Film
I Love Boosters

I Love Boosters

Luis Madrigal

Getting your Trinity Audio player ready...

Share / Compartir

Shares

¿Quién es ese yo? La nueva película de Boots Riley, I Love Boosters (2026), hace una declaración anónima en el título que después nadie en la cinta reivindica de manera explícita. Sabemos, eso sí, quiénes son los “boosters”: gente que se dedica a revender ropa robada; lo que en Argentina y Chile llaman mecheros y mecheras. Ladrones discretos de zapatos, cinturones, bolsas, blusas y pantalones que después abren la cajuela del coche o el garage de su casa y ofrecen en descuento lo que de otra forma sería impagable para las masas. Hay algo justiciero en la operación; el tipo de cosas que uno, falto de inspiración, podría llamar Robin Hoodesco.

En la película conocemos a una pandilla particular de mecheras llamada The Velvet Gang: tres mujeres negras de Oakland entre las cuales hay una diseñadora de moda en potencia. Corvette (Keke Palmer) vive en un antiguo expendio de pollo frito ahora okupado. Cuando sueña, son pesadillas: cuentas por pagar que se organizan de manera autónoma como esa roca gigante que persigue a Indiana Jones con la intención de aplastarlo. Su casa huele a pollo pero no hay pollo, del mismo modo que Corvette se rodea de vestidos y prendas que no son suyos, que no puede ponerse. En Gone With the Wind, Scarlett O’Hara hacía un vestido con las cortinas y se prometía a sí misma y al resto que jamás volvería a ser pobre; acá Corvette se mueve por una convicción parecida: ya verán que soy también una diseñadora excepcional y no tendré que volver a robar una sola camiseta.

Aunque, para ser honestos, sus motivaciones son más bien opacas. Por supuesto la primera de ellas es la supervivencia, el hustle/jale, el seguir un paso por delante de la inmensa piedra. Pero, ¿y luego? Pareciera que el fin último es ser vista por y quizá trabajar para Christie Smith (Demi Moore), una insigne diseñadora de San Francisco que habla de sus suéteres color limón como si fueran la solución al hambre. En la teoría general de la cinta, una posición destacada como la de Smith sólo puede ser ocupada por una persona despótica, abusiva, delirante, y no es difícil ver cómo la realidad californiana comprueba este estereotipo todos los días. En la película —que en sus mejores momentos resuelve de manera visual sus intuiciones políticas— el departamento de esta mujer es un plano inclinadísimo, como esa atracción de feria donde todo mundo camina chueco menos el dueño de la cabaña.

Corvette es el tipo de persona que se sabe en qué año Christie Smith cortó las mangas de una camisa e inventó un chaleco; el tipo que obliga a sus amigas a ver en el celular (otra vez) una parte del documental biográfico de su heroína. Una tarde Corvette ve en las noticias que el nuevo vestido de Christie Smith se parece mucho a uno que ella había dibujado hace tiempo, y que Smith cuenta, en entrevista, una historia que ella misma le soltó la única vez que se cruzaron. El despojo vertical es entonces manifiesto, insoportable, y Corvette opta por la venganza mesopotámica: robar de vuelta.

Pero a su lado hay gente que mecherea, digamos, por otras razones. Una de sus amigas cree en la dimensión filantrópica de su proyecto redistributivo. Otra mujer a la que conocen como dependiente de una tienda de Christie Smith quiere organizar un sindicato. Otra chica más, que por razones increíbles termina en la Bahía, es una trabajadora en la fábrica de la ropa Smith en China, y quiere presionar a la diseñadora para transformar las condiciones sanitarias y económicas de los obreros.

En toda película de atracos siempre hay intereses encontrados. Pero casi siempre queda claro que la pandilla deriva el placer mayor del trabajo conjunto, de sentarse frente al pizarrón en círculo para repasar el plan de escape, de estarse comunicando en cuchicheos mediante esos audífonos discretos que les son tan útiles. En I Love Boosters Corvette nunca abandona la ansiedad individual que la consume. Ni siquiera enfrentada a la posibilidad de un placer orgásmico fuera de este mundo (una subtrama que no entraremos a comentar por ahora) puede soltar su aprensión, decir sí, venga, y dejar de pensar sólo en ella. En ese sentido la película dramatiza una condición inquietante: confiar en los demás puede conducir a la explotación o la estafa permanente; confiar en nadie hace de la vida algo insoportable.

Esta es la segunda película de Boots Riley; la segunda también donde el protagonista quiere algo material que lo aleja del resto de su comunidad. La virtud de las películas es que este deseo no vuelve insufrible a Corvette en I Love Boosters o a Cassius en Sorry To Bother You (2018). De cierto modo queremos que les vaya bien en lo que quieren (que tampoco es tanto), pero también que sean capaces de abrir los ojos y ver no sólo hacia arriba, sino a los lados. Ya no sólo a la gente del barrio sino incluso del otro lado del planeta que comparte su condición histórica. De ahí los colores llamativos, los efectos especiales, las máquinas que “aceleran las contradicciones” del capitalismo, la presencia de criaturas sobrehumanas: cualquier cosa para redirigir la mirada de sus protagonistas, es decir, la nuestra. Es como si Riley, esteta y pedagogo—con triunfos y despropósitos en ambos frentes—repitiera: Yo amo a las mecheras… ¿por qué tú no?

 

 Luis Madrigal es escritor e investigador especializado en México contemporáneo. Cuenta con una maestría en Escritura Creativa por la Universidad de Nueva York y un doctorado en Estudios Hispánicos y Luso-Brasileños por la Universidad de Chicago. Su trabajo explora las relaciones entre política, estética y representación urbana, con especial interés en la literatura, la fotografía y el cine mexicanos de los siglos XX y XXI. Ha sido reconocido con el George Watt Prize (ALBA, 2022) y el Premio de Ensayo para Jóvenes Escritores del Fondo de Cultura Económica (2016), además de haber sido finalista de diversos premios de ensayo y narrativa.

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad. / Our contributors and columnists are solely responsible for the opinions expressed here, which do not necessarily reflect the point of view of this magazine or its editors. However, we do reaffirm and support their right to voice said opinions with full plurality.


Posted: June 29, 2026 at 8:57 pm

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *