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Verbena a Somos misterio, de Lorea Canales
COLUMN/COLUMNA

Verbena a Somos misterio, de Lorea Canales

Carlos Labbé

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Hasta hace poco ––en rigor, hasta la pandemia que mató a millones de personas a principios de la década––, costaba trabajo encontrar un libro, una película, un tema musical, una conversación, cualquier punto de contacto entre la demanda de justicia social, la profundidad enorme de lo que permítanme llamar espiritualidad, y la experiencia de cuidado estético que porta lo sublime en cualquiera de los estados de percepción humana.

Hasta la entronización de la catástrofe a principios de esta década como un modo normalizado de vida (el coronavirus, la doctrina del shock económico, el totalitarismo democrático y la guerra de los enclaves supremacistas contra las poblaciones locales traumatizadas y empobrecidas) la literatura ––que son todas las palabras impresas en libro sin un objetivo inmediato–– era una torre más del castillo del príncipe, mientras la cultura masiva ––una manera de decirle al hábito cotidiano de relacionarnos para tener algo en común a nivel superficial mediante papeles, muros, pantallas o sonidos–– era el pueblo de los extramuros vendiendo en su mercado y la práctica religiosa, bueno: la práctica religiosa habitaba nada más en la iglesia, allá a lo alto de la pirámide vieja, en el rito secreto del turismo lejano interior; la práctica religiosa se limitaba al convento del feudo.

Tengo la suerte de haber sobrevivido a la pandemia e intento cotidianamente la disciplina para no dejarme vivir por la normalidad de la catástrofe. Tengo la suerte de que la torre, los extramuros, la pirámide y el convento se han derrumbado para que podamos caminar hasta más allá por sus escombros.

 Tengo la suerte de estar hoy aquí ante usted que me lee, en el cruce entre espíritu, letra y superficie que ahora es nuestra normalidad y para celebrar que Somos misterio de Lorea Canales (México: Dharma Books, 2025) pueda ser una novela representativa de nuestro presente; nuestro presente de supervivencia, cuando se hace poco decir que nuestros días son híperpolitizados, cuando la respuesta de que nuestra era es apocalíptica se queda corta y cuando pareciera que hacemos cada cosa por libro, por algoritmo, hace que uno se pregunte: ¿el libro, el algoritmo que seguimos, a quién le reza más allá de las capas de la codicia?

Lorea Canales de inmediato responde al comienzo de su novela: no hay ningún libro que seguir, sino que existe un libro por ser escrito, aun si te quieres regir por el libro de libros.

De esta manera se describe a la protagonista de Somos misterio: «A pesar de lo duro, ella iba ligera, llena de luz, como si entendiera los horrores del mundo pero se rehusara a ser arrastrada por ellos». Cuando está claro cuál es el guión del mundo y está clara la narrativa de lo que está detrás del mundo y está claro el libro que ofrece esa narrativa dependiendo si se le lee como oráculo, manual de éxito, código ético o justificación para la matanza, no queda más que leer sagradamente el libro con el objetivo de escribir el libro propio.

Clara, protagonista y voz narrativa de Somos misterio, aunque es una monja que vive en un convento, no sigue los designios del Señor sino que los busca; no va recitando La Biblia, sino que la consulta crítica y amorosamente cuando la situación se le hace oscura de interpretar. En tal sentido, Clara en Somos misterio continúa la narrativa de liberación cuidadosa, implacable, libresca, estratégica y gozadora de Sor Juana y Sor María Joaquina, de Teresa de Ávila y Teresa de Lisieux, de Teresa de Los Andes y Sor Úrsula, de Hildegard Von Bingen y Maritze Trigos. La novela que nos hace vivir la sorora Clara de Lorea Canales ocupa exactamente Las moradas de sus ilustres antecesoras literarias, aunque en el Queens NY de hoy, en la Ghana de hoy, en el México de hoy. Sor Clara desposa esa capacidad de someterse, rebelarse, comprender, aceptar y crear belleza a partir de ese proceso igual que la protagonista homónima de Apenas Marta ––la primera novela de Lorea Canales, de hace quince años––, igual que en la Ciudad de México lo hacía Magali en su segunda novela, Los perros, igual que cada voz tenaz de su reciente colección de cuentos Mínimas despedidas consigue contenerse. La verbena que acá convoco es también para celebrar haber sido un lector cercano de todos sus libros y para invocar que pueda seguir haciéndolo. Su apuesta polifónica, tenue y tenaz, es clara. Esa claridad es parte de lo que su obra me enseña.

Porque tengo la suerte de seguir viviendo y bien viviendo el estado de catástrofe que nos quieren imponer y lo que cada libro de Lorea Canales relata con claridad es que esa lucha de Clara, de Marta, de Magali y de cada mínima despedida es una ilusión que se va desmontando desde la superficie a la estructura social, desde la estructura social a la narrativa más detallista. El aprendizaje de su proyecto narrativo se extiende con relevancia al presente catastrófico que siempre pareciéramos tener que resolver con urgencia en tanto individualidades, en tanto colectivo: no hay tal.

Sí hay tiempo, porque no existe el tiempo.

Sí hay salida, porque nadie nos encierra en este momento si lees esto conmigo.

Sí hay plata. Sí hay compasión. Sí hay novela, porque no existe la narrativa.

Hoy tengo la suerte de poder vivir con este texto en la letra, en la superficie y en el espíritu. Tengo la suerte de estar aquí con usted que me lee y que de un salto, juntos, abramos esta novela porque por una vez no es necesario disimular ––en la exactitud del título por el cual festejo acá–– que no ha pasado nada y que vivimos en un lugar vacío. No hay tal. Siempre hubo alguien aquí en este territorio, por más ocupaciones que vengan. ¿A quién más, dígame, podemos ofrecerle nuestra verbena cuando Somos misterio?

Foto: Somos misterio CANALES, LOREA Editorial:Ediciones Dharma

Carlos Labbé vive entre Machalí, Santiago, Brooklyn y Queens. Ha publicado diez novelas, entre ellas Pentagonal: incluidos tú y yo (primera novela en hipertexto latinoamericana, 2001), Libro de plumas (2004), Navidad y Matanza (2007), Locuela (2009), Piezas secretas contra el mundo (2014), La parvá (2015), Coreografías espirituales (2017), Viaje a Partagua (2021) y Riachuelo (2025), varias traducidas al inglés, turco y alemán. También es autor de las colecciones de cuentos Caracteres blancos (2010) y Cortas las pesadillas con alebrijes (2017), y del ensayo Por una pluralidad literaria chilena: el colectivo Juan Emar (2019). Formó parte de las bandas de rock pop Ex Fiesta y Tornasólidos, del colectivo Sangría Editora, y tiene cinco discos solistas disponibles en todas las plataformas. Ha sido guionista de los largometrajes Malta con huevo (2007) y El nombre (2016). Trabaja como traductor y editor bilingüe.

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Posted: September 17, 2026 at 8:34 pm

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