Chavista, cuéntame de los gringos
Gisela Kozak Rovero
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Bendita sea la Revolución Bolivariana, que se arrodilla pero no se arrodilla, que se somete pero no se somete, que se arrastra pero no se arrastra, que habla con los gringos pero no habla.
La Revolución Bolivariana, siempre está dispuesta a tratar a su gente como se merece: personas patriotas, informadas, dotadas de la indispensable conciencia revolucionaria. Esa es la derecha fascista, la que anda preocupada por una transición democrática con elecciones libres y liberación plena de los presos políticos, militares incluidos. En realidad, no hace falta ninguna transición a nada porque la democracia participativa y protagónica está en su esplendor, mejor que nunca, esperando el regreso providencial del más legítimo de todos los presidentes, Nicolás Maduro, alias Revoluchenko. En este momento, el gran líder resiste airoso los embates del imperio junto a la sin par Cilia Flores, que se fue con su marido por amor. Las envidiosas de la derecha nunca han amado así. Son unas chismosas que hacen rodar una calumnia: supuestamente, Flores estaría involucrada en operaciones criminales, al igual que sus sobrinos, unos malandros convictos y confesos que salieron corriendo a vivir a la libre Nicaragua, gobernada por una pareja tan meritoria como la venezolana. Qué infamia.
La esclarecida vanguardia de la revolución resistió con la frente en alto lo que alguna gente vulgar llama la extracción del par de muelas, Nico y Cilita, burla infame propia del fascismo más puro. El propio 3 de enero, la Empleada del Mes de Enero, la victoriosa presidenta feminista Delcy Rodríguez, denunció sin pelos en la lengua la miserable acción imperialista, mientras el ministro de la defensa declaró días después que no se movió un dedo para defender a Maduro de una incursión militar extranjera porque él quiere mucho a sus soldados y se negó a ponerlos en riesgo. El preclaro ministro Diosdado Cabello, a quien la derecha llama el esbirro, apostó por la paz y la reconciliación, desmintiendo así que los gringos le dijeran en público: te calmas o te conviertes en objetivo. El 3 de enero pasado hubo una operación militar estadounidense, infame y violenta pero –que quede claro– los funcionarios del país del norte sí pueden ir a Venezuela pero los políticos venezolanos en el exilio no porque, obvio, la culpa es de estos. ¿Extraño? No, si alguien no entiende seguro es lacayo del imperio.
Como todo el mundo sabe, hasta enero Estados Unidos era un imperio criminal impulsado por una necesidad insaciable de controlar los inmensos recursos naturales de Venezuela. A través de plataformas como el “Sistema Patria” y los boletines de formación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el gobierno explicó de manera didáctica el concepto de “Guerra Híbrida”, la verdadera razón de que el país esté en la ruina: una guerra económica de “asfixia” financiera, una guerra psicológica basada en la manipulación mediática, una guerra cognitiva que ataca la conciencia revolucionaria y una ciberguerra a la que se responsabiliza de los fallos en los servicios públicos. La revolución ha llevado a cabo una lucha de resistencia anticolonial, una batalla sagrada por la supervivencia nacional. Bien vale la pena destruir un país por la dignidad de la patria: “Con hambre y sin empleo con Chávez me resteo (me la juego)”.
La presidenta es tan corajuda e inteligente que ha explicado y justificado con brillantes argumentos la presencia de altos funcionarios de Estados Unidos en el país para reanudar reuniones bilaterales. Ella hace todo esto en nombre de Nicolás Maduro, el mártir en vida, víctima de un secuestro infame y violento que violó flagrantemente el derecho internacional. Maduro, simplemente, es un prisionero de guerra. ¡Tráiganlos de vuelta!, es la consigna, aunque las malas lenguas bífidas de los supremacistas blancos y colonialistas dicen que nadie movió un dedo para impedir la extracción del para de muelas. Delcy Rodríguez es la continuidad desafiante, la custodia del proyecto bolivariano. La presidenta, heroica y estoica, recibió con la frente en alto nada más y nada menos que al jefe del Comando Sur de EE.UU., el general Francis L. Donovan, al secretario de Energía, Christopher Wright, y previamente al jefe de la CIA. Después de años de etiquetar al Comando Sur como la principal fuerza invasora de la región, ahora el gobierno, siempre pragmático, se sienta de igual a igual con el invasor.
Ha triunfado la verdad. Estados Unidos ha reconocido a las autoridades legítimas de Venezuela, encabezadas por Delcy Rodríguez, debido al fracaso absoluto de su política de cambio de régimen y a su necesidad desesperada de acceder a los vastos recursos energéticos venezolanos; eso de que quiere sacar a Rusia, China e Irán del hemisferio son tonterías. Trump llora por el petróleo de Venezuela: Estados Unidos es un país en quiebra que requiere del petróleo venezolano, por el cual ahora tendrá que pagar, para tratar de frenar su declive hegemónico. El pueblo revolucionario sabe que no ha habido claudicación sino resistencia económica articulada en el plan “Reto Admirable 2026”. Se trata de una lucha orientada a lograr la sustitución de importaciones y la independencia productiva. Los medios realistas y honestos del gobierno hablan de “19 trimestres de crecimiento” y el impulso de los “13 motores productivos” para demostrar que el bloqueo gringo está siendo derrotado desde adentro. La fortaleza económica demuestra que los opositores mienten cuando dicen que el país está en la ruina. Se trata de líderes fascistas, títeres del imperio y traidores a la patria que solicitan la intervención extranjera. Campañas como la “Operación TunTun” (sacar a los traidores a golpes de su casa) se justifican como medidas defensivas ineludibles para proteger la revolución de aquellos que operan coordinados con la inteligencia imperial. Eso sí, con los gringos no te metas.
Bendita sea la Revolución Bolivariana, que se arrodilla pero no se arrodilla, que se somete pero no se somete, que se arrastra pero no se arrastra, que habla con los gringos pero no habla. Venezuela está demostrando su superioridad moral al acceder a discutir temas de interés compartido, como el narcotráfico y la migración, a pesar de la brutal agresión de enero.
Viva Delcy eternamente. Vivan Nicolás y Cilia; la patria los espera y el día que regresen los recibirá con júbilo en medio de una manifestación de respaldo popular tan grande y contundente como el de las elecciones presidenciales de 2024.
Fotografía: Delcy Rodríguez recibe a la encargada de negocios de Estados Unidos.
Gisela Kozak Rovero (Caracas, 1963). Activista política y escritora. Algunos de sus libros son Latidos de Caracas (Novela. Caracas: Alfaguara, 2006); Venezuela, el país que siempre nace (Investigación. Caracas: Alfa, 2007); Todas las lunas (Novela. Sudaquia, New York, 2013); Literatura asediada: revoluciones políticas, culturales y sociales (Investigación. Caracas: EBUC, 2012); Ni tan chéveres ni tan iguales. El “cheverismo” venezolano y otras formas del disimulo (Ensayo. Caracas: Punto Cero, 2014). Es articulista de opinión del diario venezolano Tal Cual y de la revista digital ProDaVinci. Twitter: @giselakozak
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Posted: February 24, 2026 at 9:45 pm







