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Lo que queda de ti, de Cherien Dabis

Lo que queda de ti, de Cherien Dabis

Naief Yehya

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Lo que queda de ti, cuenta una historia de desconsuelo, sacrificio, rabia y esperanza. Una historia que son todas las historias de quienes súbitamente se encuentran a la merced de los mecanismos deshumanizadores

Trauma generacional. Esas dos palabras resumen la experiencia palestina de los últimos 78 años y la escritora, actriz y directora, palestina estadounidense Cherien Dabis ha tratado de capturar en su cine la esencia de vivir bajo esa sombra. Dabis debutó en la dirección con la cinta Amreeka, en 2009 (que también produjo y escribió), en la que narra la historia de una madre palestina divorciada que emigra de Cisjordania a Chicago con su hijo, aprovechando la lotería de tarjetas verdes, poco después del inicio de la invasión estadounidense de 2003 a Iraq. Ahí mostraba la islamofobia dominante y normalizada en Estados Unidos, y reflejaba el acoso y racismo de que fue objeto su propia familia (ella nació en Omaha). Su segundo largometraje, May in Summer, de 2013, que además de producir, escribir y dirigir también estelarizó, cuenta la historia de May Brennan (Dabis) una exitosa escritora que vive en Nueva York y viaja con su prometido, Ziad, a la capital jordana, Amman, para casarse pero encuentra el rechazo de su madre que es cristiana renacida y se opone a su matrimonio con un musulmán. Su tercer y más complejo filme es Lo que queda de ti, la historia transgeneracional de una familia ante la hecatombe de perder la patria, la tierra, la salud, el dinero y la vida ante una fuerza de ocupación y segregación que en ocho décadas ha tratado de borrar la existencia del pueblo palestino. Las tres películas de Dabis han estrenado en Sundance y en la actualidad dirige exitosamente episodios de series como Empire, Ozark, The Sinner y Only Murders in the Building, entre otras.

Noor (Muhammad Abed Elrahman) y su amigo Malek (Rida Suleiman), dos adolescentes palestinos de Nablus, en Cisjordania ocupada, corren entusiasmados y desafiantes para unirse a una manifestación de la primera intifada en 1988. Sus saltos entre casas, mercados y ruinas trazan una reveladora geografía de lo que es un campamento de refugiados sobrepoblado, decadente y cercado. Debido a la ocupación del etnoestado de apartheid israelí estas poblaciones han vivido en el hacinamiento y la miseria sin la menor posibilidad de mejorar las condiciones existentes o regresar a sus hogares. La madre de Noor, Hanan (la directora, Dabis), apenas lo ve y le pregunta al verlo pasar a toda prisa si va a la escuela. Él le miente. Vemos llegar a Noor y Malek a la manifestación donde los gritos de “¡Intifada!” o rebelión son silenciados por las balas del ejército israelí. Súbitamente una bala atraviesa el parabrisas de un coche y Noor parece tratar de cubrirse.

Tras esta introducción in medias res en la cinta Lo que queda de ti (dirigida, escrita, producida y estelarizada por Dabis) vemos a Hanan envejecida que se dirige a la cámara, interrumpiendo la ilusión narrativa para anunciar un salto temporal: «Sé que se preguntan por qué estamos aquí… Pero para que lo entiendan, debo contarles lo que le sucedió al abuelo de Noor». En realidad está hablando con alguien fuera de cámara pero eso se revelará hasta el final. Ahí inicia el primer salto temporal de este drama en tres actos que incluye un paréntesis que no niega cierto elemento didáctico pero que es necesario para explicar las circunstancias a un público que no conoce la historia de Palestina. El relato de la familia Hammad arranca en Jaffa en 1948, con Sharif Hammad (Adam Bakri), un hombre próspero, casado con dos hijos, una propiedad, un huerto de naranjas y un profundo amor por la poesía. Su hijo Salim (Salah Aldeen Mai) repite el fragmento de poema del egipcio Hafez Ibrahim, que él le ha enseñado: “Soy el mar. En mis profundidades moran todos los tesoros. ¿Acaso han preguntado a los buzos por mis perlas?”. Se trata de una celebración de la riqueza de la lengua árabe así como de la complejidad de esa cultura, herencia y tradición.

