Current Events
La economía política de la autocracia
COLUMN/COLUMNA

La economía política de la autocracia

José Antonio Aguilar Rivera

Share / Compartir

Shares

 

Los procesos de autocratización no son lineales. En algunos casos conducen a una reversión de régimen en la cual la democracia desaparece, con variaciones notables en la duración del proceso; otros en los que la “calidad” de la democracia se deteriora, temporal o permanentemente, aunque subsiste. En otros más la erosión es temporal y hay una recuperación. En contraste, algunas autocracias se liberalizan relativamente sin mutar su naturaleza. Según Kurt Weyland, “sólo una combinación perniciosa de debilidad institucional y de oportunidades coyunturales hace a la democracia vulnerable a los ataques populistas.”[1] La fragilidad institucional abre una ventana de oportunidad a la vulneración del régimen democrático. Sin embargo, este factor debe coincidir con otro externo: ya sea el éxito del gobierno en superar una crisis o una ganancia inesperada de recursos económicos (generalmente producto del petróleo) que permitan cimentar el proyecto autoritario. La redistribución de una riqueza inesperada les otorga a los líderes populistas un gran apoyo popular que es utilizado para anular a la oposición política y llevar a cabo transformaciones legales que concentran el poder y desactivan los contrapesos. Cuando alguna de estas condiciones está ausente, “las maquinaciones populistas fracasan y la democracia sobrevive”. Los populistas requieren ganar varios ciclos electorales para desmantelar la democracia. Ganan elecciones –antes de que capturen definitivamente el poder y hagan imposible el que pierdan comicios— si son capaces de “entregar” a la gente mejorías materiales palpables.

El régimen de la restauración autocrática en México no parecía haber entregado esa “ganancia inesperada” de recursos económicos que apuntalara su proyecto político. En efecto, el periodo 2018-2024 continuó y acentuó un patrón histórico de tasas de crecimiento del PIB muy mediocres. Durante las últimas cuatro décadas  el crecimiento de México fue apenas del 2% anual. Ese patrón existe desde las últimas décadas del siglo pasado.  Si bien la consolidación del autoritarismo priísta ocurrió cuando la economía creció de forma sostenida, también es cierto que entre 1983 y 1997/2000 ese régimen sobrevivió con tasas muy modestas de crecimiento del PIB y con recurrentes crisis económicas. No parecía que el régimen que tomó el poder en 2018 pudiera ofrecerle al país mejores condiciones económicas para consolidar el proceso de autocratización. Las ganancias materiales permiten que los gobernantes autoritarios ganen varios ciclos electorales inmediatos para desmontar los mecanismos democráticos. Tal vez algunos exageramos la eficacia del factor performativo del populismo obradorista. Debajo de su traje el emperador tenía un as: el sustento material de la autocracia no era el crecimiento económico, (o el descubrimiento de yacimientos de petróleo) sino la disminución de la pobreza. Si bien, como se ha dicho, en México el autoritarismo posrevolucionario logró mantenerse en el poder por casi 20 años con una economía muy débil, el actual régimen posdemocrático ha logrado entregar una ganancia palpable: la disminución de la pobreza y cierta redistribución del ingreso.

El INEGI por primera vez realizó la medición de la pobreza multidimensional y encontró que entre 2022 y 2024 la población en situación de pobreza multidimensional pasó de 46.8 a 38.5 millones de personas: la disminución fue de 8.3 millones. La población en situación de pobreza extrema se redujo de 9.1 a 7.0 millones. En 2016 el 43.2 % de la población era pobre mientras que en 2024 lo era el 29.6%. De la misma manera, el porcentaje de la población que no era pobre ni vulnerable pasó de 24 a 27.1 en el mismo periodo. Esta disminución de la pobreza parece haber tenido dos ejes: el aumento del salario mínimo y las transferencias vía programas sociales. ¿Cuál es el efecto político de este fenómeno? Hay tres consideraciones de importancia sobre la economía política de la incipiente autocracia mexicana: los límites propiamente económicos de ese fenómeno, el impacto sobre la consolidación autocrática y los posibles efectos políticos imprevistos.

El éxito del gobierno en la reducción de la pobreza parece tener límites estructurales muy claros. En primer lugar, el rezago en el salario mínimo de décadas creó el espacio para aumentarlo, pero en ausencia de un crecimiento económico sostenido su alza parece haber llegado a su tope sin  que cause efectos inflacionarios. Para que los salarios aumenten después de ese punto es necesario crecer. Ese no es ningún dogma neoliberal. También es necesario recordar que el aumento del salario mínimo estaba ya preparado desde 2015, aunque no se implementó entonces.  La gran paradoja, por supuesto, es una economía que no crece, pero que reduce la pobreza. De la misma manera, el financiamiento de los programas sociales se logró gracias a la reducción del aparato estatal y del gasto público en áreas críticas como salud y educación en ausencia de una reforma fiscal. También se mejoró en algunos rubros la eficiencia de la recaudación. El gobierno, además de desvalijar al Estado, echó mano de los diversos fondos de contingencia, como el FONDEN, hasta acabárselos. Como señala Alejandro Werner, “no se requiere un análisis complejo para entender que, sin crecimiento económico, los esfuerzos redistributivos también enfrentarán límites importantes”. [2] El objetivo de lograr un crecimiento económico sostenido enfrenta obstáculos serios, como los márgenes fiscales y un ahorro insuficiente para financiar la inversión productiva.

