Mónica Nepote y el arte que salió de las máquinas
David Dorantes
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La poeta Mónica Nepote visitó Houston, Texas, durante dos semanas cálidas y lluviosas para impartir un taller en el programa de Escritura Creativa en Español de la University of Houston (UH, por sus siglas en inglés). El programa lo dirige la también escritora mexicana Cristina Rivera Garza.
Para Mónica Nepote (Guadalajara, 1970) fueron dos semanas intensas, febriles, llenas de encuentros con nuevas cuatas, cuates y algún viejo y ajado amigo. Además de dar su taller en los prados universitarios la poeta paseó por librerías, panteones, bares centenarios, cervecerías hípster y el mítico barrio mexicano del East End. Durante esos paseos se detenía con frecuencia para fotografiar árboles, sobre todo a los inmensos robles texanos.
Nepote estudió Letras Hispanoamericanas en la Universidad de Guadalajara (UdeG) y luego se fue a vivir a la Ciudad de México en donde trabajó como guionista para el Canal 22 de televisión, con programación cultural, y también en una larga aventura en el Centro de Cultura Digital.
El interés, y la pasión, de Mónica Nepote por la literatura es como un caleidoscopio incesante con colores de otras áreas del conocimiento como el performance, música, montañismo, feminismo, danza y las nuevas tecnologías. Todo cabe en un texto literario, sabiéndolo acomodar.
Mónica Nepote es autora de los libros Trazos de noche herida (Fondo Editorial Tierra Adentro, 1993), Las trabajadoras (Heredad, 2024) y Vestigios de un mundo por venir (Montzalez Editoriales, 2025), además de haber colaborado en revistas y diarios de México.
En Las trabajadoras, Nepote presenta un texto híbrido entre el ensayo y la poesía. Ese libro le valió el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2024 de la Secretaría de Cultura de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).
Ganar el Premio Xavier Villaurrutia no es poca cosa pues significa entrar en una lista junto a escritores como Marco Antonio Montes de Oca, Octavio Paz, Rosario Castellanos, Elena Garro, Esther Seligson y Angelina Muñiz-Huberman, entre otros de una larga lista.
Mónica Nepote hace una pausa matutina en su trajín por Houston, Texas, para charlar sobre algunos de sus múltiples intereses, sobre poesía, música y hasta de sus detractores.
¿Por qué escogió para Las trabajadoras un título tan poco poético?
No lo había pensado como un título no poético, pero me encanta que sea un título no poético. Yo duré muchos años sin escribir ni publicar y algo que siempre me resultaba muy incómodo eran ciertas definiciones de la poesía o cierta manera de entender la poesía en donde se piensa como en una especie de campo de la belleza o de la estética. Y no es que no lo tenga, porque sí lo puede tener. Pero a mí me interesa mucho la poesía que está cerca de la reflexión del pensamiento, de la crítica.
Hay una larga tradición en la escritura de la poesía que se trenza o se circunscribe en esas zonas en las que van variando los límites. ¿Qué hace que un poema sea un poema? Esa es una pregunta que nos hacemos desde la poesía todo el tiempo. El primer texto que escribí lo pensé como un ensayo y ahí aparecieron las trabajadoras. Cuando escribí ese texto me dije: ‘aquí hay un libro y aquí hay un título, se va a llamar Las trabajadoras’. La razón por la cual ese texto surgió va más allá de la poesía. Tiene que ver con pensar la justicia social, el lugar de las mujeres, el trabajo de las mujeres. Lo que me pareció sorpresivo es que ese ensayo se parecía mucho a un poema. Uno escribe y luego aparece ese trabajo de corrección. Al revisarlo me di cuenta que caía más del lado de la poesía que del ensayo.
¿Cuál fue ese primer texto?