En el fondo se escucha el estallido de las bombas. Milicias sionistas se aproximan a ese oasis de paz. Cuando queda claro que la guerra llegará a sus puertas Sharif decide enviar a su esposa Munira (Maria Zreik) e hijos a Nablus, donde cree que estarán fuera de peligro. Mientras él se queda para participar en las negociaciones de paz y en una rendición honorable a las fuerzas invasoras, así como para proteger su propiedad. Sharif no podía imaginar que los sionistas no venían a conceder ni a negociar sino a tomarlo todo y menos esperaba que ese año tendría lugar la primera Nakba (la catástrofe de la expulsión de más de 750,000 palestinos, la limpieza étnica y el genocidio de miles llevado a cabo por los colonos, milicias sionistas y el apoyo de tropas británicas que condujo al establecimiento de Israel). Sharif es despojado de sus tierras y es enviado a un campo de trabajo donde es explotado hasta que eventualmente, extenuado, sufre un ataque cardiaco que le afectará para el resto de su vida. Y esa es tan sólo la primera gran ola de un violento huracán que despedazaría a Palestina.

La narrativa salta treinta años a 1978 cuando Layla (Hayat Abu Samra), la hermana de Salim (adulto e interpretado por Saleh Bakri), se casa y se muda a vivir a Toronto. Salim es maestro y ama su trabajo. Está casado con Hanan y es padre de Noor (Sanad Alkabarete). La relación entre padre e hijo comienza a tensarse en parte por la influencia del abuelo Sharif (interpretado en su vejez por el formidable actor y director, fallecido en diciembre pasado, Mohammad Bakri) quien ha perdido toda esperanza de que la situación bajo la ocupación mejore. Un acierto enorme de Dabis es incorporar a varias generaciones de talentosos actores de la familia Bakri, una institución en la cultura palestina. La estabilidad familiar se mantiene al celebrar en lo posible las tradiciones y los pequeños placeres que hacen soportable la fragilidad, la tragedia de la pérdida continua, el abandono de los países árabes (demasiado cobardes, egoístas y cómplices) y la negligencia de Occidente.

Si bien la cinta no lo muestra específicamente, sabemos que la paz se reduce a instantes de calma antes de la siguiente agresión. En ese estado de crisis moral, la humillación y la esperanza se dan codazos entre el tumulto y la desesperación, bajo la permanente amenaza de las balas, las bombas, los “arrestos administrativos” y los bulldozers. Hasta la destrucción de Gaza las fuerzas del orden israelí, aparte de “contar calorías” al limitar el acceso de alimentos a Gaza para mantener a la población al filo del hambre, llevaban a cabo regularmente operaciones para “podar el césped”, frase con la que se refieren a continuos bombardeos, asesinatos, destrucción de hogares e infraestructura para mantener a la población bajo ocupación en un estado permanente de terror.

La relación padre e hijo termina por fracturarse cuando un día al regresar a casa soldados israelíes detienen a Salim y a Noor por uno de los siempre cambiantes toques de queda. Por diversión y machismo humillan a Salim frente a su hijo, al obligarlo a insultarse a sí mismo y a su esposa a gritos. Ese es el momento emblemático de la ruptura entre generaciones. El padre idealista se encuentra con que su hijo lo considera un cobarde, lo odia y desprecia por no haber confrontado a los soldados, cuando de hacerlo hubiera, casi con certeza, perdido la libertad o la vida (las fuerzas de ocupación de Israel han mostrado a lo largo de décadas que cualquiera que se rebela de forma pacífica, simbólica o violenta es eliminado o encarcelado sin oportunidad de diálogo, razonamiento o negociación). La masculinidad del padre y de la sociedad queda herida por la imposibilidad de defender lo más elemental. Miedo, vergüenza e indignación son las emociones que dominan las interacciones con los soldados israelíes en los territorios ocupados.

