Barbara Forever, de Brydie O’Connor
Luis Madrigal
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Habrá que imaginar la escena: una chica de veinte o veintiún años que se propone escribir una tesis de licenciatura sobre cineastas lesbianas y entonces escribe en el rectángulo blanco de Google “cineastas lesbianas”. Los resultados incluyen el nombre de Barbara Hammer, que a la estudiante no le suena y de la que nunca ha visto nada. La estudiante busca en su biblioteca, busca en internet, y las películas de Hammer no aparecen. Por eso decide escribirle directamente: un correo simple donde le pregunta si acaso hay manera de ver algo de su obra. Hammer le contesta que con mucho gusto le vende un DVD con varias de sus películas, pero pone una condición: si usted pretende ser estudiante pero en realidad es profesor, dice Hammer, le advierto que el precio del DVD será mucho más elevado.
Es raro identificar los momentos en que uno adquiere un compromiso a largo plazo; casi nunca se anuncian como tales, casi nunca recibimos la advertencia completa. En este caso Brydie O’Connor no tenía manera de saber que su tesis sería el inicio de un proyecto de diez años que desembocaría en Barbara Forever (2026), un largometraje documental que explora la vida de Hammer a partir de sus películas y de las imágenes y sonidos de su vasto archivo personal, parcialmente disponible en la biblioteca Beinecke de la universidad de Yale y en parte a cargo de su pareja, Florrie Burke.
Lo que sí supo O’Connor cuando recibió aquel DVD era que había encontrado a alguien que le hablaba directamente, del modo íntimo en que ciertas obras de arte nos hacen creer que han sido compuestas con nosotros como destinatarios. Es una ficción increíble y sucede todo el tiempo, por ejemplo, cuando subrayamos en un libro una frase que estamos seguros casi se nos ocurre a nosotros.
Lo que O’Connor vio primero fue Dyketactics (1974), un corto de cuatro minutos que muestra sobre todo a dos mujeres haciendo el amor. Suena como cualquier cosa, pero es el tipo de imágenes que, en la época, rara vez se veían fuera de un contexto pornográfico. Es un cine de lesbianas hecho por una lesbiana, diría Hammer, y esa bandera de pionera identitaria fue la que guio su ambición y su sentido de relevancia.
O’Connor había crecido como una chica católica de Kansas, es decir, como una chica heterosexual, por lo que su tesis (como tantas otras) era una búsqueda temprana por construirse una genealogía, un intento por inscribir su historia dentro de la historia, como diría Hélène Cixous. En Hammer encontró un modelo: una manera no sólo de ser y pensarse lesbiana sino de hacer cine lésbico, lo que para Hammer suponía experimentación, juego, desautorización y crítica.
El empeño pedagógico-participativo que impulsaba a Hammer tuvo éxito: O’Connor decidió volverse cineasta. Su primer cortometraje, Love, Barbara (2022), incluía material del archivo privado de la mentora ausente (que había fallecido en 2019) y escenas de Burke organizando las cajas, los recortes y las cintas, y viendo algunos videos por primera vez, incluida una especie de carta póstuma que Hammer grabó para su amante.
Esa voluntad de seguir hablando más allá de la tumba fue lo que inspiró a O’Connor a expandir el proyecto, a recopilar y transcribir horas y horas de entrevistas y grabaciones que Hammer había guardado, y volverlas el hilo que guiaría el documental biográfico que no llegó a ver. Así como en su nuevo libro Rachel Cusk habla de alguien que escribe la autobiografía de otra persona, así también Barbara Forever es una autobiografía montada por O’Connor.
Es curioso. Ya en su largometraje Tender Fictions (1995), la voz distorsionada de Hammer advertía: “Construye una autobiografía antes de que alguien lo haga por ti”. Parte de la filosofía defendida durante cuarenta años por Barbara Hammer tenía que ver con esta idea de la autoría radical de la propia vida. Cine de lesbianas hecho por una lesbiana; la convicción de que nadie sino uno mismo estaba autorizado a hablar sobre sí, a contar su historia, que todo intento de representación era un hablar-por que, malamente, enterraba la voz del sujeto en cuestión. Desde entonces, y hasta nuestros días, la idea se mantiene viva: hay algo chocante en imaginar un panel sobre cine lésbico en el que sólo participen hombres heterosexuales. Sin embargo, y quizá sin proponérselo, Barbara Forever es una suerte de refutación elegante de este postulado: es la vida de Barbara Hammer contada con su voz y sus imágenes pero de un modo que ella no decidió, en un orden que no corresponde con la cronología estricta de las grabaciones, que necesariamente corta y elimina y descarta ciertas partes de la vida. Son además imágenes que se mezclan con las tomas de O’Connor, o que han sido sonorizadas con una pista musical distinta, una composición que no era y no se parece en nada a la original. Es la vida re-trabajada, reinterpretada, recompuesta. Y no está mal; nadie resultó herido. En una de esas hasta inspira a alguien más a agarrar una cámara, a atreverse a contar algo que no le pertenece.
Luis Madrigal es escritor e investigador especializado en México contemporáneo. Cuenta con una maestría en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York y un doctorado en Estudios Hispánicos y Luso-Brasileños por la Universidad de Chicago. Su trabajo explora las relaciones entre política, estética y representación urbana, con especial interés en la literatura, la fotografía y el cine mexicanos de los siglos XX y XXI. Ha sido reconocido con el George Watt Prize (ALBA, 2022) y el Premio de Ensayo para Jóvenes Escritores del Fondo de Cultura Económica (2016), además de haber sido finalista de diversos premios de ensayo y narrativa.
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Posted: October 4, 2026 at 6:49 pm







