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Chavistas en Estados Unidos
COLUMN/COLUMNA

Chavistas en Estados Unidos

Gisela Kozak Rovero

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A lo largo de  27 años en el poder,  el chavismo ha tenido con el “imperio” una relación paradójica que ha terminado en el más abyecto sometimiento. Es un lazo análogo a ese sentimiento singular que algunas personas manifiestan hacia alguien que les gusta mucho: una actitud retadora y antipática, una especie de “aléjate de mí pero no dejes de mirarme”. En lugar de dar la pelea cuando se llevaron a Maduro, el chavismo tuvo claro que su objetivo se reducía al poder. Ha preferido hundir a Venezuela, destruirla y desconocer la voluntad popular que echarse a un lado. Esta deleznable conducta se escondió en el pasado  bajo el nombre de  “resistencia al imperialismo”, como quien se perfuma pero no se baña nunca. Lamentablemente, el olor pestífero tarde o temprano se impone, como ocurre con el gobierno de Delcy Rodríguez. 

En contra de todo sentido común revolucionario, el chavismo siempre ha tenido en alta estima  a su otrora enemigo del norte. Cuando comenzaron las sanciones y la anulación de las visas de altos funcionarios del gobierno, la molestia apenas se disimulaba. En lugar de una masiva renuncia a las visas, uno de  esos gestos simbólicos que si sirven de algo es para cazar incautos y almas ingenuas, se dio la circunstancia de  familiares de tales funcionarios -cómodamente radicados en Miami, New York u otras ciudades- que protestaron ante tamaña injusticia. Tendrían que mudarse a la Venezuela que sus propios padres, madres, hijos o cónyuges habían ayudado a destruir.  Me pongo en su lugar: debe ser deprimente salir de un cómodo vecindario con impecables servicios públicos, abundante consumo y seguridad personal, a un país abatido por la violencia, la crisis económica y la inestabilidad política.

Entre paréntesis, otro destino clave es Madrid: a los chavistas una vez que conocen el norte global no les gusta América Latina, les gusta el orden, el desarrollo, la limpieza, la seguridad y el consumo. Como son unos ladrones de primer cartel, pueden disfrutar de su dinero mal habido en el imperio gringo o en la colonial España, donde supongo que no celebran el “Día de la resistencia indígena”. En Madrid se encuentra, por cierto,  la familia de un hombre fuerte de la revolución caído en desgracia, Tareck el Aissami, quien detentó importantísimos cargos a lo largo de este cuarto de siglo. Mientras el Aissami está preso y muy enfermo, su gente disfruta de un excelente nivel de vida, lejos de la pobreza o la cortedad de los inmigrantes de “dereeeeecha”, los fachas pobres como llama cierta izquierda peninsular a los migrantes con terror al signo político del  gobierno que los obligó a emigrar.

Las cuentas de banco de corruptos o de sus testaferros contaron con la relativa tolerancia de la banca internacional porque se trataba de  demasiado dinero para menospreciarlo, pero uno que otro no ha tenido suerte (aunque viva gratis  en Estados Unidos). La enfermera del difunto Hugo Chávez, quien también fue cabeza de la Oficina Nacional del Tesoro, está presa por delitos cambiarios. Se forró con dinero proveniente de las arcas públicas de una Venezuela donde tantas enfermeras están en la pobreza. Alejandro Andrade reconoció sobornos del orden de los mil millones de dólares; en cuanto al colombiano Alex Saab, quien se enriqueció con pingües contratos con el sector público, también permanece tras las rejas. No faltan militares residenciados en las cárceles gringas, casos de Hugo Carvajal, sentenciado por narcotráfico, y de Clíver Alcalá Cordones, acusado de haber prestado apoyo a las FARC de Colombia. Sobra decir que las figuras más distinguidas de esta lista son Nicolas Maduro y Cilia Flores, la expareja dictatorial de Venezuela. 

