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El verdadero CancĂșn

El verdadero CancĂșn

Pablo Majluf

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En CancĂșn hay pocos nativos, pues lo inventĂł hace apenas 50 años el Licenciado EcheverrĂ­a –mentor moral y polĂ­tico del Licenciado actual– y no hay propiamente una sociedad civil asentada, sino poblaciones itinerantes que van y vienen con el turismo…

CancĂșn, la perla del Caribe mexicano –esa franjita de arena color talco, ceñida de un lado por el mar turquesa y del otro por la laguna de manglar–, se anuncia como un paraĂ­so. Ese idilio tropical de comercial de Coronita sin duda existe. Pero, como en todos los lugares, la estampa esconde algunas realidades menos apetecibles. Ahora que nuestro wannabe Miami estĂĄ en boga gracias a los macroproyectos del faraĂłn sureño, vale la pena ponerle la lupa.

El CancĂșn de anuncio es el CancĂșn de los gringos, los springbreakers que vienen a alcoholizarse y drogarse a precios de risa aun bajo el expolio de los locales que los timan de la forma mĂĄs descaradamente posible. Ese gringo es quizĂĄ el peor turista. Las agencias empaquetan vuelo + hotel + todo-lo-que-usted-pueda-comer-y-beber y en realidad hay poca derrama en la economĂ­a local e incentiva a lo peor de lo peor del turismo gringo: naco, depredador, voraz y encima chovinista, aunque, para ser justos, un poco mĂĄs civilizado que el paisano promedio. Es un turismo que, si sale del hotel, sĂłlo se aventura a lo conocido: Hooters, Babba Gump, Domino’s, o versiones locales a la medida como Señor Frogs. Ellos son nuestros mecenas, los que realmente sostienen el changarro.

A la par existe el CancĂșn local de los ricos, las clases medias altas, los expats y los chilangos, regios y tapatĂ­os que huyeron en la pandemia o de sus urbes de chapopote y smog. Una muestra representativa de las Ă©lites incultas y consumistas, las de las grandes casas y condominios. En CancĂșn hay pocos nativos, pues lo inventĂł hace apenas 50 años el Licenciado EcheverrĂ­a –mentor moral y polĂ­tico del Licenciado actual– y no hay propiamente una sociedad civil asentada, sino poblaciones itinerantes que van y vienen con el turismo, aunque poco a poco empieza a cuajar una comunidad. No debe extrañar, por tanto, que lo mĂĄs cercano a eso que llamamos cultura sean las tiendas de artesanĂ­as con caballitos de tequila y sombreros de mariachi. Exagero: hay por ahĂ­ un museo –no me lo van a creer– maya, una Gandhi y algunos CinĂ©polis. AcĂĄ se debe aprender a ser muy feliz yendo al centro comercial y a los parques acuĂĄticos.

No son desdeñables, sin embargo, las virtudes de la vida local: es cierto que te puedes ir a la playa en martes, que hay –en comparaciĂłn a las grandes ciudades– poco trĂĄfico, que los niños no crecen con conjuntivitis en edificios respirando la refinerĂ­a de Tula, que de pronto se puede posar (cada vez menos) un tucĂĄn en tu ventana, que en un dĂ­a te da tiempo de hacer todo lo que en la CDMX haces en una semana, y que la cooperativa de pescadores surte muy buen pescado del dĂ­a.

Debajo de la superficie cosmĂ©tica de la urbe paradisiaca bullen las capas del peor CancĂșn, que fue construida sin ningĂșn tipo de planeaciĂłn para los miles de trabajadores de la industria turĂ­stica –incluidos ya inmigrantes centroamericanos y latinos– que han tenido que irse amontonando en las afueras como Dios les da a entender, muchas veces sin servicios bĂĄsicos –sobre todo un transporte mĂ­nimamente digno. Ya son autĂ©nticos tugurios de pobreza, crimen, violencia y desolaciĂłn que ningĂșn turista o local acomodado jamĂĄs experimenta. Añådase la amenaza permanente de huracanes y desastres naturales que a menudo barre con ellos, regresĂĄndolos al punto de inicio. AhĂ­ hierve una inmensa olla que eventualmente salpicarĂĄ al CancĂșn que se pretende prĂ­stino.

