La rosa imaginada
Ana Clavel
- Érase una vez la rosa…
Érase una vez que la rosa se convirtió en la reina de las flores. Como si se hubiera desprendido de las páginas de Las mil y una noches, su estirpe procede de ese país de las maravillas del imaginario colectivo, que lleva por nombre Oriente Medio.
Los antiguos egipcios ya conocían el poder de su reinado. Cleopatra mandaba perfumar las velas de sus barcos con esencia de rosas antes de partir para encontrarse con Marco Antonio. En Grecia y en Roma, la rosa no sólo era símbolo de belleza y amor, también se usaba en bálsamos, ungüentos y rituales funerarios. La rosa hablaba del alma y de la eternidad.
Fue muy apreciada por Nerón, quien hizo uso espectacular de ella durante sus fiestas y bacanales. De la noche a la mañana se transformó en flor de todos los excesos hasta ser recuperada en el siglo IV después de Cristo por la Iglesia, que la asoció al culto de María. Pero fue a los árabes a quienes se debe la propagación de la rosa de perfumería. Ellos la introdujeron en el valle del Dadès en Marruecos, en Bulgaria y luego en Turquía.
Si bien es cierto que hay más de cuatro mil variedades de rosas ornamentales cultivadas por su belleza, dos han sido las grandes preferidas del arte de los perfumistas: la Rosa Damascena y la Rosa Centifolia (rosa de cien pétalos), también llamada Rosa de Grasse, Rosa de Mayo o Rose Pays.
La Rosa Damascena proviene de un cruce entre la Rosa Gallica, cultivada entre Mesopotamia y Palestina, y la Rosa Phoenica o fenicia, igualmente cultivada en Oriente Medio. La Rosa Damascena también se conoce como Rosa de Damasco, ya que los cruzados la descubrieron en esa ciudad.
Durante la Edad Media y el Renacimiento, los alquimistas y boticarios comenzaron a destilar agua de rosas, muy apreciada tanto en cosmética como en medicina. Pero fue en el siglo XVII, con el auge de la perfumería francesa en Grasse, cuando la rosa comenzó a ocupar su trono en la alta perfumería europea.
Y es que el abanico olfativo de la rosa resulta impresionante. Su química es compleja y la hace inimitable, con al menos 300 ingredientes aromáticos. Ofrece a la creatividad de los perfumistas posibilidades de transformaciones infinitas: a veces ángel, a veces demonio; fresca y centelleante o carnal y profunda. ¿Será por eso que el poeta Rilke afirmó: “La rosa es contradicción pura”?
Un dato fascinante: se necesitan de 3 mil a 5 mil kilos de pétalos frescos para obtener 1 litro de aceite esencial. Por eso el absoluto de rosa es uno de los ingredientes más caros de la perfumería.
Y una recomendación de los especialistas: “La próxima vez que huelas un perfume con la rosa en su pirámide olfativa, piensa en el trabajo necesario para su cultivo, en las manos que recogieron esos pétalos aún cubiertos de rocío, en los procesos de destilación que capturaron su esencia y en el viaje a través de la historia que transformó una flor efímera en una estela inolvidable”.
El efímero mundo de los olores, decía el perfumista Jean-Baptiste Genouille en la afamada novela de Süskind. Una verdad a medias pues los aromas se quedan tatuados en nuestra alma y nos hacen buscar su paraíso en otros cuerpos. Nos llevan a encontrar en el mundo las huellas de lo que fue nuestro alguna vez.
- La rosa de ningún aroma
En La rosa transfigurada, del erudito Ernesto de la Peña, se menciona el nacimiento de la rosa alba en Occidente, de Homero y la aurora de dedos de rosa, de las flechas de Eros y la “venganza” de Adonis que tiñó a la rosa con su sangre derramada. De las rosaledas áureas de Midas y los jardines colgantes que Nabucodonosor construyó para el solaz de su amada persa. De la rosa hipocrática como alivio para las dolencias del cuerpo. De la rosa fúnebre y los “rosalia” de los ritos romanos. De la “rosaleda del misterio” de Alá para los esponsales de dios y el alma. De la metamorfosis de la rosa, concebida por Apuleyo en El asno de oro. De las rosaledas en el jardín cósmico, de la cadena de rosas o rosarios de la virgen María. De la rosa como símbolo del amor en Le Roman de la Rose. De la rosa marina en Las mil y una noches que permite a los amantes unirse a pesar de la adversidad. De la rosa del amor cortés que resume en una sola mujer todas las posibilidades amatorias. De la rosa celeste de Dante que encarna la divinidad. De la rosa mística sin espinas y la rosa ensimismada de Rilke. De la rosa inalcanzable de Borges y la rosa creacionista que florece en el poema…
No por nada, a la nebulosa NGC 2244 la bautizaron con la variante italiana Rosetta pues se trata de una enorme nebulosa rojiza que recuerda la forma de la flor en el firmamento estrellado. Esta “Rosa Cósmica” se encuentra en la constelación del Unicornio y tiene un tamaño similar al de la Luna llena.