Se puede señalar que los personajes israelíes tan sólo aparecen gritando órdenes, aplicando reglas arbitrarias y crueles, humillando, bloqueando burocráticamente procesos rutinarios o dando malas noticias. Pero en la insularidad que viven las familias palestinas esas son  prácticamente las únicas relaciones que se tiene con los israelíes. Además, no olvidemos que de acuerdo con el diario Haaretz (3 de junio de 2025), el 82% de los israelíes judíos quisieran que los palestinos sean expulsados por la fuerza de su tierra y el 56% también quieren deportar a los ciudadanos árabes de Israel.

El largo flashback sirve para entender los paralelismos históricos. La cineasta muestra cómo la vida avanza a través de ciclos de humillaciones, en una especie de espiral. La violencia y abusos provocan la resistencia que a su vez conduce a la represión. Someterse o resistir producen inevitablemente el mismo resultado. Después de diez años de frustraciones y abusos de parte del estado de apartheid que controla militarmente la vida de los palestinos, Noor no pierde oportunidad de expresar su rabia y deseo de libertad por lo que se une a la insurrección. Dabis realiza un retrato íntimo y a la vez colectivo de las ilusiones despedazadas, de los incontables abusos y la inconsolable tristeza de la impotencia. Es la visión de gente pisoteada por la historia, de las víctimas de manipulaciones políticas distantes, estrategias geopolíticas Occidentales y delirios mesiánicos. La familia Hammad refleja los conflictos, vulnerabilidad y sufrimiento de quienes son desalojados de su tierra ancestral, condenados a una vida de marginalidad, desposesión y sometimiento.

Lo que queda de ti, cuenta una historia de desconsuelo, sacrificio, rabia y esperanza. Una historia que son todas las historias de quienes súbitamente se encuentran a la merced de los mecanismos deshumanizadores israelíes, desde la brutal violencia del ejército hasta la burocracia, pasando por una mitología nacional que excluye a los palestinos de la vida social, desde Israel propiamente hasta de los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza, y que les niega cualquier reconocimiento o justicia. El régimen de Tel Aviv no satisfecho con el sometimiento, desplazamiento y destrucción de la población árabe nativa de palestina sanciona también el uso del lenguaje, desde el empleo de la palabra antisemita para deslegitimizar cualquier crítica o condena contra el estado israelí, hasta la furiosa campaña propagandística internacional para impedir que se llame genocidio a la masacre que lleva más de dos años cometiendo el ejército israelí en Gaza (alrededor de 70,000 muertos, con más de 20,000 niños asesinados) o que se diga que el sistema de segregación que discrimina a los palestinos es un apartheid.

Para contrarrestar la poderosa maquinaria desinformadora y adoctrinadora hacen falta películas que contribuyan a mostrar al público las razones de la resistencia árabe y romper con el cerco de las multimillonarias campañas mundiales de hasbará o propaganda israelí. Esto es particularmente relevante ahora que Israel ha vuelto a invadir el sur del Líbano, con la intención de mover la frontera hasta el río Litani. Así mismo, han incursionado en Siria, donde tras la caída del régimen de Bashar al-Assad, las fuerzas israelíes que ocupan los Altos de Golán ilegalmente desde 1967, ahora han avanzado dentro de ese país, ignorando la zona de amortiguamiento (buffer zone) establecida por la ONU en 1974, y tienen operaciones en Quneitra, Daraa, Madinat al-Baath, Khan Arnabah, Maariya, la presa de Al-Wehda y el lado del monte Hermón bajo control sirio.

La cinta se preprodujo en Palestina pero después del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la respuesta militar israelí que ha pulverizado la franja de Gaza, Dabis tuvo que mudar la filmación a Chipre, Grecia y Jordania. Filmar en Palestina se volvió imposible debido al incremento en las agresiones en contra de los palestinos. El genocidio en la franja de Gaza se reflejó en un brutal recrudecimiento de la violencia, aumento de represión, acoso y expulsión de los palestinos en Cisjordania. El abuso ha alcanzado niveles sin precedente y ha sido ampliamente documentado por numerosas organizaciones internacionales como Human Rights Watch, Amnesty International, el consejo de Derechos Humanos de la ONU, B’Tselem y Physicians for Human Rights Israel, entre otros.

