El mamey: la fruta desconocida
Pablo Majluf
|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
A estas alturas del año empieza la temporada de la mejor fruta del mundo: el mamey, y dura más o menos hasta julio. En Cancún, donde vivo, se da muy bien porque es originaria de esta región y se encuentra en todos lados: súpers, mercados, restaurantes, puestos de fruta, árboles de vecinos y unas carretas especiales que venden únicamente mamey en muchos puntos de la ciudad y son muy populares, aunque ahí, en mi particular experiencia, he obtenido los peores mameyes, a menudo caros y almidonados, no sé si por haber estado tantas horas bajo el sol y la humedad, o porque a uno le intentan ver la cara los vendedores. Se nota que quieren compensar los costos del menudeo cobrándolos mucho más caros que en el súper, aunque a veces sí tienen ejemplares más grandes que en otros lados.
Quizá cometa un sacrilegio, pero mi mejor proveedor es Wal-Mart, donde rara vez me ha salido mala esa fruta que por lo demás es bastante complicada de escoger y requiere años de pericia, yo habiéndome iniciado con los consejos de una de esas señoras transeúntes con morral del mandado, quien me dijo que nunca los escogiera duros como piedra, que siempre tiernitos pero sin ser aguados, que nunca hiciera ruido el hueso al agitarlo —señal de que se le ha metido la humedad—, que desde luego no esté golpeado y que la cáscara no sea ni muy clara ni muy oscura.
Les comentaba que aquí se da particularmente bien y se podría decir que es una fruta local. Hay en algunas islas del Caribe y de hecho la palabra mamey viene de ahí, del taíno, y de ahí fue incorporada al español. Su significado no está bien establecido, pero puede ser “fruta pulposa”. Sin embargo, México no sólo es donde más se consume, sino donde se le ha dado su gran variedad gastronómica. Pasteles, pays, flanes, mousses, gelatinas, licuados, aguas, paletas, helados, toritos, cremas y recientemente lo vi hasta en edibles de marihuana. Es sin duda una fruta mexicana.
Con todo, me parecen enigmáticas varias cosas. La primera es que sea prácticamente desconocida en el mundo, sin siquiera traducción al inglés. No es como el aguacate, que ya es casi un activo estratégico y de seguridad nacional, donde no sólo está metido el crimen organizado y hay asesinatos, sino que casi basta que el gobierno mexicano amenace con dejar a los gringos sin guacamole durante el Super Bowl para que se serenen en algún altercado.
Me pregunto por qué nunca se le ha dado ese énfasis mercadológico al mamey. Ustedes me dirán que el mercado responde a la demanda, pero anoto dos cosas. Primero, que le he preguntado a los gringos acá si les gusta el mamey e invariablemente me dicen que sí, y algunos que mucho. Y después, que los gringos de allá no lo conocen porque no hay. No se exporta. Tal vez lo encuentras en alguna boutique progre de productos internacionales junto con su primo el chicozapote, pero no en las cadenas populares. La cosa es, por supuesto, mucho peor en Europa, donde es casi imposible encontrarlo. Me explica un experto en exportación que el mamey es una fruta difícil, porque se echa a perder y no es fácil de escoger, pero creo que con debida diligencia se le pueden dar la vuelta a esos problemas, que además sólo afectan a la fruta fresca y no a los postres derivados.
El segundo enigma es que, si bien es una fruta muy mexicana, no la pude hallar representada ni en la literatura ni en la poesía. Ya suscitó las correspondientes derivaciones coloquiales: le decimos mamey a un hombre musculoso, que a su vez viene de mamado, o mamey al sexo oral, por lo general a hombres. Pero no encontré ningún poema ni cuento conocidos que traten del mamey. Quizá algún lector conozca alguno, pero de cualquier forma es notoria la ausencia. No es como el plátano en La casa verde de Vargas Llosa o en el poemario Canto General de Neruda, por mencionar sólo dos obras de muchas que tratan al plátano como emblemático de América Latina, o el mango en El amor en los tiempos del cólera, que García Márquez usó como parte del ambiente sensorial.
Y tampoco lo encontré en la pintura, aun con sus magníficos y únicos colores que van del rosa al rojo y café, pero que ya es una metonimia y todo mundo ubica al “color mamey” y así lo solicita en ropa, muebles y telas. No encontré cuadros famosos, salvo algunos bodegones, pero nada como la sandía en Tamayo o los claveles en Diego Rivera, no se diga el maguey y el nopal. ¿Por qué?
Caricaturizo a propósito al llamarle la mejor fruta del mundo, consciente de que para algunos (pocos) es difícil y empalagosa, con textura pastosa y sabor demasiado dulce, pero sigo pensando que se la hemos escondido al mundo nosotros mismos, como si fuera una exquisitez que damos por sentado, un gusto local que todos conocemos tácitamente pero que no nos hemos tomado la molestia de comunicar ni presumir. Sobra hacerle aquí un comercial con sus múltiples propiedades nutricionales —que si alto en potasio, hierro, fibra y vitamina A y C y esas cosas—; sólo dejo un registro a manera de alabanza y mi deseo de mandarla a recorrer el mundo, aunque me doy por bien servido con vivir en la zona donde mejor se da y escribir esto en su temporada plena mientras me como uno.
Pablo Majluf. Es autor de Confesiones de un deliberado (Literal Publishing, 2024) entre otros títulos. Es columnista semanal de la revista Etcétera y escribe en Literal, Letras Libres, Reforma y Juristas UNAM. Expanelista en “La hora de opinar”, de ForoTV, junto con Leo Zuckermann. Asimismo, conduce el podcast Disidencia. Estudió periodismo en el Tecnológico de Monterrey y Comunicación y Cultura en la Universidad de Sydney, Australia. X-Twitter: @pablo_majluf
Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad. / Our contributors and columnists are solely responsible for the opinions expressed here, which do not necessarily reflect the point of view of this magazine or its editors. However, we do reaffirm and support their right to voice said opinions with full plurality.
Posted: April 1, 2026 at 8:07 pm







