LA DISCIPLINA DE LA EXISTENCIA
Mayco Osiris Ruiz
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• Juan Carlos Abril: La vida no fue sueño (Pretextos, 2026, 57 pp.)
Si fuera necesario cifrar, en dos palabras, tanto los derroteros como el espectro estético de la poesía de Juan Carlos Abril, yo elegiría paciencia y laboriosidad. Aun desde fuera, desde una zona gris emplazada entre el mundo y la literatura, sus versos me parecen un terreno muy trabajosamente conquistado, no sólo por su rigor intrínseco, sino porque resultan —cuando se los compara con las páginas de sus publicaciones especializadas o con su formidable trabajo editorial— un brevísimo aparte en el conjunto de su bibliografía.
Por otro lado, esa disparidad cuantitativa (indicador incómodo del peso avasallante de las academias y de la dolorosa vicaría de las artes) se me antoja una imagen involuntariamente intencionada de uno de los motivos recurrentes de la poesía de Abril y, con más precisión, de su último poemario: la brecha, siempre impredecible y siempre problemática, entre la vida como la imaginamos y como la vivimos al momento de su realización definitiva.
Divido en tres partes (“Hacia el olvido”, “Noche del arrepentimiento” y “Balanza de sombras”), La vida no fue sueño funciona, sin embargo, como un solo poema cuyos versos comparten el denominador común de una belleza tensa y descarnada, producto, entre otras cosas, de la visión anti-reverencial de un sujeto que intenta ya no contar su historia, sino recuperarla:
Todas mis esperanzas y mis ilusiones,
mis sueños y mis fantasías
se han convertido en un recuerdo
que se escapa, que intento descifrar
entre destellos y rumores,
sensaciones borrándose
e imágenes esquivas que disuelven
en la carne del cielo
las ascuas de un crepúsculo
morado, este esplendor perdido.

Se trata, pues, de un viaje a las entrañas de una vida legible sólo a través del prisma de sus extremos sanos. Antes que un ejercicio de memoria, el libro nos presenta una desesperada y angustiosa hermenéutica de la existencia propia, en donde los recuerdos —mermados por el tiempo o a punto de perderse en el olvido— son signos inestables y, aun así, suficientes para instaurar con ellos una verdad posible desde la cual leer el manuscrito de sí mismo, o como también dice,
…para instalar encima
de los que se despiden,
la lengua de la acción
y la poesía de las cosas […]
para seguir hacia delante…
…allí donde
las ruinas, las arrugas, las palabras
palidecen junto a los por ejemplo
y los tú deberías.
No es difícil, sobre todo después de esta imagen explícita y presente, a su modo, en todas las estancias del poema, pensar un escenario en donde la escritura se erige como medio y como solución a las desavenencias del mundo y las acciones puestas en perspectiva. Sin embargo, como parte esencial de su complejidad, la propuesta de Abril nos coloca en el centro de una dura dialéctica en donde la palabra reviste, ciertamente, el poder de ordenar y de contrarrestar el estropicio de un sujeto que busca sus pedazos entre los recovecos de su intimidad. Pero, también, a modo de escarmiento y contrapunto, dicho poder limita con la tapia impasible de un mundo indiferente no tanto a la poesía, sino al mito romántico de una palabra ideal, sin cortapisas, capaz de restañar el curso de las cosas:
Nada se moverá en el valle
hasta que muy despacio
la escarcha comience a fundirse
y a evaporarse al sol…
Nada se moverá allá afuera
en tiempos de malentendidos,
mientras soportas esa ingratitud
en el fondo del ojo,
desasosiegos, equivocaciones
y el desacuerdo
con la silueta sospechosa
y sin reparación
que va a difuminándose
en una encrucijada de tensiones…
Tú te detienes y la vida sigue.
Se plantea, así, uno de los principios más interesantes y más propositivos de un libro cuyos ejes —el tiempo, la memoria, el ser, la identidad— exigen tratamientos, si no completamente originales, por lo menos sagaces o arriesgados. El arte, la escritura, no es aquí un paliativo de la vida ni ésta última un flujo que debe ser moldeado conforme a las pulsiones de una imaginación capaz de edulcorarla o de extraer de ella el símbolo reseco de un ansiado modelo de virtud. Son dos fuerzas contrarias (“La poesía va y viene, /se encuentra en lucha con la vida. /La vida nos amarga, nos agobia, /la poesía libera”) entre cuyos extremos siempre tensos se construye ya no tanto un balance como una imagen nítida del intrincado espacio que habita quien pretende escribirse a sí mismo:
No, no.