Independientemente de sus debilidades, como ciertos clichés melodramáticos y una extensión de 145 minutos que podría ser recortada, la cinta es indispensable porque muestra cómo las estructuras familiares sucumben o soportan la agresión, así como pone en evidencia a quienes no están enterados, que la ignorancia, pasividad y complicidad del mundo están permitiendo la destrucción paulatina de más y más familias, campamentos de refugiados, pueblos y ciudades. Así como exhibe las causas de por qué muchos se han radicalizado, también muestra la resignación que hace posible sobrevivir a la ocupación. Dabis y su director de fotografía Christopher Aoun filman el aislamiento de sus personajes, enfatizando la fractura social que se vive en el desplazamiento y la incertidumbre.

Lo que queda de ti cambia de tono en sus diferentes partes, las cuales podrían verse como viñetas de la vida bajo la ocupación: de la conmoción y la violencia de una familia se pasa a la épica trágica del pueblo, para luego contraerse (y universalizarse) al volver al espacio familiar y eventualmente a la dignidad de una pareja que ha perdido casi todo. Los personajes, especialmente Hanan, tienen reacciones controladas, casi sedadas, que reflejan la carga inexpresable e inimaginable del dolor acumulado. La efusividad y emocionalidad son suprimidas en la medida de lo posible para tolerar la angustia durante las separaciones, la expulsión y los encierros. La derrota, los castigos colectivos y la desgracia íntima no logran destruir el espíritu de los protagonistas. Así se sobrevive a la deshumanización.

[Spoilers a partir de aquí] Noor recibe un balazo en la cabeza y su condición es muy grave. Su única esperanza consiste en ser enviarlo de urgencia a un hospital especializado en Haifa que cuenta con la tecnología para tratarlo. No obstante, la transferencia requiere de permisos y autorizaciones que no se dan fácilmente a los palestinos. Salim y Hanan deben pedir y suplicar al estado que hirió a su hijo la autorización para llevarlo a ser atendido. Los acompañamos por el penoso proceso de requerimientos, bloqueos y obstrucciones gubernamentales que se aplican aún en casos de vida o muerte. Finalmente Noor no llega a tiempo y queda con muerte cerebral. De inmediato reciben una visita donde les preguntan a los padres si desean donar sus órganos. Una vez más se exige a las víctimas a mostrar su humanidad aún en la más profunda desgracia, a hacer otro sacrificio, sabiendo que sus órganos podrán ser asignados a soldados como el que le disparó. En este caso los padres de Noor deben ser “victimas perfectas” en palabras de Mohammed El-Kurd. En gran medida de ahí viene el sentido literal del título de la cinta, del desmembramiento de un ser querido como muestra de humanidad. La condición que ponen los padres es conocer a quienes reciban los órganos de su hijo. Y ahí se cierra el círculo que inicia con Hanan hablando hacia la cámara y explicando quién eran su hijo y su abuelo. ¿Ese acto de innombrable generosidad podrá cambiar al mundo? Muy difícilmente. La esperanza radica en ese vago aliento de empatía que puede ser lo que quede en el espectador aún más escéptico.

La cinta termina donde empieza la historia que cuenta Hanan, en Jaffa. A donde ella y su marido pueden volver debido a que se han naturalizado canadienses. La ciudad irreconocible les es ajena, la casa familiar y el huerto de naranjas han desaparecido. El matrimonio Hammad no tiene lugar ahí, pero aun así sobrevive la conexión y amor a la tierra, el espacio y quizá sus fantasmas. No es un final feliz de ninguna manera pero es una apertura a la posibilidad de un futuro un poco mejor.

 

naief-yehya-150x150Naief Yehya es narrador, periodista y crítico cultural. Es autor, entre otros títulos, de Pornocultura, el espectro de la violencia sexualizada en los medios (Planeta, 2013) y de la colección de cuentos Rebanadas (DGP-Conaculta, 2012). Es columnista de Literal y de La Jornada Semanal. Twitter: @nyehya

 

 

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Posted: April 8, 2026 at 9:54 pm

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