Uno que se llama ‘El color de los vestidos que me gustan dice tanto de las bocas silenciadas’. Es un poema que yo siento profundamente político porque habla del trabajo de la costura, del trabajo de las mujeres que están en las máquinas. Yo ya había escrito un libro años atrás que se llamó Hechos diversos (2013) en donde tengo un poema sobre las mujeres de Ciudad Juárez… un texto que habla sobre estas mujeres trabajadoras de la maquila, chicas jóvenes, secuestradas y desaparecidas por la violencia. De alguna manera hay una conexión con el papel de las mujeres en las máquinas. A partir de ahí empecé como a indagar en un tema que se relacionaba con mi propia historia de ser una mujer que se pudo formar gracias al trabajo de mis mujeres. Cuando hablo de las trabajadoras estoy hablando de mis mujeres. De mi madre, de mi abuela, de mis hermanas, de mi tía. Al mismo tiempo hablo de muchas mujeres que no conozco y que trabajan con máquinas. Las que hacen las ropas que traemos y que por un sueldo precario visten a toda la humanidad.
¿Su poesía tiene un sentido sociopolítico? ¿Es legítimo hacer poesía sociopolítica?
A mí me interesa mucho. Yo no sé si hay una manera de responder de una sola tajada como diciendo ‘¡sí claro, es legítimo!’ o ‘la única forma de hacer poesía es la realidad’. Pero para mí es algo importante. Cuando termine el libro, le pedí a una amiga poeta que lo leyera, porque a mí no se me olvida que mi materia prima es el lenguaje. Hay una preocupación estética. Lo que me hace mucho ruido, y esto es un aspecto social, es cuando colegas de la poesía hablan de una diferencia como si el poeta, o artista, te volviera una persona especial o privilegiada. Y sí hay un privilegio. Mi mamá fue secretaria y si yo estoy viajando a otras ciudades es gracias a mi trabajo que logre gracias al de mi madre que fue secretaria… sí me hace mucho ruido pensar en un lugar privilegiado para el artista. Eso me ayuda a situarme en un lugar en el que no soy la voz de una comunidad. Soy una oreja que está atenta al acontecer de mis comunidades. Unas de mis comunidades son las mujeres del feminismo duro, las mujeres que pensaban con las máquinas, las mujeres programadoras. Todo eso no es el tema del libro, pero me ayudó a pensar en la historia y el cuidado de las mujeres de mi familia.
¿Y cómo se escribe ese tipo de poesía sociopolítica sin caer en panfletismos, o militancias, que nublen la vista de la vista de la poeta también preocupada por la estética de los textos?
Yo entiendo tu resistencia. Creo que las ideas también responden a los tiempos que vivimos. Yo doy muchos talleres de literatura y algo que me gusta mucho preguntar es: ‘¿Qué es un poema para ti?’. ¿Qué sería un poema para un poeta francés del siglo XII? ¿Qué sería un poema para un poeta en China en los años 1960?’ Las definiciones de la poesía no es que vayan cambiando, pero pueden ser todo. Estamos acostumbrados a que la poesía habite en una tecnología que es la del libro. Pero durante muchísimos siglos la poesía vivió, vive, en el habla, en la tradición oral y tiene otra manera de escribirse. La poesía dialoga con el soporte que la aloja. A mí lo que me interesa es hablar de la relación entre el texto y la máquina. Desde ahí ya te estoy diciendo claramente que esa poesía que es como un extraerse del mundo y mirar hacia el interior y hablar del amor de una forma bella, pues no es algo que me llame la atención. Pero también me interesa hablar de la naturaleza. ¿Cómo hacer que un poema sea poesía? No lo sé, pero eso es lo que intentamos todos.
Yo me refería a la militancia y el panfleto, que no caiga en eso.
Es que a lo mejor habrá quien diga que es panfletaria. Tengo algunos detractores por ahí, que no han leído el libro, había alguien que cuestionaba por qué hablaba de las secretarias. Pues porque mi madre era secretaria. ¿Por qué otra razón? Me parecía un buen reto hablar de eso, que empezó como un ensayo, y llevarlo a la poesía. Eso es lo que escribo y me gusta hacer, literatura. Me gusta mucho pensar en los libros que no tienen límite, este libro híbrido que puede irse del ensayo a la poesía y de ahí a la ficción especulativa. Hay mucha poesía política muy bien escrita y muy necesaria. Para mí es indispensable pensar que la poesía también puede registrar el momento y la época que transitamos.