Hay otro tipo de chavistas en Estados Unidos: personas con alta formación académica en ciencias sociales o humanidades. Por supuesto, nadie se va a trabajar o a estudiar un doctorado a Cuba, Nicaragua, China o Rusia, ni tampoco a Corea del Norte, Turquía,  Bielorrusia u Osetia del Sur. Colegas y egresados de las universidades venezolanas se fueron al imperio a disfrutar de las enormes ventajas laborales y de estudio de las universidades del primer mundo. El chavismo en Estados Unidos ha sido una especie singular. En la época de Chávez, defendió su gobierno para los pobres, una vasta red clientelar que le aseguró los votos al caudillo, aunque la gestión económica, con inflación y control de cambios, distaba de ser la mejor, por no hablar de la decreciente calidad de la democracia. En algunos casos, más que afinidad con el gobierno, el chavismo universitario en Estados Unidos manifestaba un inveterado rechazo hacia el liderazgo opositor. Unos cuantos de sus integrantes eran la misma gente que había despreciado  la democracia civil mientras sus padres o ellos mismos vivían vidas cómodas como profesores universitarios, intelectuales o funcionarios culturales. 

Con el madurismo las cosas se pusieron color de hormiga, hasta el punto de que comenzaron los distanciamientos públicos y privados de los adalides del chavismo en la universidades gringas.  Algunos  han insistido, antes y después de la extracción de Nicolás Maduro, en que debe surgir una oposición químicamente pura, distinta a la efectivamente existente, y, por supuesto, con pedigree de izquierda, asunto complejo en un país al que un gobierno revolucionario dejó en la carraplana.  Más chance tienen los demócratas liberales de orientación pragmática que un movimiento político que prometa un Estado milagroso, después de que la gente padeció el impenitente estatismo a la cubana. También es frecuente que este chavismo deslocalizado responsabilice a la oposición y al gobierno de haber secuestrado al país, como si se tratara de dos bandos en igualdad de condiciones, un absurdo difícil de sustentar: si fuese así, Maduro no se habría robado las elecciones en 2024. 

Los partidarios del diálogo sin condiciones han manifestado su preocupación ante el  eco de las denuncias de graves violaciones a los derechos humanos en organismos internacionales. Según ellos, tales denuncias podrían obstaculizar los acuerdos entre el chavismo y la oposición. Se trata de uno de los argumentos más vomitivos de los que he tenido noticia, porque pretende esconder tras una supuesta disposición pacífica un profundo desprecio por el sufrimiento de la gente que padeció torturas, persecuciones e, incluso, fue asesinada. Otro  lugar común entre estos afortunados colegas y estudiantes chavistas, que escaparon de la ruina de Venezuela, ha sido el de calificar a Maduro de extractivista y neoliberal, asunto que no se sostiene: los neoliberales no suelen quebrar a Estados petroleros, no por bondad sino  porque su obsesión es el dinero. 

El chavismo universitario se considera moralmente superior a todos nosotros. Claro, si las víctimas de la dictadura  fueran de izquierda, otro gallo cantaría;  de inmediato,  se rasgarían las vestiduras, como hicieron en el pasado con las dictaduras del cono sur o como hacen ahora con Trump y otros gobiernos de derecha. 

Menos mal que abundan tanto colegas como estudiantes honestos, que se marcharon de Venezuela plenamente conscientes de lo que ocurría con la  Revolución Bolivariana. Lejos de mí criticar a quienes migran pues yo soy migrante, lo que  me parece éticamente reprochable es tanta hipocresía disfrazada de buenismo. El chavismo universitario en Estados Unidos no se siente responsable de haber contribuido con el hundimiento del país a través de su apoyo a la revolución, pero ha pretendido  darnos lecciones. Debe estar feliz con lo ocurrido después del 3 de enero del año en curso pues  ahora pueden decir que  el enemigo imperialista “mancilló el suelo de la nación”. Eso sí, ni de casualidad este tipo de gente sale de la patria de Trump, quien persigue a través del ICE a la oposición a la que desprecian.

Foto de Ale en Unsplash

Gisela Kozak Rovero (Caracas, 1963). Activista política y escritora. Algunos de sus libros son Latidos de Caracas (Novela. Caracas: Alfaguara, 2006); Venezuela, el país que siempre nace (Investigación. Caracas: Alfa, 2007); Todas las lunas (Novela. Sudaquia, New York, 2013); Literatura asediada: revoluciones políticas, culturales y sociales (Investigación. Caracas: EBUC, 2012); Ni tan chéveres ni tan iguales. El “cheverismo” venezolano y otras formas del disimulo (Ensayo. Caracas: Punto Cero, 2014). Es articulista de opinión del diario venezolano Tal Cual y de la revista digital ProDaVinci. Twitter: @giselakozak

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Posted: September 22, 2026 at 8:17 pm

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