Current Events
Antonio Calera-Grobet, in memoriam

Antonio Calera-Grobet, in memoriam

Lauri Cristina García Dueñas

Share / Compartir

Shares

En memoria de Antonio Calera-Grobet, o los poetas que dejan un hueco irremplazable en la Tierra

 

Cada vez que muere un poeta, algo se quiebra en el eje invisible de la rotación del planeta. Dada la geopolítica actual, perder a un poeta y escritor de la talla del mexicano Antonio Calera-Grobet (1974-2025), a sus apenas 51 años, es un luto que la deja a una sin palabras. Esta elegía es una búsqueda de ellas y un homenaje a aquellos amigos que se nos adelantaron.

 

* * *

Llegué a la CDMX en el frío enero de 2005 cuando tenía 25 años. Soy salvadoreña, centroamericana. Iba por tres años a México y me quedé quince. Aterricé para estudiar mi maestría en Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) becada por una fundación. El primer apartamento que alquilé con mi única amiga de entonces estaba ubicado en la colonia Viaducto Piedad, a pocas estaciones de metro del centro histórico de la ciudad, donde, como buenas jóvenes de provincia, nos abocábamos en busca de todas las emociones posibles.

Uno de los primeros poetas mexicanos que conocí fue Antonio Calera-Grobet, en su primer local de La Hostería La Bota en la calle de Regina. Nunca nos presentamos oficialmente con palabras, más bien, con actos:, llenaba mi pequeño chatito de vino tinto una y otra vez sin cobrarme el refill. Lo cual, como becaria, me conmovía.

Recuerdo que mi fascinación por el lugar de ecléctica decoración y manjares impetuosos a precios bastante accesibles me hicieron clienta y amiga frecuente. A medida de que me fui zambullendo en la escena literaria de la ciudad, era más asidua y muchas, muchísimas veces, varios poetas y escritores leímos nuestros textos en La Bota o en el festival Poesía por Primavera. Después de impartir clases en la Universidad del Claustro de Sor Juana, pasaba por ahí casi a diario. Ahí soplé velas de cumpleaños con mi gran amigo el poeta acuariano Yaxkin Melchy. Sentarse a la mesa con Toño siempre era cálido y abundante. Hablaba poco, abrazaba mucho.

Fue Antonio quien también nos dio la bienvenida en la Feria del Libro del Zócalo, donde estacionaba su combi La Chula Foro Móvil y, frente a la cual, leíamos rodeados de exquisitos bocadillos y libros.

Allá por el 2012, una noche trasnochada de fiesta infernal como las que acostumbrábamos, nos lanzamos a las calles, a pie, los escritores Javier Raya (QEPD), Emmanuel Vizcaya, Manuel de J. Jiménez  y otros amigos. Caminamos desde Villa de Cortés hasta La Bota, pasamos por Pino Suárez, donde unos vecinos que practicaban rituales narcoguadalupanos nos asustaron y nos hicieron llegar corriendo y pálidos a La Bota. Ahí nos recibió Antonio, sin preguntas ni juicios, y nos obsequió sendas botellas vino y nos regaló libros y grabados de Mantarraya ediciones. Así era él, como todos recordaron el día de su partida: generoso.

Entre mis recuerdos queridos con él, están las veces en que sacaba más mesas a la calle y comíamos con las personas sin hogar o los vecinos y transeúntes del centro. C, cada quien llevaba lo que podía y él remataba con viandas que repartía sin diferencias de clase.

Antonio también permitió que yo impartiera un par de mis talleres en La Bota. Me incluyó en su selecta colección de amadas y amados escritores mexicanos, como una de las suyas. Bien venía a los extranjeros y migrantes. Llenó mi copa de vino demasiadas veces y me alimentó la panza y las angustias como a tantos. En su terraza, me sentaba con mis amigos Javier Norambuena o Javier Raya a comer pizza o chilaquiles verdes. Hablábamos horas de todo y nada como debe ser.

La última vez que leímos juntos, yo ya estaba embarazada de mi primer hijo y él lo celebraba. Volvió a recibirme cálidamente en su terraza cuando yo regresaba de Acapulco de vez en vez y siguió incluyéndome en sus lecturas en el Zócalo hasta antes de la pandemia.

La muerte causa una conmoción repentina y los recuerdos de los seres importantes de nuestra vida se hacen humo demasiado rápido en la infinita agenda de sobreinformación de los medios masivos.

Yo no quería dejar pasar esta gran pérdida sin hablar de la calidez absoluta de Toño y recomendar su-mi libro favorito de él: Zopencos (2012), de Ficticia editorial, una oda a la generación X.

Antonio se hizo uno con el mar como Storni y fue él quien lo apartó de la gente que lo amamos y admiramos. Sin embargo, a tantos kilómetros, cerca del océano Pacífico, una poeta salvadoreña que se sintió bienvenida en la gran ciudad escribe recordándolo. Espero que ya esté reunido con otros grandes poetas mexicanos que se nos adelantaron demasiado pronto: Sergio Loo, Javier Raya, Luis Alberto Arellano, Ángel Ortuño, Horacio Warpola y Gerardo Arana.

Amigo, no sé dónde estés en este momento. Ojalá, como en tu novela Zopencos, en un auto volador y antiguo, viendo el horizonte, pensando en ese primer amor que da la espalda. Que la tierra te sea leve, Antonio Calera Grobet. Aquí, entre los tuyos, no te olvidaremos. Salud.

 

Lauri Cristina García Dueñas (San Salvador, 1980). Escritora y periodista salvadoreña. Maestra en Comunicación y Cultura por la UNAM. Vivió en México de 2006 a 2020, año en el que retornó a su país con sus dos hijos.

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad. / Our contributors and columnists are solely responsible for the opinions expressed here, which do not necessarily reflect the point of view of this magazine or its editors. However, we do reaffirm and support their right to voice said opinions with full plurality.


Posted: September 21, 2025 at 7:54 am

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *