Fábula de la nada
Daniela Tarazona
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El texto no tiene comienzo. Apenas es el esbozo de otra cosa por ocurrir. Esta es una columna vacía y trata de una época en la que es difícil escribir. Hay mucho ruido, se escucha poco, estamos siendo sordos. Es preciso comenzar un nuevo cuaderno de apuntes que permita darle espacio a lo conjuros de una nueva era.
En el cuaderno: “notas sobre las miradas de los demás”; “no comprar leche de esa marca”; “revisar las noticias sobre los búnkeres de los millonarios y los aerobics en cuatro patas”, al calce: “está bien que ellos se resguarden y nosotros andemos por la selva desnudos como Moglis”. Subrayado: Hacer de este cuaderno vacío una suma de ideas para ejercitar en adelante.
Si Lucrecia Martel dijo que el espacio ya no es lo que era, debe ser verdad. Y ya va siendo otro, por fin. El espacio se va a recuperar. Nos vamos a poner bien. Se cayó el Gran Tinglado de la realidad. Mark: tus lentes no sirven, ya no son lo que eran, se extinguieron antes de nacer. La realidad está aumentada en sí misma, que tú nos quieras hacer creer algo distinto es, de hecho, otra cosa. Tus lentes son una cosa que se compra, que no sirve y se compra, como tantas otras. El mundo es una tienda de necesidades que hemos inventado. No te creemos, Mark.
En medio del hervidero de lo real, los agentes autorizados de la verdad resultona dicen que la escritura que define los precios de venta en las librerías y el cosmos, en general, tiene que derivar de la No Ficción. No entiendo, bien a bien, las cualidades de ese subgénero literario, de hecho, son dos palabras que al estar juntas provocan que mis hemisferios cerebrales hagan bizco. La cosa se pone complicada cuando quienes escribimos hacemos caso a eso. Como si no fuera necesario, pero de verdad, que escribiéramos sobre lo que nos diera la gana. ¿Para qué necesitaríamos escribir con instrucciones de uso? ¿Para qué con el afán de educar o guiar por un mejor camino a quien lee? ¿Por qué vamos a aceptar ser escribanos de esa supervivencia baratísima? Parece que la no invención y la tendencia a mirarse de manera poco creativa el ombligo es lo que quieren vender los agentes autorizados, cuyo gusto de fábrica se nos sorraja en las mesas de novedades.
El texto no tiene comienzo. El texto se alza con su propio aliento. Lo mejor es dejarlo hacer. Los imperativos son: subir una montaña, mirar las nubes –pero en serio– y hay otros claro, los que se quieran. El texto que no se deja escribir es el deseado, el que más me interesa. Las grandes editoriales le dan besos en la boca a los agentes de la verdad: y ahora, según revelan algunas lenguas enlazadas allí, echan mano de la IA para elegir los temas que serán tendencia. Amigos: Tenemos un copy, un ser invisible que se las da de artista y, a la vez, delimita el marketing de la prosa, uno que anda por allí como un Anti Titivillus y busca que redactemos en serie nuestras historias de No-ficción. ¡Sálvese quien pueda!
Lo que tal vez sucederá es que también se irá al carajo esa criatura. La IA servirá para acelerar lo plano, al igual que sirven los agentes autorizados: los terraplanistas tendrán de pronto razón y veremos el horizonte como una pauta para ignorar la forma de la tierra; los aerobics en cuatro patas proliferarán para hacernos ver que sí, que es mejor volver a caminar como esos animales que somos en nuestro mundo bidimensional.
Y en las librerías se van a vender los libros de los agentes, por un lado, los de personas con sangre y mala circulación sanguínea, por otro, los de la IA al fondo del pasillo (¿no ocurre ya eso?). A la par de ellos, los Tamagochi más modernos, los lentes caducos, o una autobiografía del propio Mark escrita a mano y en versión facsimilar. Mercancía para pasar el rato.
Nadie va a ganar. Vamos a perder consecutivamente la vida, uno a uno. Esto es obvio, no se trata de una línea de palabras amenazante sino de vidas que terminan, como cualquier otra. Hablo de la muerte. Pero ante ella, no hay ningún ojo de dios porque hay miles de millones de imaginaciones con facultades para crear un futuro menos chafa. Este es el presente y su camino incluye tener prohibido filmar el desplazamiento del otro cuando ande a pie, porque su manera de caminar puede alimentar a la máquina y, en consecuencia, cualquier avatar sería capaz de adoptar la forma de poner los pies sobre el suelo que ha mostrado la persona que ha sido robada. Se aconseja no copiarle los cuadernos al de junto. Ya vimos que eso no conviene.
Nuestro nuevo cuaderno de apuntes no se parece al anterior. Se levanta la cesión de la época, nos conducimos por fin al sendero del no saber, ya bien asimilado, a la meta de la ignorancia sabrosa y natural. La de siempre. El no saber que decidimos olvidar para tener tiempo de comprarlo todo. Y ya que nos compramos a nosotros mismos, ya que nuestros datos personales, nuestros gustos y fobias o nuestra mirada sobre los paisajes preferidos han colapsado en un Aleph pestilente y echado a perder, ya que nada dice nada, volveremos a escribir. Por fin la tierra es plana, lo sabíamos, pero no teníamos modo de nombrarlo. Por fin, nos iremos de paseo hacia Marte, a ver si allá nos encontramos con un reflejo menos pixelado que los acostumbrados. Y sin recordar a Dorian Grey.
A nadie le importará ningún explorador más como el Curiosity porque, en realidad, no llegaremos a Marte, pero creeremos que sí. Veremos imágenes insólitas. Y desde la mirada puesta sobre esas fotografías de los hombres y mujeres de pie sobre la superficie del planeta rojo, le seremos infieles a todas las imágenes conocidas y por conocerse. Y volveremos, de nuevo, a escribir.
Foto de Mike Tinnion en Unsplash
Daniela Tarazona (Ciudad de México, 1975) es autora de las novelas El animal sobre la piedra (Almadía, 2008), El beso de la liebre (Alfaguara, 2012), Isla partida(Almadía 2021) y El corazón habitante (Almadía 2025). En 2020 publicó el libro Clarice Lispector. La mirada en el jardín, en colaboración con Nuria Mel (Lumen). Su obra ha sido traducida al inglés, francés, portugués, checo y chino.
Ha sido becaria del programa Jóvenes Creadores y miembro del Sistema Nacional de Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y autora residente, en 2022, de la Casa Estudio Cien Años de Soledad de la Fundación para las Letras Mexicanas, y de la Residencia Literaria Finestres en 2023. En 2011 fue reconocida como uno de los 25 secretos literarios de América Latina por la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En 2022 obtuvo el Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz por su novela Isla partida que, además, recibió el reconocimiento Narrativas a Escena 2024, de la Casa América Cataluña, para ser adaptada al teatro por Andrea Segura Olavarría. @dtarazonav
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Posted: October 15, 2026 at 9:34 pm