En ese sentido, hablando de soportes, ¿cómo cree que se lee la poesía ahora en la era de las tecnologías, redes sociales, Spotify, TikTok, X, Bluesky?
Cinco, diez, años atrás hubiera respondido de una manera muy entusiasta, ahora voy a responder de una forma muy escéptica. Durante un periodo hubo una posibilidad de encontrar en las tecnologías un territorio habitable donde se permitía la experimentación, el juego, salirnos de esa formalidad que era el medio literario.
Ahora el internet es un territorio que estamos perdiendo. Tengo una amiga hard (dura) feminista… que dice que el internet es un territorio y como todo territorio está en defensa. Esa zona de experimentación, de escritura colectiva, cada vez es una zona que cada vez está más cooptada y seccionada por los monopolios, por la vigilancia, por la algoritmocracia. Ahora es muy difícil encontrar en esos espacios hospitalidad para la escritura.
Sin embargo, lo que creo que sí sigue pasando en internet es que se divulgan muchas cosas que de otra forma no podrías conocer… creo que lo que encontramos es una diversidad, muchas posibilidades, incluso poetas que no me interesan o grupos con los que no me llevo publican poetas que de otra forma no leería o no conocería. Creo que lo que hacen las tecnologías es crear esta posibilidad en donde los lectores nos convertimos en una especie de antologadores o curadores. Gracias a esas tecnologías mucha gente joven conoce a otros autores… por eso creo que es importante escribir poemas que dialoguen con el tiempo presente. Sigo pensando que eso es importante. Los poetas griegos y Dante también respondieron a su tiempo. Están denunciando y están diciendo cosas importantes.
Un día empecé a bailar un poema
Hay dos elementos en su poesía que me parecen relevantes. Uno es que sus poemas parecen pedirle al lector una lectura en voz alta, son poemas que se leen mejor así. El segundo elemento es dependiente del otro, el silencio, sus poemas le piden al lector pausas y silencio. ¿Es usted consciente de eso?
Sí soy muy consciente de eso. Trabajé mucho con el cuerpo, creando una relación entre la escritura y el cuerpo. Pase por un proceso muy largo que viene desde la educación en la que me dijeron que la cabeza, la mente, es algo ajeno al cuerpo. Pero yo me sentí muy dividida. Un día empecé a bailar un poema y todo me hizo sentido. En algún momento empecé a trabajar buscando esa relación entre cuerpo y texto, casi de una forma terapéutica, y caí en lo que me gusta llamar las estructuras de la voz. A mí me gusta mucho trabajar la voz. La voz es lo que yo proyecto en una lectura pública. Es muy importante ese espacio porque es en donde la poesía encarna y suceden cosas mágicas y misteriosas en la lectura… a mí me preocupa mucho cómo se escucha un poema y acá en poemas de máquinas pues tiene que ser un sonido maquínico. Cuando me trababa yo en eso, al escribir Las trabajadoras, buscaba la música de Caterina Barbieri quien compone con patrones electrónicos para que me ayudara a destrabarme. Yo quería que mis poemas sonaran como una máquina. También están los poemas de duelo en donde entra esa otra parte del silencio. El duelo es un espacio para el silencio.
Volvamos a los detractores. Su libro Las trabajadoras ha generado mucha polarización. Hay lectores y ciertos sectores de la crítica que lo aman y hay lectores y ciertos sectores de la crítica que lo detestan. A usted como su autora, ¿cómo la deja esa polarización?
El libro va más allá de mí. Tal vez estoy diciendo una cosa muy absurda porque cualquier libro va más allá del autor. A mí me ha resultado conmovedor e interesante es el ver cómo el libro le habla a muchas mujeres y a muchos hombres que tienen una relación con la costura, por sus madres o por sus abuelas, eso me llama mucho la atención. Yo pensaría que muchos de esos detractores lo pueden ser porque no han leído el libro. Hay gente que se imagina que estoy hablando desde una cuestión panfletaria. Pero yo estoy hablando de mi madre, de mi tía, de mi hermana. Hay una enumeración de telas y de objetos. Si voy a hablar del trabajo pues hay que hablar de materialidades. Entiendo que, para algunos puristas, para los que dicen que el poema sea un espacio para alucinar, esto de Las trabajadoras les resulte un tanto difícil de entender. A veces los autores somos las personas menos indicadas para hacer exégesis de nuestros propios libros.