No añadirás significados
a la vida, que es un significado
de por sí…
porque una parte desencuadernada
de la magia de la poesía
se halla al reescribirla. Una parte
que sale del vacío,
certera igual que un dardo
que no quiere otra dirección,
sino la dirección opuesta,
la que no esperarías,
la que no sospechaste […]
Desde la oscuridad tus huellas
buscaban pasos que buscaban
la incierta geografía
de la imaginación,
ese modelo inteligente
de ideas transversales
o método de pensamiento
que por fin abarque la vida.
No, no. No existe.
Es allí, me parece, luego del desengaño y de la aceptación de la vida sin mitos ni añadidos, donde vemos realmente la libertad que ofrece la poesía: un espacio de lucidez, desde el cual el sujeto puede reconocerse, resistir a su propia dispersión y dotar de sentido a la experiencia. Si “despiertas de pronto (dice la voz poética) /compartiendo tu sueño con fantasmas, /¿qué harías para repararlo?” La respuesta —surgida desde el fondo, desde “la periferia /de los que tienen /que componérselas con poco”—, no rebasa siquiera la intimidad de quien la escribe o de quienes se dejan rozar por sus centellas, pero es, precisamente, en esa austeridad donde se reconcentran su poder y su fuerza:
Tu boca abierta
y las palabras.
Lábil habilidad que ayuda
y distingue,
a renglón seguido,
entre falsas estrellas, las estrellas.
Eso es todo,
pero alguien no estará de acuerdo
con nada, hagas lo que hagas,
nunca estará de acuerdo
con nada, digas lo que digas.
Sin embargo,
una palabra tuya bastará
para sanarte sin la póliza
del destino…
Resulta comprensible, así como congruente con la disposición anímica del libro (tres partes anudadas en la imagen cinética del paso de la niebla a la luz), que por entre los pliegues de esa noche cerrada del arrepentimiento se insinúen las estrellas bajo la alegoría de una palabra en franca resistencia. Una palabra, por lo demás, soldada al ríspido concepto de la identidad y, por ello, teñida y trabajada con los mismos colores de la vida. Se trata, sí, de un recurso encauzado a terminar de unir la idea que estuvo allí desde el principio (La vida no fue sueño o, en su variante más intertextual, la de Eugenio Montejo, La vida ha sido todo, menos sueño), pero, también, de un viraje o un riesgo en la manera de representar, de dar, en la ficción, palabras que no son ni recuerdo, ni sueño, ni ficción:
Quise cambiar el mundo
y ahora sólo espero
salir de aquí con dignidad […]
La dignidad de las estrellas:
estrellas sin destino
que van desdibujándose.
Mi dignidad es la poesía
entregada a su suerte…
Acaso esa certeza contenga, en su escasez, cuanto puede pedirse a un libro de preguntas sin respuesta. Con todo, esto no es una falla ni tampoco una dádiva menor; si, como dice, una “parte de la verdad es preferible /a ninguna” resulta comprensible que, al final del camino, no haya revelaciones, sino una tentaleante lucidez a ratos parecida al optimismo:
Tú de algún modo seguirás tu viaje
por las sombras, en esa niebla
de la memoria y de la desmemoria,
y habrás de continuar ese entusiasmo
que en ti no fue quietud,
sino tenacidad
en la contradicción
entre persona y personaje,
y que aquí te sostiene en el poema.
Por último, no me es fácil decir si este volumen abre una nueva etapa de madurez estética en la obra del poeta. Ello porque, a mi juicio, su poesía ha sido escrita desde esa sobriedad que sólo da la plena conciencia del oficio. Lo inevitable —también lo más sensato— es ver en su estructura una de las empresas más altas de un autor que encontró, en la poesía, ya no tanto el sentido como la disciplina de su propia existencia.
Mayco Osiris Ruiz (Xalapa, Veracruz, 1988). Poeta y crítico. Ha publicado en revistas como Sibila, Palimpsesto, Literal. Latin American Voices y Letras Libres. Es autor de El revés de esta luz (Taller Ditoria, 2015). Twitter: @MaycoOsirisRuiz
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Posted: July 13, 2026 at 9:41 pm