En materia medioambiental se asoma ya la depredaciĂłn de la Riviera Maya entera. La faraĂłnica destrucciĂłn ocurre a pasos apocalĂ­pticos: la mezcla de corrupciĂłn, indiferencia, irresponsabilidad y desorden estĂĄn devastando al paraĂ­so. En donde hace unos años –incluso meses– habĂ­a selva, ahora hay Go-Marts y Little Caesars en el mejor de los casos; y moteles de paso para la prostituciĂłn y la trata en el peor. Sobre esa inercia devastadora ahora se monta el trenecito militar para aniquilar irreversiblemente lo restante: fauna, flora y el sistema de cuevas subterrĂĄneas. Una biĂłsfera con los años contados.

MĂĄs abajo sigue el inframundo donde habita una hidra de varias cabezas. Por un lado estĂĄn las mafias locales, principalmente la de taxistas, una escoria que deja ver a los franeleros capitalinos como niños de pecho. Todos hemos visto las imĂĄgenes. Es uno de los sindicatos mĂĄs poderosos del estado y del paĂ­s, sin el cual ningĂșn candidato a gobernador o munĂ­cipe siquiera aparece en la boleta. Naturalmente, estĂĄn protegidos por el poder para monopolizar el servicio, cobrĂĄndole cifras exorbitantes al cliente a cambio del peor trato. Pero ya no sĂłlo limitan el acceso de plataformas como Uber y DiDi –golpeando a sus choferes y pasajeros–, sino que participan en el narcomenudeo, la prostituciĂłn y la extorsiĂłn.

La otra cabeza de la hidra es la violencia homicida que estĂĄ fuera de control como en buena parte del paĂ­s desde que el Licenciado le rindiĂł humanĂ­sticamente el territorio al crimen. CancĂșn ha sido siempre una de las plazas preferidas para el narcotrĂĄfico por su geografĂ­a y por su turismo, pero la ola de violencia es reciente: la tasa de homicidios pasĂł de 17 a 41 por cada 100 mil habitantes en los Ășltimos ocho años segĂșn el Secretariado Ejecutivo de Seguridad PĂșblica, volviĂ©ndola una de las ciudades mĂĄs violentas del paĂ­s. El problema no sĂłlo se trata de una disputa entre carteles por la plaza: la mafia se ha volcado contra la poblaciĂłn y CancĂșn es hoy un hervidero de extorsiĂłn, provocando el cierre acelerado de negocios.

AsĂ­ llegamos a las entrañas, ahĂ­ donde reside la indiferencia generalizada, ese vicio de cinismo que une al poder y la sociedad en una gran simulaciĂłn para desestimar la decadencia. Al CancĂșn de revista se lo estĂĄ comiendo MĂ©xico.

 

Pablo Majluf. Es columnista semanal de la revista EtcĂ©tera y escribe en Letras Libres, Reforma y Juristas UNAM. Panelista en “La hora de opinar”, de ForoTV, junto con Leo Zuckermann. Asimismo, conduce el podcast Disidencia. EstudiĂł periodismo en el TecnolĂłgico de Monterrey y ComunicaciĂłn y Cultura en la Universidad de Sydney, Australia. Twitter: @pablo_majluf

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Posted: September 30, 2023 at 9:14 pm

There is 1 comment for this article
  1. Angélica Våzquez del Mercado at 11:49 am

    Demasiados lugares comunes producto de la ignorancia de la vida en CancĂșn. La mirada desde el centro, desde las elevadas alturas (sobre el nivel del mar e intelectual) de los que habitan la Ciudad de MĂ©xico, que desdeña con esa soberbia insulsa, lo otro.

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