Hablo de la música de la compositora italiana Caterina Barbieri y en su vida la música ha tenido una gran importancia. Sé que es muy ecléctica en gustos. ¿Qué sedimentos deja la música en su poesía?
Muchos. Me gusta el rock, me gusta la música electrónica, me gusta mucho el hip-hop y el rap. Me gusta… el trabajo de muchas mujeres en el hip-hop y el rap porque me encanta cómo improvisan, me gusta su libertad, la forma en que riman en cuestiones eróticas, porno, lésbicas… Pienso en Chocolate Remix que hace reggaetón puercoso y lésbico. Me gusta Ana Tijoux… siento que es una gran compositora de letras. Sabemos que la poesía está muy cerca de la canción. A mí me importa mucho cómo suena un texto, aunque sea en prosa, eso me ocupa. Pero discuto mucho con algunos amigos… músicos que dicen ‘¿qué quiere decir un poeta cuando dice que alguien tiene buen oído?’. Esa conversación que tuve con un amigo hace más de quince años me hizo pensar que, en efecto, qué estamos diciendo los poetas cuando decimos que algo suena bien o suena mal. La música del poema puede ser una música muy amplia. ¡Hay música industrial! ¿Qué hacemos con Rammstein? Podemos hacer Bach o podemos hacer Rammstein.
¿Entonces la poesía no existe sin la voz?
Estoy pensando en los poemas de Safo, sí existen sin la voz. ¿Cómo reconstruimos nosotros el Poema de Gilgamesh? Pero ahí ya me vuelvo loca porque me voy a mis obsesiones… importa mucho en qué se escribe y en qué se inscribe. Si tienes una tablita de arcilla, pues qué historia vas a contar en ese pedacito. Entonces vas adaptar tu sonido, tu lenguaje y tu pensamiento a eso. Pensemos que la escritura es una tecnología. Pienso en los poemas de Lionel Kearns, un poeta electrónico de Canadá, quien empezó a hacer esa poesía antes de que existieran las computadoras. Cito a Williams Carlos Williams quien dice que el poema es una máquina. Da para mucho. Sí hay una poesía para la cual la voz sí importa mucho y hay otra poesía que no es que no la necesite, pero no hay materialmente una voz. Pero siempre hay alguien que enuncie.
¿Para usted qué es más importante, la inspiración o la dedicación?
La dedicación. Pero para mí otro sentido muy importante es la intuición, como el tacto o la vista. Una amiga decía que nos enseñan que la razón es lo contrario de la intuición, cuando la razón debe estar al servicio de la intuición. Uno puede intuir en el sentido de qué hay algo que quiero crear a partir de un sonido que aparece. Eso está en el cuerpo y lo tengo que poner en lenguaje. Uno empieza a crear un texto mucho tiempo antes de ser escrito. Ese proceso a mí me encanta. ¿Qué es escribir? ¿Cómo aparece la escritura? ¿Cómo se empieza a tachar? Pienso que primero es la intuición y la materialización es la escritura.
Fotografia de David Dorantes a Mónica Neponte
David Dorantes (Guadalajara, México) periodista y escritor. Ha sido reportero de cultura, deportes, crimen e investigaciones especiales para los diarios Siglo 21, Público-Milenio y Houston Chronicle, además de columnista de música en los semanarios Primera Plana y Cambio. Tomó el taller de Crónica Periodística con Gabriel García Márquez invitado por la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano 2000 y ganó el Premio Emisario de Periodismo de la Universidad de Guadalajara 2000. Uno de sus cuentos apareció en la antología Dime si no has querido. Antología de cuentos desterrados (Literal Publishing, 2018), la primera de autores Latinoamericanos en Houston. Actualmente es periodista free-lance para varias publicaciones en Estados Unidos, México y España. Su X: @HDaviddorantes
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Posted: August 5, 2026 at 1:01 pm