El autoritarismo posrevolucionario tuvo un periodo, el desarrollo estabilizador (1954-1970), en el cual la autocracia se cimentó en estabilidad macroeconómica y tasas de crecimiento sostenidas. Esas fueron las bases materiales del régimen. ¿Podrá suplir el autoritarismo posdemocrático el crecimiento económico con una disminución de la pobreza para consolidarse? Dos factores parecen relevantes aquí. El primero es que es muy posible que la reducción de la pobreza haya tenido un impacto favorable en las elecciones de 2024. Sería la condición material habilitante inmediata que le permitió al régimen ganar con mucha holgura un segundo ciclo electoral e implementar las reformas, como la judicial, que desmontaron finalmente la democracia (la inminente reforma electoral es meramente el corolario). Hasta ahora es posible ver con claridad el componente material del proceso de regresión autoritaria de los últimos seis años. México, al fin, parecería seguir la tesis de Weyland: lo que el gobierno autocratizante proveyó materialmente no fue crecimiento económico, sino una reducción de la pobreza. Además, operó una muy eficaz instrumentalización política de los beneficiarios de ese innegable logro social. Así obtuvo el suficiente apoyo a lo largo de dos ciclos electorales para desmantelar el régimen democrático.

Ahora ¿es la reducción a la pobreza, basada en condiciones coyunturales probablemente irrepetibles, un basamento comparable al crecimiento económico sostenido del desarrollo estabilizador priísta? Probablemente no. Como apuntalamiento material de la autocracia, la reducción de la pobreza parece más frágil e incierta que un modelo de desarrollo “hacia adentro” que funcionó exitosamente por décadas. ¿Qué ocurrirá cuando, en ausencia de crecimiento económico y creación de riqueza, se detenga la disminución de la pobreza? ¿Cuándo no pueda aumentarse al mismo ritmo el salario mínimo? Estas preguntas llevan a la última consideración sobre el efecto político de la reducción de la pobreza.

Decía Alexis de Tocqueville que el momento más peligroso para un mal gobierno es cuando se reforma. A veces las revoluciones ocurren no cuando las cosas están peor sino cuando están mejorando. Esto es porque las expectativas cambian y crean nuevas demandas, así como umbrales de tolerancia más acotados. El impacto político de un retroceso puede ser mucho mayor cuando se está avanzando que cuando  se está estancado. El efecto desmoralizador de la crisis de 1982 en parte de debió a que poco antes el presidente López Portillo había anunciado con bombo y platillo que era tiempo de “administrar la riqueza”. Las expectativas que genera en las personas la mejora de su precaria situación económica son imprevisibles, así como su reacción política a los reveses. Sin condiciones materiales e institucionales que permitan la movilidad social (servicios públicos de educación y salud adecuados, por ejemplo) es difícil que aquellas personas que afortunadamente han salido de la pobreza puedan progresar y las hace vulnerables a regresar a ella. Un gasto catastrófico ocasionado por una enfermedad, por ejemplo, puede poner a una familia por debajo de la línea de la pobreza. A veces el éxito es una amenaza. Lo veremos en los próximos años.

Notas

[1] Weyland , Kurt . 2020 . “ Populism’s Threat to Democracy: Comparative Lessons for the United States .” Perspectives on Politics 18 ( 2 ): 389 – 406
[2] Alejandro Werner, “Los límites  macroeconómicos del Plan México”, Reforma, 19 de junio 2025.

 

José Antonio Aguilar Rivera (Ph.D. Ciencia Política, Universidad de Chicago) es profesor de Ciencia Política en la División de Estudios Políticos del CIDE. Es autor, entre otros libros, de El sonido y la furia. La persuasión multicultural en México y Estados Unidos (Taurus, 2004) y La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 (FCE, 2010). Publica regularmente sus columnas Panóptico, en Nexos, y Amicus Curiae en Literal Magazine. Twitter: @jaaguila1

©Literal Publishing. Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en la ley federal del derecho de autor.

Las opiniones expresadas por nuestros colaboradores y columnistas son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista de esta revista ni de sus editores, aunque sí refrendamos y respaldamos su derecho a expresarlas en toda su pluralidad. / Our contributors and columnists are solely responsible for the opinions expressed here, which do not necessarily reflect the point of view of this magazine or its editors. However, we do reaffirm and support their right to voice said opinions with full plurality.


Posted: August 17, 2025 at 9:23 pm

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *