2018). Entre sus reconocimientos están el Premio Gabo 2019 (Colaborativo) en la categoría de Innovación por “Mujeres en la vitrina” y el Premio Género y Justicia (SCJN, 2012). Fue candidata al Premio de Derechos Humanos Sergio Méndez Arceo 2019. Actualmente estudia el Doctorado de Escritura Creativa de la Universidad de Houston. Su X: @lydicar
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Posted: May 19, 2026 at 10:16 pm







