Otra madre
Gisela Kozak Rovero
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Carmen Teresa Navas, madre de Víctor Hugo Quero Navas, se enteró de la verdad después de haber recorrido Venezuela tras la huella de su hijo: Quero murió en prisión en julio de 2025, después de meses de desaparición forzada. El espanto y la indignación han cimbrado a una población acostumbrada a todos los desmanes posibles pues Carmen Navas tiene 82 años y fue sistemáticamente engañada, convertida en el objeto de burla de una dictadura atroz. La tragedia de este ciudadano y la incansable lucha de su madre han dejado en evidencia el colapso ético, jurídico y administrativo del sistema de justicia y del sistema penitenciario del país, basado tanto en la persecución y en la tortura como en el encubrimiento estatal. Quero, un comerciante de 51 años, fue detenido de manera arbitraria el 1 de enero de 2025 en las inmediaciones de la Plaza Venezuela, en Caracas. Rápidamente, el aparato judicial lo criminalizó sin pruebas, imputándole los graves cargos de terrorismo, traición a la patria y conspiración, en una de las típicas maniobras propias del terrorismo de Estado para insuflar el temor dentro de la población: cualquier persona puede ser detenida, se dedique o no a la política. Quero no era culpable de tales delitos, se trataba de un hombre dedicado a su vida personal, víctima de una absurda judicialización de la política que ha convertido en crimen oponerse al régimen. Su madre siempre ha afirmado la inocencia de su hijo, dedicado al comercio con el fin de sostener a su familia.
Quero fue sometido a un patrón de desaparición forzada e incomunicación y pasó inicialmente por los calabozos de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) para luego ser trasladado al centro penitenciario El Rodeo I. Durante 16 meses, Carmen Teresa Navas emprendió una angustiosa búsqueda en la que pedía una simple fe de vida. Recorrió múltiples centros de detención y tortura, incluyendo la DGCIM en Boleíta, sedes de la PNB, el Helicoide y el mencionado complejo penitenciario de El Rodeo. En cada una de estas instituciones se topó sistemáticamente con el silencio, la indolencia y la negación de las autoridades. A pesar de que algunos reclusos excarcelados aseguraban haberlo visto en El Rodeo I con un estado de salud gravemente comprometido, los funcionarios del penal le dijeron a la madre que su hijo no se encontraba allí. La culminación de esta tragedia reveló una tremenda crueldad burocrática. El 7 de mayo de 2026, el Ministerio para el Servicio Penitenciario emitió un escueto comunicado: Víctor Hugo Quero Navas había fallecido casi diez meses antes, el 24 de julio de 2025. Según la versión oficial del Estado, el deceso ocurrió en el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo a causa de una insuficiencia respiratoria aguda secundaria a un tromboembolismo pulmonar, luego de ingresar nueve días antes con una hemorragia digestiva y fiebre. Lo peor estaba por llegar: el cuerpo fue inhumado en secreto el 30 de julio de 2025 en el Cementerio Parque Memorial La Puerta, en una fosa común y marcada apenas con una hoja de papel. La justificación no pudo ser más inmoral, pues la respuesta a semejante lista de agravios es que Víctor Quero no tenía familiares que se ocuparan de él, cuando Carmen Teresa Navas hizo inauditos esfuerzos en pos de la información sobre el paradero de su familiar. La burla y el cinismo no paran aquí. Mientras Quero yacía en una fosa común clandestina, las instituciones venezolanas simularon un proceso judicial en desarrollo. En octubre de 2025, tres meses después de su muerte, la Defensoría del Pueblo emitió un documento oficial que probaba que el detenido se encontraba con vida y recluido en El Rodeo I. Recientemente, se le negó el beneficio de la Ley de Amnistía en razón de la gravedad de sus supuestos delitos, de modo que un juez se prestó a la farsa de tratar en calidad de sujeto procesal a una persona fallecida.
Tras el anuncio oficial, se ordenó la exhumación de los restos el 8 de mayo de 2026 y Carmen Teresa Navas exigió la realización de una prueba de ADN para confirmar la identidad del cadáver. Ante semejante panorama, organizaciones defensoras de derechos humanos como el Foro Penal, COFAVIC y Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) han exigido la destitución de los funcionarios responsables y la aplicación estricta del Protocolo de Minnesota. Este instrumento internacional exige que las muertes bajo custodia del Estado sean investigadas de forma rápida e imparcial por peritos independientes. Las ONG´s denuncian que este no es un caso aislado: con Quero, ya son 27 los presos políticos fallecidos bajo custodia del Estado desde 2014.
Se cumplen cincuenta años del golpe de Estado que inició la dictadura argentina (1976-1983), cuya crueldad ha quedado en la memoria no solo de los originarios del país del sur, sino también en el oprobioso registro de las autocracias brutales del continente. El tema está tan vivo que atraviesa las campañas electorales de la nación austral y se interpreta como un punto de honor por sectores que se miran entre sí con absoluta desconfianza. En La llegada, de Leila Guerriero, la protagonista cuenta los horrores de los que fue víctima de parte de los militares, pero también comenta las acciones bastante discutibles de los montoneros, un grupo de extrema izquierda que llevó a cabo acciones armadas. El asunto es que, como suele ocurrir en las dictaduras, todo el poder del Estado queda de un solo lado y los abusos recaen sobre la oposición. Las madres y abuelas de la Plaza de Mayo se dieron a la tarea de buscar a sus hijos e hijas desaparecidos y también a sus nietos entregados en adopción después de haber sido arrebatados a sus padres. Ironías de la vida, unas mujeres tan emblemáticas de la decencia y la resistencia pacífica apoyan a un horror como la Revolución Bolivariana, pero si algo me ha quedado claro, en los 27 años transcurridos desde que comenzó la devastación sistemática de Venezuela, es que las violaciones a los derechos humanos importan si se cometen en contra del bando que se apoya, mientras pueden negarse o ignorarse si el bando contrario es la víctima. Tal como ha probado la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ONU), las violaciones a los derechos humanos en mi país sobre una oposición desarmada han sido sistemáticas, pero no bastan las pruebas para la izquierda más cerril, negada a mirar de frente a otro de los engendros creados por una vocación autoritaria, como la cubana, que se atrinchera en un antiimperialismo de juguete. Carmen Teresa Navas es otra madre de la Plaza de Mayo, otra de las innumerables mujeres de este continente que buscan a sus familiares desaparecidos a cuenta del Estado o del crimen organizado (que en Venezuela vienen a ser lo mismo). Ojalá su caso cause la misma indignación que causaban y causa en todo el continente los abusos de la terrible dictadura militar argentina.
Foto de Eugene Chystiakov en Unsplash
Gisela Kozak Rovero (Caracas, 1963). Activista política y escritora. Algunos de sus libros son Latidos de Caracas (Novela. Caracas: Alfaguara, 2006); Venezuela, el país que siempre nace (Investigación. Caracas: Alfa, 2007); Todas las lunas (Novela. Sudaquia, New York, 2013); Literatura asediada: revoluciones políticas, culturales y sociales (Investigación. Caracas: EBUC, 2012); Ni tan chéveres ni tan iguales. El “cheverismo” venezolano y otras formas del disimulo (Ensayo. Caracas: Punto Cero, 2014). Es articulista de opinión del diario venezolano Tal Cual y de la revista digital ProDaVinci. Twitter: @giselakozak
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Posted: May 14, 2026 at 8:12 pm