En nuestros días confusos, ¿por qué las rosas de mercados y jardines han dejado de tener aroma? Según datos de El País, se sabe que, hacia 1850, en Europa existían más de 100 variedades de rosas perfumadas, pero la paulatina introducción de especies procedentes de China —otra vez los chinos— llevó a los horticultores a hibridar especímenes con el fin de aumentar su producción con rosales de período de floración mucho más amplio y mayor variedad de formas y colores. Algunos estudios apuntan a que durante este proceso hubo un gen de las rosas —el RhAG— que cambió su expresión cuando se intentaba obtener rosales triploides y tetraploides (de exuberante floración y resistencia). Y la consecuencia: la pérdida del perfume.
Si las antiguas rosas europeas tenían colores limitados (blancas, rosas y amarillas) y crecían rústicas en los jardines, el mercado de las rosas ornamentales pronto se vio invadido por las nuevas variedades con infinidad de colores, que florecían durante varios meses al año… pero poco o nada olorosas. Al mismo tiempo, las variedades antiguas europeas han ido desapareciendo.
Marina Barcenilla, perfumista e investigadora científica de la Universidad de Westminster y del Museo de Historia Natural de Londres señala: “A mediados del siglo XIX se buscaba conseguir rosales que florecieran más a menudo a lo largo del año, como hacían las especies chinas. El mercado pedía que fueran más productivos para la floricultura, que produjeran rosas bonitas de ver, de floraciones espectaculares para los jardines, y de tallo largo para su uso como flor cortada. Se buscaba el rendimiento máximo de la planta con fines estéticos y ornamentales, pero fue a costa del aroma de las rosas antiguas”.
Algunos intentos recientes, como la asturiana Rosa Narcea, buscan reintroducir el aroma de las rosas en los especímenes de jardinería. Toda una proeza para restaurar el poderío olfativo de las rosas en el mundo cotidiano.
- Antología mínima personal
Pero siempre nos quedará la impronta de la rosa imaginada, esa celebrada por los poetas que logran hacerla florecer en el poema —Vicente Huidobro dixit—. Aquí una muestra de mis poemas favoritos a la rosa para perpetuarla con su fragancia, su forma, su color, su sombra y complejidades. ¡Salve, Rosa, coronada de belleza!
Rosa
Hueles a rosa y se te abre en rosa
toda el alma rosada:
¿De qué rosal celeste desprendida
viniste a rozar, Rosa, mi alma?
Rosa, lento rosario de perfumes…
Rosa tú eres… Y una rosa larga
Que durará mañana y después de
mañana…
-Dulce María Loynaz-
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La rosa
La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín en la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.
-Jorge Luis Borges-
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La rosa es una rosa es una rosa…
La rosa es una rosa es una rosa.
Tu boca es una rosa es una boca.
La rosa, roja y rosa, me provoca:
Se me antoja una boca temblorosa.
La roja, roja sangre rencorosa
de la rosa, que quema lo que toca,
de tu boca de rosa se desboca
y me moja la boca, ponzoñosa.
La pena, pena roja de mi vida,
de no vivir bebiendo ese lascivo
licor de boca rosa y llamarada,
rubor de rosa roja y encendida,
me ha dejado la boca al rojo vivo,
del rojo de una rosa descarnada.
-Fernando del Paso-
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Four roses
II
Idéntica a sí misma, leve
como un temblor, la rosa
sube por la vertiginosa
ondulación de su relieve.
Sabe que su presencia mueve
la noche de lugar. Brumosa
y frágil, en su misteriosa
verdad el mundo no se atreve.
Empieza el fin de todo en ella,
se apaga y prende con la estrella
de su voraz desenvoltura.
Le hablaría de la ternura
y de la espina de su aroma
en otra lengua, no en su idioma.
-Jorge Díaz Vélez-
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Epitafio del poeta
Rosa, oh contradicción pura.
Dicha de no ser sueño de nadie
bajo tantos párpados.
-Reiner María Rilke-
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la rosa habita en mí
y su mundo me perfuma.
A pesar de todo el perfume que la adorna,
no se adivina el infinito
que esconde en su interior.
Las rosas palpitan cuando las tocas.
-Pedro José-
Fotografia: Nebulosa Rosetta, Creative Commons CC0 1.0 Universal Public Domain Dedication.
Ana V. Clavel es escritora e investigadora. Ha obtenido diversos reconocimientos como el Premio Nacional de Cuento Gilberto Owen 1991 por su obra Amorosos de Atar y el Premio de Novela Corta Juan Rulfo 2005 de Radio Francia Internacional, por su obra Las violetas son flores del deseo (2007). Es autora de Territorio Lolita, Ensayo sobre las ninfas (2017), El amor es hambre (2015), El dibujante de sombras (2009) y Las ninfas a veces sonríen (2013), entre otros. Su Twitter es @anaclavel99
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Posted: October 9, 2026 at 7:34 am







